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Resumen del libro

El arte de presentar

Por: Gonzalo Álvarez Marañón

Cómo planificar, estructurar, diseñar y exponer presentaciones
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Introducción

¿Recuerdas cuando te hacían salir a la pizarra en clase? La mayoría sentimos terror cuando llega el momento de exponer nuestras ideas en público. No es de extrañar, pues no es algo que se suela enseñar en los colegios. Aún hoy en día, el canal de transmisión de conocimiento del profesor al alumno es oral. En cambio, el de retorno, de alumno al profesor, es escrito. ¿Cuál es el resultado? No nos gusta destacar.

Cuando nos toca realizar una presentación, preferimos refugiarnos detrás de diapositivas antes que salir a hablar a pecho descubierto. Volcamos datos desde la cabeza en vez de contar historias desde el corazón. En respuesta a esta situación, Gonzalo Álvarez Marañón propone un cambio completo de paradigma: dejar de ver las presentaciones como un mal trago y esmerarnos en crear un regalo para la audiencia.

Gonzalo propone ver las presentaciones como oportunidades para comunicar ideas que cambien a los oyentes a través de la historia, el diseño y la pasión del ponente. Te transformas en un artista de las presentaciones cuando estas constituyen un regalo personal con el potencial de cambiar a quienes lo reciben.

¿Qué es una presentación en realidad? Una presentación es un acto vivo de comunicación en el que un ponente expone desde el corazón sus ideas delante de una audiencia formada por personas con sus inquietudes, problemas e historias personales con el fin de inspirarles un cambio que mejore su situación actual.

Conoce a la audiencia

Como dijo Ken Haemer, diseñar una presentación sin una audiencia en mente es como escribir una carta de amor y encabezarla con «a quien corresponda». Y es que, cuanto mejor conozcas las necesidades de los asistentes, mejor conectarás con ellos. Mucha gente piensa en hablar en público, pero no en escuchar en público. A los asistentes no les importa cuánto sabes hasta que no saben cuánto te importan.

¿Por qué están aquí?, ¿cuáles son sus expectativas?, ¿cuál es su postura respecto al tema que vas a tratar? Existen prejuicios y filtros perceptivos que no podrás combatir con hechos y estadísticas. Cambiar las opiniones de la gente es una tarea ardua, ya que la mayor parte de nuestro llamado razonamiento consiste en encontrar argumentos para continuar creyendo en lo que ya creemos.

Una presentación es un viaje en el que acompañas a los asistentes desde el estado actual en el que se encuentran; que puede basarse en determinados pensamientos, sentimientos o conductas; al estado deseado por ti, por la organización o por ellos mismos. Estás pidiendo un cambio. Y todo cambio implica un riesgo o un sacrificio.

Si tu audiencia se muestra indiferente o escéptica, recurre entonces a historias, anécdotas, ejemplos, etcétera. Si su resistencia es mayor, anticípate a sus objeciones y desmóntalas con tus argumentos. A quienes se oponen con fuerza tendrás que proporcionarles información nueva que eche por tierra sus creencias y, en última instancia, apelar a su aversión innata a la pérdida.

¿Cuántos son?, ¿quiénes son?, ¿cuánto saben sobre el tema? Debes indagar en sus necesidades, inquietudes y problemas. Si presentas a un grupo pequeño, utiliza preguntas abiertas que permitan a la audiencia expresarse a sus anchas. Por ejemplo, pregunta directamente a un asistente: «¿Qué opinas de este vídeo?». Por otro lado, si presentas en un gran auditorio, puedes plantear preguntas cerradas que se respondan levantando la mano, tales como «¿quién ha sentido rechazo por este vídeo?».

¿Cuál es su profesión, negocio o trabajo?, ¿qué tipo de puestos desempeñan?, ¿cuál es su rango de edad? No es lo mismo hablar a padres preocupados por la influencia de las redes sociales y los videojuegos en sus hijos que a niños que quieren pasar más tiempo realizando estas actividades. Adapta tu lenguaje, conceptos, información y ayudas visuales.

Busca algo en tu conocimiento y experiencia que se pueda relacionar con quienes te escuchan. Adáptate a ellos. Ponte en su piel. En vez de querer impresionar a la audiencia, déjate impresionar por ella. Antes de incluir algo en la presentación, pregúntate qué beneficio obtendrán de ello. No hables de características, habla de beneficios.

El contenido

Una vez conocida tu audiencia, es momento de elaborar el mensaje que quieres transmitir. ¿Cómo vas a solucionar su problema? Es fundamental que tu idea básica quede clara a la audiencia y se la lleve a su casa. Si toda tu charla la encapsularas en una frase, ¿cuál sería?

No te zambullas directamente en el ordenador para crear transparencias con datos y datos sin tener claro qué deseas comunicar. Si no eres capaz de expresar tu mensaje en una frase completa, puedes apostar a que la audiencia tampoco podrá hacerlo.

