La ciencia del bienestar
Resumen del libro

La ciencia del bienestar

por Tom Rath y Jim Harter

Los 5 elementos interconectados en los que se basa el bienestar

Introducción

 

Al contrario de lo que mucha gente piensa, el bienestar no consiste en ser feliz. Tampoco se trata únicamente de gozar de buena salud o de tener éxito. Y, desde luego, no se limita al buen estado físico o a la comodidad. Si nos esforzamos por conseguir cualquiera de estos privilegios por separado, lo más probable es que solo consigamos frustrarnos y sentirnos fracasados. Para alcanzar el bienestar debemos ser capaces de interconectar cinco elementos esenciales en los que se basa el bienestar: el bienestar profesional, el bienestar social, el bienestar económico, el bienestar físico y, por último, el bienestar comunitario.
Si alguna vez has comprado libros, has visto vídeos o has asistido a cursos que prometen ayudarnos a hacer dinero, perder peso o mejorar nuestras relaciones, te habrás dado cuenta de cómo un enfoque intensivo en una única área puede actuar en detrimento de tu bienestar general. Solo tienes que pensar en cuánta gente dedica una cantidad excesiva de tiempo y energía a su trabajo a costa de sus relaciones personales. El bienestar se basa en la combinación, por tanto, de los cinco elementos citados, que en definitiva consisten en nuestra satisfacción con lo que hacemos cada día, la calidad de nuestras relaciones, la confianza en nuestro estado financiero, nuestra buena salud y el orgullo con el que asumimos cómo hemos contribuido en nuestras comunidades. Y, lo más importante, se basa en cómo esos cinco elementos interactúan entre sí.

 


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Bienestar profesional

Imagina que mantienes unas excelentes relaciones sociales, gozas de seguridad económica y de una buena forma física, pero no te gusta lo que haces a diario. Es probable que pases la mayor parte de tus reuniones sociales manifestando tu preocupación por tu horrible trabajo o, simplemente, quejándote. Esto te causará una tensión que pasará factura a tu salud. Si tu bienestar profesional es escaso, será fácil que, con el tiempo, acabe afectando a otras áreas.
Para apreciar adecuadamente cómo influye nuestra profesión en nuestra identidad y bienestar, ten en cuenta qué sucede cuando alguien pierde su trabajo y se mantiene desempleado durante un año entero. Un estudio de referencia, publicado en The Economic Journal, reveló que el desempleo podría ser el único suceso importante en la vida de una persona del que uno no se recupera por completo hasta pasados cinco años.
No es necesario que te paguen a fin de mes para alcanzar el bienestar profesional, pero sí lo es encontrar una actividad con la que disfrutes y tener la oportunidad de desarrollarla cada día. Si esto significa trabajar en una oficina, ser voluntario, criar a tus hijos o emprender tu propio negocio, es lo de menos. Lo que realmente importa es que permanezcas comprometido con la carrera u ocupación que escojas.
Acuérdate de cuando, en el colegio, asistías a una clase que te interesaba más bien poco. Puede que tus ojos se clavaran en el reloj o que mantuvieras la mente en blanco. Es posible que recuerdes la ansiedad con la que esperabas que el timbre sonara para poderte levantar de la silla y cambiar de actividad. Más de dos tercios de los trabajadores de todo el mundo experimentan algo similar al final de la jornada laboral.
Cuando las personas que están implicadas en su trabajo comienzan su jornada laboral, disfrutan de una experiencia completamente diferente a la de aquellos que no están involucrados. En un estudio realizado con 168 empleados, la satisfacción y el interés a lo largo del día fueron significativamente mayores para los primeros (los implicados). A la inversa, los niveles de estrés de los que no estaban implicados eran sustancialmente superiores. Y, quizá lo más sorprendente, los niveles de estrés de estos últimos decrecían hacia el final de la jornada laboral, que era cuando se mostraban más satisfechos. Esto no quiere decir que, si te apasiona tu trabajo, seas inmune al cansancio y al estrés. Es evidente que trabajar más de sesenta horas a la semana es una mala idea, por mucho que te guste lo que haces.
Los grupos de trabajadores más desmotivados que hemos estudiado son los que tenían un jefe que ni siquiera les prestaba atención. Si tu jefe te ignora, tus posibilidades de sentirte desmotivado o de ponerte agresivo en el trabajo aumentan un 40 %. Si tu superior al menos te hace caso —aunque solo lo haga respecto a tus puntos débiles—, las probabilidades de que estés poco involucrado descienden a un 22 %. Pero si tu jefe se centra principalmente en tus aptitudes, la posibilidad de sentirte desmotivado es tan solo de un 1 %.
El cortisol es una hormona que se libera como respuesta al estrés y actúa aumentando la presión arterial y los niveles de azúcar en sangre, al mismo tiempo que bloquea el sistema inmunológico. Es esencial para la actividad normal y son necesarios algunos picos en los niveles de cortisol para desencadenar nuestro reflejo de lucha o huida cuando nos encontramos en peligro. Pero es frecuente que percibamos algunas situaciones como más graves de lo que realmente son.
Así como la activación de este reflejo de lucha o huida es muy útil en casos de verdadera emergencia, no es de mucha ayuda en embotellamientos de tráfico o en reuniones de trabajo caldeadas. Estas no son situaciones de vida o muerte, pero nuestro cerebro no capta la diferencia. Por tanto, la transición de un relajado domingo, el menos estresante de los días de la semana, a una mañana de lunes en un centro de trabajo en el que no estamos involucrados puede perjudicarnos físicamente.
La gente con alto bienestar profesional se levanta cada mañana con la expectativa de hacer algo concreto ese día. Trabajen en casa, en un aula o en un cubículo de oficina, cuentan con la posibilidad de usar sus aptitudes cada día para evolucionar. Tienen una meta clara en sus vidas y un plan para conseguirla. En la mayor parte de los casos, tienen un superior que los motiva y amigos con los que comparten su pasión.
Aunque creas que las personas con alto bienestar profesional pasan mucho tiempo trabajando, en realidad dedican más tiempo a disfrutar de la vida, a tener mejores relaciones y a no subestimar las cosas. Y, sobre todo, adoran lo que hacen cada día.

