Equivocados
Resumen del libro

Equivocados

por David H. Freedman

Por qué los expertos fallan y cómo saber cuando no confiar en ellos

Introducción

 

Este libro es una mirada abierta acerca del mundo de los dictámenes de expertos en los que todos nos basamos para tomar decisiones. Explica por qué suelen fallar y cómo podemos hacer para saber cuándo aceptar ciertos consejos y cuándo no.
Equivocados nos muestra por qué muchos de los consejos de expertos no deben ser tenidos en cuenta, al menos como si fueran verdades indiscutibles. El libro pone de relieve las debilidades de los sistemas de adquisición, evaluación y análisis de datos que se utilizan habitualmente.
Pero no todo es negativo: el autor brinda una práctica guía que nos ayudará a separar el trigo de la paja y a encontrar la información realmente útil existente en los dictámenes de los expertos.

 


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Algunas observaciones de los expertos

Los consejos especializados que recibimos son una mezcla compleja de las declaraciones de diferentes tipos de expertos. Las conclusiones científicas publicadas en las revistas de investigación, por ejemplo, suelen convertirse con frecuencia en los principios operativos de nuestros expertos de cabecera. Y en la medida en que las comunidades de expertos locales debaten sobre ideas y prácticas particulares, sus opiniones las tienen en cuenta después funcionarios públicos, líderes de grupos comerciales y expertos de la industria a la hora de hacer declaraciones. Todas estas ideas de los especialistas van y vienen entre expertos locales, formales e informales, y muchas de ellas se derraman sobre nosotros, ya sea cara a cara con los expertos locales, extrayéndolas de las páginas web del Gobierno o de las organizaciones, o sencillamente quedándonos con la opinión que los medios tienen de las cosas. El resultado suele ser un aluvión de consejos contradictorios y, a menudo, erróneos.
Los expertos se suelen esforzar mucho para hacer que parezca que basan sus conclusiones en información sólida, más que en su criterio. Así, millones de personas creen que las guías de consumidor representan el paradigma de los conocimientos objetivos basados en datos cuando se trata de evaluar productos. Las consideran muy útiles para elegir, por ejemplo, un automóvil que esté bien situado en sus listas. Pero, el problema es la variedad de las listas existentes que se excluyen mutuamente. Así, en 2008, el popular utilitario Toyota Yaris subió a los primeros puestos por figurar en las guías del consumidor como de gran fiabilidad y de bajo coste de mantenimiento. Pero también apareció en la lista de los "once peores vehículos", en la que se tildaba al pequeño Yaris de tener una aceleración muy pobre y un cambio de marchas "poco preciso". De acuerdo con esa segunda lista, haríamos mejor en optar por un Chevrolet TrailBlazer, un pesado todoterreno. La situación no mejora necesariamente si buscamos otras clasificaciones parecidas.
Los expertos pueden afectar mucho a nuestras vidas a través de este tipo de clasificaciones, ya que los medios de comunicación nos suministran listas confeccionadas por especialistas sobre todo tipo de cosas, desde dónde vivir hasta qué película ver. Pero detrás de estas conclusiones que suelen parecer serias y fundamentadas se encuentra mucha confusión y desorientación debido a que no se sabe qué es lo que se está midiendo. Por lo general, no existen métodos evidentes o estandarizados para descifrar qué datos proporcionan la información más útil y fiable. Los expertos, al elegir qué datos poner de relieve, están haciendo pasar por hechos lo que en realidad es un criterio muy discutible.
Para ver lo mucho que se pueden liar las cosas, consideremos los meticulosos esfuerzos de los expertos para decirnos a qué escuelas deberían ir nuestros hijos. Así, Newsweek ofrece los "mejores institutos", Forbes publica "las mejores ciudades para educar a su hijo" y Boston Magazine es una de las muchas publicaciones regionales en Estados Unidos que publica una lista de las "mejores escuelas" de la zona. Los diferentes criterios utilizados por estas revistas para juzgar los centros de enseñanza son, por lo general, poco pertinentes y bastante engañosos. Esta fue la opinión de un grupo de 38 inspectores de sistemas de enseñanza secundaria de cinco estados diferentes que solicitaron oficialmente (y en vano) a Newsweek que retirara sus instituciones de su lista, explicando en una carta adjunta que es "imposible saber qué centros de enseñanza secundaria son los 'mejores' de un país. Determinar si diversos centros de enseñanza ofrecen o no una educación de alta calidad exige examinar muchos factores diferentes", una combinación de medidas que ninguno de los estudios puede afirmar haber tenido en cuenta.
Aunque tengan datos de calidad, los expertos se seguirán equivocando la mayor parte del tiempo. Ello se debe a que tienden a caer en varias trampas: errores sistemáticos, pensamiento irracional, el deseo de complacer al público, la simple ineptitud, la falta de supervisión de las instancias más altas y la automaticidad (reconocer o hacer algo sin tener que pensarlo demasiado).

