El engaño de Ícaro

Resumen del libro

El engaño de Ícaro

Por: Seth Godin

El mundo está lleno de personas ordinarias que hacen cosas extraordinarias y tú puedes ser una de ellas
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Introducción

 

¿Quién fue Ícaro? El hombre que, según nos cuentan, murió por culpa de su orgullo desmedido. Hizo unas alas de cera para él y otras para su padre con el fin de liberarlo de su cautiverio, pero voló demasiado alto. Se acercó al sol, se le derritieron las alas, cayó al mar y pereció. Ya se lo había advertido su padre: no vueles demasiado cerca del sol. La lección es que no debes creer que eres mejor de lo que eres y, sobre todo, que jamás pienses que puedes hacer lo que hace un dios. Sin embargo, lo que no te han contado es que Dédalo, el padre de Ícaro, también le dijo que no volase demasiado cerca del mar, porque el agua echaría a perder la fuerza impulsora de sus alas.
Es mucho más peligroso volar demasiado bajo que demasiado alto porque crees que lo primero es más seguro. Construimos una zona de confort en torno a la obediencia y la invisibilidad, y el resultado es que estamos demasiado cerca de las olas. Sin embargo, esta zona de confort ya no coincide con la zona de seguridad, que está en la creación interminable y en una conexión personal cada vez más profunda.
Los pilares de nuestra nueva sociedad son las ideas que se difunden y conectan lo desconectado. En otras palabras, en crear arte. La mala noticia es que los artistas no son invulnerables. La nueva zona de seguridad ya no es tan cómoda como la anterior. Por eso quiero que cada vez más personas pongan en práctica una forma diferente de trabajar y de pensar en su trabajo. Este libro explica por qué todos nosotros deberíamos crear “arte”, por qué vale la pena y por qué no podemos esperar. El mundo está lleno de personas ordinarias que hacen cosas extraordinarias y tú puedes ser una de ellas.

 