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Bienestar social

Tener amigos íntimos es bueno para nuestra salud física en general. Las amistades estrechas suponen un colchón para los momentos difíciles, lo que a su vez mejora nuestro sistema cardiovascular y rebaja nuestros niveles de estrés. Por otra parte, las personas con pocos lazos sociales tienen el doble de probabilidades de sufrir un ataque al corazón. También son doblemente propensas a resfriarse, incluso a pesar de estar menos expuestas a los gérmenes que provienen del contacto social frecuente.
Para estudiar cómo influyen en nuestra salud física nuestras relaciones más estrechas, un equipo de investigadores diseñó un ingenioso experimento que analiza cómo nuestros niveles de estrés influyen en el tiempo que necesitamos para recuperarnos de una herida. Los científicos ingresaron a 42 parejas en un hospital y les provocaron numerosas pequeñas heridas en los brazos. Después, colocaron aparatos alrededor de sus heridas para medir su ritmo de restablecimiento.
Los resultados revelaron que a aquellas parejas que previamente habían declarado tener problemas en su relación les llevaba casi el doble de tiempo recuperarse de sus heridas. Por lo tanto, si mantienes una relación tensa, podría prolongarse el tiempo que necesitas para recuperarte de una cirugía mayor. A medida que los científicos ahondan en la conexión entre nuestras relaciones y nuestra salud, se está descubriendo que nuestro bienestar social podría influir más en la rapidez con la que nos recuperamos que los factores de riesgo convencionales.
Otro elemento que esta investigación tiene en cuenta es la proximidad. Un amigo que vive a un kilómetro de tu casa interviene más en tu bienestar que otro que vive bastante más lejos. Incluso el bienestar de tu vecino de al lado repercute en el tuyo. Las amistades compartidas importan aún más, ya que tu red social al completo afecta a tu salud, tus hábitos y tu bienestar. Se trata de relaciones en las que tú y uno de tus mejores amigos compartís una amistad con una tercera persona. Invertir en esas amistades en común te llevará a alcanzar mayores cotas de bienestar. Esta es la razón por la que es fundamental consolidar la red social completa a nuestro alrededor. Dicho de una manera más sencilla, intervenimos en el bienestar de los demás.
Además de las relaciones íntimas y la proximidad, la cantidad de tiempo que pasamos relacionándonos socialmente es importante. Para tener un día satisfactorio, son necesarias seis horas de tiempo social. Cuando logramos dedicar ese mínimo de seis horas diarias a la vida social, nuestro bienestar aumenta y disminuyen nuestro estrés y nuestra preocupación. Aunque te parezca imposible pasar seis horas haciendo vida social, hay que tener en cuenta que en estas incluimos el tiempo social en el trabajo, en casa, charlando con nuestros amigos, hablando por teléfono, escribiendo correos electrónicos o comunicándonos de otras maneras.
Además del estímulo inmediato que sobre el bienestar proporciona cada hora de tiempo social, sus beneficios a largo plazo pueden ser aún mayores, especialmente a medida que envejecemos. Un estudio basado en una muestra de más de 15 000 personas que superaban los 50 años descubrió que las memorias de aquellos más extrovertidos empeoraban menos de la mitad que las de quienes eran menos sociables.
Gallup ha realizado estudios exhaustivos sobre la importancia de la amistad en el lugar de trabajo. Una de las preguntas fundamentales que realizamos a más de quince millones de empleados de todo el mundo fue si tenían "un amigo íntimo" en su trabajo. Empleamos esta expresión en concreto porque investigaciones anteriores habían detectado que, más allá de un "amigo" o incluso un "buen amigo", tener un "amigo íntimo" en el trabajo era un indicador eficaz de los resultados empresariales.
Nuestra investigación reveló que solo el 30 % de los trabajadores tiene un amigo íntimo en el trabajo. Estos trabajadores tienen siete veces más probabilidades de estar comprometidos con su empleo, son más eficientes a la hora de fidelizar clientes, su producción es más cualificada, disfrutan de mayor bienestar y son menos propensos a sufrir percances. Como contrapartida, aquellos que no cuentan con un amigo íntimo en su lugar de trabajo tienen solo una oportunidad entre doce de estar implicados en sus empleos.
La clave de las buenas relaciones consiste en centrarse en lo que cada amigo te aporta particularmente en lugar de esperarlo todo de una única persona. Las personas que disfrutan de un gran bienestar social tienen varias relaciones estrechas que las ayudan a prosperar, a disfrutar de la vida y a mantenerse sanas. Se rodean de gente que estimula su desarrollo y su crecimiento. Dedican un tiempo específico —una media de seis horas al día— a sus relaciones sociales. Consiguen tiempo para ir a reuniones y viajes que refuerzan esas relaciones todavía más. Como resultado de ello mantienen excelentes relaciones que les proporcionan grandes dosis de energía positiva en su vida cotidiana.

