Está todo por hacer
Resumen del libro

Está todo por hacer

por Pau García-Milà

Consejos para emprendedores por el fundador de una de las startups tecnológicas más destacadas del momento

Introducción

 

Todo empieza una noche en la que estás intentando dormir y entonces, sin esperarlo, te viene a la cabeza esa idea que crees que va a cambiar el mundo... o al menos tu vida. Así empezaron grandes y pequeñas cosas que transformaron muchas vidas y así se solucionaron grandes problemas de la física o la tecnología: durante una noche en la que una persona insomne decidió encender la luz y escribir eso que se le había pasado por la cabeza. Algunos escribieron diez páginas en un fantástico ordenador portátil; otros, una nota en un post-it que a la mañana siguiente se encontraron pegado en la mesita de noche; y otros simplemente lo anotaron en esa Moleskine sin estrenar que habían titulado "cosas que quiero hacer".
En este libro, Pau García-Milà explica cómo recorrer el camino desde esa primera idea que nos asalta una noche de insomnio hasta el momento en que llega la hora de ocuparnos de no "morir de éxito". Para ello, debemos encontrar la manera de reinventarnos, saber cómo aprovechar las críticas en beneficio propio o elaborar nuestra propia definición del éxito y del fracaso. En definitiva, se trata de prepararnos adecuadamente ante las diferentes situaciones que tendremos que afrontar al iniciar un nuevo proyecto como emprendedores.
Pau habla sin complejos de su fracaso universitario (estaba matriculado en Ingeniería informática). Y es que con 17 años apenas tenía tiempo para pisar las clases, ya que por esos años ideó con un amigo las bases del sistema eyeOS, pionero en el desarrollo del denominado cloud computing, por el que los usuarios pueden acceder a sus archivos almacenados en un sitio al que se puede acceder desde cualquier terminal conectado a Internet.
Hoy en día, eyeOS se usa en 65 países, está considerado como el mayor proyecto de software libre creado en España y compite con algunos de los principales gigantes de la informática, como Google o Microsoft. Telefónica e IBM han confiado e incorporado para sus clientes las aplicaciones de eyeOS.
El libro Está todo por hacer lleva un claro mensaje en la portada: "Cuando el mundo se derrumbe, hazte emprendedor". Con un lenguaje sencillo y directo, alejado del academicismo, Pau aborda sus propias inquietudes como emprendedor y da una serie de consejos para quienes tienen el coraje de convertirse en emprendedores.