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El principio de certidumbre

Incluso los expertos que pueden acercarse más a la verdad, terminan por suministrarnos resultados erróneos. Pero también parece que parte del problema radica en nosotros, ya que no somos capaces de distinguir los buenos de los malos consejos. Incluso, a veces optamos por los peores.
A menudo, el consejo de un experto, que parece casi una revelación cuando lo escuchamos, se desmorona en cuanto lo sometemos a un ligero escrutinio. Así, los "expertos organizadores" son capaces de mantener cautivada a una audiencia compuesta de ejecutivos más bien listos y escépticos, con consejos que, a poco que se reflexione sobre ellos, carecen totalmente de fundamento, como, por ejemplo, dedicar una hora al día a ocuparse de las llamadas telefónicas (como si uno pudiera controlar los momentos en que otras personas pueden hablar), evitar el desorden en la mesa del despacho ocupándose inmediatamente de cada papel que se encuentre sobre la mesa (como si uno pudiera dedicar tiempo a los informes de gastos cuando está tratando de cumplir un plazo urgente), o no consultar nunca el correo electrónico por la mañana (como si el mundo nos fuera a esperar hasta que nos decidamos a ocuparnos de las crisis que están a punto de estallar en nuestra bandeja de entrada). Hay algo que nos atrae de este tipo de consejos, aun cuando nuestra experiencia personal, sentido común o incluso unos minutos de reflexión deberían bastar para alertarnos de que probablemente son falsos.
Nos gustan los consejos que parecen sencillos. Cuesta imaginar algún consejo de un experto que haya tenido aceptación en algún segmento del público en algún lugar y que rece así: "Las 138 cosas que usted tendrá que hacer para tener alguna oportunidad de lograr en parte su meta, dependiendo de cuál de estas 29 condiciones le describan mejor a usted y su situación". En cambio, buscamos los doce pasos, los siete hábitos y, evidentemente, el "secreto": esa receta de un solo paso que permite a cualquier persona lograr cualquier tipo de éxito en cualquier situación.
Las características que parecemos buscar en los consejos de los expertos son estas: que sean claros, inequívocos, universales, optimistas, factibles y aceptables; que prometan introducir grandes y positivos cambios en nuestra vida; que contengan historias con las que nos podemos identificar; que tengan números para añadir un sentido de precisión y autoridad; y que sean componendas retroactivas (que impidan que algo vuelva a suceder).
Cuando los consejos se ajustan al principio de incertidumbre y se revisten de criterios anteriores, terminamos teniendo una información altamente resonante. Son consejos que captan nuestra atención y tocan nuestras fibras sensibles. Si son o no correctos, es una cuestión que no forma necesariamente parte de la ecuación.
Los problemas que nos hacen consultar a los expertos —cómo podemos estar sanos, hacernos ricos y sentirnos realizados o cómo podemos hacer que nuestros negocios y nuestro país prosperen— suelen estar rodeados de niveles extraordinariamente altos de complejidad. Los expertos operan en los límites mismos de lo inanalizable, y así es como debería ser; si de lo que se trataba era de encontrar verdades sencillas, las habríamos descubierto hace tiempo y tal vez no hubiéramos necesitado a los expertos. Esto nos da una pista para reconocer cuál es la información que tiene más probabilidades de ser correcta o, al menos, de encontrarse en la buena senda: será compleja, estará acompañada de muchas reservas y dependerá mucho de las condiciones. Debido a todos estos "peros", será difícil de aplicar.