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Bienestar económico

Muchos libros y artículos aseguran que el dinero no es tan importante para nuestra felicidad global. Para realizar esta afirmación, los autores se basan muchas veces en investigaciones que demuestran que la gente a la que le toca la lotería no es mucho más feliz unos años más tarde. Otros se remiten a estudios que prueban que los ingresos solo son importantes hasta el punto en el que permiten cubrir las necesidades básicas. Y los medios de comunicación presentan infinidad de historias de personas millonarias que son desgraciadas en otros aspectos.
Sería estupendo creer que todos tenemos las mismas posibilidades de ser felices, sin importar nuestro nivel de ingresos, pero los datos demuestran que esto es falso. La información obtenida a partir de un estudio exhaustivo realizado por Gallup en 132 países revela que hay una relación innegable entre el bienestar y el producto interior bruto (PIB) per cápita, y esta es incluso más importante de lo que imaginábamos. Evidentemente, los ciudadanos de los países más ricos gozan de mayor bienestar. Así que, aunque el dinero no da la felicidad, es cierto que vivir en un país rico aumenta las probabilidades de disfrutar de una buena vida.
En los países con menores ingresos, el dolor físico es la causa principal de padecimiento. Solo el hecho de tener el dinero para pagar la asistencia sanitaria básica necesaria para aliviar ese sufrimiento mejora el bienestar. Por tanto, el dinero es fundamental para cubrir las necesidades básicas. En los países con ingresos medios o elevados, las diferencias en los niveles de bienestar se explican por el disfrute diario y el confort que pueden conseguirse con el dinero. El dinero puede aumentar nuestra felicidad a corto plazo, porque nos proporciona un mayor control sobre el uso de nuestro tiempo, ya sea permitiendo que acortemos el trayecto para llegar al trabajo o que pasemos más tiempo en casa con la familia o en una reunión con los amigos.
Cuando un grupo de investigadores de Harvard analizó lo que la gente gastaba en sí misma y en los demás, y lo comparó con su estado de felicidad, concluyó que invertir en uno mismo no aumenta el bienestar. Sin embargo, gastar en otros no solo estimula el bienestar, sino que además parece tan determinante para la felicidad de las personas como la cantidad de dinero que ganan.
Cuando estamos decaídos, nos resulta de poca ayuda tratar de animarnos yendo de compras. La tristeza puede hacernos gastar más dinero en nosotros mismos de lo que haríamos en otras condiciones. Las personas a las que se les mostró un vídeo diseñado para infundir tristeza estuvieron dispuestas a pagar por un producto casi cuatro veces más que otro grupo que no había visto ese vídeo. A pesar de esta gran diferencia, el primer grupo insistía en que el contenido triste del vídeo no había influido en su decisión.
Aunque no nos demos cuenta, un mal estado anímico nos puede llevar a tomar una innumerable cantidad de decisiones económicas equivocadas. Además de que gastar en nosotros mismos no resulte de mucha ayuda, esta investigación sugiere que el peor momento para realizar una compra importante es cuando te sientes mal. Gastamos más cuanto peor nos sentimos. Una “terapia de compras” es demasiado costosa.
Pagar por experiencias como salir a cenar o irte de vacaciones aumenta tu bienestar y el de los que te rodean. Las vivencias perduran, mientras que las compras materiales desaparecen. Aunque te sientas mejor inmediatamente después de comprar, hay estudios que demuestran que la satisfacción que obtenemos con los bienes materiales desciende pasado un tiempo. Sin embargo, si gastamos nuestro dinero tratando de conseguir experiencias agradables, obtenemos el beneficio inmediato de la expectación por el evento, la experiencia en sí y, en algunos casos, años de gratos recuerdos. Los objetos materiales pierden su originalidad, pero podemos revivir los recuerdos indefinidamente.