Pongamos un ejemplo: «el reciclaje urbano» no cumple el requisito. No hay sujeto, verbo y predicado. En cambio: «Recicla tu basura y viviremos en una ciudad más limpia y en un planeta más verde». Aquí tenemos una oración completa con una llamada a la acción clara y un beneficio evidente. La idea ha sido destilada en su esencia más pura, despojándola de todos los detalles, los cuales serán elaborados durante la presentación: evidencias, datos, hechos, planes de acción, etcétera.

No confundas el tema con el mensaje. El problema a partir de un tema más o menos general en lugar de expresar un mensaje claro y definido es que terminarás volcando mucha información sin propósito fijo.

Por otro lado, debes enmarcarte o, de lo contrario, te enmarcarán. Utiliza delimitaciones positivas y negativas. No es lo mismo decir que 9 de cada 10 empresas fracasan que una de cada 10 tiene éxito. Los gobiernos hablan de ajustes, no de recortes. Esta determinación deliberada busca la activación de emociones viscerales, como odio, ansiedad, miedo o euforia.

Y es que el miedo a perder es más persuasivo que la promesa de ganancia. Dicho esto, trata de utilizar marcos positivos. Sírvete de la aversión a la pérdida solo cuando exista una pérdida o amenaza real, porque en caso contrario lo detectarán rápidamente y se sentirán manipulados.

En definitiva, cuanto más concreto seas en la definición de tu mensaje, más fácilmente lo retendrá la audiencia. Algunos ejemplos son iPod, con «Mil canciones en tu bolsillo», o Google, «proporcionando acceso a la información del mundo con un solo clic». Trata de dibujar tu mensaje. Si no puedes, puede que sea demasiado abstracto. Si la asistencia no puede repetirlo, es que no lo ha captado.

Debes inspirar un cambio en la audiencia. La meta última de toda presentación es producir un cambio en la mente, en el corazón o en el comportamiento de los oyentes: que pase de un estado de ignorancia a uno de conocimiento, de un estado de duda a uno de confianza, de uno de inacción a uno de acción o de uno de aburrimiento a uno de distracción.

¿Cuál es el cambio que deseas inspirar?, ¿de qué situación parten, su punto A?, ¿y a qué estado deseas que lleguen, el punto B? ¿Cómo esperas moverlos de A hasta B? ¿Cómo quieres que se sientan? El punto A es la necesidad o desafío específico de la audiencia. El B es el destino del viaje. Por ejemplo, para tener buena presencia en redes sociales, ¿debemos crear una página en Facebook, un perfil en LinkedIn o una cuenta en Twitter? Nos referimos a la situación actual versus la situación deseada.

Tu misión en la presentación es ayudar a los asistentes a tomar conciencia del reto al que se enfrentan (situación A), definir con detalle la situación final en la que desean encontrarse (punto B) y trazar con nitidez el camino para conducirlos de A hasta B, lo que también se conoce como llamada a la acción. En pocas palabras, ayudar a la gente a crear metas y alcanzarlas.

Sé claro y específico: en vez de «un mayor compromiso con el medio ambiente», sería mejor: «que el 50 por ciento de los presentes reciclen de forma adecuada el vidrio, el plástico y el papel a partir de esta misma noche». Pide siempre algo específico. Pide acciones cuyos resultados puedas medir.

Dicho esto, no pidas la luna, pide algo al alcance de tu auditorio. Si eres demasiado ambicioso, tu asistencia no se la creerá y terminará desmotivada. Pide acciones «Smart». Siguiendo el acrónimo anglosajón, la acción debe ser: específica (specific), mensurable (measurable), alcanzable (approachable), relevante (relevant) y temporizada (timed). La gente no actúa movida por tus razones, sino por las suyas propias. Si las desconoces y no apelas a ellas, difícilmente la moverás a la acción.

Una vez definido el contenido, ¿cómo puedes conectar con la audiencia? Lo cierto es que no puedes dar algo que no tienes, no puedes contar algo que no conoces, no puedes compartir algo que no sientes. Conectar es tender puentes entre tu mundo y el de tus oyentes. Existen tres tipos de conexiones. La conexión intelectual, referente a lo que tú y la audiencia sabéis. La conexión emocional, relacionada con lo que tú y la audiencia sentís. Y, por último, la conexión ética: lo que tú y la audiencia hacéis.

Aristóteles diferenciaba tres tipos de argumentos persuasivos: ethos, pathos y logos. Ethos apela a la ética, a ganar respeto a través de credibilidad y carácter. Pathos hace referencia al factor emocional, remover las emociones e imaginación de la audiencia; apelar a nuestro ser irracional mediante historias, anécdotas, analogías, metáforas, etcétera. Logos se basa en la apelación lógica, es decir, proporcionar evidencia a través de palabras, datos y estructura. De este modo alcanzaríamos la conexión intelectual.

Tu credibilidad depende de encontrar un equilibrio entre razón y emoción, argumentos lógicos y racionales. Las estadísticas, los números, lo racional, difícilmente inciden en la parte emocional de nuestro cerebro, que es lo que nos empuja a tomar decisiones. Si quieres llegar a persuadir en una presentación, es necesario exponer evidencias y acompañarlas de un atractivo emocional.