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La estulticia de las masas

Los expertos, como la mayoría de nosotros, no operan de forma totalmente independiente. Más bien, tienden a trabajar en comunidades de expertos. Esto encaja bien con la forma en que la mayoría de nosotros vemos el mundo: esperamos que el grupo funcione mejor que los individuos. Nos han educado en la idea de que, en general, dos cabezas piensan mejor que una. La primacía de los grupos y del trabajo en equipo está tan arraigada que apenas nos detenemos a pensar en ello. En la era de la mensajería instantánea, wikis, redes sociales como Facebook y MySpace, y videoconferencias en teléfonos móviles, la colaboración y el consenso están ganando aún más aceptación.
Todo ello parecería ser de buen agüero para los conocimientos de los expertos, dado que trabajan en universidades, centros médicos, consultorías, empresas e instituciones gubernamentales. No solo forman parte de equipos y los lideran, sino que sus equipos colaboran con otros equipos, formando a veces vastas redes de expertos.
Solo hay un problema: la eficacia general de los grupos, del trabajo en equipo, la colaboración y el consenso es en gran parte un mito. Las masas, lejos de ser fiablemente sabias, resultan por lo menos tan buenas para disuadir y acabar con la producción y difusión del trabajo excelente como para ponerlo de relieve y, además, tienden a encumbrar los peores trabajos. Las masas no son la solución a los malos consejos de los expertos; son una parte importante del problema.
Instintivamente aplaudimos a la gente por formar equipos. Y, sin embargo, no es difícil demostrar que la colaboración es problemática. Consideremos ese modelo de magia grupal que es la sesión de brainstorming. Bernard Nijstad, psicólogo especialista en organización de la Universidad de Ámsterdam que estudia la colaboración, explica que si tomamos un grupo de doce personas y la mitad realiza un brainstorming sobre un tema mientras que los otros seis lo hacen solos, los doce estarán de acuerdo por lo general en que la experiencia de grupo fue la más productiva, aunque las personas que trabajaron solas terminaron casi siempre aportando las mejores ideas. Nijstad cree que esto se debe a que la gente en los grupos pasa la mayor parte del tiempo escuchando a los demás, en lugar de pensar por su cuenta, mientras que los que operan solos se ven obligados a trabajar en un silencio productivo aunque desagradable.
No obstante, no todos los estudios indican que los grupos siempre afectan negativamente al rendimiento. Al examinar a estudiantes a los que se les entregaba un rompecabezas lógico, los investigadores descubrieron que los grupos de tres resolvían el rompecabezas de manera más eficiente que tres individuos trabajando por separado. Esto hace suponer que, al menos en algunas situaciones bien definidas, un grupo puede ser efectivo siempre que se mantenga extremadamente pequeño.
Todo esto tampoco quiere decir que las masas nunca tengan razón. En grupos en los que los individuos suelen desviarse de la verdad más o menos aleatoriamente, la masa puede promediar las cosas de una manera útil. Por lo tanto, una muchedumbre puede hacer un trabajo notablemente bueno en el cálculo de la temperatura ambiente y un grupo de inversores podrán superar a menudo a un único experto. En estos casos, las malas opiniones de la masa tienden a anularse, de modo que la media resulta "sabia".