La relación entre el dinero y el bienestar se explica de la siguiente manera: invertir en experiencias mejora tu estado anímico a largo plazo. Aquellos que ganan menos de 25 000 dólares al año obtienen beneficios similares en su bienestar tanto a través de experiencias como mediante compras materiales. Sin embargo, a medida que aumenta el nivel de ingresos, invertir en vivencias produce un incremento en los niveles de bienestar de dos a tres veces mayor que el que producen las adquisiciones materiales.
Durante años, los economistas tradicionales han supuesto que las personas toman las decisiones racionales que más les convienen. Pero la relativamente nueva disciplina de la economía conductual está demostrando otra cosa. Considera los siguientes dos escenarios e imagina que ambos implican el mismo poder adquisitivo, ¿por cuál te inclinarías?
  1. Unos ingresos anuales de 50 000 dólares mientras tu entorno percibe 25 000.
  2. Unos ingresos anuales de 100 000 dólares, mientras tu entorno percibe 200 000.
Según el modelo económico clásico, todo el mundo debería escoger los ingresos de 100 000 dólares. En lugar de ello, casi la mitad de los encuestados se inclinó por el salario inferior de 50 000 dólares al año. Prefirieron recibir la mitad de ingresos siempre que fuera el doble que los recibidos por las personas de su entorno. Parece que la cantidad de dinero que ganamos y el tamaño de nuestra casa es menos importante que lo que esos factores suponen comparados con los ingresos y las posesiones de nuestros allegados. Esto influye en las decisiones que tomamos cada día, lo cual supone un dilema considerable.
En el otoño puedes instalar una nueva terraza en tu casa y presumir de ella, pero solo hasta que ves cómo tu vecino monta una más grande en primavera. Lo cierto es que tenemos una necesidad intrínseca de compararnos con los que nos rodean, especialmente cuando se trata de los signos más evidentes. Como muchas personas han aprendido ya, insistir en autodefinirnos por comparación social nos conduce a una eterna competición de locos. La manera de evitar este dilema de la comparación es impulsar nuestro bienestar tanto profesional como social.
A idénticos niveles de sueldo y de responsabilidades laborales, mientras algunas personas creen que su paga es la adecuada, otras la consideran injusta. Las diferencias dependen de lo comprometidas que se encuentren con su trabajo. Con el mismo salario, las personas con altos niveles de bienestar profesional lo perciben más favorablemente que aquellas que se encuentran en escalas inferiores. Incluso cuando se les pide que se comparen a ellas mismas con su entorno más cercano, existe el doble de probabilidades de que las personas con gran bienestar profesional y social afirmen sentirse satisfechas con su nivel de vida en general.
Aunque el dinero se pueda contar objetivamente, sigue siendo una variable subjetiva en nuestras vidas. Si lo que deseas es mejorar tu bienestar económico, antes debes asegurarte de que tu bienestar tanto profesional como social es satisfactorio. Si tu trabajo diario te llena y las relaciones que tienes son sólidas, tendrás menos probabilidades de quedarte atrapado en uno de estos dilemas comparativos y de entrar en absurdas competiciones vecinales.
Las personas con gran bienestar económico están satisfechas con su nivel de vida global. Gestionan correctamente su economía personal para afianzar su seguridad financiera. Esto elimina el estrés diario ocasionado por las deudas y contribuye a fortalecer sus reservas. Gastan su dinero con sensatez y prefieren invertirlo en experiencias que perdurarán en su memoria. Dan a los demás y no se limitan a gastar en ellas mismas. Gozan de la libertad económica que resulta de gestionar bien su dinero, lo que les permite pasar más tiempo con las personas que más les hacen disfrutar.

