La paradoja del chimpancé

Resumen del libro

La paradoja del chimpancé

Por: Steve Peters

El aclamado programa de gestión mental que te ayudará a conseguir el éxito, la confianza y la felicidad que deseas
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Introducción

 

En mi trabajo como psiquiatra, profesor de universidad y coach de deportistas de élite, la gente suele hacerme comentarios y plantearme preguntas relacionadas con problemas personales que no consiguen entender o resolver. ¿Cómo puedo ganar confianza en mí mismo y ser feliz? ¿Cómo puedo mantenerme motivado y tener más éxito en lo que hago? ¿Por qué me preocupo tanto? ¿Por qué no puedo tomar decisiones? ¿Por qué dejo que las emociones me impidan explotar mi potencial en el ámbito profesional?... La lista es interminable.
Para dar respuesta a estas y a otras muchas preguntas he creado un modelo, que denomino “El modelo del Chimpancé”, que pretende ayudarle a entender cómo funciona su mente. El modelo es una guía sencilla para saber por qué piensa y actúa como lo hace, de tal forma que le sea de utilidad en su desarrollo personal y en la mejora de todos los ámbitos de su vida.
Pero, antes de entrar en los detalles, es necesaria una aclaración metodológica importante: este modelo se sustenta en hechos científicos, pero la mente es muchísimo más compleja de lo que el modelo describe. Solo es una simple representación que nos ayuda a entender la ciencia de la mente de tal forma que resulte fácil ponerla en práctica en nuestra vida diaria. También nos puede ayudar a entender cómo hemos sido en el pasado, cómo somos en el presente y cómo podemos mejorar en el futuro. Si este modelo no le resulta útil (y no lo será para todo el mundo), no tire la toalla, busque algo que sí le funcione e intente mejorar su calidad de vida.

