Hagámoslo
Resumen del libro

Hagámoslo

por Richard Branson

Enseñanzas y aventuras de uno de los emprendedores más excéntricos de todos los tiempos

¡Simplemente hazlo!

 

Cuando descubrí que mi apodo entre algunos miembros de la plantilla de Virgin era “Dr. Sí”, me hizo gracia. Obviamente, surgió porque mi respuesta automática a una pregunta, una petición o un problema suele ser más positiva que negativa. Realmente mi lema es: “A la mierda, ¡sencillamente hazlo!
Por supuesto que no digo que sí a todo. Pero qué es peor: ¿cometer un error ocasional o tener una mente cerrada y perder las oportunidades? Creo en la utilización y el aprovechamiento del conocimiento y la experiencia de otra gente, por eso me gusta trabajar holísticamente en equipo. Aprovechar la energía es como aprovechar el poder del cerebro. ¿Por qué seleccionamos a alguien para una tarea en particular si luego ignoramos su experiencia y habilidad? Es como consultar a expertos y no tener en cuenta su trabajo.
También confío en mi propio instinto y habilidad para hacer casi cualquier cosa que me propongo. Si una idea o un proyecto es bueno y merece la pena, si es humanamente posible, siempre me lo plantearé seriamente, incluso aunque nunca lo haya hecho o pensado antes. Nunca digo “no puedo hacer esto porque no sé cómo”. Pregunto, lo examino, encuentro la manera. Mirar, escuchar y aprender son cosas que todos deberíamos hacer en nuestras vidas.
Si crees que tienes una buena idea, o si hay algo en tu vida personal que quieres hacer, pero no estás seguro de cómo alcanzar tu objetivo, no creo que esa pequeña expresión “no puedo” deba detenerte. Si no tienes la experiencia necesaria para alcanzar tu objetivo, toma otro camino; busca una forma distinta. Siempre hay una solución al problema más complejo.
Les comentaré mi primer proyecto comercial real, la revista Student. Creo que es un buen ejemplo de “sencillamente hazlo”. Fundé Student cuando tenía 15 años y todavía estaba en el colegio, en un internado. No lo hice para sacar dinero. Lo hice porque no me gustaba lo que me enseñaban en el colegio, ni lo que pasaba en el mundo y quería arreglarlo.
Por entonces era un niño. Sin embargo, casi instintivamente, seguí las reglas básicas de las finanzas para preparar un sólido plan de negocio. En la biblioteca del colegio, en lugar de hacer mi trabajo, eché un vistazo a Who’s who e hice una lista de los 250 miembros del parlamento. A continuación realicé una lista similar de posibles anunciantes leyendo el listín telefónico. Con la calderilla que me proporcionó mi madre hice las primeras llamadas y envié cientos de cartas con el membrete: Student, la revista para la juventud británica.
Con los datos que me dieron en el Ministerio de Educación hice un cálculo de la posible tirada de la revista y con las grandes empresas utilicé la siguiente estrategia: le decía al responsable de publicidad del Lloyds Bank que Barclays iba a quedarse con el interior de la contraportada, ¿querrían ellos la prestigiosa contraportada antes de que se la ofreciera al Nat-West? Hice lo mismo con Coca-Cola y Pepsi. Todo dio resultado y conseguí 2.500 libras para el primer número, lo que me permitiría pagar la impresión de 30.000 copias.
Dos años después de iniciar mi proyecto todo estaba preparado –para sorpresa de muchos- y decidí (con el consentimiento y apoyo de mis padres) abandonar el colegio. En esta nueva aventura me acompañó mi amigo Jonny Gems. Juntos tratamos de conseguir contenidos que encajaran con nuestras aspiraciones. Conseguimos hacer entrevistas increíbles a gente como Jean-Paul Sartre, John Lennon, Mick Jagger, entre otros. Tenía tanta confianza en mí mismo que nunca me paré a pensar por qué estaban dispuestos a dejarme traspasar las puertas de sus casas y hablar con ellos cara a cara, y mi confianza debía ser contagiosa porque muy pocos me rechazaron.
Los comienzos fueron difíciles, pero nos ayudó mucha gente de forma desinteresada vendiendo por la calle o en las universidades nuestra revista. Incluso los periodistas de los rotativos de gran tirada se fijaron en nosotros. El Sunday Telegraph escribió: “Fotógrafos, periodistas y escritores de todos los lugares han aceptado ayudar a Student, y una fuerte organización de distribución masiva voluntaria ha crecido por los colegios y universidades permitiendo, quizás, a alrededor de medio millón de estudiantes leer la revista”.
Cada vez que surgía una nueva oportunidad, la aprovechábamos. Cuando era evidente que nuestra revista había llegado a un punto de saturación, en lugar de conformarnos, buscamos nuevas formas de hacer dinero. Nos planteamos vender discos, pero como no teníamos dinero suficiente, fuimos a ver a un hombre que tenía una zapatería en un sitio perfecto en Oxford Street, y hablamos con él para que nos dejara usar un espacio que le sobraba. Necesitábamos un nombre, y fue entonces cuando nació Virgin. Mientras estábamos sentados lanzando ideas para encontrar un nombre, alguien dijo: “Bueno, somos vírgenes en el mundo empresarial. ¿Por qué no Virgin?
Puse en práctica todo lo que había aprendido gracias a Student y trabajé duro para promocionar la apertura de aquella primerísima tienda Virgin Records en Oxford Street. Hicimos que fuera un lugar cool para los estudiantes; pusimos cojines mullidos y grandes en el suelo, y cabinas donde podrían escuchar los discos antes de comprarlos. Una tienda nos llevó a una segunda y esta a una tercera. Pronto tuvimos una tienda Virgin Records en casi todas las ciudades importantes, y todavía tenía menos de veinte años.
Mis primeras experiencias en los negocios fueron increíbles. Aprendí muchas cosas: no sólo que si quieres hacer algo, sencillamente deberías hacerlo, sino que también tienes que prepararte bien, tener fe en ti mismo, ayudar a los demás y por encima de todo, no abandonar.