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El principio de una idea

En numerosas ocasiones, las dudas iniciales interfieren en el proceso de la creatividad o impiden calibrar con cierta objetividad el valor de una idea que sí puede funcionar. Casi cualquier cosa puede empezarse en cualquier lugar y pensar que tu idea está fuera de los "casi" muy probablemente reflejará más el miedo a fracasar y la búsqueda de una excusa para no empezar, que la propia realidad.
Hay dos situaciones comunes que representan un impedimento para la innovación y el emprendimiento. Una es la de la persona que dice que nunca tiene ideas, una afirmación falsa. La otra es la de la persona que dice que siempre tiene ideas..., pero este mismo exceso le impide llegar a desarrollar ninguna. Ambas situaciones tienen los mismos resultados: parálisis e inmovilidad; pero ambas tienen una solución que lleva a la formulación correcta de la idea.
Quienes dicen que no tienen ideas son, en realidad, personas que no se detienen a pensar en lo que piensan: es como si les diese miedo hacerlo. Por otro lado, quien proclama que tiene muchas ideas y no sabe por cuál empezar, realmente tiene ideas, pero acaba por no llevar ninguna adelante. Por este motivo, es importante dedicar un espacio del día a pensar —un rato que sirva también para desconectar de todo aquello que te preocupa en el día a día, como el trabajo, la familia, etc.—. Un tiempo para reflexionar y anotar las ideas. Esta es la manera de llegar a hacernos emprendedores cuando normalmente no podríamos hacerlo.
Si dedicas un tiempo a pensar cada día y vas leyendo y releyendo tus ideas, puedes ir descartando aquellas que no son buenas o son redundantes. Y así hasta que quedan cinco ideas finalistas. En este momento hay que decirse: "Voy a intentar explicar estas idea"; y el trabajo a partir de entonces consistirá en buscar las palabras adecuadas para expresar esas ideas de manera clara y sencilla. Al hacer este ejercicio de síntesis y explicarlo en cualquier contexto entra en juego la mente colectiva. Cuando uno empieza y únicamente se puede permitir una inversión mínima, el hecho de hablar y explicar el proyecto es de gran ayuda y puede ahorrar una inversión inicial. Esto facilitará un segundo filtro.
Cuando expones tu idea en un grupo pequeño, todas esas personas se pondrán a pensar si esa idea ya existe, y lo pensarán con ganas, porque, quizá, estarán buscando como sea algo para desacreditarla. Probablemente te dirán lo malo de la propuesta, con lo que ya tendrás elementos para mejorarla mucho. Todo este proceso te ayuda a descartar ideas, porque el objetivo es quedarte con una o dos cosas. El paso siguiente es empezar.
Si ves la montaña demasiado empinada, quizás una de las mejores soluciones sea hacer un curso de alpinismo. Y se puede aprender ese alpinismo bien en instituciones como ESADE o IESE —si tenemos posibilidades económicas— o, simplemente, buscando información en Internet o pidiendo ayuda a alguien que conozca el tema. Quizás hacer la primera declaración del IVA pueda imponer, pero siempre conocerás a alguien que ya sepa cómo hacerlo y pueda enseñarte la mecánica…
O, sencillamente, puede parecer una montaña el hecho de registrar una marca comercial… Cuando el autor de este libro quiso poner en marcha su proyecto eyeOS, a él y a su socio les pedían 1000 euros por los servicios de un profesional para registrarles la marca, cuando el precio de hacerlo directamente está alrededor de 125 euros. Su respuesta fue buscar qué había que hacer, qué formularios había que rellenar y adónde había que ir. En varias ocasiones estuvieron a punto de tirar la toalla y llamar al gestor, pero, por suerte, era agosto y estaba de vacaciones, de modo que acabaron resolviéndolo por su cuenta sin ningún problema.
Cuantas más cosas hagas tú mismo (tanto burocráticas como las específicas de tu emprendimiento), más estarás aprendiendo —tanto para ti mismo, como para los otros, porque, aumentando el conocimiento personal y conociendo la mecánica, probablemente se la explicarás a otros emprendedores que te vengan a preguntar cómo lo lograste—. Además, en el caso de un potencial fracaso, cuanto más hayas hecho por ti mismo, tanto más te servirá, porque ya tendrás todo este conocimiento para ocasiones futuras.