Expertos y organizaciones

Gran cantidad de académicos de la gestión empresarial y otros observadores han criticado la adicción del mundo de la empresa a las "modas de la gestión", refiriéndose a ellas en términos despectivos como "TLA" (three-letter-acronyms, acrónimos de tres letras), porque por alguna razón los expertos empresariales pensaron que sus ideas serían mejor aceptadas si se presentaban con un nombre de tres letras; así tenemos MBO (management by objectives), BRP (business process reengineering), BSC (balanced scorecard), JIT (just-in-time), TQM (total quality management) y muchos otros que mantuvieron un caché especial entre cualquiera que tuviera un MBA. Como era de esperar, las teorías de gestión que se convierten en modas suelen cumplir todos los requisitos habituales de los consejos de expertos que llaman la atención: tienden a ser "sencillas", "normativas", "falsamente alentadoras", "sirven para todos", son "acordes con los tiempos", y "novedosas, pero no radicales".
Los consejos que los expertos dan a las compañías suelen basarse en las lecciones extraídas de los casos de las empresas triunfadoras. Pero depender de las organizaciones triunfadoras para arrojar luz sobre los secretos del éxito tiende a menudo a introducir más confusión que claridad. Ello se debe a que la naturaleza del éxito y del fracaso en los negocios es, en realidad, mucho más intrincada de lo que se podría suponer. Hay demasiadas cosas que tener en cuenta. Por ejemplo, los expertos pueden obviar que la ventaja inicial de una empresa sobre sus competidores pudo haber sido adquirida por pura casualidad y que ese mismo hecho pudo haber inclinado el terreno de juego a favor de esa empresa, porque esa ventaja inicial y ligera le invistió a la organización de ciertos beneficios: los clientes pueden no querer molestarse en cambiar a un competidor con un producto nuevo y ligeramente mejor, directivos con talento pueden estar más interesados en trabajar para el jugador con ventaja en el campo, los proveedores pueden estar dispuestos a dar al ganador condiciones más ventajosas, la prensa puede prestar más atención al corredor que va en cabeza… En otras palabras, una ventaja inicial, por muy ligera que sea, puede convertirse de alguna manera en una profecía autocumplida y, a medida que esa pequeña ventaja se va convirtiendo en una gran ventaja, esta puede aumentar aún más. Aquí, Toyota puede servirnos de ejemplo: aunque todos los indicadores digan que sus vehículos ya no tienen ninguna ventaja de calidad significativa sobre los de GM, la ventaja inicial de la empresa ha dejado en el público inculcada la idea de que sigue estando por encima de GM.
Pero decir que estudiar a los ganadores no revela estrategias útiles para triunfar no es decir que no existe tal cosa como una estrategia para triunfar. Esa estrategia es asumir riesgos y casi todas las empresas pueden emplearla. Por desgracia, la trampa es que asumir grandes riesgos sirve también para perder a lo grande.
Ello no quiere decir que las modas de la gestión sean totalmente malas o inútiles, aunque no aporten todos los beneficios que prometen. Algunos observadores afirman que incluso asumir una moda sin sentido puede actuar como un trago de café puro para el metabolismo de la empresa y generar nuevo entusiasmo y niveles más altos de actividad que, cuando lleguen a disiparse, pueden ser renovados enganchándose a la moda siguiente. Otros argumentan que el hecho de que una idea de gestión irrumpa en escena para desaparecer al cabo de poco tiempo no significa que no haya dejado una marca duradera en la práctica empresarial. Después de una experiencia con Six Sigma, por ejemplo, los directivos de una empresa pueden avanzar en la mejora de la calidad contando con una organización más receptiva para ello. Incluso cuando las modas de gestión no funcionan como se espera, siguen siendo beneficiosas al sumarse al conocimiento colectivo de la empresa.