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¡Pásalo bien!

He leído en varios artículos que todo lo que toco lo convierto en oro. A pesar de que eso no es cierto, no niego que he hecho las cosas bien y he tenido un éxito considerable. Pero no tengo ningún secreto. Sencillamente trabajo duro, como siempre he hecho. Sin embargo, y sobre todo, intento pasarlo bien. Nuestro trabajo debería inspirarnos y satisfacernos. Pasamos tanto tiempo trabajando para ganarnos la vida que hacer algo que detestamos no tiene ningún sentido.
A propósito de pasarlo bien, tengo que contarles que nunca sabes lo que puedes encontrarte en una playa soleada... Mientras estaba de vacaciones, me hice con una isla desierta y unas aerolíneas. Sucedió por casualidad, cuando trabajaba duro para levantar Virgin Music en 1976. Mike Oldfield ya había sido nuestro primer gran éxito con el álbum Tubular Bells y continuábamos trabajando para fichar a los Sex Pistols, Human League y a Sting, así que las cosas marchaban bien. La gente dijo cosas como “Branson, un diablo con suerte que se encontró con un éxito enorme como Tubular Bells”, como si de algún modo me hubiera tropezado con él en la calle.
Sí, fue un golpe de suerte, pero fuimos los que lo reconocimos y asumimos el riesgo. Mike Oldfield había tocado recientemente en un musical que se representaba en el West End y me hizo escuchar algunas grabaciones de su Tubular Bells. Pensé que tenía ese sonido casi mágico que rara vez se presenta, pero cuando lo hace, sabes que es especial. No teníamos una discográfica, así que lo mandé a otras seis compañías que conocía para que escucharan sus grabaciones. Todas le rechazaron. Nos gustaba tanto como sonaba que formamos esta pequeña compañía, inicialmente para lanzar solamente Tubular Bells. Hacer que funcionara fue duro para un puñado de chicos como nosotros. Se necesitaba mucho dinero para promocionar su música y a nosotros no nos sobraba. Así que tuvimos que espabilarnos. Mike era demasiado tímido para promocionar el álbum, pero no abandonamos. Pensamos de manera creativa, y nos adelantamos a nuestro tiempo haciendo un video que pasamos por televisión. Pusieron mucho el video, pero un gran avance fue que se usase en la banda sonora de El Exorcista. Las ventas fueron enormes. De la noche a la mañana Virgin Music era mundialmente conocida. A pesar del éxito, nunca dejamos de buscar nuevos sonidos y nuevos talentos.
Por aquel entonces estaba pasando una mala racha a nivel personal porque mi novia Joan y yo habíamos roto. Quería hacer un viaje memorable con ella, pero no tenía dinero porque me lo había gastado todo fichando a varias bandas de música en Jamaica. Había oído que si querías comprar una propiedad en el Caribe te ofrecían una gran visita guiada gratis. Llamé a un agente inmobiliario de las Islas Vírgenes, y le dije que tenía una discográfica y que quería comprar una isla para hacer un estudio de grabación en ella.
Afortunadamente para nuestra escapada romántica, el agente respondió como esperaba. Joan y yo volamos a las Islas Vírgenes, donde nos trataron como a la realeza, sin tener intención real de comprar una isla que no podía permitirme. Al final de nuestra estancia nos enseñaron una isla en venta que el agente nos dijo que pertenecía a un lord inglés que nunca había estado en ella. Le pregunté el precio (3 millones de dólares) y yo le ofrecí 200.000. Volvimos bajando una colina y nos metimos en el helicóptero que nos había llevado a la isla. Nuestras maletas nos estaban esperando en la puerta del hotel. Nos habían echado. Pasamos la noche en un bed and breakfast de un pueblo cercano y nos marchamos al día siguiente. Era como si nos hubieran echado del paraíso.
Nuestro plan era continuar el viaje yendo a Puerto Rico, pero cuando llegamos al aeropuerto, el vuelo había sido cancelado y la gente vagaba, como si estuviera perdida. Nadie hacía nada. Pero yo decidí que tenía que hacerlo. A pesar de que no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo realmente, con bastante aplomo fleté un vuelo chárter por 2.000 dólares y lo dividí entre el número de pasajeros. Pedí prestada una pizarra y escribí: VIRGIN AIRWAYS. 39 DÓLARES BILLETE DE IDA A PUERTO RICO. Los pasajeros agradecidos no dejaron escapar la oportunidad y compraron todos los tickets.
La idea de Virgin Airways había nacido en medio de unas vacaciones, aunque en realidad la aerolínea no despegó hasta unos años después. Nunca antes había fletado un vuelo chárter, pero, al igual que con Tubular Bells, vi la oportunidad y la aproveché. Y tengo que decir con orgullo que hoy en día nuestra aerolínea vuela a más de 300 lugares en todo el mundo y en un futuro próximo ofreceremos vuelos al espacio a través de Virgin Galactic.
De vuelta en Londres con Joan después de nuestras vacaciones, todavía tenía como objetivo comprar aquella isla fantástica que nos habían enseñado en nuestro viaje romántico. Hice algunas averiguaciones y descubrí que el dueño de la pequeña isla era rico y que, efectivamente, nunca había ido a verla, por lo que no estaba interesado en ella. Tres meses después cerré el trato por 180.000 dólares.
No todos tenemos el dinero para montar un negocio, o bien la suerte, o las oportunidades no surgen. A veces, estás contento de conseguir trabajo, cualquier trabajo, y aceptas un empleo en una fábrica o en una tienda. Puede que lo odies, pero tratas de sacar lo mejor de las cosas. ¿Pero es eso divertido? ¿Es realmente ese trabajo que odias tu única opción? No olvides nunca que no importa quién seas, tienes otras opciones.
Si, a pesar de todo, tienes que trabajar para un jefe que no te gusta, como a casi todos les pasa en algún momento, no te quejes de ello. Ten una perspectiva positiva de la vida y sigue con ello. Trabaja duro, gánate el sueldo y haz amigos. Disfruta de la gente con la que entras en contacto a través del trabajo, y si todavía eres infeliz, entonces separa tu vida privada de tu vida personal. Pásalo bien en tu tiempo libre, ten en cuenta que tu jefe o tu empresa te está pagando para que te diviertas, y te sentirás más feliz, y disfrutarás más de la vida y del trabajo.