Obligados a crear arte: el trabajo que vale la pena

El arte es lo que hacemos cuando estamos vivos de verdad, y un artista es una persona que utiliza la valentía, la perspicacia, la creatividad y la audacia para cambiar el statu quo. En nuestro tiempo abundan las cosas que comprar y las personas a las que contratar. Ya no escasean el trabajo de alta calidad ni las aptitudes. Lo que escasea es la confianza, la conexión y la sorpresa. Estos son los tres elementos que integran la obra de un artista de éxito. El espíritu emprendedor, el servicio al cliente, los inventos, la tecnología, la conexión y el liderazgo son las nuevas artes interpretativas, visuales y personales.
Por tanto, sé bienvenido a la economía de la conexión en la que, si inviertes en productos y servicios excepcionales, no tendrás que gastarte el dinero en publicidad, ya que los consumidores se pondrán en contacto contigo y ganarás más clientes. La atención y la confianza son infinitas, aunque también entrañan vulnerabilidad, riesgo y dolor. Pero también valentía, que es la voluntad de decir la verdad sobre lo que ves y ser dueño de lo que dices. Sin embargo, la nueva economía ha echado por tierra la idea de que debes hacer lo que te digan, y que si no te arriesgas podrás ganarte la vida. Ganarse la vida es ahora más difícil que nunca. Las alternativas dependen de ti.
Lo cierto es que la economía de la conexión nos obliga a crear arte porque la era industrial está muriéndose aunque nos rodeen los restos de sus creencias y expectativas. En 1959, el psicólogo David McCelland publicó un artículo en el que explicaba por qué algunos momentos de la historia se distinguen por un rápido crecimiento y otros no. Lo que tienen en común los grandes éxitos suele ser que hay muchas personas a las que les importa tener éxito. La pregunta es la siguiente: ¿nos alienta la cultura a tener sueños importantes?
Ahora las empresas se dan cuenta de que el tiempo que sus empleados invierten en los clientes crea más valor que una máquina nueva. Nuestro éxito no consiste en ser líder de los precios bajos, sino de la confianza. En la era industrial, la estandarización era obligatoria porque sin ella no cabía la posibilidad de industrializar. Pero en la nueva zona de seguridad no nos encontramos rodeados de un mercado de masas, sino de personas singulares, de los pocos a los que de verdad les importa aquello de lo que somos capaces.
Internet y la economía de la conexión le han dado la vuelta a la economía de masas. Ahora es más barato y más eficiente fabricar productos sorprendentes y vanguardistas para las personas singulares. La consecuencia de esto es que, si nos limitamos a prevenir, no generaremos crecimiento ni aprovecharemos la infinidad de conexiones que podemos establecer. La nueva economía es como el arte, no hay respuestas correctas, sino interesantes, y funciona porque acoge al individuo, no a la masa; a los diferentes, no a los normales.
Afortunadamente, el arte no solo es posible, sino inevitable si le damos una oportunidad. En la era posindustrial, el arte es una costumbre, un proceso gradual que nos permite crear cada vez más arte. Lo que importa es la confianza, el permiso, la singularidad, las historias que se divulgan y la humanidad (conexiones, compasión y humildad). ¿A quién echamos en falta? A la persona que escucha y a la que nos ofrece originalidad y comprensión. Y no nos arriesgamos para difundir algo obvio o trillado. En definitiva, debemos fomentar la originalidad enfocando con frescura un problema antiguo y añadiendo un toque humano del que valga la pena hablar.
Por tanto, las conexiones exigen un esfuerzo emocional. Un poco más de esfuerzo emocional suele devolvernos mucho. Lo que importa es cuánta gente te echará de menos si mañana no vuelves. Esta reputación nos ofrece la oportunidad de forjarnos una aún mejor, ya que los contactos se multiplican y aumentan su valor. A su vez, la economía de la conexión permite que cualquiera dé un paso y haga una oferta. No necesitas más actividad, sino ahondar más. Elígete a ti mismo y pregúntate cuántas responsabilidades estás dispuesto a asumir antes de que te las asignen.
Hoy en día, todos somos artistas, o por lo menos todos tenemos la oportunidad de serlo. Lo único que nos lo impide somos nosotros mismos. De hecho, los inversores en capital riesgo nunca eligen a fundadores de empresas que simplemente quieren cambiar de trabajo, sino a consejeros delegados comprometidos con el aspecto humano que han decidido emprender este viaje porque es la mejor y única manera de expresarse, liderar y conectar. Una vez más, lo que se exige en la actualidad es esfuerzo emocional.
El escritor Michael Schrage quiere que te preguntes en qué quieres que se conviertan tus clientes. El industrialista se centra en satisfacer las necesidades del momento obteniendo un rendimiento máximo. El artista está obsesionado con las conexiones y con los cambios. Por lo tanto, tu misión consiste en establecer conexiones que importen. Pero ¿cómo conseguirlo? ¿Qué actitud tomar? ¿Con qué mentalidad debemos trabajar?