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Bienestar físico

Si optamos por un equilibrio entre la buena y la mala comida, y a esto le añadimos una moderada cantidad de horas de sueño y algo de ejercicio, nuestros cuerpos se acercarán al estado óptimo estándar. Por el contrario, si tomamos decisiones netamente más positivas respecto a lo que comemos y bebemos, le sumamos noches de buen descanso y algo de ejercicio intensivo, haremos funcionar nuestro cuerpo con mucha mayor eficiencia.
A lo largo del día, tomamos muchas pequeñas decisiones de este tipo. Lo hacemos cada vez que nos planteamos si añadimos crema al café de la mañana, si tomamos unos pasteles en la reunión de la tarde o si acompañamos la cena con agua o con un refresco azucarado. Incluso aunque seamos conscientes de que nos perjudican, tomamos decisiones netamente negativas sin pensar en las consecuencias a largo plazo. Aunque sepamos que abusar de las patatas fritas aumenta un 30 % las probabilidades de sufrir un ataque al corazón con el tiempo, esto no cambiará nuestra decisión a corto plazo.
Dada la influencia que tienen los genes, es fácil creer que gran parte de nuestro estado de salud no depende de nosotros. Después de todo, no podemos cambiar nuestros genes o resecuenciar nuestro ADN. Sin embargo, investigaciones recientes apuntan que podríamos ser capaces de controlar la expresión de nuestros genes. Así, aunque tus genes te predispongan a padecer una enfermedad crónica, podrás hacer algunas cosas tanto para mitigar como para aumentar esa expresión genética.
Un estudio descubrió que los hombres con un gen que los predisponía al cáncer de próstata consiguieron contener considerablemente la expresión de este gen comiendo unas dosis adecuadas de brócoli a la semana. Hasta cierto punto, podemos regular la manera en que nuestros genes afectan a nuestra salud a lo largo de la vida. E incluso podríamos influir en lo que transmitimos a la siguiente generación.
Durante años, los científicos han pensado que los genes representaban la única vía de transmisión de los rasgos biológicos de generación en generación. Pero hoy se cuestiona esta idea. Por el contrario, los biólogos han descubierto que lo que hacemos y lo que nos sucede a lo largo de la vida es transmitido no solo a nuestros hijos, sino también a las generaciones siguientes. Este fenómeno, denominado herencia epigenética, es mucho más importante de lo que pensamos.
Por ejemplo, los estudios sugieren que, si tu alimentación durante la adolescencia ha sido mala, tus hijos y tus nietos serán más proclives a sufrir ataques cardíacos o diabetes. Experimentos realizados con animales demuestran que los cambios epigenéticos pueden dejar rastro durante generaciones en determinadas especies. Así, el conocimiento de que las decisiones que tomas dentro de tu estilo de vida podrían afectar a la salud de tus hijos y de tus nietos supone un incentivo añadido para optar por lo más saludable en las próximas horas, semanas y meses.
Las personas que hacen deporte al menos dos días por semana son más felices y tienen un nivel de estrés significativamente menor. Además, estos beneficios aumentan con una práctica más frecuente. Cada día adicional de ejercicio en una semana determinada —hasta un máximo de seis días, que es cuando la gente llega a un punto de rendimiento decreciente— sigue contribuyendo a estimular los niveles energéticos.
Un experimento reciente reveló que con veinte minutos de ejercicio nuestro ánimo podría mejorar durante varias horas. Los investigadores monitorizaron una serie de participantes que montaban en bici a una intensidad moderada y a otro grupo que no hacía ejercicio. El estado de ánimo de los que pedalearon veinte minutos mejoró significativamente durante las dos, cuatro, ocho y hasta doce horas después de hacer deporte, en comparación con aquellos que no lo hicieron.
Como planteaba una publicación de la clínica Mayo, “con frecuencia, la falta de energía no es achacable a la edad, sino que es el resultado de la inactividad”. En días en los que no te puedes permitir veinte o treinta minutos de ejercicio, levantando algo de peso durante once minutos escasos conseguirás aumentar, como se ha demostrado, el ritmo metabólico, lo que favorecerá tu combustión de grasas a lo largo del día. Cualquier ejercicio será mejor que un día entero sin actividad energética.
Junto a la alimentación saludable y al ejercicio regular, el sueño juega un papel esencial en nuestro bienestar físico. El sueño tiene otras funciones además de la de permitirnos estar bien descansados. Nuestros cerebros se muestran extraordinariamente activos mientras dormimos. De hecho, nuestro aprendizaje puede acelerarse cuando estamos durmiendo. Los científicos han descubierto que aprendemos más y establecemos conexiones más efectivas dormidos que despiertos. Cada noche de sueño permite a nuestro cerebro procesar lo que hemos aprendido la víspera. Por lo tanto, tenemos más probabilidades de recordar lo que hemos aprendido si pasamos una noche de sueño profundo.
El sueño nos ayuda a sintetizar lo aprendido y experimentado durante el día. Mientras dormimos y hasta que nos despertamos, nuestro cerebro resuelve una especie de jeroglífico. Por lo tanto, además de lo que hemos sabido siempre respecto a que el buen sueño contribuye a tener un buen día siguiente, el descanso nocturno también es importante para codificar la información que hemos aprendido la víspera.
Las personas con un bienestar físico óptimo gestionan con eficacia su salud. Hacen ejercicio con regularidad y, como resultado de ello, se encuentran mejor a lo largo del día. Toman buenas decisiones dietéticas, lo que las ayuda a mantener su energía y a agudizar su pensamiento. Duermen lo suficiente para descansar bien y procesar lo que han aprendido la víspera, además de para tener un buen arranque al día siguiente. Tienen mejor aspecto, se sienten mejor y viven más años.

