Intuición estratégica

Resumen del libro

Intuición estratégica

Por: William Duggan

Cómo utilizar el pensamiento no lineal para generar estrategias innovadoras exitosas
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Introducción

 

Que las buenas ideas llegan en forma de destellos, muchas veces cuando uno menos se lo espera, es un secreto a voces. Seguramente a usted también le habrá ocurrido: en la ducha, en las escaleras de una estación de tren, en un embotellamiento de tráfico o cepillándose los dientes.
Si este tipo de destellos le han “visitado” alguna vez, sepa que está en buena compañía. Es el elemento central que se da en muchos de los grandes logros de la historia de la humanidad: cómo Bill Gates fundó Microsoft, cómo Picasso dio con su estilo personal, cómo triunfó el movimiento por los derechos civiles o cómo los chicos de Google conquistaron el ciberespacio tienen que ver con esta “capacidad”. En todos estos casos estamos hablando de intuición estratégica, que es algo muy diferente de la intuición ordinaria, como tener ligeras impresiones sobre algo o ciertos presentimientos. La intuición estratégica se asemeja a un resplandor que clarifica la mente y permite ver con nitidez qué es lo que hay que hacer.
El progreso en todos los ámbitos de la vida aparece como una oportunidad, cuando alguien la visualiza, la aprovecha y la transforma en una realidad. No podemos predecir qué oportunidades surgirán en el futuro, ni si alguien será capaz de darse cuenta de ellas. Pero al menos, sabiendo cuáles son los mecanismos del progreso, podremos estar alerta. En este resumen vamos a desentrañar qué es lo que está detrás de los avances en distintos campos, y nuestro compañero de viaje será la intuición estratégica, ese chispazo de perspicacia que reúne en nuestra mente elementos del pasado para dar con una solución a un problema nunca antes conocida.

