Millennial money
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Resumen del libro

Millennial money

Por: Patrick O’Shaughnessy

Cómo los jóvenes inversores pueden hacer crecer fortunas
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Introducción

Hoy en día, dedicamos mucho tiempo a ganar dinero y desarrollar nuestras carreras pero dedicamos muy poco a pensar en cómo darle un buen uso. No obstante, piensa por un momento en ti como si fueras un negocio: gastas y ganas dinero, igual que una empresa.

Un buen negocio gasta menos de lo que gana a través de sus ventas, de manera que produce un beneficio. Los negocios que crecen más rápido son los que reinvierten esos beneficios en el propio negocio para seguir creciendo. Deberías imitar ese plan de negocio.

La tasa de ahorro, que es la mejor manera de medir nuestro “margen de beneficio personal”, lleva décadas en claro descenso. En la década de 1970, los estadounidenses ahorraban aproximadamente el 12% de sus ingresos. La tasa de ahorro se ha ido reduciendo desde entonces hasta situarse en el 4,2% en noviembre de 2013.

Por otro lado, los millennials se han vuelto muy escépticos con la bolsa. Un estudio de 2013 mostraba q ue la principal preocupación de nuestra generación era tener suficiente dinero para jubilarse: el 73% de los millennials que participaron en esta encuesta declaraba que les “preocupaba”, “preocupaba algo” o les “preocupaba mucho” garantizarse una jubilación.

Ahora bien, una segunda encuesta desvelaba que el 52% de los millennials “no confiaban mucho” o “no confiaban en absoluto” en que la bolsa fuera un buen sitio para invertir de cara a la jubilación. Lo cierto es que las crisis de 2000 y 2008 del mercado bursátil no han ayudado.

Es necesario revertir estas dos tendencias: deberías invertir en bolsa el porcentaje más alto posible de tu renta y además deberías invertir en los mercados mundiales de bolsa y no en alternativas de “riesgo bajo” como los bonos o el efectivo.

Y es que, la bolsa te permite participar del crecimiento empresarial de forma pasiva. En octubre de 2001, el coste de un iPod flamante de aquella primera generación era de 500 dólares. Por aquel entonces, con esos mismos 500 dólares te podrías haber comprado 64 acciones de Apple.

A día de hoy, el iPod de 2001 está más que obsoleto, pero esas 64 acciones valen ahora 32.308 dólares. Por esa razón, tu dinero de joven, incluso en cantidades modestas, tiene un potencial tremendo. Un dólar invertido hoy puede valer fácilmente 15 dentro de 40 años.

Por desgracia, la mayoría de las definiciones de riesgo se centran en el corto plazo: miden las fluctuaciones de una inversión a lo largo de unos meses o de un año. Si se evalúan conforme a este criterio, las acciones ciertamente son una opción arriesgada.

No obstante, el riesgo debería medirse a largo plazo. El riesgo real es la probabilidad de que (1) no logres tus objetivos financieros y los sueños asociados con esos objetivos y (2) no seas capaz de costear tus necesidades (y las de tus seres queridos) de manera cómoda en una etapa posterior de la vida.

Si defines el riesgo como lo hacemos nosotros, entonces las acciones se convierten en la inversión más segura para tu dinero. Las reglas de inversión que se proponen en Millennial Money ayudan a eliminar estos riesgos reales.

Millennial Money explora todas las facetas de esa oportunidad, explicando por qué la juventud supera a todo en lo que a inversión se refiere, cómo tus inversiones te protegerán de obstáculos futuros y lo que tienes que hacer para transformar pequeñas inversiones tempranas en grandes sumas de dinero.

Este libro te explicará por qué debes empezar a invertir ahora, cómo crear una cartera de inversiones ganadora y, en definitiva, cómo convertirte en un inversor de éxito.

La magia del interés compuesto

Para entender mejor el concepto de interés compuesto, utilizaremos como ejemplo la historia del maestro de ajedrez y el emperador. Según el relato, el inventor del ajedrez le enseñó el juego nuevo a su emperador y este quedó tan impresionado que le ofreció al hombre la recompensa que deseara.