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Bienestar comunitario

El bienestar comunitario no es lo primero en que piensa la gente cuando valora su bienestar general. Pero este elemento puede ser en realidad el factor diferenciador entre una buena vida y una vida fantástica. El bienestar comunitario arranca de las necesidades básicas. Aunque no pienses en la calidad del agua que bebes o del aire que respiras, la falta de seguridad respecto a esta puede suponer a la larga una preocupación importante. Otra necesidad primaria consiste en sentirte seguro al caminar de noche por tu barrio, con la certeza de que no te van a agredir o asaltar.
Sin embargo, vivir en el lugar adecuado no es lo único necesario para disfrutar de bienestar comunitario. Hace falta implicación activa en los diversos colectivos y organizaciones comunitarias. Muchas personas pertenecen a grupos que las conectan con una red más amplia de amigos o conocidos. Formar parte de programas para mantener limpio el entorno, dar comida a los necesitados o apoyar la educación de los niños estimula el bienestar comunitario.
A menos que te esfuerces por involucrarte en la actividad de los grupos sociales, será improbable que tu bienestar comunitario crezca. Mucha gente presume de vivir en comunidades sólidas, pero reconocen que les gusta ir a su aire y, como resultado de ello, la mayoría de esas personas, mantiene un bienestar comunitario bajo. Incluso los que no son sociables por naturaleza pueden aumentar su bienestar general si participan en eventos o inician algún tipo de contacto con los grupos comunitarios. Tener éxito en el bienestar comunitario depende de lo que le devolvemos a nuestra comunidad.
La mejor manera de garantizar la continuidad del bienestar comunitario es devolver a la sociedad lo que nos aporta. Esto es lo que diferencia una vida excepcional de otra simplemente buena. Cuando preguntamos a las personas acerca de las mayores contribuciones que habían hecho en su vida, aludieron, con contadas excepciones, a lo que habían influido en otra persona, en un grupo o en su comunidad. Estos individuos no solo habían beneficiado a otros, sino que también los habían reconocido por su implicación en sus comunidades.
Como mencionamos en el apartado del bienestar económico, donar dinero acaba revirtiendo en nuestro bienestar más que invertir en bienes materiales para nosotros mismos. Basándose en escáneres cerebrales realizados por resonancia magnética, los neurocientíficos han descubierto que las zonas del cerebro que se activan cuando recibimos dinero brillan todavía más cuando lo damos.
Cuando hacemos algo por los demás, vemos cómo podemos influir en sus vidas, lo que nos da confianza en nuestras habilidades para generar cambios. Hacer el bien favorece una interacción social más profunda, unos objetivos vitales de mayor alcance y un estilo de vida más dinámico, a la vez que nos mantiene alejados de una preocupación excesiva por nosotros mismos y de caer en estados emocionales perjudiciales. Diversos estudios han puesto de manifiesto la existencia de un vínculo entre el comportamiento altruista y el aumento de la longevidad. Los investigadores sospechan que en parte se debe a que hacer el bien previene el estrés y las emociones negativas.

