Fluir en los negocios

Resumen del libro

Fluir en los negocios

Por: Mihaly Csikszentmihalyi

Cómo crear un entorno laboral donde los empleados puedan disfrutar de un trabajo gratificante
Lectores 275
Favorito 28
Comentarios 5
A+

Introducción

 

Nuestros trabajos determinan en gran medida nuestras vidas. A muchos el trabajo les pone enfermos: les impide sentirse personas realizadas; les avergüenza lo que tienen que hacer allí. Sin embargo, no tiene por qué ser siempre así. En el trabajo también podemos encontrar mucho placer y realización si colectivamente emprendemos una serie de acciones concretas. Si las empresas que contratan a la mayoría de la población solo se ocupan de satisfacer la codicia de los propietarios a costa de las condiciones laborales, de la estabilidad de la sociedad y de la salud medioambiental, es bastante probable que la calidad de nuestras vidas y la de los nuestros hijos empeore en el futuro.
En una época en la que la empresa y el trabajo ocupan el lugar que antes ocupaban la religión y la política, este libro revela cómo los directivos empresariales, los gerentes y los empleados pueden aprender a “fluir” y así contribuir tanto a la propia felicidad como a la creación de una sociedad más justa y creativa.
El autor identifica los factores esenciales que hacen “fluida” una empresa: la confianza, el compromiso, el crecimiento personal de los empleados y la dedicación a la creación de un producto que ayude a la humanidad.
Fluir en los negocios es un libro imprescindible para todo aquel que valore la contribución de las personas en el mundo de la empresa.

 