Internet y la tecnología de los conocimientos especializados

Gracias a Internet, cualquiera puede, en teoría, conseguir los consejos de expertos que quiere y necesita; y todo el mundo puede, también en teoría, ser el experto que los proporciona. Esto es al menos lo que opina una legión de entusiastas de la web, quienes afirman que al arrebatarles el control de los conocimientos especializados a los nidos de elitistas que residen en universidades, institutos de investigación, consultorías, multinacionales, agencias gubernamentales y la prensa, y otorgárselo a los miles de millones de personas del planeta con una conexión a Internet, podemos aumentar la utilidad, adecuación, rendimiento e incluso fiabilidad de los consejos especializados.
Googlear es casi una actividad sin rival en Internet, y casi la mitad de todos los usuarios de la red realizan al menos una búsqueda en un día normal. No hay duda de que Google es un recurso extraordinariamente útil, pero lo que suele pasarse por alto es que con frecuencia funciona muy mal a la hora de conseguirnos la información que necesitamos, y el fallo es aún más patente si buscamos información especializada sobre un tema complejo.
En teoría, el famoso algoritmo de clasificación de Google debería ayudar a poner las páginas web más útiles en primer lugar, pero en la práctica no funciona así. Esto se debe en parte a que el algoritmo tiene graves limitaciones para evaluar lo adecuada que es una página web con respecto a lo que está buscando el usuario, pero también a que el programa de clasificación es muy propenso a ser controlado por personas que dominan el arte de manipular el lenguaje, códigos y enlaces de las páginas web y promocionar una en concreto muy por encima de lo que merece por su utilidad, pertinencia y popularidad. De hecho, ha surgido una pequeña industria de "gestión de la reputación", no tanto para mejorar la clasificación en Google de páginas ya existentes, sino para tratar de sepultar a páginas a menudo muy pertinentes bajo otras menos informativas y especialmente diseñadas para esta “trampa”.
Tanto en Internet como en cualquier otra fuente de información extraer los mejores conocimientos exige que seamos capaces de hacer una lectura crítica. Sin duda, existe buena información en Internet, pero tenemos que tener la paciencia y la capacidad de búsqueda para hallarla, así como la experiencia y el criterio para distinguirla de la basura e incluso, después, tenemos que estar preparados para aguantar las consecuencias de los malos consejos. Es decir, necesitamos cierto nivel de metaconocimientos para hacernos con buenos consejos en la red. No obstante, lo ideal sería que hubiera sitios web que nos pudieran proporcionar o bien las mejores respuestas o bien las herramientas para identificarlas. Eso es justamente lo que están tratando de hacer ahora una serie de sitios web y emplean para ello varios tipos de mecanismos de evaluación. Muchos son foros convencionales orientados hacia temas concretos que, simplemente, han añadido la capacidad de que los visitantes clasifiquen las respuestas, o que vean la frecuencia con que un participante ha hecho una aportación útil al sitio, proporcionando cierta orientación sobre dónde puede encontrarse la información más útil y digna de confianza. Otros sitios web como Help.com y People Jam, están más claramente diseñados de acuerdo con estas características de clasificación, de modo que se puede acudir a los participantes frecuentes y a las respuestas que han recibido una mayor puntuación. En la página web de WikiAnswers, cualquiera puede colgar una pregunta, pero solo se puede colgar una respuesta, que cualquiera puede editar a continuación, produciendo un cruce entre el foro y el modelo de consenso de Wikipedia.
Sin embargo, esto no es la última palabra en cuanto a mejorar la inmediatez e individualización de los consejos online. LivePerson.com dispone de unos 30 000 expertos para chatear con ellos online, entre los que se encuentran terapeutas, médicos, farmacéuticos, asesores de negocios, analistas de software y muchas más. Normalmente se paga una tarifa por minuto, lo que supone 30-180 dólares/hora, y los usuarios puntúan a todos los expertos para que podamos sacar el máximo rendimiento a nuestro dinero. Y, si somos tan anticuados como para preferir la presencia física, podemos seguir confiando en la sabiduría de las masas para encontrar y elegir candidatos, gracias a servicios online que permiten a los usuarios clasificar a los expertos locales de todo tipo, como Yelp (más conocido por sus críticas de restaurantes, aunque también contiene clasificaciones de todo tipo de servicios, desde psiquiatras a contabilidad) y Angie's List (que está enfocado sobre todo a la extraña combinación de servicios de trabajo en el hogar y médicos).