Los corsos conquistan Europa

El año 1810 marca un antes y un después en lo que al término ‘estrategia’ se refiere. Ese año marca la cúspide del éxito militar de Napoleón Bonaparte. Por aquella época, Napoleón era considerado el general más exitoso de toda la historia. No en vano, ganaba batalla tras batalla, incluso enfrentándose a ejércitos superiores en armas y soldados. Sus victorias le llevaron desde un humilde origen en Córcega, con un marcado acento del que la elites francesas se reían, a convertirse en emperador de Europa en menos de una década. Sus enemigos empezaron a estudiarle para ver por qué siempre terminaba imponiéndose en el campo de batalla, de tal forma que pudieran derrotarle. Fue de esta forma como empezó el estudio académico de la estrategia.
La estrategia no era en absoluto una idea nueva. Hay ensayos en la materia que se remontan a 400 años antes de nuestra era, como El Arte de la Guerra de Sun Tzu o La guerra del Peloponeso de Tucídides. Pero el año 1810 marca el inicio de la estrategia como un campo formal de conocimiento. A finales del siglo XIX la estrategia se expande desde las academias militares a los negocios. Y el clásico en el campo de la estrategia sigue siendo De la guerra, publicado por Carl von Clausewitz en 1832.
De la guerra es un libro complicado de leer. El general Sherman solía decir a sus alumnos que la guerra es un infierno, lo mismo que leer el libro de von Clausewitz. Pero hay una cosa clara: para von Clausewitz el elemento clave de la estrategia es el “coup d’oeil”. Su libro está escrito en alemán, pero utiliza este término en francés para referirse a ese chispazo o destello que comentábamos en la introducción.
Napoleón era conocido por sus destellos de perspicacia, esa cualidad para entender las cosas con claridad y rapidez. Carl von Clausewitz era consciente de ello, y en su libro trató de explicar por qué se daba esta capacidad en unas personas y no en otras. Para entender lo que von Clausewitz dice a este respecto, vamos a utilizar una de las primeras películas en la historia del cine: Napoleón, de Abel Gance, estrenada en 1927 en la Ópera de París. Gance recrea con encomiable economía de medios el papel que jugaron los “chispazos” en la primera victoria de Napoleón.
La escena que nos interesa tiene lugar durante el sitio de Toulon en septiembre de 1783. Toulon era el puerto más importante de la armada francesa en la costa sur del país. Los británicos la invadieron y tomaron el control. Los franceses rodearon entonces la ciudad y prepararon el contraataque. Napoleón tenía 24 años cuando llegó a Toulon y se presentó ante sus superiores.
La escena comienza cuando Napoleón entra en un café con un gran libro debajo del brazo. El café está repleto de soldados de uniforme riendo y bebiendo, sin mostrar demasiada disciplina militar. El general francés al mando del sitio está sentado a una larga mesa. Napoleón se cuadra, le saluda, le entrega un documento con las órdenes que le habían dado sus superiores y espera con atención.
Napoleón había sido nombrado segundo responsable de la artillería de Toulon. El general mira el papel y comienza a burlarse. No necesitan artillería. “¡Tomaremos Toulon a golpe de espada y bayoneta!” Napoleón esboza una sonrisa, saluda marcialmente y se da la vuelta para marcharse. El general lo detiene por el hombro y le pregunta: “Si usted estuviera en mi puesto, ¿qué haría?” Un soldado trae un mapa y lo extiende sobre la mesa delante del general.
Napoleón mira con detenimiento el mapa, señala algo en él y sentencia como saliendo de un trance: “Una vez que conquistemos el fuerte de La Aiguillette, los ingleses abandonarán el pueblo”. El general suelta una carcajada y, con él, el resto de los militares. Napoleón permanece tranquilo. Las risas se extinguen, y queda claro que con ese simple destello de perspicacia (conquistar el fuerte), Napoleón ha cautivado la lealtad de todos, salvo la del general.
Este, como era de esperar, sigue adelante con su estrategia y fracasa estrepitosamente. París le depone. El general que le reemplaza hace caso de los consejos de Napoleón y toman el fuerte. La idea de Napoleón surte efecto y marca el comienzo de su glorioso ascenso.
La escena de la película de Gance es bastante exacta según se desprende de las crónicas de la época, excepto en una cosa: el destello de perspicacia de Napoleón (el coup d’oeil) no tiene lugar de repente, tras la pregunta del general. Napoleón trabajó durante días sobre el asunto, hablando de ello con otros oficiales del ejército francés. Los historiadores militares conocen con certeza los elementos que Napoleón reunió en su mente para dar con su idea ganadora: los mapas topográficos, el cañón ligero, la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos y el sitio de Orleáns.