El negocio de la felicidad

Los filósofos han sostenido desde siempre que la felicidad es la meta última de la existencia. Afirmar que los negocios y la felicidad tengan algo que ver puede parecer increíble, porque, para la mayoría de las personas, el trabajo no es más que un mal necesario o una carga. Sin embargo, ambas cosas están íntimamente unidas. Los negocios existen fundamentalmente para aumentar el bienestar de la humanidad. La producción y el intercambio de productos únicamente tienen sentido si asumimos que mejoran la calidad de nuestra experiencia. Los clientes están dispuestos a pagar por productos y servicios que creen que los harán felices.
Un producto o servicio valioso es aquel que los clientes perciben como el que los hace felices. Las oportunidades empresariales consisten en descubrir nuevas formas de respuesta a ese anhelo. Por ejemplo, los primeros transistores electrónicos creados en los laboratorios Bell se consideraban de poco valor de mercado, por lo que se le vendió a Sony la patente. La empresa japonesa tuvo la idea de colocarlos en radios portátiles, porque dedujo correctamente que la gente era más feliz cuando escuchaba música que cuando no la escuchaba. De este modo se creó un mercado totalmente nuevo para la tecnología electrónica avanzada, motivado por el deseo de conseguir la felicidad. Más veces de lo que queremos reconocer, la marcha de la tecnología está basada en la esperanza de que, al final, conduce a la felicidad.
Otra relación importante entre la felicidad y los negocios es que no podemos embarcarnos en la producción y en la distribución solos: siempre habrá un grupo de personas implicado, tanto si se trata de una empresa pequeña como de un gran consorcio que emplea a decenas de miles de personas. Una organización empresarial cuyos empleados son felices es más productiva, tiene la moral más alta y cambia menos de personal. Por consiguiente, cualquier directivo que desee la prosperidad de su empresa necesita saber qué es lo que hace feliz a la gente y poner en práctica ese conocimiento de la forma más eficaz posible.
Visto desde este ángulo, un “buen negocio” no se limita a generar ganancias, sino que contribuye genuinamente a la felicidad humana. Por otra parte, un “mal negocio” es aquel que no lo hace. Es difícil establecer con exactitud la diferencia entre ambos, pero es útil distinguir entre contribuciones valiosas y aquellas que solamente imitan un “buen negocio”, sin proporcionar una satisfacción duradera. Esto lo vemos en anuncios fraudulentos, como los que venden medicamentos sin ningún poder curativo o terrenos sin agua, o en la tentación de recurrir a prácticas ilegales como sobornos y cohechos.
Otro tipo de mal negocio es el estímulo de nuevos deseos que no aportan nada al bienestar humano. Nuestro deseo por obtener determinados símbolos de estatus, como coches nuevos, casas más grandes, vacaciones más caras…, nos lleva a un estilo de vida agotador, donde cada vez trabajamos más horas. Al mismo tiempo, perdemos la oportunidad de crecer como individuos, de alcanzar una autoestima digna o de forjar relaciones sólidas.
Los dos pilares de la felicidad. Un desarrollo completo de nuestros potenciales, condición fundamental de nuestra felicidad, depende de la presencia simultánea de dos procesos.
El primero es la diferenciación, que implica darnos cuenta de que somos personas únicas, responsables de nuestra supervivencia y bienestar, y que estamos dispuestos a desarrollar nuestra singularidad hasta donde esta quiera llevarnos.
El segundo proceso es la integración o el darnos cuenta de que, por únicos que seamos, también estamos completamente involucrados en redes de relaciones con otros seres humanos, con símbolos culturales y con el entorno natural que nos rodea.
Una persona totalmente diferenciada e integrada es un individuo complejo, alguien que tiene las mejores oportunidades de tener una vida feliz, vital y con sentido. Para tener éxito hemos de disfrutar haciendo lo que hacemos lo mejor que podamos, a la vez que contribuimos a algo que nos transciende.
La felicidad en acción. Contrariamente a lo que piensa la mayoría, la felicidad no es algo que simplemente suceda: es algo que creamos y que surge como consecuencia de poner todo nuestro empeño en hacer bien las cosas. Sentirnos realizados cuando vivimos de acuerdo con nuestros potenciales es lo que motiva la diferenciación y conduce a la evolución. A la experiencia de la felicidad en acción se la conoce como disfrute o la estimulante sensación de estar totalmente vivos. El placer puede motivar también, pero no fomenta el cambio, sino que nos hace desear satisfacer las necesidades existentes, alcanzar el equilibrio, la comodidad y la relajación. Aunque no sea negativa en sí, el problema con la búsqueda de placer es que no nos permite evolucionar.
Por otra parte, el disfrute no siempre es agradable y muchas veces puede resultar estresante. En el momento en el que se experimenta, el disfrute puede ser físicamente doloroso y mentalmente agotador, pero, dado que es un triunfo sobre la entropía y la descomposición, nutre nuestro espíritu. Los bailarines sacrifican toda su vida a la férrea disciplina de su arte, renunciando a la mayoría de los placeres de la vida, solo para sobresalir.
La experiencia de fluir. Cualquiera que sea el contexto en el que las personas tienen una profunda sensación de felicidad, todas ellas describen su experiencia de forma similar.
Independientemente de la edad, el sexo, la educación o la actividad que realicen, lo que sienten es un “fluir”, la experiencia de sentirse transportadas por una fuerza externa, de moverse sin esfuerzo dentro de una corriente de energía y de estar en los momentos de disfrute supremo.
La tarea que están llevando a cabo las absorbe de tal manera en su complejidad que se quedan totalmente abstraídas en ella. Ya no existe distinción entre pensamiento y acción, entre el sujeto y su entorno.
Son ocho las condiciones que hacen posible la experiencia de fluir:
  1. Las metas están claras. Para que una persona se sienta totalmente implicada en cualquier actividad es esencial que tenga claro qué tareas ha de realizar en cada momento. La meta que hace que un jugador de ajedrez esté concentrado no es ganar la partida, sino conseguir una posición estratégica con el siguiente movimiento o serie de movimientos.
  2. El feedback es inmediato. Concentrarse en cualquier actividad es harto difícil para las personas a menos que reciban a su debido tiempo información actualizada sobre cómo la están desarrollando. La sensación de estar totalmente implicado en algo, típica de la experiencia de fluir, se debe en gran parte a saber que lo que uno hace tiene importancia y consecuencias. El feedback puede venir de los compañeros o supervisores que valoran nuestro rendimiento, aunque lo mejor es que sea la propia actividad la que nos lo proporcione.
  3. Un equilibrio entre la oportunidad y la capacidad. Es más fácil implicarse por completo en una actividad si creemos que la podemos hacer. Si nos parece fuera de nuestro alcance sentiremos ansiedad, y si es demasiado fácil nos aburriremos. La condición ideal para que el flujo se produzca es que el reto y la habilidad sean altos y estén equilibrados.