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Trabajar sobre la idea

Una idea es como un virus: puede cambiarlo todo. Y hay que darle esa importancia. Cuando Angie Rosales decidió crear su propia ONG —Papallupas, que luego se convirtió en la principal organización que lleva payasos a los hospitales—, nunca habría imaginado que llegaría a tantos niños. Ni Dídac Lee, cuando decidió dejar de estudiar para empezar su empresa en contra de lo que le recomendaba su entorno y, gracias a eso, diez años más tarde, cumplió su sueño de convertirse en directivo del Barça —mientras su empresa ya daba empleo a más de 250 personas—.
Cuando tenemos una idea y trabajamos en ella durante un tiempo, a veces puede ocurrir que deja de parecernos tan atractiva como cuando la tuvimos y nos preguntamos si sigue siendo buena. Pensar de nuevo en la idea es un primer paso para redefinirla, ajustarla, mejorarla y, en definitiva, reinventarnos creando nuevas ideas. Estaremos, en este caso, haciendo I+D, investigación y desarrollo sobre esa idea. El ejemplo típico son las empresas de software, que crean un producto y tienen que ir reinventándose constantemente si quieren vivir de ese producto. Al empezar a trabajar con clientes, se refina la idea.
En relación con ese refinamiento, lo que acostumbra a suceder es que, tarde o temprano, llegan los primeros clientes, que empiezan a pedirnos cosas que ni habíamos pensado, de modo que esto nos ayuda a mejorar el desarrollo de la idea. Cuando aumenta mucho el número de clientes puede ocurrir también que el grueso de estos frene la investigación y el desarrollo, que se coma nuestra capacidad de innovar, porque no se les puede ir diciendo: "Espera, que estoy desarrollando esto o perfeccionando lo de más allá". Y esto puede suceder en sectores tan dispares como la tecnología o los zapatos de diseño.
Imagínate que creas unos zapatos impermeables con un diseño atractivo e innovador. Estos zapatos pueden tener mucho éxito, porque evitan que los días de lluvia tengas que llevar otro par de zapatos en la bolsa para sustituir las botas de plástico cuando llegas a la oficina. Ahora bien, si mientras estás teniendo éxito no dedicas parte de tu tiempo a innovar para hacer evolucionar la idea, en cualquier momento llegará otro fabricante que producirá los mismos zapatos y los venderá a mitad de precio. En este momento, si no has pensado en una versión mejorada o en una segunda versión, tu empresa fracasará.
En pleno auge —cuando más estás vendiendo—, más te lo crees, y es precisamente en esta situación cuando menos te das cuenta de que no te estás reinventando. La solución pasa por separar las cosas desde el primer día, ya sea dividiendo el tiempo de las personas o diferenciando equipos por tareas: hay que dedicarse a probar cosas, a inventar y a reinventarse. Es lo que Google denomina Google Labs y que muchos grupos llaman simplemente labs, ‘laboratorio de ideas’. De este modo, cuando la gente deje de hablar de ti porque ya te has quedado obsoleto, tendrás la posibilidad de presentar lo nuevo, que es lo que están esperando. Esta es la situación ideal.
El truco para poder dedicarnos a reinventar —aunque cuesta conseguirlo, acaba siendo lo mejor— es escoger al cliente y lograr que ese cliente pague por hacer algo que sea, precisamente, lo que tú habrías acabado haciendo gratis por tu cuenta. Si te diriges más o menos al target de cliente que desea justamente lo que estás desarrollando, incluso puedes planteárselo abiertamente: "Te haré un descuento muy importante si pagas por el desarrollo del producto que buscas". O simplemente: "No pagues y dentro de un año lo tendrás". Luego será posible comercializar y difundir ese nuevo producto.

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Critícame... pero no tanto

Las críticas aparecen el primer día, luego menguan, pero vuelven a aparecer cuando se presentan versiones nuevas de la idea. Las críticas iniciales son las que te intentan disuadir de que empieces. Si no hay un mercado para el producto, las críticas pueden ser cariñosas (de familiares o de tu entorno cercano) y pretenden buenamente o bien evitar que te estrelles o bien que tires tu versión a la basura. Pero también están las críticas de personas a quienes les daría rabia que triunfases o, incluso, las de compañeros que prefieren verte trabajando tranquilamente a tener éxito.
Una vez que ya has puesto en práctica tu idea, por ejemplo, conseguir crear unos zapatos impermeables, empezarás a enseñarlos y es posible que alguien te diga: "Oye, son muy feos". Seguramente la persona que hace este comentario no habrá estudiado moda, no habrá viajado para ver pasarelas en varias ciudades del mundo... Sencillamente, esta será su percepción. Puedes tomártelo de dos formas: o pensar que esta persona "no sabe o no entiende" y seguir adelante; o, la alternativa, creer que esta persona nunca se compraría tus zapatos y que quizá tampoco lo hagan otros centenares de usuarios: al fin y al cabo, esta persona es un usuario potencial. En el mundo del software sucede lo mismo que en el caso de los zapatos. Cuando alguien prueba un programa nuevo y dice que no le funciona o no lo entiende, puedo pensar que esta persona no tiene conocimientos de informática ni de usabilidad, y yo sí porque he estudiado... Ahora bien, si él va a ser el usuario de este programa, quizá merece la pena escuchar lo que dice.
Las críticas suelen ser beneficiosas para la empresa y hay que aprender a aprovecharlas en beneficio propio. Cuando encuentres a un grupo de usuarios de quienes te fíes y que te critiquen de manera constructiva, cuídalo. Los llamados early adopters (‘primeros usuarios de un producto’) son quienes se darán cuenta de los defectos antes que nadie, y estas críticas te resultarán enormemente valiosas para mejorar. Es a esta comunidad a la que merece la pena escuchar. Cuanto más tecnológico sea nuestro proyecto, más posibilidades tendremos de crear una comunidad en Internet; cuanto menos tecnológico sea, será más factible crear una comunidad a nuestro alrededor.
En Internet siempre contamos con herramientas muy potentes para poder conocer la opinión de los usuarios; las principales son los formularios y los foros. La gente suele preferir los foros, porque no saben adónde va a parar la información del formulario, ni si lo leerá alguien o no. Con los foros sucede algo parecido a los restaurantes. En el caso de un restaurante vacío, no quieres entrar porque desconfías, pero, si está demasiado lleno, tampoco, porque te harán esperar mucho. En el caso de un foro, si nadie comenta pensarás que no vale la pena porque nadie le hace caso a ese proyecto pero, en cambio, si ves cierta actividad, participas. Es decir, que los foros son muy útiles, pero tienes que preocuparte de irlos renovando, para que haya mensajes, pero que no sean excesivos.