Reglas para que no nos engañen los expertos

Apreciar a fondo todo lo que se encuentra entre los expertos de masas y los consejos fiables nos da nuestra primera y probablemente más potente arma para tratar de evitar que nos engañen: un nivel apropiado de cautela ante cualquier declaración de un experto. Cuando, al oír lo que afirman los expertos sobre medicina, educación infantil o finanzas, nos preguntamos hasta qué punto merecerá la pena tener en cuenta su consejo, entonces tendremos mucho ganado.
Como mínimo, la mayoría de nosotros deberíamos seguir los consejos de expertos que parecen bien fundamentados, no son terriblemente difíciles de poner en práctica y parecen tener pocas contraindicaciones, como comer pescado (o consumir aceite de pescado), no tomar grandes cantidades de grasa saturada, hacer ejercicio, mantener nuestras mentes activas a medida que envejecemos, mantener el ojo puesto en la bola de golf cuando tratamos de darle, y así sucesivamente. Aunque está claro que no siempre hay que confiar ciegamente en los expertos, hay muchas situaciones en las que sí deberíamos hacerlo y en las que actuar de otro modo no es sino una conducta temeraria.
Sin embargo, incluso aquellos que están decididos a seguir lo que podría considerarse claramente como un buen consejo de los expertos siguen estando en un dilema cuando se trata de declaraciones nuevas, discutidas o volubles acerca de dietas, exposición al sol, inversiones inmobiliarias, el efecto de los videojuegos sobre la mente de los niños, etc. En muchos de estos casos no podemos evitar tener que tomar decisiones y es pertinente hacerlo sabiendo al menos lo que los expertos tienen que decir sobre el asunto, con la esperanza de que podamos detectar algunas pistas sobre si los consejos serán correctos o más aplicables a nuestra situación individual.
Características típicas de los consejos menos fiables de los expertos. Debemos tener un cuidado especial con cualquier consejo que se ajuste a cualquiera de las siguientes descripciones:
Es simplista, universal y definitivo. Cuando los consejos son del tipo de los que prometen grandes beneficios y se pueden describir en una cita jugosa o en un titular —"Beber café aumenta las expectativas de vida"—, hay muchas probabilidades de que, o bien procedan de un experto que se ha extraviado por haber tomado medidas erróneas, o que sus análisis sean incorrectos, que tenga prejuicios o que algo se perdiera por el camino cuando los hallazgos se encaminaban desde las revistas de investigación a los medios de comunicación.
Está respaldado por un único estudio, o por muchos estudios pequeños o poco cuidadosos, o por estudios con animales. Un consejo basado en un solo estudio debería considerarse altamente provisional, por muy bueno que parezca. Cuantos más estudios mejor, como regla general, pero incluso una serie de estudios importantes y rigurosos pueden producir a veces conclusiones erróneas.
Es recomendable tratar cualquier afirmación sobre la salud o conducta humana basada totalmente en estudios con animales no más que como una fantasía interesante. Es poco creíble que las pruebas con animales se hayan podido trasladar a humanos porque las hayan respaldado uno o dos estudios pequeños (o menos formales) con humanos.
Es revolucionario. Gran parte de las percepciones de los expertos que parecen novedosas y sorprendentes están basadas en un pequeño número de estudios menos rigurosos o en estudios con animales. Ello se debe a que casi nunca se emprenden estudios grandes y rigurosos hasta que otros más pequeños han preparado el terreno, y si ya se hubieran hecho varios estudios respaldando este resultado prometedor, probablemente ya habremos oído hablar de él, por lo que habría dejado de ser novedoso.
Lo apoyan personas u organizaciones que se pueden beneficiar de su aceptación. Todos los expertos tienen la posibilidad de beneficiarse si sus investigaciones obtienen una gran audiencia, pero en algunos casos el potencial conflicto de intereses tiene la posibilidad de ser corrosivo. Esto suele suceder cuando la investigación procede o está directamente financiada por empresas o grupos de la industria cuyos beneficios pueden verse afectados por los hallazgos. El patrocinio corporativo no significa que un estudio sea erróneo, pero aumenta mucho el riesgo de que esté seriamente sesgado; las empresas tabacaleras, por ejemplo, siempre pueden encontrar médicos e investigadores dispuestos a presentar "pruebas" de que fumar está siendo denostado de forma injusta.
Está destinado a impedir que vuelva a producirse en el futuro un importante fallo o crisis reciente. Se trata del efecto "cerrar la puerta del establo después de que el caballo se ha escapado": estamos tan molestos o traumatizados por lo que acaba de pasar, que estamos dispuestos a hacer lo que tendríamos que haber hecho antes para haber evitado el problema. Los expertos nos abrumarán dispensándonos consejos que ya han quedado obsoletos, como, por ejemplo, cuando nos animan a que ahorremos después de que el exceso de préstamos haya llevado a la economía al borde del colapso (teniendo en cuenta que una tendencia generalizada hacia el ahorro puede impedir la recuperación).