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Sé valiente

Disfruté mucho mientras hacía la serie de televisión en Estados Unidos The Rebel Billionaire porque me pareció muy divertido hacer pasar a un grupo de jóvenes empresarios y a mí mismo por distintos desafíos, muchos de los cuales estaban sacados directamente de películas de James Bond. El objetivo era que al final quedara en el concurso solo la persona con el carácter más fuerte y el más capacitado para conseguir sus metas.
El último capítulo de la serie se desarrollaba en mi isla del Caribe donde yo le entregaría al ganador, Shawn Nelson, el premio final, un cheque de un millón de dólares. Pero le pusimos a prueba. Podía quedarse con el cheque o jugarse a cara o cruz un premio mayor. Si no acertaba, lo perdería todo.
“¿Cuál escoges? –le dije- ¿La moneda o el cheque?”
La vida está llena de decisiones difíciles. ¿Por cuál optaría? Al final se decantó por el cheque. Yo me alegré mucho y mientras sacaba el cheque del bolsillo y se lo entregaba, le dije: “si hubieras escogido lanzar la moneda, me hubieras decepcionado”. Había escogido la opción correcta no jugándosela a algo que no podía controlar.
Siempre busco ese algo concreto en la gente como Shawn que les hace diferentes de los demás. Así que una de las cosas que hago en Virgin es intentar que la gente piense en sí misma y se vea de una manera más positiva. Creo firmemente que nada es imposible. Yo les digo: “Cree en ti mismo. Puedes hacerlo”, a la vez que añado: “Se valiente pero no te la juegues”.
Recibo miles de propuestas de negocio todas las semanas, son las metas y sueños de la gente. Muchas son únicas y originales con mucho potencial, pero son demasiadas para que las pueda ver todas. En su lugar, mis empleados las leen primero y hacen una criba. Yo veo las mejores.
Una decisión de la que no me arrepiento fue una proposición que un joven abogado estadounidense me envió en 1984. Quería que invirtiera en una nueva línea aérea transatlántica. Incluso antes de leer su plan quería hacerlo. La idea me cautivó a medida que recordaba el embrión de “Virgin Airways” de la excursión caribeña. Era emocionante y podía imaginármelo, visualizaba el éxito que podía tener.
Me pasé un fin de semana meditándolo. El domingo por la noche ya había tomado una decisión. Sencillamente lo haría. El lunes por la mañana llamé a Boeing. Me llevó bastante tiempo dar con la persona adecuada. Quería saber cuánto podía costarme un Jumbo. Se quedaron muy sorprendidos conmigo pero me escucharon. Me dijeron que tenían un Jumbo de segunda mano que podía ser mío. Les pregunté si se lo podía devolver si el proyecto no salía bien y aceptaron, lo que nos protegería en caso de fracaso.
Al día siguiente me reuní con mis socios de Virgin Music para discutirlo. Me dijeron que estaba loco. Yo les dije que Virgin Music estaba ganando mucho dinero, gracias a bandas como Culture Club, y que el dinero necesario para empezar una compañía aérea era menos de un tercio de los beneficios de un año.
Al final, mis socios aceptaron a regañadientes. La nueva compañía se llamaría Virgin Atlantic. Prefería, como siempre, crear una empresa desde cero –frente a la alternativa de comprar una ya existente- para darle nuestra impronta personal. Me puse a trabajar de forma frenética. Una aerolínea correctamente fundada no tomaba atajos, cumplía todas las regulaciones y criterios de seguridad y estaba correctamente asegurada.
Una vez que tuve el avión, en los términos en los que me lo podía permitir, elaboré un plan de supervivencia de flujo de fondos. Luego contraté a la gente adecuada y formé un gran equipo. Fue un trabajo duro, pero tuve perseverancia. Y créeme, hubo infinidad de problemas. British Airways intentó jugar sucio con nosotros. Incluso trataron de destrozarnos arruinando mi nombre. Pero los llevé a los tribunales por difamación, y gané.
Muchas de las compañías que en 1984 dijeron que no lo conseguiríamos están, a día de hoy, fuera del negocio. Fui valiente, sí, pero no insensato. No era todo o nada, como podía haber sido con el ganador de The Rebel Billionaire, y había tenido en cuenta cómo manejar los riesgos. Fue la misma estrategia atrevida, pero controlada, que tuve en mi siguiente aventura, en 1991, cuando decidí fundar Virgin Trains, aprovechando la política liberalizadora de los ferrocarriles británicos. La verdad es que una opción es optar por una vida segura, pero haciéndolo así nunca sabrás qué se siente al ganar.