Los mapas topográficos existían desde hacía cientos de años, pero fue Napoleón el primero en utilizarlos de forma sistemática en el campo de batalla. En el mapa de Toulon, Napoleón se dio cuenta rápidamente de la existencia de un fuerte sobre una colina que dominaba todo el puerto. Los cañones ligeros tampoco los inventó Napoleón (existían desde diez años antes). Estos cañones, a diferencia de los que habían defendido los castillos durante siglos, se podían trasladar fácilmente a la colina donde se encontraba el fuerte.
El tercer elemento en la estrategia de Napoleón fue la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos. En el sitio de Boston, Henry Knox tuvo la idea de llevar cañones a los Dorchester Hights para dominar el puerto. Los británicos fueron presa del pánico al pensar que podrían cortarles el camino hacia sus navíos y huyeron despavoridos. Lo mismo ocurrió en el sitio de Yorktown, la batalla definitiva librada por el general George Washington que puso fin a la guerra. Toulon tuvo lugar 12 años después de Yorktown.
El cuarto elemento de la estrategia de Napoleón fue el sitio de Orleáns cuando, en 1429, Juana de Arco salvó a Francia de ser conquistada por Inglaterra. Se hizo con la fortaleza de Orleáns indirectamente, tomando pequeñas fortificaciones alrededor de la ciudad en lugar de luchar directamente contra la fortaleza principal.
En la batalla de Toulon estos cuatro elementos estaban presentes en la mente de Napoleón. Podemos ver en este ejemplo que el destello de perspicacia de la intuición estratégica se forma a partir de elementos diversos, muchos de ellos fuera del ámbito de trabajo de la persona en cuestión. Y esto es precisamente lo que hace que esos destellos sean mucho más intensos cuando todas las piezas se juntan. Napoleón nunca había librado una batalla como la de Toulon, pero fue capaz de encontrar en las “estanterías” de su mente las claves que habían resuelto en batallas previas diferentes aspectos del problema que Toulon planteaba. La combinación era nueva, pero no los elementos que formaban dicha combinación.
Ahora podemos entender lo que Carl von Clausewitz quiso expresar con el “coup d’oeil”. Él explica en cuatro pasos cómo se producen los destellos de perspicacia (que es la esencia de la intuición estratégica): ejemplos de la Historia, tranquilidad de espíritu, el destello de perspicacia en sí mismo y resolución.
El pesado libro que Napoleón llevaba consigo en la escena que hemos descrito representa su estudio de la historia militar. Lo que denominamos ‘intuición experta’ recae en la propia experiencia, mientras que la intuición estratégica no es tan restringida, sino que se nutre de la experiencia de otros muchos.
El segundo elemento de un chispazo de perspicacia es lo que podemos denominar como tranquilidad de espíritu. Se libera la mente de todas las expectativas e ideas previas que pueda albergar e, incluso, la propia mente se vacía del objetivo que persigue. El general de Toulon tenía una meta preconcebida: tomar al asalto la ciudad a espada y bayoneta. Por el contrario, todo lo que quería Napoleón era dirigir la artillería para ayudar en el asalto. Napoleón liberó su mente de todo objetivo previo y dio con una solución totalmente distinta: en lugar de echar a los británicos de la ciudad (objetivo del general), haría que se fueran por su propio pie.
El tercer paso es el propio chispazo de perspicacia. En una mente liberada, elementos seleccionados de varios ejemplos del pasado se reúnen en una nueva combinación. Napoleón conocía la historia militar, pero no sabía de antemano qué elementos se iban a aunar en su mente en ese preciso momento.
El último elemento que se da en la intuición estratégica es la resolución. No solo se ve lo que hay que hacer, sino que se está preparado para hacerlo. El destello se acompaña con la fuerza que impulsa a emprender una acción. Este es un componente trascendental, pues lo primero que puede ocurrir es que un general todopoderoso se ría en tu propia cara. Se necesita resolución para dar un paso al frente y poner en práctica lo que el destello de perspicacia aconseja hacer.
Llegados a este punto, es posible que el lector avezado se pregunte lo siguiente: si la intuición estratégica es la pieza clave en una estrategia tal y como von Clausewitz la veía, y si von Clausewitz es considerado una autoridad en estrategia, ¿cómo es posible que los principios de la intuición estratégica no sean tan conocidos en el campo actual de la estrategia? Dicho de otra forma: ¿difiere en algo el concepto de intuición estratégica con el concepto de estrategia tal y como se conoce popularmente hoy en día?