Características de un consejo especializado que habría que ignorar. Las afirmaciones que hacen los expertos a menudo llaman nuestra atención o se ganan nuestra credulidad por factores que en realidad no nos dan buenas razones para confiar en ellos. No es que debamos rechazar sin más consejos si emplean estos factores, sino que la información que nos proporcionan nos dice más bien poco.  
Suena bien. Algunos consejos de expertos simplemente nos suenan bien, encajan con nuestra visión del mundo, apelan a nuestro sentido común, son divertidos, nos facilitan la vida, ofrecen solución a un problema apremiante. Desgraciadamente, nada de esto mejora las posibilidades de que la conclusión de unos expertos sea verdadera. De hecho, estos factores suelen ser una indicación de la poca fiabilidad del consejo.
Es provocativo. Nos gusta escuchar a un experto darle la vuelta a una creencia convencional. "¡La grasa es buena para usted!", "¡Ser desordenado puede ser bueno!", etc. Nos hace gracia la sorpresa y, al mismo tiempo, puede sonar a verdad porque estamos acostumbrados a descubrir que lo que nos habían hecho creer que era verdad en realidad era falso.
Recibe un montón de atención positiva. La difusión lograda por la afirmación de un experto tiene más que ver, por lo general, con la habilidad con la que se ha lanzado o promocionado, en combinación con su resonancia y capacidad de provocar, que con lo fiable que pueda ser. El descubrimiento en 1983 de un fósil de 47 millones de años, aparentemente perteneciente a un primate primitivo que supuestamente representaba el tan buscado "eslabón perdido" entre los primates primitivos y los humanos, protagonizó varios documentales y libros. Se perdió de vista que había algunas voces poco escuchadas de varios expertos altamente fiables que se quejaban de que el fósil no representaba de modo inequívoco un eslabón tan importante como se decía.
Otros expertos lo aceptan. El hecho de que otros expertos respalden un consejo puede ser un buen argumento en algunas circunstancias sobre su credibilidad. Sin embargo, las comunidades de expertos son propensas a sucumbir a la política, al efecto rebaño, a los sesgos relacionados con la financiación y otros fenómenos corruptores. El apoyo inmediato y amplio de una comunidad de expertos a una nueva aserción puede ser más un signo de alarma que una recomendación. Sería más de fiar un respaldo que se fuera creando gradualmente entre los expertos durante un período largo de tiempo.
Está respaldado por un estudio importante y riguroso. Un ensayo de gran tamaño, controlado y aleatorizado, es en general más fiable que la mayoría de otros tipos de estudios de expertos, pero tampoco debemos considerar que nos ofrece una prueba absolutamente verdadera. Las razones para dudar pueden ser múltiples: el sesgo de publicación (los estudios discrepantes pueden haber sido abandonados por el camino), la corrupción por patrocinio (una empresa farmacéutica que respalda todos los estudios para lanzar un producto), problemas de medición (la implicación de marcadores cuestionables), análisis con fallos (confusión entre causa y efecto), etc.
Los expertos que lo respaldan alardean de credenciales impresionantes. Algunos de los casos más claros de fraude procedían de los campus de algunas de las más acreditadas universidades de Estados Unidos, hospitales de primera fila y laboratorios industriales legendarios, donde la competencia y los estándares pueden ser elevadísimos, pero también lo son las presiones por obtener resultados, todo esto añadido a la falta de una supervisión estricta.
Sin embargo, cuando los expertos con grandes credenciales se enfrentan con otros sin tanto pedigrí, ¿deberíamos hacer caso a los primeros? La mayor parte de las veces sí, porque, por muchos errores, sesgos y distorsiones que cometan científicos, megaconsultores, importantes asesores del Gobierno y otros expertos con credenciales impresionantes, los problemas serán mucho peores con los "expertos" legos, populares o "autoproclamados". Cuando los padres hicieron seguir dietas exóticas a sus hijos autistas recomendadas por mamás célebres en lugar de hacerles seguir la terapia conductual intensiva recomendada por prácticamente todos los especialistas académicos en autismo, fallaron estrepitosamente a la hora de abrirse paso en la jungla de consejos.
Algunas características de los consejos de expertos más dignos de confianza. Los siguientes elementos suelen ser pistas de que en el trabajo y comunicación de un experto se ha puesto un gran cuidado, integridad y perspectiva. Algunos de estos factores implican no tanto la naturaleza del propio consejo, sino más bien la información con la que se presenta.  
No dispara las alarmas de otros. Deberíamos dar más credibilidad a los consejos de expertos que no sean simplistas, que estén basados en estudios importantes y cuidadosos, que sean coherentes con lo que mayoritariamente creemos que es verdad, que eviten los conflictos de intereses y que no sean una reacción a la reciente crisis.