Conclusión

Estos elementos son los distintivos fundamentales de la vida de una persona. No incluyen todos los aspectos de lo que es importante en nuestra existencia, pero representan las cinco categorías esenciales para la mayor parte de la gente. El primer elemento se basa en cómo empleas tu tiempo o, sencillamente, en cuánto te satisface lo que haces cada día: tu bienestar profesional. El segundo trata de la importancia que el amor y las relaciones tienen en tu vida: tu bienestar social. El tercero alude a la gestión eficiente del aspecto financiero de tu vida: tu bienestar económico. El cuarto se refiere al hecho de tener buena salud y energía suficiente para realizar las tareas cotidianas: tu bienestar físico. El quinto elemento, por último, abarca el grado de compromiso que tienes con el ámbito en el que vives: tu bienestar comunitario.
Mientras que al 66 % de la gente le va bien al menos en una de estas áreas, solo el 7 % triunfa en las cinco. El hecho de luchar por cualquiera de estos aspectos de forma exclusiva, como hacemos la mayoría de nosotros, perjudica nuestro bienestar y afecta a nuestra vida cotidiana. Cuando afianzamos nuestro bienestar en cualquiera de estas áreas, podemos tener días buenos, e incluso años y décadas, pero no sacaremos el mayor partido a nuestras vidas si no lo conseguimos en las cinco al mismo tiempo.


Fin del resumen ejecutivo
Biografía de los autores
Tom Rath está graduado por la Universidad de Pensilvania y por la de Michigan. Además de su actual trabajo como investigador, escritor y conferenciante, Rath es profesor en la Universidad de Pensilvania e investigador senior y consejero de Gallup, empresa donde lideró los procesos de compromiso, fortalezas y bienestar de los empleados.

Es autor de cinco libros que han sido bestsellers internacionales durante la última década. Su primera obra, ¿Está lleno su cubo? (Empresa Activa, 2005), alcanzó el primer lugar de las listas de ventas de The New York Times. El segundo, StrengthsFinder 2.0 (Gallup Press, 2007) ocupó el primer lugar en la del The Wall Street Journal durante mucho tiempo y fue destacado por USA Today como el libro empresarial más vendido de 2008. Sus trabajos más recientes son Strengths Based Leadership (Gallup Press, 2009), La ciencia del bienestar (Alienta Editorial, 2011) y Eat Move Sleep (Missionday, 2013). En total, se han vendido más de cinco millones de ejemplares de los libros de Rath y se han traducido a 16 idiomas. 

Jim Harter es jefe científico de gestión de campo internacional y prácticas de bienestar de Gallup. Es coautor de un superventas de The New York Times titulado 12: The Elements of Great Managing, basado en un importante estudio internacional sobre el compromiso laboral. Desde que se asoció con Gallup en 1985, Harter ha participado en más de mil estudios de investigación, cuyos resultados se han difundido en bestsellers empresariales, artículos académicos y divulgativos, publicados, por ejemplo, en The Wall Street Journal, The New York Times y USA Today. También es coautor de Manage Your Human Sigma, publicado en la Harvard Business Review.
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