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Válete por ti mismo

Si quieres leche, no te sientes en medio del campo con la esperanza de que una vaca se te acerque”. Este viejo dicho podría haber sido una de las citas de mi madre. Ella habría añadido, “Vamos, Ricky. No te quedes sentado sin hacer nada. Atrapa la vaca”. Una vieja receta de pastel de conejo decía, “Primero caza el conejo”. Observad que no decía, “Primero compra el conejo”, o “Siéntate hasta que alguien te de un conejo”.
Lecciones de este tipo me las enseñaba mi madre desde que era pequeño y son las que me han hecho valerme por mí mismo. Me entrenaron para pensar por mí mismo y ser capaz de hacer cosas. Es en lo que los británicos como nación solemos creer, pero hay algunos niños hoy en día que parece que quieren todo servido en bandeja.
He tenido mucha suerte con tener unos buenos padres. Ellos y su generación han vivido dos guerras mundiales y la palabra consentir no está en su vocabulario. Mi padre siempre estaba ahí para nosotros, pero mi madre era la que nos educaba para que sacáramos lo mejor de nosotros. De ella aprendí sobre los negocios y el dinero. Decía cosas como, “El ganador se lo lleva todo”, y, “Persigue tus sueños”. Mi madre sabía que perder no siempre era justo, pero así es la vida. No es una buena idea enseñar a los niños que pueden ganar todas las veces. Sé que algunos padres mantienen a sus hijos al margen de su trabajo y no comparten sus problemas, pero pienso que sus hijos nunca aprenderán realmente el valor del dinero, o el de los ingresos y las facturas.
Sólo una vez perdí la fe en mí mismo, y esto ocurrió en 1986. Por aquél entonces, Virgin era una de las compañías privadas británicas más grandes, con 4.000 empleados. Todo iba tan bien que me dijeron que debería empezar a cotizar en bolsa. No estaba seguro y desde luego dos de mis socios no estaban de acuerdo. Me conocían bien y decían que no me gustaría perder el control. Pero al final tomé la decisión de salir a bolsa, en parte porque la financiación bancaria se nos estaba complicando y necesitábamos capital.
Nunca olvidaré cuando estaba en la City (el barrio financiero de Londres) y vi las filas de gente haciendo cola para comprar acciones de Virgin. Me emocioné tanto que caminé por la cola arriba y abajo agradeciendo a la gente su confianza y algunas de sus respuestas quedarán grabadas para siempre en mi memoria. En cierto momento me di cuenta de que algunos fotógrafos me estaban sacando una fotografía del pie. No lo entendía. Luego miré hacia abajo y vi con asombro que, con las prisas que me vestí, me había puesto zapatos de distinto par. En fin, todo fue emocionante.
La salida de Virgin a Bolsa atrajo más solicitudes del público que cualquier otro debut en el mercado de valores, sin contar las privatizaciones masivas del gobierno. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que llegase a odiar la forma de actuar de la City. En lugar de tener reuniones informales con mis socios para discutir sobre qué bandas contratar, tenía que preguntárselo a una junta directiva. En lugar de poder contratar a alguien que fuese bueno, tenía que esperar cuatro semanas para reunirme con la junta, y para entonces, ya era demasiado tarde.
En medio de toda esta burocracia doblamos nuestros beneficios pero las acciones de Virgin empezaron a bajar, y por primera vez en mi vida, me sentía deprimido. Luego hubo una gran quiebra del mercado bursátil y las acciones empezaron a caer rápidamente. No era culpa mía, pero sentía que estaba defraudando a toda esa gente que había comprado acciones de Virgin. Muchos eran amigos y familiares, así como nuestros propios empleados. Otros eran como la pareja que me había dado los ahorros de su vida. Tomé una decisión. Compraría de nuevo todas las acciones al precio que cada uno las había comprado. No tenía por qué, pero no quería defraudar a la gente.
El día que Virgin volvió a ser una compañía privada fue una liberación para mi. No sentí nada excepto alivio. Una vez más, era el capitán del barco y el amo de mi destino. Creo en mí mismo. Creo en las manos que trabajan, en el cerebro que piensa y en los corazones que aman.