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El éxito y el fracaso

Un aspecto importante, una vez que decides poner en marcha tu idea, es definir cuándo considerarás que has alcanzado el éxito y organizarte para ello. Hay varias maneras de medir el éxito, y eso depende del proyecto y de cada uno. "Éxito" puede ser, sencillamente, ganar suficiente dinero para poder pagarte tu nómina o hacer un viaje para dar una conferencia. El éxito, lo que marca el triunfo de una idea o una empresa, es algo que cada uno tiene que definir según su perspectiva.
El éxito no siempre depende del dinero inmediato, ni debe ser obligatoriamente el objetivo final. Puede ser un error pensar que el dinero inicial debe convertirse en una fábrica de más dinero. Quizá para conseguir más dinero tengas que dar siete pasos sucesivos y la inversión inicial te sirva para dar el primero. Un ejemplo de ello es destinar una inversión inicial a crear un programa informático que, posteriormente, regalarás a todo el mundo. Si resulta que se hace suficientemente conocido en su ámbito, es bien aceptado y se convierte en un referente, entonces tendrá sentido crear una empresa que se dedique exclusivamente a ofrecer servicios alrededor de este proyecto. El éxito, en este caso, llegaría después de haber decidido el tipo de programa que quieres crear, después de invertir para crearlo y después de llevar a cabo la promoción necesaria para que sea conocido; quizá el éxito sea que se hable de tu programa en una revista especializada o que un determinado número de personas confíen en él. Antes de eso, solo pierdes dinero.
Es muy recomendable irse preguntando periódicamente qué significa triunfar para uno mismo, porque el concepto cambia o se modifica con la edad, con las experiencias y a medida que se va avanzando en el proyecto. Si eres joven, al principio puede consistir en tener mucho dinero, crear Google o ser turista espacial. Puede ser muy fácil entender el valor de triunfar tratando de tomar como modelo a alguien que para ti ha triunfado. Por ejemplo, Mark Shuttleworth, el creador del sistema operativo Ubuntu, fue el segundo turista espacial del mundo y el primero de África; uno de sus objetivos era ganar suficiente dinero para poder viajar al espacio. Quizá si hoy en día alguien se pone como meta ir al espacio, requerirá mucho menos esfuerzo, porque él tuvo que pagar millones de dólares y hacer un curso de entrenamiento en Rusia, mientras que actualmente Virgin está planteando viajes espaciales por 143 000 dólares.
Quizá triunfar es lo que logró Richard Stallman, el creador del movimiento GNU de software libre que, según dicen, no es rico, no se aloja en hoteles sino en la casa de las personas que lo acogen, es extrovertido y le gusta cantar. O, en el otro extremo, quizá sea lo que ha logrado Amancio Ortega, el creador del imperio de ropa Zara, una persona con una enorme fortuna y que, en cambio, prácticamente no se deja ver en público. Con el tiempo la idea de triunfar cambia. Llega un momento en que dejas de pensar en dinero y te dices, por ejemplo: "Para mí, triunfar es llegar a quinientas personas que se hayan tatuado mi marca y me hayan mandado una fotografía". Seguramente, cuando muchas empresas conocidas empezaron su andadura, no se podían imaginar la posibilidad de que alguien pudiera llegar a tatuársela. Sin embargo, la legendaria marca de motocicletas Harley-Davidson es, probablemente, una de las más tatuadas del mundo.
Gestionar el éxito tiene dos facetas: la de hacerlo en el día a día y la de morir de éxito. Un indicio de que estás empezando a morir de éxito es que el discurso de tu cliente actual cambia en relación con el primer cliente. Si, además, no te importa que se marche un cliente, esta es una señal inequívoca; es el punto de inflexión antes de estrellarte. Un cliente contento atraerá a cuatro clientes más, pero uno enfadado dejará de recomendarte a veinte personas.

