Vivir es un asunto urgente

Resumen del libro

Vivir es un asunto urgente

Por: Mario Alonso Puig

Cómo enfrentarnos al estrés y mejorar nuestras estrategias de comunicación interpersonal
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Introducción

 

Cuando a una persona le dicen que tiene una “enfermedad terminal”, y que le quedan escasos meses de vida, empieza a aprovechar el tiempo de un modo completamente distinto. En el momento de nacer todos adquirimos de alguna manera una “enfermedad terminal” que aunque puede prolongarse durante muchas décadas, no tendría que evitar el que nos diéramos cuenta de que vivir es un asunto urgente.
En este libro se tratan a fondo dos temas que, gestionados de manera adecuada, pueden ayudarnos a tomar las riendas de nuestra vida para vivirla con más intensidad: el estrés y la comunicación, tanto la que mantenemos con nosotros mismos como la que establecemos con los demás. Estos dos elementos están íntimamente relacionados y se influyen mutuamente.
Muchos de nuestros esquemas mentales, de los cuales no somos conscientes, afectan de una manera tan profunda a nuestra percepción de la realidad, a aquello que es capaz de registrar nuestro cerebro, que precisamos revisar algunos de ellos, porque el mapa mental, aquellas ideas, conceptos y creencias que nos fueron útiles en el pasado, puede que ya no lo sean para llevarnos hacia el futuro que buscamos. El pasado es una fuente de información y de experiencias, y no una bola de cristal que determina nuestro porvenir. Entre lo que estuvo en el pasado y lo que estará en el futuro actúan nuestra libertad, nuestra capacidad de apasionarnos y de elegir.