  4. La concentración se vuelve más profunda. Cuando la implicación atraviesa cierto grado de intensidad, ya no tenemos que pensar en lo que tenemos que hacer, sino que actuamos de manera espontánea. Nos encontramos dentro de nuestro objetivo, interacción o actividad. Son los momentos en los que la distinción entre el yo y nuestra actividad desaparece.
  5. El presente es lo que importa. Cuando estamos en el estado de fluir, la tarea que estamos realizando exige una atención completa, las preocupaciones y problemas que tanto nos molestan en la vida cotidiana no se registran en la mente. Esta es la razón por la que una experiencia agradable produce un estado extático y la sensación de estar en un mundo distinto.
  6. El control no es un problema. Cuando la gente describe sus experiencias de fluir, una de las cosas que menciona es una fuerte sensación de control de la situación. En un mundo claramente circunscrito a un flujo de actividad, sabemos que, mientras respetemos sus desafíos y desarrollemos las habilidades apropiadas para hacerlos frente, tenemos bastantes posibilidades de salir airosos de la situación.
  7. El sentido del tiempo queda alterado. Un elemento típico de la experiencia de flujo es que el tiempo se experimenta de forma distinta. Muchas veces, esto significa que notamos que el tiempo vuela cuando hacemos algo que nos gusta.
  8. La pérdida del ego. En muchas de las experiencias del fluir tendemos a olvidarnos, no solo de nuestros problemas y entorno, sino también de nosotros mismos. Es como si la conciencia de nuestra persona quedara temporalmente suspendida. Es otro de los resultados del intenso enfoque de la atención, que aparta de nuestra conciencia cualquier cosa que no esté directamente relacionada con la tarea que estamos realizando.
Hacer algo por puro placer no solo tiene importancia cuando se trata de juegos o arte, sino también en la vida real, en que nos vemos obligados a trabajar duro en un ambiente a menudo hostil. Para apreciar plenamente el valor que tiene el fluir, hemos de darnos cuenta de que cualquier cosa puede proporcionarnos alegría si cumple las condiciones antes mencionadas.
Dentro de ese marco, realizar un trabajo aparentemente aburrido puede ser una fuente de plenitud insospechada. Incluso podemos disfrutar de un trabajo en el que hemos estado estancados durante un tiempo, intentando hacerlo cada vez mejor, más rápido o con mayor eficiencia.
Fluir y crecimiento. Fluir nos ayuda a que nos sintamos mejor en un momento dado, nos permite experimentar el potencial del cuerpo y de la mente trabajando al unísono. No obstante, lo que hace que el flujo sea aún más significativo es su capacidad para mejorar nuestra calidad de vida a largo plazo. El flujo supone el equilibrio entre los retos y las habilidades. Una buena actividad para fluir es la que presenta una gama muy alta de oportunidades para mejorar. Así, por ejemplo, tocar el piano proporciona una gama de retos casi infinita, por lo que invita al crecimiento. Si uno quiere seguir fluyendo, ha de progresar, aprender más habilidades y ascender a nuevos niveles de complejidad.
En el trabajo, en la medida en que nos podamos sentir obligados a superarnos y respaldados, que haya variedad y mayores posibilidades de aprender y de usar al máximo nuestras facultades, se producirá el flujo. La variedad en el trabajo y el apoyo de un supervisor son las razones que más se mencionan para conseguir la satisfacción de los empleados.
La creación del capital psicológico. El disfrute que experimentamos cuando fluimos es el equivalente psicológico de crear un capital, mientras que el placer sería el consumo. El término capital, tal y como se emplea en la economía, se podría definir como ‘los recursos retenidos del consumo inmediato con la esperanza de conseguir mayores beneficios en el futuro’. Entendido así, y por controvertido que suene, el capital ha sido el principal medio, si no el único, de conseguir un progreso. Un dique o un hospital no se podrían construir sin emplear recursos que sería más fácil consumir inmediatamente, y no construiríamos ninguno de ellos si no creyéramos que iban a proporcionar mayores beneficios en el futuro.
El recurso más consumido durante la actividad más placentera no es otro que la atención. La atención es la facultad del cerebro para procesar la información y dirigir la acción. Es energía psíquica que, al igual que la física, es imprescindible para realizar cualquier trabajo.
La energía psíquica se consume cuando la atención que invertimos no produce ningún cambio en la mente, cuando no se graban recuerdos duraderos ni se desarrollan nuevas habilidades. Cuando una persona utiliza una fracción de su vida sin que surja nada complejo de ese acto, malgasta su energía psíquica. Por el contrario, acumula su capital psíquico cuando la atención invertida da como fruto una conciencia más compleja: habilidades más refinadas, una mayor comprensión de un tema o una relación más profunda. Esto suele producirse cuando empleamos nuestras habilidades para enfrentarnos a retos mayores, es decir, cuando fluimos.
Cualquier actividad compleja es más rara y difícil de conseguir que una similar en una forma más simple. Por ejemplo, hay menos saltadores que puedan superar una barra a una altura de 1,82 metros que a una de 1,52 metros, y todavía hay menos que puedan saltar 2,13 metros. Cada centímetro de altura refleja una actuación más compleja, cada vez menos común, porque no hay muchas personas que hayan nacido con el físico para conseguirlo y porque requiere más tiempo y esfuerzo para llegar a ser dominada. Cada centímetro requiere no solo una mayor inversión de energía psíquica, sino también un mayor compromiso de capital social en forma de tutoría, equipamiento, viajes, etc. La complejidad no es barata; cualquier cosa sobresaliente y duradera tiene su precio, bien sea material, bien psicológico.
Esta es la razón por la que las personas que aprenden a invertir su energía psíquica en actividades complejas tienen la oportunidad de llegar a ser más complejas ellas mismas. Los individuos que aprenden un estilo de vida que les presenta retos y en el que han de trabajar mucho son más felices y están más satisfechos con lo que hacen.
Muchas de las actividades complejas y desafiantes están tan mal diseñadas que, en lugar de ayudarnos a fluir, nos producen ansiedad o aburrimiento. Los elementos de cadena de montaje que a menudo aplicamos a la educación en general no producen satisfacción ni ayudan a que las personas aprendan. Lo mismo sucede con el trabajo: aunque la mayoría de las personas disfrutan cuando sienten que fluyen, muy pocos trabajos están diseñados para que esto suceda.
Es aquí donde la dirección puede cambiar realmente las cosas. Hay mucho que un directivo medio puede hacer para que sus empleados tengan la sensación de “fluir” en sus puestos de trabajo. Si una persona se interesa verdaderamente por los resultados finales, la prioridad es eliminar los obstáculos para fluir en todos los niveles de la empresa y sustituirlos por prácticas y políticas empresariales diseñadas para que el trabajo se vuelva más agradable.