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El primer día después de la idea

El primer día después de la idea, es decir, cuando nos ponemos manos a la obra, hay tantas cosas por hacer que quizá lo más complicado es el hecho de ponerse a trabajar. Es conveniente empezar por lo que requiera menos, pero que tenga mayor repercusión. Por ejemplo, es relativamente sencillo hacerse una página web. Hoy en día, es posible hacerlo sin ningún tipo de conocimiento en programación y su repercusión puede ser muy elevada. Hacer una página web te obliga a crear contenidos, a definir tus objetivos, a definir quién eres y qué quieres, de modo que también te obliga a ir profundizando en tu proyecto. Sin darte cuenta, escribiendo y pensando, estarás haciendo un estudio de mercado o un análisis de la competencia, un estudio DAFO, o un business plan. De esta manera, iniciar una página web es una manera de empezar a orientar el proyecto.
Hay varios elementos que nos pueden ayudar en el futuro. Explicada la importancia de tener una página web, también hay que contemplar las ayudas públicas, no para llevar a cabo un proyecto, sino para participar en concursos públicos de planes de negocio del Gobierno local, o concursos privados o semiprivados. Es importante por dos motivos: primero, porque su importe económico puede suponer una ayuda nada despreciable al capital inicial del que disponíamos; pero, además, está el hecho de poder poner en la página web "Ganador de...". Aunque no se trate de un premio muy conocido, significa que, por lo menos, el proyecto ha sido valorado por personas externas y eso ya da confianza. Aparte de premios y becas a la innovación, hay créditos a un interés muy bajo o nulo para jóvenes emprendedores, ayudas del Gobierno, el Instituto de Crédito Oficial, el Neotec... No se deben perder oportunidades por no querer pasarse unas horas rellenando los formularios.
En relación con los inicios del proyecto, tienes la opción de empezar la casa por los cimientos o por el tejado. Aunque suele ser más recomendable comenzar por los cimientos, en ocasiones puede ser más interesante hacerlo al revés. Por ejemplo, si te pasas once meses construyendo una aplicación informática, es posible que Google Labs presente algo semejante justo una semana antes de que lances tu producto. En cambio, si has lanzado tu producto y, posteriormente, Google Labs lo perfecciona, conseguirás que los artículos expliquen que Google Labs partió de tu idea. Probablemente en el segundo caso, la potencia de Google acabará haciéndote sombra, pero tu posición te permitirá iniciar un nuevo proyecto con el punto de apoyo del proyecto anterior. Excepcionalmente, si tu proyecto es excelente, la empresa mayor te comprará.
En el mundo de la tecnología, quien inventa una idea normalmente no es quien acaba teniendo éxito con ella; el éxito suele ser para el que consigue hacer llegar esa idea a un público mayor, lo que los expertos llaman alcanzar la masa crítica. Entonces, ¿es mejor empezar la casa por el tejado? Una solución a esta pregunta sería empezar primero por lo más visible de cara al consumidor/usuario (es decir, empezar por el tejado) y, cuando la gente ya esté hablando del proyecto y empiece a tenerlo en cuenta, detenerte en seco mientras siguen hablando de ti para preparar todo lo que no tienes (los cimientos) y dar solidez al proyecto. Se trata de encontrar el momento ideal mientras hablan de ti para dejar de incluir funcionalidades nuevas y dedicarte a pensar en la arquitectura de la idea.
Es más útil mirar a las grandes empresas de Silicon Valley y decir: "Seremos el nuevo Google o el nuevo Microsoft", que ir con la idea "Google me comprará". En este último caso se acaban tomando decisiones inadecuadas, porque se tiene un objetivo muy improbable que desviará del rumbo del éxito. Google tiene una política fantástica que permite que todos sus miles de trabajadores destinen un 20% de su tiempo a experimentar en proyectos que cada uno desee, entendiendo que luego esos proyectos serán de Google. En este sentido, no se puede olvidar que el proceso de selección de personal de Google es uno de los más duros que se conocen, de modo que el personal está enormemente cualificado. Por todo ello, es difícil que tu proyecto no pueda haber sido pensado y experimentado por ese gigante. Cuando te has quitado de la cabeza esta idea de si te compran o no, curiosamente es cuando empiezas a desarrollar el modelo de negocio que en realidad querías, empieza a funcionar el proyecto... y es cuando, en estas circunstancias, alguien se interesa; entonces sí, puedes poner los ceros que quieras, porque ya no necesitas que te compren. Esto es válido para cualquier proyecto, no solo para los tecnológicos.
Un punto relacionado con el éxito es el de la "suerte". La suerte se construye. Te puedes crear un escenario en el que es más fácil que tengas suerte. Para entendernos, si juegas a la ruleta, puedes jugar a "rojo" o "negro", o bien puedes apostar al "32 rojo"; lógicamente, tendrás más suerte en la primera opción. Sin embargo, cuanto menos dejes que te influya el factor suerte, mucho mejor. Esto se consigue no dejando espacio para factores externos. Si puedes vender veinte, no te propongas vender doscientos, pon diez. Es la manera de darte cuenta de cómo vas progresando y, al final, permitirte a ti mismo ser optimista con los resultados reales en contraposición con los esperados.