La respuesta a estas dos preguntas tiene que ver con un competidor de von Clausewitz, el barón Antoine Jomini. Fue la versión de la estrategia de Jomini la que primero se impuso en las academias militares y después en los negocios y otros sectores.
El libro de Jomini, El resumen del Arte de la Guerra, se publicó en 1838, solo seis años después del de von Clausewitz. Jomini trabajó junto a Napoleón entre 1804 y 1813. Utilizó este estatus de conocedor de primera mano del emperador para proclamar que su estudio era el más exacto acerca de los secretos del éxito de Napoleón. El libro de Jomini pronto se vio catapultado al éxito y se convirtió en el manual de consulta de las academias militares de todo el mundo, en el que se explicaban con “claridad” los tres ámbitos de la ciencia militar: estrategia, táctica y logística.
Mientras que von Clausewitz nos habla de intuición estratégica, Jomini desarrolla la planificación estratégica. El pensamiento básico de Jomini respecto a la estrategia se resume en tres pasos: primero hay que determinar dónde se está (Punto A); después hay que decidir dónde se quiere estar (Punto B); y, finalmente, se traza un plan para ir del Punto A al Punto B. En esta formulación se puede reconocer el mismo tipo de planificación estratégica con el que la mayoría de las empresas trabaja hoy en día.
Los tres pasos de la planificación estratégica de Jomini son completamente diferentes de los cuatro pasos de la intuición estratégica de von Clausewitz. Sin embargo, los dos autores reclaman que sus teorías derivan de Napoleón ¿Es posible que ambos estén en lo cierto? Para Jomini, se gana porque se tienen más fuerzas que el enemigo en el punto objetivo. Para von Clausewitz, se gana porque se tienen mayores fuerzas en el punto decisivo. En la visión de Jomini se elige en primer lugar la meta y entonces se traza un plan para conseguirlo. Según von Clausewitz no se comienza con una meta preconcebida.
En el ejemplo de Toulon el general tenía su meta: conquistar la ciudad. Diseñó un plan para mover a su ejército desde el punto A al B y conquistar este. Eso es pura planificación estratégica estilo Jomini. Por el contrario, la intuición estratégica de Napoleón le mostró un punto decisivo: el fuerte de La Aiguillette.
En campo abierto, Napoleón solía mover a su ejército de lado a lado, buscando un punto decisivo para ganar una batalla. Si no encontraba ese lugar idóneo, seguía moviéndose. En sus memorias, Napoleón apoya con sus propias palabras la teoría de von Clausewitz:
El arte de la guerra consiste, con un ejército numéricamente inferior, en tener siempre más fuerzas que el enemigo en el punto que debe ser atacado o defendido... Es una forma intuitiva de actuar que constituye el genio de la guerra”.
Napoleón necesitaba una fuerza superior donde quiera que se diera la batalla. Ese era su punto decisivo. No marcaba un punto objetivo y dirigía su ejercito hacia él. Sin embargo, los tres pasos de Jomini eran mucho más fáciles de entender que los cuatro de von Clausewitz. El ejército norteamericano abrazó los tres pasos de Jomini. Cuando este ejército se dividió en la Guerra Civil, los dos bandos siguieron las ideas de Jomini. Esto explica las terribles y sangrientas batallas que tuvieron lugar, pues ambas partes elegían el mismo objetivo y marchaban impasibles hacia él. Lo mismo ocurrió en el tipo de batalla que predominó en la Primera Guerra Mundial. Solo en la Segunda Guerra Mundial, el general Patton, firme seguidor de las ideas de von Clausewitz, logró cambiar este devenir de las batallas.
Según von Clausewitz, el resultado de una guerra depende de lo que ocurre durante esa guerra, que a su vez depende de los destellos de perspicacia. No se puede predecir el resultado de antemano. La intuición estratégica es una disciplina no lineal, ya que el cambio o el éxito que, por ejemplo, crea o transforma las empresas y negocios, depende de esos destellos. Muchos aspectos de la vida humana son predecibles, pero lo que logra fundirse en la mente de una persona en un determinado momento nunca lo será.

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Biografía del autor

William Duggan

William Duggan es profesor asociado de gestión de empresas en la Columbia Business School, donde imparte clases de intuición estratégica. Tiene tras de sí veinte años de experiencia como consultor de estrategia.

Ficha técnica

Editorial: Columbia University Press

ISBN: 9780231142687

Temáticas: Técnicas de creatividad Liderazgo

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Comentarios

Un concepto increíble que nunca antes me habían enseñado

Me ha encantado!