Para continuar leyendo

Biografía del autor

Mihaly Csikszentmihalyi

Mihaly Csikszentmihalyi (pronunciado como chik-sent-mijayi) nació en 1934 en Fiume, Italia (en la actualidad Rijeka, Croacia), en el seno de una familia húngara. Tras sufrir las calamidades de la Segunda Guerra Mundial y después de recorrer el continente europeo, llegó a Estados Unidos en 1956 con apenas 1,25 dólares en los bolsillos. Allí consiguió ingresar en la Universidad de Chicago para realizar estudios de psicología. En 1965 obtuvo su doctorado en dicha facultad, de la que luego sería profesor y decano, y desde entonces ha liderado una de las áreas más productivas de la investigación psicológica contemporánea. Ha logrado el reconocimiento mundial por sus obras sobre la naturaleza de la felicidad y la creatividad, que han sido traducidas a múltiples idiomas y son referencia obligada en campos diversos de la psicología y los negocios. Csikszentmihalyi dirige actualmente el Quality of Life Research Center (QLRC).

Ficha técnica

Editorial: Kairós

ISBN: 9788472455603

Temáticas: Recursos humanos Mejorar el clima laboral

Comprar el libro

Si has leído el resumen y quieres profundizar más, te recomendamos comprar el libro completo, en papel o ebook, haciendo click aquí

Comentarios

Fluir es algo que podemos practicar a diario si no hemos enfrentado "problemas destacados" estamos desperdiciando nuestra energía psiquica. Tenemos la capacidad de fluir en cualquier tarea que hagamos, esto incluye fluir en el trabajo y fluir en nuestra vida personal.

Chavales ya voy por 200 libros, me da a mi que el concurso me lo llevo yo.

Según veo en tu perfil ya te has leído todos los libros de Leader sumaries, ¿te han dado el premio ya?

Tan rápido como lo haces?

Me ha encantado como me ha hecho ver este libro el verdadero potencial de una empresa que se autorrealiza