El dinero para pagar la idea

Hay gastos que pueden reducirse o eliminarse y otros que no. La dedicación personal, la "nómina", es algo que puede eliminarse, porque inicialmente uno invierte su propio tiempo en el proyecto. Al principio, si no tenemos oficina ni presupuesto para ella, es posible empezar el proyecto en casa de uno de los socios. Ahora bien, hay unos recursos materiales básicos que son imprescindibles para desarrollarlo y varían en función de la naturaleza del proyecto. Cuando se dispone de ese presupuesto ajustado —los gastos que no pueden suprimirse—, llega el momento de buscar fuentes de financiación.
Acostumbra a haber tres grandes opciones para obtener estos recursos. Una primera aproximación es la de las tres f, por las iniciales inglesas de family, friends y fools. La familia, los padres, son las personas que más confían en uno y, normalmente, quienes menos retorno de la inversión pedirán. La segunda opción es el banco. El banco reclama unos intereses al cabo de un tiempo. La ventaja es que el proceso está regulado e, incluso en tiempos de crisis, no te pedirán más del 10 u 11 % anual. La última opción es el inversor. Aunque muchas personas opinan que da menos miedo un inversor que un banco, en la práctica eso no debería ser así. Si un banco deja diez, puede pedirte catorce al cabo de cuatro años; pero un inversor puede pedir cuarenta. Evidentemente, si te arruinas, un banco te obligará a devolvérselo y un inversor, no.
Se distinguen dos tipos de inversor, el business angel y el venture capital. El business angel es una persona próxima o alguien que se ha enriquecido con otro negocio. No te pedirá dinero de una manera directa, pero se quedará con una parte de la empresa —cosa que no hace el banco— y exige bastante retorno. El venture capital es la opción más dura; está mucho más serializado, aunque te atará mucho más con cláusulas conocidas como de "arrastre" o de "acompañamiento", que dan miedo incluso sin saber de qué van. La buena noticia es que presionarán y harán todo lo posible para, en poco tiempo, vender su parte con mucho retorno y beneficio. Esto significa que harán todo lo que puedan por hacer crecer el negocio de manera exponencial.