Es un resultado negativo. Existe una predisposición importante contra los hallazgos que no confirman una hipótesis interesante o útil (nadie va a detener las prensas ante la afirmación de que el café no evita el Alzheimer). No hay muchas razones para jalear una conclusión decepcionante y cualquiera que publique una o informe sobre ella probablemente no está demasiado preocupado por comprometer la verdad para deslumbrar a los lectores.
Contiene muchas afirmaciones matizadas. A veces los artículos de revistas e informes de los medios contienen comentarios e información destinada a que cuestionemos la fiabilidad de la metodología del estudio, del análisis de los datos o del alcance de los resultados, lo que solo puede hablar a favor de la credibilidad de los expertos, editores o reporteros que explícitamente suscitan estas cuestiones, animándonos a nosotros a hacer lo mismo.
Es sincero acerca de las pruebas que lo refutan. Cualquier experto, editor de revistas o reportero que se tome la molestia de sacar a la luz información contradictoria y la ponga de relieve al presentarnos a nosotros cualquier afirmación debería recibir más atención de nuestra parte. Las afirmaciones del tipo "por un lado sí, pero por el otro no" pueden dejarnos sin una respuesta clara, pero a veces esa debería ser la forma correcta. Ver los aspectos negativos nos puede permitir reconocer que los aspectos positivos siguen siendo válidos y que conviene hacerles caso.
Proporciona algún contexto para la investigación. Los hallazgos de los expertos raramente surgen de la nada: por lo general hay una historia de afirmaciones y contraafirmaciones, estudios previos, argumentos a favor y en contra, teorías alternativas, nuevos estudios en curso, etc. Un hallazgo que parece muy creíble cuando se presenta como una especie de instantánea puede a veces verse más claramente como una toma de distancia cuando se presenta con todo su historial. Es una buena señal cuando un informe lo contiene.
Ofrece perspectiva. Las afirmaciones de los expertos suelen presentarse de forma que es difícil dar una buena respuesta a la sencilla pregunta: “¿Qué tiene esto que ver conmigo?". A menudo necesitamos ayuda no solo para conocer los hechos, sino también para saber cómo pensar en ellos. Las declaraciones más fiables tienden a explicar con detalle las limitaciones de su aplicabilidad (por ejemplo, que un cambio en los precios de la vivienda solo se ha observado en las casas de lujo o en una parte del país). Los expertos y quienes transmiten sus descubrimientos deberían ir más allá y sugerir algún significado sencillo, práctico y lúcido a una declaración que, de otro modo, podría perderse en los detalles del estudio, en la publicidad que se puede crear a su alrededor o en nuestra propia tendencia a irnos sin más a las conclusiones. Dichos metahallazgos podrían adoptar la forma de "aunque el efecto es interesante, es muy pequeño, e incluso, aunque no se trate de una casualidad, probablemente no merece la pena que se cambie de conducta"; "hay pocas probabilidades de que esto le afecte a usted"; "aunque parece ser una observación importante, todavía está rodeada de muchas incertidumbres, por lo que no debería tomarse en serio hasta que no haya más pruebas”, etc. La necesidad de este tipo de explicaciones es especialmente aguda cuando la investigación implica declaraciones sobre probabilidades y riesgos en los ámbitos como el médico o el financiero y cuando el público tiene muchas dificultades para interpretarla.
Incluye comentarios sinceros y francos. Difícilmente podemos confiar en entender la fiabilidad o la importancia de una declaración de un experto a menos que hayamos escuchado al propio experto o a otra persona bien informada expresar sus dudas y escepticismo. Los mejores lugares para buscar tales comentarios son los artículos de revistas más largos, las cartas a revistas y, ocasionalmente, en las entrevistas radiofónicas. A todas ellas merece la pena tomarlas en cuenta, ya que ofrecen al menos un intento de llegar a los pormenores reales y a menudo ocultos de la declaración de un experto.

Conclusión

Al hacer un esfuerzo por aprender a examinar la información de los expertos, podremos desarrollar con el tiempo un sentido más intuitivo y saber cuándo una determinada afirmación debería ponerse en duda. Nuestros cerebros son máquinas maravillosas para reconocer patrones y, así como los buenos médicos aprenden a diagnosticar con precisión enfermedades contando con información escasa, la mayoría de nosotros puede también llegar a ser un evaluador moderadamente competente de las declaraciones que hacen los expertos.
Puede haber formas de detectar verdades complejas que no requieren años de educación formal e intensa experiencia. No siempre podemos confiar en nuestro sentido común y no siempre reconocemos los buenos consejos cuando los escuchamos, pero, si nos ponemos a ello de forma bien informada, la mayoría de nosotros puede avanzar en esa dirección.


Fin del resumen ejecutivo
Biografía del autor
David H. Freedman es un periodista especializado en temas científicos y de negocios. En la actualidad, trabaja para varios medios de comunicación en Estados Unidos, como Harvard Business Review, The Atlantic, Newsweek, New York Times, Science y Wired. Es coautor del libro A Perfect Mess.
Ficha técnica
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