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Premiar el talento y delegar

He aprendido a recompensar siempre el talento. Aunque alguien sea contratado para hacer una cosa, si tiene buenas ideas, o puede hacer algo más, sencillamente déjale que lo haga. Por eso me gusta pasear, pidiéndole consejo a la gente por la calle, en el avión o en el tren. Es verdad lo que dicen –el hombre de la calle a menudo tiene más sentido común que muchos grandes jefes. Ken Berry es un buen ejemplo.
Ken empezó en una de nuestras tiendas de discos como dependiente. Su primer trabajo consistía en comprobar la recaudación, pero después de poco tiempo hacía muchas otras cosas. Siempre que yo quería llevar algo a cabo, no importaba qué, llamaba a Ken. Parecía que él sabía todo sobre todo. Hoy, la gente recurre a Google o a Yahoo. Nosotros sencillamente preguntábamos a Ken.
Dos de sus mejores rasgos eran que se llevaba bien con la gente, y que no se lo tenía creído. Descubrimos que era muy bueno tratando con cualquiera, desde las súper estrellas hasta sus abogados. Pronto le tuvimos manejando contratos. Era obvio que su talento se estaba desperdiciando como dependiente, así que se unió a nuestro pequeño equipo para dirigir Virgin. Se convirtió en consejero delegado de Virgin Music y, algunos años después, cuando vendí Virgin a EMI, él continuó en esa posición.
La gente me pregunta cómo puedo tener tanto tiempo libre para llevar a cabo mis aventuras deportivas por todo el mundo. Mi respuesta es, delegar. Cuando escoges a la gente adecuada, puedes dejarle todo a su cargo. Sabes que las cosas irán sobre ruedas si no estás ahí. En 1987, me encontraba en medio de una batalla en la sala de reuniones para comprar EMI, cuando tuve que salir corriendo. Había acordado volar en globo sobre el Atlántico, y el tiempo era bueno. Si lo retrasábamos, podíamos perder la oportunidad. Me fui, sabiendo que tenía a la gente adecuada para discutir el acuerdo. Sin embargo, ante la posibilidad de que muriera (en numerosos viajes en globo había estado a punto de hacerlo), las negociaciones se congelaron hasta que volviera, si volvía.
El huracán de octubre de ese año se llevó todos nuestros sueños de poseer EMI. El mercado de valores quebró y el valor de nuestras acciones cayó. Los bancos no tenían fe en que las cosas fueran a mejorar de nuevo y no nos dejaban el dinero. Irónicamente, durante el “asunto del juego sucio” con British Airways, cuando estaba luchando por mantener a flote la aerolínea, tuve que vender Virgin Music por quinientos millones de libras. Fue uno de los días más tristes de mi vida y recuerdo ir andando por Oxford Street después de haber firmado el acuerdo, cuando vi un cartel del Evening Standard en un puesto de periódicos que de repente me hizo darme cuenta, más que ninguna otra cosa, de lo que había hecho. “Branson vende por 510 millones de libras en efectivo”. Los ojos se me cegaron de lágrimas. Pero en los negocios tienes que tomar algunas decisiones difíciles. Si la línea aérea hubiera quebrado, cientos de familias habrían perdido sus trabajos. Esos mil millones de dólares nos mantuvieron a salvo durante una buena temporada y me dieron dinero en efectivo para empezar nuevos negocios. Además, Virgin Music también estaba a salvo. Todos sobrevivimos que era lo importante.
Si alguien me preguntara en qué crees por encima de todas las cosas, diría que en mi familia. Creo firmemente en mi familia. Sé que a veces las familias se dividen, y yo he vivido en persona algo de eso. Sé que algunas personas no tienen a nadie. Pero los amigos cercanos pueden ser como una familia. Todos necesitamos una red fuerte de apoyo. A pesar de que me enseñaron a valerme por mí mismo, sin mi familia y fieles amigos estaría perdido.