La inteligente petición del inventor del ajedrez fue que el emperador colocara un grano de arroz en el primer recuadro del tablero, dos en el segundo, cuatro en el tercero, y así sucesivamente, doblando en cada ocasión el número de granos de arroz hasta completar los 64 recuadros del tablero.

Imagina que fueras tú la persona que fuera a recibir la recompensa, pero en tu caso podrías optar por la misma dinámica de doblar la cantidad al cambiar de recuadro, pero con peniques en vez de granos de arroz, o recibir directamente un millón de dólares. Seguramente tu tendencia inicial sea elegir el millón de dólares. Pues bien, si hubieras escogido la opción de ir duplicando la cantidad de peniques habrías obtenido 10 millones de dólares en el 31º recuadro y 92 trillones de dólares en el 64º recuadro.

Y es que, hacen falta 15 recuadros del tablero para alcanzar los 100 dólares pero, en los siguiente 15 recuadros, la fortuna crece pasando de los 163,84 dólares a los 5,4 millones de dólares. Una vez más, piensa en cada uno de los recuadros del tablero de ajedrez como en un año de tu vida. En los primeros recuadros (que representan nuestras décadas de los veinte y los treinta), las ganancias en dólares son pequeñas. En cambio, en los recuadros posteriores (nuestras décadas de los 50 y los 60) los resultados de aplicar esa misma fórmula de multiplicar por dos resultan en ganancias astronómicas con cada nuevo recuadro.

Como la magia se produce más tarde, el año en que empiezas a invertir influye muchísimo en dónde acabes. Imagina que tú y dos amigos más invertís todos en bolsa en diferentes momentos de vuestras carreras y todos obtenéis un rendimiento anual neto de inflación del 7%, que es lo que han rendido históricamente las acciones de media a lo largo de la historia.

Tú empiezas invirtiendo 10.000 dólares al año en bolsa a la edad de veintidós años y tus dos amigos invierten la misma cantidad también, pero uno empieza a los treinta años y el otro a los cuarenta. Una vez que empiezan a invertir, todos realizan la misma inversión anual de 10.000 dólares en bolsa y obtiene el mismo 7% de rendimiento anual. La única diferencia es el tiempo que se está en el mercado.

Si tú empezaste con veintidós años, tendrías una cartera de 4,7 millones de dólares para cuando cumplieras sesenta y cinco años. Tu amigo que empezó a invertir a los treinta tendría 2,5 millones y el que no empezó hasta los cuarenta tendría un millón de dólares. Piensa en la diferencia que 3,7 millones de dólares adicionales pueden suponer para tu estilo de vida.

Aparte del tiempo, las únicas variables que podrían haber supuesto una diferencia para estos hipotéticos inversores son la cantidad que se invierte cada año y el rendimiento anual, pero ni unos rendimientos más altos ni unas cantidades invertidas mayores pueden compensar el tiempo perdido.

Si el inversor que empieza a los cuarenta lograra de algún modo un rendimiento del 10% anual en vez del 7% (una tremenda mejora), aun así terminaría con 1,8 millones de dólares a los sesenta y cinco: menos de la mitad de lo que tú ganarías por haber empezado a invertir muy joven.

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Biografía del autor

Patrick O’Shaughnessy

Patrick O'Shaughnessy ayuda a los inversores a tener éxito en el mercado de valores utilizando investigaciones basadas en 90 años de patrones de desempeño del mercado.  Es experto en estrategia de inversión y comportamiento de los inversores.  Es el autor de Millennial Money: cómo los jóvenes inversores pueden hacer crecer fortunas. También es autor colaborador de la cuarta edición de mayor venta a nivel nacional de What Works on Wall Street: The Classic Guide to the Best-Performing Investment  Strategies of all time, de James O'Shaughnessy.

 Patrick, administrador de cartera y director de O'Shaughnessy Asset Management, es analista financiero colegiado y tiene una licenciatura en filosofía por la Universidad de Notre Dame.  Vive en la ciudad de Nueva York con su esposa y su hijo.

Ficha técnica

Editorial: Empresa Activa

ISBN: 8416997381

Temáticas: Audio Mercados financieros

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