Recurriendo a los mitos como caminos que recorrer y cadenas que romper. Por ejemplo, en el caso de Ícaro, la parte olvidada de la historia es que no debemos menospreciarnos, sino aprovechar las oportunidades que se nos presentan. El supuesto orgullo desmedido de Ícaro es en realidad la voz para desafiar a la autoridad y las agallas para alzarte y expresarte. No te creas la propaganda ni te conviertas en la persona en la que quieren que te conviertas.
Nos enseñan a no crear problemas, a seguir al líder y a encajar. También a enseñar obediencia, a confiar en que el sistema nos cuidará y a no volar demasiado cerca del sol. El sistema antiguo te hizo popular porque encajabas. El nuevo te ofrece la oportunidad de destacar. El arte requiere orgullo y desobediencia. El orgullo de la creación y la desobediencia de alterar el statu quo.
Si deseas verte creando arte, adopta costumbres nuevas. Abandona el hábito de ignorar los comentarios negativos y sustitúyelo por el cálculo de las fronteras que has cruzado en el día. Siéntate solo y en silencio, aprende algo nuevo que aparentemente no tenga beneficio práctico y pídele a la gente que te dé su opinión sincera. Invierte tu tiempo en animar a otros artistas, enseña con la intención de producir un cambio y divulga algo que hayas creado tú mismo. Tu trabajo no consiste en trabajar, sino en decidir qué hacer a continuación.
No todos somos emprendedores, pero sí somos capaces de convertirnos en artistas, y todos los artistas son productores artísticos que descubren talentos, organizan espectáculos y venden entradas. Los artistas ven el mundo como una serie de proyectos que realizar y conexiones que establecer. Arnold Toynbee estudió las visiones del mundo dominantes en docenas de civilizaciones a lo largo de miles de años y las clasificó en culturas que veían ganadores y perdedores, y culturas que se centraban en las reacciones ante los desafíos.
La oportunidad consiste en abandonar temporalmente la incredulidad, ponerte el hábito de artista e imaginar qué sucede cuando ves el mundo de las conexiones como una ocasión, y no como un problema pendiente de resolver. En nuestro mundo la única alternativa es el orgullo desmedido en el que el futuro pertenece a aquellos que estén dispuestos a actuar como los dioses de nuestros mitos. Mientras no suframos una escasez de humildad seguiremos volando demasiado bajo. En otras palabras, debemos comprometernos con una vida llena de riesgos audaces y emocionales. El arte no es un suceso, sino un proceso. Cuando tu arte fracase, crea algo mejor.
El obstáculo es que hemos creado una cultura que nos lleva a mantener la cabeza gacha y a obedecer. Es la amenaza sobreentendida de que si das un paso en falso pueden despedirte, marginarte, expulsarte y exiliarte de la comunidad. Pero los artistas no pueden ser frágiles. El trabajo es una serie de proyectos y problemas que resolver, no un entorno impoluto y predecible donde insumos refinados generan resultados cada vez más refinados. Ser un dios no es ser perfecto, sino valiente.
El coraje es nuestro futuro, nuestro mejor y más brillante futuro. Quizá sea la única esperanza que nos queda. Este coraje es una sacudida inesperada, la decisión que no puede cambiarse, la insistencia en una visión o la ética de un creador. El coraje obstaculiza los compromisos a corto plazo del industrialista. La psicóloga Angela Duckworth y otros han definido los elementos que, combinados, confieren a una persona un coraje elevado: perseverancia (objetivos y pasión por ellos); fortaleza (las palizas son parte del trabajo); resistencia (los obstáculos son un proceso de aprendizaje, no una molestia); ambición; compromiso; y flujo (enfrascarse). Las organizaciones que buscan crecer y generar valor no tienen otro remedio que contratar a personas que representan algo, personas con coraje.
Tal vez la única pregunta que debemos hacernos ahora es esta: ¿es demasiado tarde para encontrar coraje, para invocar tus talentos? No, mientras no eches la culpa al sistema, ya que este no funciona. Entonces ¿por qué confiaste en él?

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Biografía del autor

Seth Godin

Seth Godin es uno de los mayores gurús del marketing surgidos en los últimos tiempos. Autor de bestsellers, emprendedor y agente del cambio, sus polémicos e innovadores libros, como La vaca púrpura, The dip o Los profesionales del marketing mienten, han vendido millones de copias en todo el mundo y se han posicionado en los primeros puestos de las listas de los más vendidos de Amazon, Business Week o New York Times. Es asimismo autor del blog sobre empresa más famoso del mundo: www.sethgodin.com. Además de su prolífica carrera como escritor, es también un reconocido conferenciante.

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Comentarios

Me encanto muy buen libro, sal de tu zona de conford y crea arte