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Ten respeto

Una de las cosas de las que he aprendido mucho fue cuando hice algo ilegal. Me pillaron y pagué por ello. En ese momento me sentí como un pirata de pelo largo. Incluso me parecía un juego. Pensé que estaba siendo valiente –pero también estaba siendo imprudente. Algunos riesgos no merecen la pena.
Mi estafa parecía un truquito ingenioso y me convencí de que era prácticamente legal. Empezó por accidente en la primavera de 1972. Virgin era conocida por vender discos buenos a bajo precio, y teníamos un gran pedido de Bélgica. Si exportabas discos a Bélgica, no tenías que pagar impuestos por ellos; así que compré estos discos libres de impuestos directamente a las grandes discográficas y alquilé una furgoneta para llevarlos por el canal en ferry. Mi plan era llegar a Francia y conducir hasta Bélgica. No sabía que en Francia tenías que pagar impuestos, incluso si estabas de camino a otro sitio.
En Dover la gente de la aduana me selló los papeles con la cantidad de discos que llevaba. Cuando llegué a Francia, me pidieron que demostrara que no iba a vender los discos allí. Les enseñé el pedido de Bélgica y les dije que solo estaba de paso, pero no me sirvió de nada. Como no quería pagar los impuestos, tuve que regresar a Dover con todos los discos todavía en la furgoneta, enfadado por haber perdido el tiempo y un buen pedido. Volviendo a Londres, caí en la cuenta de que ahora tenía una furgoneta llena de discos libres de impuestos. Incluso tenía el sello de la aduana que lo probaba. Pensé que todavía podía venderlos por correo o en las tiendas Virgin y sacar unos jugosos beneficios.
Era ilegal, pero sencillamente pensé que estaba forzando las leyes un poco y aprovechándome de una situación que yo no había provocado. Siempre había tratado de no saltarme las reglas y, pensándolo bien, esto no era diferente. Habría salido impune si no hubiera sido codicioso. En lugar de vender solo esa única carga de la furgoneta, y estar satisfecho con la ganancia inesperada, hice un total de cuatro viajes a Francia, explicando en cada viaje que los discos eran para exportar, pero dando la vuelta nada más pisar suelo francés, antes de pasar por su aduana. La última vez ni siquiera me molesté en subirme en el ferry. Estoy seguro de que si no me hubieran pillado, habría seguido haciéndolo. ¡Era tan fácil! Lo que pasaba es que no era tan fácil. Me estaban vigilando.
El problema de verdad era que yo solo era una pieza pequeña en una estafa mucho mayor operada por compañías discográficas que estaban haciendo lo que yo había descubierto por accidente, a una escala mayor y más cínica. Hicieron un registro de nuestros almacenes y tiendas y me arrestaron.
Mis padres siempre me habían repetido hasta la saciedad que todo lo que teníamos en la vida era nuestra buena reputación. Podías ser rico, pero si la gente no confiaba en ti, no valía de nada. Me tumbé sobre un colchón de plástico que había en la celda y juré que nunca volvería a hacer algo así. Me pasaría el resto de mi vida haciendo lo correcto.
Por la mañana, mi madre vino al juzgado para darme su apoyo. No tenía dinero para un abogado y solicité uno de oficio. El juez me dijo que si solicitaba un abogado de oficio no conseguiría salir bajo fianza, establecida en unas desorbitadas 30.000 libras. No tenía esa cantidad, así que mi madre aportó su casa como garantía.
La manera de recuperar el propio respeto fue pagar la multa que me impusieron sin quejas. De hecho, me beneficié. Una vez más, estando contra el paredón, mi objetivo fue ganar dinero, pero legalmente. Trabajamos como locos abriendo nuevas tiendas de Virgin y desarrollamos buenas ideas para expandirnos.
La reputación lo es todo. Si empiezas un negocio y me pides un consejo, te diría, “Sé justo en tus negocios. No hagas trampas, pero ansía ganar”. Esta regla también debe extenderse a tu vida privada. Mi lema es: “nunca hagas nada que no te deje dormir por la noche”. Es una buena norma a seguir.