Primera parte: bienvenidos al mundo de la incertidumbre

El mundo en el que vivimos nos pide que desarrollemos un espíritu aventurero. Pero la aventura, muchas veces, no consiste en viajar a una selva o a un inmenso desierto, sino en atrevernos a explorar y desarrollar nuestro verdadero potencial.
Para ello no hay recetas, pero sí guías que nos sirven de ayuda. Podemos comprender y utilizar esas orientaciones con una máxima eficacia, y descubrir la forma en la que los seres vivos nos relacionamos con el mundo de la incertidumbre. Para permitirnos crecer y evolucionar, dichas guías deben ser sencillas y emplearse de manera sostenida.
Ante todo, necesitamos establecer una relación diferente con la noción del estrés, sin entenderla de entrada como algo negativo e indeseable. Existe mucha documentación en el ámbito de la investigación científica que corrobora que si los seres humanos careciéramos de los mecanismos del estrés, no podríamos sobrevivir durante mucho tiempo. Una cebra pasta tranquilamente en la llanura africana hasta que el viento cambia y huele a una leona. En ese instante, son los mecanismos del estrés los que pueden salvar la vida de la cebra. Suprimir el estrés de la vida supondría perder un mecanismo esencial para la supervivencia.
La clave, por lo tanto, no está en eliminar el estrés, sino en gestionarlo adecuadamente. Para poder hacerlo conviene que conozcamos su naturaleza, sus causas, sus orígenes y aquellas consecuencias que se derivan de no lograr su gestión.
En una ocasión, le preguntaron a Albert Einstein qué haría él si le dijeran que la tierra iba a destruirse en sesenta segundos. Les dijo que utilizaría los primeros 59 segundos en hacerse una pregunta y el segundo que le quedaba en contestarla. La clave, más que en el tipo de respuestas que se obtienen, está en el tipo de cuestiones que se formulan. Las preguntas abren en nuestras conciencias espacios nuevos de exploración que ni siquiera habríamos imaginado.
En este sentido, conviene que nos hagamos una serie de preguntas que nos permitan dar una mejor respuesta al mundo estresado: ¿cuál es la naturaleza del estrés?; ¿cómo puede describirse?; ¿a qué se parece?; ¿qué es lo que lo desencadena?; ¿qué es lo que nos hace especialmente vulnerables a ciertos elementos desencadenantes del estrés?; ¿cuáles son sus consecuencias?; ¿cómo afecta a nuestra salud, nuestros niveles de energía y nuestra eficiencia personal?
Hechas las preguntas, basta con conocer las respuestas para que se puedan gestionar de una manera mucho más adecuada los niveles de estrés. Cuando sentimos o experimentamos emociones y no somos capaces de verbalizarlas, su gestión resulta mucho más difícil; por el contrario, las personas que saben expresar sus emociones suelen gestionar mucho mejor su equilibrio emocional.
La balanza de la vida. El estrés es una fuerza que se activa ante cualquier peligro, amenaza física o situación de incertidumbre. Hoy en día, el mundo se encuentra en una situación de continua incertidumbre, tanto en lo económico como en lo social. Un cambio en el trabajo, un jefe nuevo, una mudanza, un colegio distinto, un nuevo competidor en el mercado e, incluso, una enfermedad representan para cualquier persona circunstancias de desasosiego que exigen al organismo una adaptación.
Existen dos tipos de estrés: el eustrés y el distrés. El eustrés es el que nos ayuda ante los desafíos: agudiza nuestros intelectos y pone en marcha las emociones que generan en nosotros la ilusión, la confianza, la serenidad y el aguante que requiera el momento.
Tras la activación de este primer tipo de estrés, sobre todo si llevamos en esa situación más de 90 minutos, se va a producir la activación del segundo tipo, el distrés, que se caracteriza por generar falta de claridad mental, vacilación en la toma de decisiones o errores graves en el tipo de resoluciones que se llevan a cabo; además, perjudica de una forma notable nuestra salud y nuestra vitalidad.
Para que el ser humano crezca, madure y evolucione, es necesario que a los períodos de eustrés les sigan otros de recuperación. Las personas necesitamos este tipo de oscilación. En una empresa o en una casa, cuando no existen estos episodios de recuperación, inmediatamente se entra en distrés.
Es importante que, cuanto más distresada se encuentre una persona y mayor sea su nivel de incertidumbre, lejos de caer en el pánico y la desesperación, se convenza y transmita a los demás que es capaz de superarlo y resolverlo. En general, tendemos a adoptar actitudes pesimistas y de desaliento cuando el camino se hace difícil; sin embargo, la actitud contraria, aunque más difícil, es más inteligente.
Ante los desafíos y las incertidumbres, es importante recordar que en nuestro interior tenemos muchos más recursos de los que pensamos. Saberlo nos dará confianza para avanzar con ánimo e inteligencia, y únicamente así descubriremos las oportunidades y reconoceremos las posibles amenazas antes de que se conviertan en inminentes peligros.
Resulta igualmente conveniente que, cuando llevemos más de 90 minutos en eustrés, recordemos que el organismo va a necesitar un período de recuperación. Pararnos para recuperar fuerzas no es un gasto de tiempo, sino una extraordinaria inversión.
La sutil chispa que enciende la pólvora. En nuestra sociedad existen muchas causas por las que sufrimos los efectos del distrés: hay una profunda falta de sintonía entre el tiempo que tenemos y el que querríamos tener, y una gran discordancia entre las cosas que queremos hacer y las que tenemos tiempo de hacer.
Muchos de nosotros vamos de manera apresurada y con la lengua fuera a todas partes, hasta que no podemos más. Pocas personas se paran y van más allá para intentar comprender el origen de su falta de tiempo y de las angustias y tensiones que se generan en su contacto con los demás.
El origen de nuestro distrés es múltiple. Una de sus principales causas es nuestra incapacidad para decir “no” sin sentirnos culpables. Otra puede ser que con frecuencia no tenemos claras nuestras prioridades y dejamos que sean otras personas las que decidan por nosotros. Otra tercera estaría en nuestra falta de coraje para dar la cara por nuestros valores. Una más es que nos cuesta muchísimo hablar con honestidad de nuestro sentir, no somos capaces de hablar con claridad de forma inmediata y casi siempre perdemos la ocasión de hacerlo.