Conclusión

Ser emprendedor es una cuestión de actitud y no de profesión, mientras que ser empresario es más una profesión. Para un emprendedor el fracaso es tan sencillo como "guardo el proyecto en el cajón y empiezo otro". Un emprendedor sabrá que es empresario el día que se enfrente a hablar con la gente sobre qué nos lleva a despedir a tantos trabajadores. En cualquier caso, al final, lo importante es tener la conciencia tranquila para poder dormir bien en cualquiera de los dos casos.
Quizá llegue un momento en el que tengas que escoger entre ser emprendedor o empresario, y si lo que te gusta es emprender, tendrás que optar por que alguien te dirija la empresa: tiene su parte positiva, porque es una persona que llevará la parte de gestión, pero terminas poniéndote un jefe por encima. Por muy bien que marche todo, lo cierto es que algún día se producirá un choque entre ambos y, cuando se produzca este choque, tienes que tener muy claro que tú escogiste que fuera tu jefe y, por tanto, debes respetarlo, es decir, has de pensar bien hasta qué punto estás dispuesto a que alguien sea tu jefe.
Si no quieres tener un jefe, puedes optar por ser tú mismo el empresario, en caso de que te guste suficientemente hacerlo. En este sentido, existen numerosas opciones para adquirir conocimientos básicos o avanzados, muchos cursos e incluso becas. Quizá no sea necesario hacer un curso o, cuando lo necesites, estés tan atareado que no tengas tiempo para dedicarte a eso. Sea como sea, lo que sí es importante es prepararse, aunque sea leyendo libros sobre el tema.
A veces el éxito de la empresa conlleva un reconocimiento público notable en forma de premio. Este es un aliciente importante, un buen espaldarazo a la idea convertida en proyecto y, finalmente, en empresa. Ahora bien, ganar un premio importante significa, también, tener que administrar la humildad y ser consciente de la necesidad de seguir innovando para que esa idea inicial tenga futuro por delante. En ocasiones te dan simplemente un logo que puedes colocar en tu página web; otras veces, los premios consisten en dinero. Según el momento en el que se encuentre el proyecto, te podrá convenir más una cosa o la otra. Hay que saber que habitualmente, un premio lleva al otro, esencialmente porque lo difícil es lograr el primer reconocimiento a una labor nueva y, además, porque al pasar el tiempo, el proyecto va adquiriendo mayor calidad. Cada vez que te dan un premio, sea menor o no, lo importante es cómo te sientes, la sensación que te provoca. Y siempre tiene que ser buena.
Para que el proyecto funcione, para que la empresa se expanda y sea conocida, es importante poder hablar en público con propiedad, dando una imagen determinada, transmitiendo unas emociones concretas. Hablar lo es todo. En cualquier situación y momento, la gente únicamente sabe quién eres y cómo eres, cómo de fuertes son tus ideas y cómo de débil eres tú, por tus palabras. Cada vez que abres la boca, sin importar si te diriges a una sola persona o a cuatrocientas mil, todo puede cambiar. El mejor consejo posible aquí es que no te dejes aconsejar. Cada persona tiene una manera diferente de hablar y, al final, intentar copiar a alguien solamente lleva a no ser original.
Se puede emprender un proyecto a cualquier edad. Y si tienes la suerte de estar en las franjas de edades "raras" (cuando la gente se sorprende por tu edad antes de que empieces a hablar), es decir, o menos de veinte o más de sesenta, aprovéchalo. Debes ser tú el que cuente que una vez te dijeron: "Antes de que tú nacieras yo ya hacía lo que tú haces" o "Hubo un día que esperando a que empezara el No-Do... ¿Sabéis qué es el No-Do, hijos?". Así ya nadie se planteará desacreditarte por tu edad.
Hay una frase que dijo Gandhi (aunque seguramente no la dijera pensando precisamente en start-ups tecnológicas) y que fácilmente podemos aplicar a nuestro nuevo emprendimiento. Esta frase es la que más nos puede ayudar cuando veamos a grandes empresas que nos hacen la competencia:
"First they ignore you, then they laugh at you, then they fight you, then you win".
Mahatma Gandhi


Fin del resumen ejecutivo
Biografía del autor
Pau García-Milà creó, a los 17 años, junto con Marc Cercós, las bases de eyeOS, un innovador sistema operativo que, años más tarde, se convertiría en el fenómeno del cloud computing.
Fue expulsado de la carrera de Ingeniería Informática y recibió años más tarde la primera beca del ESADE Entrepreneurship Institute, además de haber sido alumno de Ignite'08 en el Centre for Entrepreneurial Learning de la Universidad de Cambridge en 2008.
En sus primeros cinco años como emprendedor, ya ha sido distinguido con prestigiosos premios, como el premio del Príncipe de Asturias y Girona "IMPULSA Empresa 2010" o el Premio Nacional de Comunicaciones 2009, otorgado al proyecto eyeOS.
Ficha técnica
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