El hombre marca

Hace poco estuve colgado de una grúa, aparentemente en cueros, en los alto de Times Square en Nueva York, con el reparto de The Full Monty de Broadway, aparentemente también desnudos, colgados a mi lado. En realidad, llevábamos bodies que simulaban el desnudo, y las partes creativas estaban sujetas por móviles Virgin. Otro montaje escandaloso para lanzar un nuevo producto –en este caso, Virgin Mobile en Estados Unidos- y, como sucedía a menudo, yo era el centro de atención, la cara visible y pública de la marca.
La gente de marketing había elegido el lema de Virgin Mobile, “nada que esconder”, para enfatizar que nuestro servicio no tiene costes ocultos, y habían decidido que hacer el “Full Monty” encima de uno de los lugares más famosos del mundo –Times Square- realmente conseguiría que el mensaje llegase. He estado gritando el mensaje desde que Freddie Laker me aconsejó que lo hiciera cuando lanzamos Virgin Atlantic en 1984. Básicamente me dijo que tenía que hacerlo, porque si iba a luchar políticamente contra los monopolios de aerolíneas de titularidad estatal, y contra las grandes compañías dominantes de Estados Unidos, la marca debía tener una cara.
Puede que hubiera sido más fácil contratar una empresa de relaciones públicas y asignarles la tarea de la publicidad, pero Freddie tenía razón; tenía que hacerlo yo mismo. Así que durante unos años hice cualquier cosa, por disparatada que fuera, para conseguir que Virgin estuviera en las portadas (con el anuncio de “Full Monty” conseguimos que The Wall Street Journal nos concediera el premio al peor anuncio del año –nunca se lo agradeceré lo suficiente-). En nombre de la fama, y por el bien de la marca, terminé saliendo del mar en helicóptero; me vestí con un traje de novia con volantes para promocionar nuestras tiendas de Virgin Bride; caminé por la cuerda floja entre dos globos e hice puenting sobre las cataratas Victoria; y docenas de hazañas más que resultaron muy divertidas. Sé que suelo enfurecer a los expertos en marketing porque rompo casi todas sus reglas. Pero siempre le digo a todos los emprendedores en ciernes que, “Cualquiera que sea tu campo, tienes que estar muy apasionado y crear emoción en todo lo que haces. Defiéndelo a capa y espada, y mira más allá de lo que es obvio”. Estiraré los parámetros normales siempre que pueda, porque, ante tanta competencia, hay que salirse del rebaño.
En Virgin queremos crear la marca más respetada del mundo, algo a lo que aspirar. Pero una marca sólo es tan buena como lo son sus productos, y a menudo eso significa ser muy cuidadoso. Si la gente tiene una buena experiencia en nuestros aviones o trenes, o si consiguen contactar directamente con la gente de Virgin Mobile, entonces probarán el siguiente producto que lancemos. Puede ser cualquier cosa, y de hecho, tenemos una gran cantidad de cosas que puede que quieran probar, incluyendo vodka y vino, tarjetas de crédito, gimnasios y mucho más. Con 350 compañías de la marca Virgin en todo el mundo, si ofendemos a una persona por una mala experiencia o un servicio deficiente, entonces habremos perdido potencialmente cientos de clientes. Una marca es algo que se construye a lo largo de muchos años y es muy importante hacerlo bien.
Los profesionales del marketing definen una buena marca como la que tiene atractivo sexual. Esto significa que el cliente se enamora de ella, la desea, la quiere... y la compra. Lo atractivo es joven, está de moda, es divertido, fresco, cualquiera que sea tu edad. Quiero que Virgin sea la marca más cool del planeta y por eso estoy dispuesto a colgarme en cueros sobre Times Square, volar sobre el Everest en globo, o encontrarme enganchado a varios metros por debajo de un helicóptero para aterrizar entre 100 guapas socorristas en la Playa de Bondi para promocionar Virgin Blue. ¡No todo es tan difícil!
Si estás empezando tu propia compañía, una buena lección sería pensar mucho en tu imagen y cómo marcarla. Puedes hacer mucho más que simplemente escuchar las palabras de Freddie Laker: “sal y utilízate a ti mismo”. Si te apasiona tu producto, conseguirás que otra gente también crea en él.

