No Miedo

Resumen del libro

No Miedo

Por: Pilar Jericó

Cómo el miedo puede afectar la productividad de las organizaciones y limitar nuestra vida profesional
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Introducción

 

El Miedo. Una palabra cuya sola mención despierta todo tipo de sensaciones. Una emoción humana que ocultamos con vergüenza o que nos esmeramos en desterrar de nuestras vidas. Un mecanismo de supervivencia y de defensa. Un freno al talento y a la creatividad. Un proceso biológico de origen cerebral. Una herramienta para controlar y manipular a los otros. Un rasgo esencial de la naturaleza humana. El miedo, el temor, el pánico, la fobia, la ansiedad, el estrés… Quien no los haya sentido, que tire la primera piedra.
Hay quienes niegan sus temores y hay quienes se empeñan en eliminarlos, mostrándose ante el mundo más temerarios que Alejandro Magno o Erik el Rojo. Y, sin embargo, el miedo siempre está ahí, inevitable, impertinente, irrevocable.
Pero, dejemos de correr ante el miedo, que bastante nos ha hecho correr, y hagámosle un poco de justicia: ¿cómo, si no es por temor, sobrevivirían los mamíferos al ataque de otras especies?, ¿cuántos problemas no se ha evitado usted gracias a la inhibición que le imponen sus temores?, ¿cuántas veces no ha disfrutado de una montaña rusa o de una película de terror?, ¿cuántos otros se habrán abstenido de lastimarlo por temor a las represalias?, ¿cuántas barbaridades, en fin, no habría hecho o dicho usted si no hubiera nada que le inspirara miedo?
El miedo siempre está al acecho. Comencemos por aceptarlo y mirémoslo a los ojos. Porque ese mismo miedo equilibrante que nos salva la vida y nos ahorra problemas es también el miedo tóxico que nos paraliza, nos frena el desarrollo del talento y nos impide lograr nuestras propias metas. En el miedo se debaten dos facetas, como también se debaten dos personalidades en el Dr. Jekyll de Stevenson, que súbitamente se convertía en el abominable Mr. Hyde y pasaba de la bondad absoluta a la más ruin perversidad. No podemos erradicar el miedo, pero sí podemos evitar que nos paralice y que arremeta en contra nuestra. La alternativa del NoMiedo, dirigida a las personas y las empresas, invita a reconocer la faceta Hydeana de nuestros temores, para aprender a tomar sus riendas y controlar sus efectos negativos.
En la primera sección de este resumen se hablará de las raíces biológicas del miedo y sus características destacables; en la segunda se estudiarán los miedos personales que mayor incidencia tienen en el día a día de las empresas; en la tercera se analizará el precio que puede llegar a pagar una persona o una empresa por la presencia de los miedos mal administrados; y en la cuarta se esbozarán los desafíos que tiene que asumir la empresa para aislar los efectos nocivos de sus propios temores. Finalmente, con las conclusiones, se presentarán algunos retos que deben asumir los individuos para entrar en la lógica del NoMiedo.

Miedo bajo el microscopio

Narra la mitología romana que la diosa del amor, llamada Venus, solía serle infiel a su esposo Vulcano, dios del fuego, y en esas andanzas llegó a tener cinco hijos bastardos con Marte, el temible dios de la guerra. Fueron ellos Cupido, figura del amor erótico; Anteros, que encarna el amor correspondido; Concordia, diosa de la unidad; y Fobos y Deimos, los dos menores que acompañaban al padre en las batallas, personificación de la fobia el primero y del terror el segundo. El miedo, en síntesis, es el hijo del amor y de la guerra.
Actualmente, la Real Academia define el miedo como una ‘perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario’. El rango de emociones aparejadas al miedo es amplío, en función de la intensidad y la duración de la angustia suscitada. Ante una aparición espeluznante en la soledad de la noche, podemos sentir un instante de pánico y sobresalto, que activará todo un baile hormonal y nos alterará visiblemente, pero que al otro día será solo un recuerdo. En cambio, ante la incertidumbre laboral causada por una larga crisis de la compañía, podemos quedar sumidos en una situación de estrés prolongado, que nos intimida de forma suave e imperceptible, pero sin interrupción.
Esos miedos de baja intensidad son los más frecuentes en las empresas y a ellos es posible atribuirles gran parte de los perjuicios en el rendimiento de una compañía. Por fortuna, estos mismos temores son los que nos permiten un mayor margen de acción:

Robert Sapolsky, profesor de Stanford, escribió un libro titulado ¿Por qué las cebras no tienen úlcera?, en el que responde a esa pregunta de una forma sencilla pero curiosa: las cebras no padecen estrés. Esto no significa que no conozcan el miedo, pues no es otra cosa diferente al pánico lo que las lleva a correr en estampida ante la sola presencia de un depredador; pero cuando no ven ni presienten al depredador, entonces olvidan su existencia y siguen pastando tranquilamente, sin ninguna angustia. Nosotros, en cambio, cuántas noches hemos pasado en vela o cuánta energía hemos invertido en evitar un posible riesgo que nuestra imaginación construye…
Los temores humanos son muy sofisticados, pues además de regirse por un componente natural, están determinados, modificados y moldeados por la cultura a la que pertenecemos. Algunos estudios científicos han logrado detectar la presencia de miedos innatos, como el temor a las alturas, que fue demostrado con un experimento en el que se les ubicó a varios bebés en la línea intermedia entre una superficie opaca y otra translúcida (que simulaba para abajo un espacio vacío) y se observó que todos decidían gatear por la primera. Por su parte, la evidencia empírica ha logrado demostrar que esos mismos temores, y otros tantos, pueden reducirse o controlarse mediante el influjo de la cultura y las características del entorno en que habita cada persona.
Cuando los ingenieros neoyorquinos se enfrentaron al reto de construir los grandes rascacielos de Manhattan a comienzos del siglo XX, tuvieron que sortear una dificultad inesperada: no encontraban obreros lo suficientemente temerarios como para desafiar tales alturas en esos andamios de cientos de metros. ¿El temor natural a las alturas constituiría un obstáculo insalvable para levantar ciudades verticales? Pues sabemos que no lo fue, y no lo fue porque los indios cherokees, familiarizados desde antes con las alturas, fueron los llamados a construir las edificaciones. Desprovistos del vértigo, fueron ellos quienes levantaron los primeros rascacielos, con lo que demostraron que la cultura, la educación y la experiencia pueden llegar a modular hasta los miedos más innatos. De hecho, una vez terminadas las edificaciones, muchos sentían miedo en subir por sus ascensores, ante lo cual se adoptó una solución creativa que permitió aliviar la incertidumbre y tranquilizar los ánimos de los usuarios: se puso música en los ascensores.
Así como la cultura cherokee llegó a moldear su vértigo, asimismo lo hemos hecho los habitantes de las grandes ciudades que hoy no solo subimos a los rascacielos sin ningún temor, sino que muchas veces aspiramos a vivir o trabajar lo más cerca posible de las nubes. Nuestros miedos se suelen alimentar de la incertidumbre, de la falta de información, de la oscuridad que no nos deja ver lo que está delante. Por eso, el conocimiento los reduce, porque al reducir la incertidumbre y dar claridad sobre lo que puede venir en el futuro, nos permite acallar la raíz de muchos temores.
Hoy en día sabemos que la presencia del miedo activa todo un baile hormonal en nuestro organismo: el corazón aumenta su ritmo para transportar más oxigeno; la circulación sanguínea se orienta hacia el cerebro y los músculos, para que uno pueda pensar más rápido y moverse con mayor agilidad; las pupilas se dilatan para aumentar la visión; la sangre aumenta su capacidad de coagularse, anticipándose a una eventual herida; el cerebro comienza a segregar adrenalina y los riñones noradrenalina, también conocida como la hormona del estrés... En fin, ante la presencia de una amenaza, el organismo humano activa de forma instantánea toda suerte de modificaciones con el fin de protegerse y enfrentarse a los posibles riesgos. ¡Es el milagro de la biología! Suena magnífico, pero tiene sus costes: para privilegiar esas actividades, el organismo se ve obligado a descuidar algunas otras.
Se ha descubierto, por ejemplo, que ante la presencia del miedo los impulsos eléctricos entre las neuronas se retrasan y se bloquean. Resultado: disminución en la creatividad y envejecimiento acelerado. Se ha encontrado, también, que la presencia continua del estrés fomenta la secreción de corticoides, que afectan el sistema inmunológico aumentando la posibilidad de contraer cáncer, favorecen las complicaciones cardiovasculares y generan disfunciones sexuales. Se ha demostrado, por último, que en nuestro cerebro la información pasa primero por el sistema límbico y la amígdala, que es la zona que controla nuestras emociones, y luego por el neocórtex, donde se da nuestro razonamiento. Esto significa que, antes de pensar, sentimos. Y cuando nuestros sentimientos están capturados por amenazas y temores, la información llegará distorsionada y nuestra capacidad de razonar brillantemente se verá mermada. Es la derrota de nuestro talento.
El mismo miedo que nos salva la vida es el que nos la hace más difícil. Así como puede equilibrar algunos impulsos que tenemos desde muy pequeños, garantizándonos nuestra supervivencia humana y social al evitar que, por ejemplo, metamos la mano en un enchufe o no respetemos a nuestro jefe, también puede paralizarnos y frenar nuestro talento. Esta es la faceta “tóxica” del miedo, aquella que cuando se activa suele perdurar en el tiempo llevándose consigo todo nuestro potencial. ¡Alerta roja para las muchas empresas que han adoptado el miedo como forma de gestión! En el intento de que sus trabajadores cumplan con sus obligaciones y obedezcan todas las órdenes, pueden estar activando los efectos tóxicos de sus miedos, y sacrificando con ello la productividad de la compañía.

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Biografía del autor

Pilar Jericó

Pilar Jericó es licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid y doctora en Organización de Empresas. Ha cursado estudios de especialización en Estrategia (Harvard University) y en Comportamiento Organizativo (UCLA). Es pionera en España y Latinoamérica en el análisis del talento y el impacto del miedo en las empresas. Entre sus publicaciones destaca NoMiedo en la empresa y en la vida, traducido a varios idiomas. Su blog se puede encontrar en www.pilarjerico.com

Ficha técnica

Editorial: Alienta

ISBN: 9788493485900

Temáticas: Habilidades directivas Mejorar el clima laboral

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