La mente psicológica

En su cabeza conviven dos personalidades muy diferentes: el Humano y el Chimpancé. Trabajan usando dos cerebros distintos que intentan cooperar. A veces sus dos “yo” se ponen de acuerdo sobre lo que hay que hacer, y entonces no hay problema. Pero suele ocurrir que no están de acuerdo. Si uno de ellos se hace con el control de la toma de decisiones, esta personalidad será la dominante, y es la que usted presentará al mundo que le rodea. Admitir la existencia de estas dos personalidades le ayudará a comprenderse mejor y también a gestionar cada una de ellas para obtener lo mejor que pueden ofrecerle.
Veamos un ejemplo donde el ganador es el Chimpancé, nuestra máquina emocional de pensar. Rob espera a su novia Sally, a la puerta de un cine, y han quedado en encontrarse a las 8.30. Ya son las 9 y ella no aparece. Su Chimpancé piensa emocionalmente: “Es tarde. No me ha dicho qué pasa. Estoy perdiendo el tiempo. Ella no merece la pena. Me ha humillado”, y sigue y sigue. De repente llega Sally y, antes de que ella pueda abrir la boca, el Chimpancé de Rob ataca: “¿Por qué has llegado tan tarde? ¡Me has hecho quedar como un idiota! ¿Qué sentido tiene entrar ahora si la película ya ha empezado?”, y muchos ataques más. Entonces se calla y Sally interviene:
“Han agredido a una mujer a la vuelta de la esquina. Acudí a ayudarle y llamé a la policía y a una ambulancia. He venido corriendo en cuanto llegaron los médicos. Siento no haber podido avisarte, pero ha sido todo muy agobiante”. Ahora Rob se siente bastante mal, y su Chimpancé cambia la emoción por la del remordimiento. Pero el daño ya está hecho.
En este ejemplo podemos empezar a ver la forma tan distinta que tienen de actuar nuestras dos mentes. El Chimpancé saca conclusiones rápidas, no espera a que le llegue toda la información, y puede basar sus decisiones en meros sentimientos o impresiones. Además piensa en blanco o negro, el gris no forma parte de su análisis, y no tiene en cuenta las interpretaciones alternativas a lo que pueda estar sucediendo. Es bastante desconfiado y detecta intriga o malicia en el comportamiento de los demás, tras lo cual permite que su imaginación se desboque hasta el punto de pensar de forma catastrofista, paranoide o irracional, perdiendo la perspectiva de las cosas. Todo esto le produce al Chimpancé un terrible sentimiento de abatimiento y desesperanza, y se le encoge el corazón.
El Chimpancé es la máquina emocional que todos tenemos. Proporciona pensamientos emocionales y sentimientos que pueden ser muy constructivos o destructivos. No es ni bueno ni malo, es un Chimpancé. “La paradoja del Chimpancé” estriba en que puede ser su mejor amigo o su peor enemigo, incluso al mismo tiempo.
Esa forma de pensar del Chimpancé tiene una razón de ser, pero antes de analizarla veamos cómo piensa el Humano. El cerebro Humano empieza a analizar lo que está pasando mediante un establecimiento de los hechos, buscando evidencias y pruebas. Está abierto a nuevos datos y tiene la capacidad de cambiar su forma de pensar y de entender el punto de vista de otros. Irónicamente, el pensamiento racional y lógico parte a menudo del Chimpancé, que activa el cerebro Humano como si fuera una especie de campanilla (esta es una de las reglas del funcionamiento cerebral). Sin embargo, el Humano mantiene las circunstancias dentro de un contexto y es capaz de pensar en tonos de gris, evitando emitir juicios. El Humano acepta que en ocasiones quizá no alcance la verdad, que a lo mejor no hay una respuesta, o que todo puede ser cuestión de opinión.
¿Cómo es posible que el Chimpancé y el Humano tengan dos formas tan diferentes de pensar? La causa está en que ambos tienen “programas” o propósitos distintos: el programa del Chimpancé es la supervivencia, mientras que el del Humano es realizarse, convertirse en la persona que se quiere ser y conseguir las cosas que se desea alcanzar. Las diferencias entre ambos programas explica por qué a menudo se produce un choque violento entre los dos seres.
Los dos programas principales del Chimpancé son engendrar la siguiente generación y garantizar su propia supervivencia (evitando todo daño). Esta es la forma que tiene la naturaleza de perpetuar la especie. Otros objetivos secundarios, aunque no menos importantes, incluyen atraer a una pareja, marcar un territorio, buscar alimento o encontrar refugio, pero el impulso sexual y la propia supervivencia se sitúan en lo más alto de su lista de prioridades.
Por su parte, algunos Humanos llevan una vida que se basa en alcanzar lo mínimamente necesario para sobrevivir y otros intentan realizarse y sentirse satisfechos con la vida. Uno de los programas principales del Humano consiste en establecer normas sociales y operar con principios éticos y morales, buscando en todo momento vivir en armonía y en paz. Otros objetivos varían mucho entre uno y otro individuo, pero la mayoría se basa en la felicidad y el éxito, independientemente de cómo se definan estos conceptos.
Como vemos el Chimpancé y el Humano tienen programas diferentes, y para cumplirlos funcionan usando dos principios muy distintos. El Chimpancé se rige por la “ley de la selva”, mediante impulsos e instintos automáticos, innatos y muy poderosos. El Humano opera mediante leyes sociales, usando impulsos éticos y morales intensos.
El mayor reto para el humano individual es, con diferencia, vivir con un animal que está decidido a vivir según sus leyes (perfectas para una selva, pero a veces problemáticas en una sociedad humana), y a usar impulsos e instintos tremendamente poderosos para conseguir sus propósitos.
Si usted tiene que hablar en público, puede que note que se le encoge el estómago y sienta una gran ansiedad a medida que se acerque el momento de su intervención. Esto se debe a que el Chimpancé ha activado la respuesta automática de “lucha, huida o inmovilidad” con que la naturaleza le ha dotado ante cualquier peligro real o imaginario. Por consiguiente, al pensar emocionalmente, tiene una reacción catastrofista para ponerlo a salvo. La realidad es que no es cuestión de vida o muerte, pero el Chimpancé no lo sabe. Así que cuando está a punto de hablar, el Chimpancé, para muchos de nosotros, ya se ha puesto histérico y grita: “Pero ¿qué haces? ¡Estás ante un peligro terrible!”. Si usted, el Humano, intenta calmar al Chimpancé, este seguirá contraatacando: “¿Y si parezco un idiota?”, “¿Y si cometo un error?”. Y sigue y sigue. Por el contrario, el Humano le dice: “No es más que un discurso”, “Puedo encajar las críticas”, “Deja de sacar las cosas de quicio”, etc. Con ese ejemplo podemos empezar a darnos cuenta de cuál es la lucha que se genera en nuestra mente. A continuación veremos estrategias para salir airosos de estos debates internos.

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Biografía del autor

Steve Peters

Steve Peters ha trabajado en el campo clínico de la psiquiatría durante más de veinte años. Es licenciado en Matemáticas y Psiquiatría, tiene un máster en Educación médica y diversos títulos de posgrado en Medicina deportiva, Educación y Psiquiatría. En la actualidad, es profesor titular en la Universidad de Sheffield.
Además, el Dr. Peters trabaja en el área de deportes de élite, ha sido psiquiatra de la selección británica de ciclismo desde 2001, y actualmente lo es del equipo Sky ProCycling Team.

Ficha técnica

Editorial: Urano

ISBN: 9788479538422

Temáticas: Habilidades directivas Analizar y tomar decisiones Reducir las preocupaciones y el estrés

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Comentarios

Vamos a hackear el ordenador para sacar lo mejor del chimpance, vamos a convertirlo en un elefante con jinete :D

Buena lectura. Una manera de entender la mente humana.

Muy interesante el enfoque que el autor da y es buena la analogía para referirse a nuestras emociones (chimpance) y a nuestro lado racional (humano). Tiene mucha similitud con el libro cambia el chip, pero con otra mirada y otras soluciones. Me parece un 4/5 estrellas.

De las mejores maneras de ejemplificar la mente humana que he leído. Excelente obra