Rumbo al espacio

En el mundo de hoy, tremendamente competitivo, el ritmo de desarrollo va en aumento. La ventana de las oportunidades puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Si se te ocurre una idea, agárrala y desarróllala rápido. Ten cuidado, pero no seas lento. No dejes que la burocracia te atasque, o que te sobrecoja el papeleo. Solo porque “siempre lo has hecho así” no significa que no debas cambiar y adaptarte. Estas son las cosas que he aprendido durante los cuarenta años que llevo de emprendedor creativo.
Mucha gente piensa que Virgin se mueve rápido; y a menudo, si podemos, lo hacemos, pero prepárate para que te llamen lunático, como cuando lanzamos Virgin Atlantic con un solo avión a nuestro nombre. Desde la idea, hasta conseguir volar, sólo pasaron 3 meses extenuantes y delirantes. No creo que Superman hubiera podido moverse más rápido.
Sin embargo, una lección importante que he aprendido es pensar a largo plazo: tener una idea y esperar a que la tecnología llegue en el momento apropiado para alcanzar el objetivo. Esto es lo que sucedió cuando decidí meterme en lo que llamé turismo espacial. Como muchas ideas innovadoras, se inició de una manera casi casual. Pero el secreto de muchos avances revolucionarios es ver el ángulo, no importa lo pequeño que pueda parecer al principio.
Fui uno de aquellos adolescentes de los sesenta que vio el alunizaje con sus padres. Fue emocionante y siempre creí que algún día tendría la oportunidad de volar al espacio. Aquel sueño de millones de personas se destruyó en gran parte en 1985 cuando la primera turista espacial real del mundo, Christa McAuliffe, una maestra estadounidense, murió trágicamente al explotar el transbordador espacial Challenger. De golpe, el sueño de la gente corriente de ir al espacio se esfumó.
Mi intención es llevar a civiles a dar una vuelta por el espacio a través de mi empresa Virgin Galactic empezando en el 2008 y, a excepción de Joan, a quien le disgusta tanto volar que me estruja la mano cada vez que volamos a algún sitio, mis padres, mis dos hijos, Holly y Sam, y yo seremos los primeros pasajeros del vuelo inaugural del SpaceShipTwo.
El primer mercado que estamos considerando para este nuevo producto único es el turismo espacial. Pero el sistema en sí mismo es mucho más que simplemente llevar a la gente a la experiencia de su vida. Vamos a usar el turismo espacial como medio para demostrar la seguridad y la viabilidad comercial de nuestro sistema de lanzamiento espacial. Alcanza las 4.000 millas por hora, sin dañar el medioambiente de ninguna forma.
Poniéndolo en un contexto medioambiental, el SpaceShipTwo es un verdadero gran paso adelante. Cada vez que el transbordador de la NASA se lanza, tiene casi el mismo impacto medioambiental negativo que la ciudad de Nueva York durante un fin de semana. Pero el SpaceShipTwo puede llevar a 6 personas o el peso equivalente de carga al espacio por el mismo CO2 que produce un pasajero de clase Business de Londres a Nueva York.
La NASA es un organismo magnífico, pero las necesidades conflictivas del gobierno, de la política y del ejército le han obstaculizado. A veces, cuando empiezas desde cero, con el papel en blanco, con el lema de hacer las cosas sencillas, consigues resultados que no serían posibles dejándoselo a los supuestos expertos.

Conclusión

Siempre he vivido la vida prosperando ante las oportunidades y la aventura. La fuerza que me impulsa ha sido siempre establecerme retos y tratar de alcanzarlos. Todas las lecciones que he aprendido han sido resultado directo de estas pruebas. Algunas de ellas son: sencillamente hazlo; piensa positivamente; desafíate a ti mismo; ten metas; diviértete; marca la diferencia; mantente sobre tus propios pies; sé leal; vive la vida al máximo; si no arriesgas, no ganas.
Mi momento favorito del día es el atardecer, en Necker, sentado alrededor de una gran y feliz mesa, con mi familia, mis amigos, pasándolo bien. Esta isla paradisíaca combina muchos de mis sueños y propósitos en la vida. Cuando Joan y yo descubrimos la isla por primera vez, comprarla se convirtió en un objetivo. Reunir el dinero y construir una casa, y luego conseguir agua dulce, fueron grandes retos que tuvimos que resolver. Nunca dije “no puedo”. Fui a por ello, y lo hice. Hoy es un lugar en el que disfrutamos familia y amigos. Es donde me relajo y pienso; muchas de las mejores ideas surgen cuando menos te lo esperas.
Algo ocurrido recientemente parece resumir lo que soy y cómo veo la vida. Sucedió cuando un huracán atravesó las Islas Vírgenes. Mi hogar, la Gran Casa de Necker, está construida de materiales naturales, principalmente de madera, y puede parecer bastante frágil, pero fue construida para resistir vientos de 180 millas por hora. Sin embargo, no me refugié dentro. Los huracanes solo llegan a Necker una vez cada cincuenta años y odio la idea de no experimentar algo, especialmente un evento tan raro y dramático como este, Estar ahí fuera, en medio de la tormenta, fue una oportunidad poco frecuente, así que me metí en la piscina y mantuve la cabeza sumergida a medida que los vientos bramaban sobre mí. Fue una experiencia completamente maravillosa: ver el mar chocando contra el arrecife, sentir la velocidad del viento, oír el increíble ruido. Capear la tormenta fue fantástico. Y así es mi vida. Estar ahí fuera en el huracán, y sobrevivir.


Fin del resumen ejecutivo
Biografía del autor
Richard Branson es un conocido emprendedor con un insaciable apetito por empezar nuevas aventuras empresariales. Es propietario de un conglomerado de empresas reunidas entorno a la marca Virgin. Sus negocios se expanden en sectores tan diversos como la aviación, las tarjetas de crédito, bebidas refrescantes y alcohólicas, teléfonos móviles, libros, o agencias de viajes, entre otros. También es conocido por su afición a los globos aerostáticos, los aviones y las embarcaciones. En sus innumerables y mediáticas aventuras ha conseguido batir numerosos records mundiales ya sea por mar, tierra o aire.
Ficha técnica
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