Si queremos avanzar hacia otra realidad en lo que se refiere a salud, eficiencia y bienestar, conviene que intentemos ir superando poco a poco cada una de las causas de nuestro distrés. En especial, es importante trabajar para definir mejor nuestra escala de prioridades, que tal vez no tengamos demasiado clara. Tenemos que descubrir qué es aquello que de verdad valoramos: lo vamos a ver reflejado en las personas que más admiramos y en aquellas formas de ser que más nos inspiran.
En este sentido, es ilustrativo el caso de un directivo que estaba tan ocupado con el trabajo que prácticamente no veía a su familia. Estaba casado y tenía dos niños pequeños. Una noche, al regresar a casa, su mujer le dijo que no podía seguir así y él le prometió que, al día siguiente, que además era el cumpleaños de uno de sus hijos, llegaría antes a casa y los llevaría a cenar a un restaurante para celebrarlo.
Llegó el momento y el directivo cumplió su promesa de llegar antes a casa. Su mujer y sus hijos estaban listos para salir cuando sonó el móvil. Al otro lado estaba su director general, que le urgía a una reunión en su despacho. En aquellos momentos difíciles, el hombre miró a los ojos de su mujer y de sus hijos y le contestó al director general: “Tengo un compromiso de tal naturaleza que no lo puedo romper; aun así le ofrezco que nos veamos dos horas más tarde”.
El hombre calculaba que ese era el tiempo que necesitaba para poder cenar con su mujer y sus hijos. Inesperadamente, al otro lado del teléfono se produjo un silencio y su director general le contestó que en tal caso mejor dejaban la reunión para el día siguiente.
La sombra de la muerte. Ante la incertidumbre, lo desconocido, lo impredecible, sea una enfermedad o una opa, nuestros dispositivos del estrés se ponen en marcha. Qué tipo de estrés será el que se active dependerá en gran medida de cómo afrontemos la nueva situación. Si lo hacemos con una sensación de miedo y desesperanza porque no nos creemos capaces, activaremos el distrés, que efectivamente nos impedirá serlo. Sin embargo, si a pesar de la incertidumbre, en lugar de dejarnos llevar por el pánico y la rumorología, buscamos información, nos apoyamos en nosotros mismos y nos concentramos en lo que podemos llegar a ganar en vez de en lo que podemos perder, entonces activamos el mecanismo del eustrés, que nos ayuda a descubrir y ver posibilidades veladas para aquellos que permanecen en distrés.
Las personas hemos aprendido a buscar ante todo la seguridad y la certidumbre, y por eso creamos nuestro futuro con predicciones que parten del pasado; preferimos lo pequeño, siempre que sea predecible, a lo grande si es impredecible. No jugamos a ganar, sino a no perder. Nos obsesionamos en defender la idea de lo que somos, en lugar de arriesgarnos a descubrir la imagen de aquello que podríamos llegar a ser. La mayor parte de nuestras inseguridades y desesperanzas no son reales sino aprendidas. No vivimos según nuestros talentos, sino según nuestras creencias. Por eso al final, el determinante fundamental del logro en medio de la incertidumbre no es lo inteligentes que seamos, ni los conocimientos que poseamos, sino la mentalidad que se elija.
Los científicos del Instituto Salk de San Diego han demostrado que las neuronas del hipocampo que mueren se pueden regenerar a partir de las células madre procedentes de unas cavidades del cerebro llamadas ventrículos. Desde allí emigran hasta los hipocampos y empiezan a desarrollar las proyecciones que necesitan para conectarse con otras neuronas. Este proceso, denominado neurogénesis, únicamente puede producirse a condición de que los niveles de cortisol (hormona cuyos niveles elevados, producidos por una reacción de alarma sostenida, dañan las neuronas de hipocampo) no sean altos. Las personas somos capaces de generar entre quinientas y mil neuronas diarias, que son decisivas para experimentar alegría, para aprender y para recordar. Por ello, conviene fijarnos en lo positivo de la vida en lugar de mantenernos absortos en todo aquello que nos disgusta.
Cuando sintamos miedo ante lo desconocido, peligro o, simplemente, incertidumbre, la primera de las estrategias que podríamos emplear sería la de no centrarnos en lo que podemos perder, sino en lo que podemos llegar a ganar. Aunque parezca paradójico, al actuar así no solo descubrimos que no se nos habían ocurrido, sino que además vemos con mayor claridad lo que podríamos perder y nos preparamos mejor para afrontarlo.
La segunda estrategia consistiría en dedicar unos momentos al día a reflexionar sobre aquellos momentos de desafío e incertidumbre en los que hemos sido capaces de encontrar el camino para lograr el éxito. Muchas veces, nuestra atención se ve secuestrada por un mundo de ideas, imágenes y sensaciones, además de negativas, profundamente disfuncionales. Cuando la rescatamos y la dirigimos hacia la búsqueda de lo positivo, la experiencia emocional que se crea nos ayuda a ser mucho más eficientes en nuestro día a día.

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Biografía del autor

Mario Alonso Puig

Mario Alonso Puig, médico especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, fellow en Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston, y miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, ha dedicado gran parte de su vida a explorar el impacto que tienen los procesos mentales en el despliegue de nuestros talentos y en los niveles de salud, energía y bienestar que experimentamos. Ponente de HSM Talents, ha sido invitado por instituciones como el MD Anderson Cancer Center de Houston (Estados Unidos), el Global Leadership Center en INSEAD (Francia) y la Universidad Pitágoras de Sao Paulo (Brasil). Actualmente imparte conferencias y cursos sobre liderazgo, comunicación, creatividad y gestión del estrés tanto nacional como internacionalmente.

Ficha técnica

Editorial: Aguilar

ISBN: 9788403099265

Temáticas: Habilidades directivas Comunicación e influencia

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Comentarios

La importancia de conocerse a uno mismo para después conocer a los demás. En general todos somos iguales pero nuestra Ideocincracia y experiencias nos llevan a intermpretar la realidad de maneras diferentes cuando está en si misma solo es.

Nuestro tiempo de vida es finito, aprovechemos ese tiempo de la mejor manera posible!

Un recordatorio de vital importancia que todos deberíamos reflexionar.