Y es que, en realidad, conectamos con las historias, no con las estadísticas. En vez de proporcionar una cifra fría y abstracta, opta por utilizar una imagen que todos podemos concebir en nuestras mentes. Busca siempre humanizar tus estadísticas. Cuenta la historia que esconden, ponlas en contexto.

Usa fuentes fidedignas, no te conformes con decir «según un estudio». Si no revelas la fuente de tus estadísticas, estas carecen por completo de credibilidad. Cita testimonios de expertos y autoridades reconocidas. Esgrime literalmente durante la presentación un ejemplar del libro, pues este gesto aporta mucha más credibilidad que la mera mención.

Utiliza analogías. Las analogías conectan lo desconocido con lo que la audiencia ya sabe.

Una vez que conocemos algo, nos es muy duro imaginarnos qué implica no conocerlo. Nos es difícil recrear el estado mental de nuestra audiencia. Solemos olvidar cómo era vivir sin ese conocimiento que dominamos, hemos perdido la capacidad de empatizar. El resultado final es que uno acaba hablando para sí mismo y no para quienes lo escuchan.

Sabiendo esto, expresa tu consideración por los asistentes, crea contenido diferente para cada ocasión, mira a cada miembro del auditorio como una persona valiosa. Cuando termines, diles cuánto has disfrutado. Deben sentir que eres auténtico y vulnerable, no perfecto. No te muestres como un dios, sino como una persona igual que tus oyentes. Deben sentir que estás conversando con ellos, no dogmatizando desde las alturas. Deben sentir que crees en ellos y que pueden creer en sí mismos.

Solo si sientes pasión por el tema de tu charla podrás contagiar tu entusiasmo a la audiencia. Los oradores más cautivadores en negocios, ciencia e ingeniería son los que aman su materia y la conocen a fondo. Tus asistentes deben sentir que disfrutas estando con ellos y que deseas ayudarlos. Deben sentirse apreciados como si fueras su amigo. Si consideras que tú y tu mensaje sois más importantes, crearás una barrera con tu audiencia.

Trata a los demás no como las personas que son, sino como las personas que podrían llegar a ser. Conecta éticamente desde lo que tú y tu audiencia hacéis. Para que resulte creíble, lo que dices debe estar en sintonía con lo que haces. Para conectar con los oyentes, debes encarnar el cambio que deseas inspirar en ellos. ¿Qué valores y creencias pueden leerse entre líneas en tus actos?, ¿qué imagen comunicas al hablar en público? No puedes inspirar un cambio que no has experimentado en ti mismo.

La estructura

Para que una presentación tenga éxito, su contenido debe haber sido seleccionado y sintetizado con esmero y posteriormente estructurado de forma correcta. Aunque hayas tamizado el material más relevante, el impacto de tus ideas dependerá en buena medida del orden en que las presentes. Aporta datos, pero en su justa medida.

Debes dirigir y mantener la atención. Una buena estructura y ejemplos, historias, analogías, entre otras técnicas, pueden servirte como anzuelos que ayudan a repescar el interés y mantenerlo. Durante los primeros minutos seguramente tengas toda la atención de la mayoría de tu audiencia. Sin embargo, a medida que pase el tiempo, esta irá decayendo.

Como dijo el comediante griego Aristófanes, educar a los hombres no es como llenar un vaso, es como encender un fuego. El conocimiento de cómo funcionan los procesos cognitivos de nuestro cerebro nos ayudará a crear presentaciones que permitan al público comprender y retener el material más fácilmente. De hecho, existen dos limitaciones fundamentales: la cantidad de tiempo disponible y la capacidad cognitiva de la audiencia; en otras palabras, memoria y capacidad de procesamiento.

Según el biólogo molecular John Medina, existen tres tipos de memoria: la memoria sensorial, de capacidad ilimitada; la memoria de trabajo, también conocida como de corto plazo, que tiene el fin de prestar atención y procesar nueva información, y la memoria a largo plazo, con capacidad prácticamente ilimitada para almacenar información una vez asimilada. Cuanto menos sobrecargues la memoria de trabajo de los asistentes, mayores serán la compresión y el recuerdo.

La ciencia nos dice que la memoria de trabajo está limitada a tres o cuatro ideas diferentes. Una vez definido el contenido, selecciona y estructura tus ideas. Decide el contenido de cada sección, el tiempo utilizado, la profundidad con la que vas a tratar los temas, etcétera. También puedes pensar en el material de apoyo que vas a necesitar, ya sean anécdotas, vídeos, historias, etcétera.

Adáptate a las circunstancias. No es lo mismo hablar a las nueve de la mañana que hacerlo a las dos de la tarde, cuando la gente mira el reloj esperando la hora de la comida. En el primer caso puedes exigir un esfuerzo más intelectual. En el segundo, es muy conveniente orientarse a una presentación más kinestésica, involucrando actividades físicas.

No es lo mismo hablar en una sesión de un congreso en el que hay otras cinco charlas, que presentar en solitario en un acto en el que eres el único ponente. Deberás escuchar las presentaciones anteriores para entender con qué expectativas llega tu público. Las comparaciones serán inevitables. En un gran auditorio es conveniente recurrir a grandes gestos, mientras que en una sala de reuniones deberás ser más comedido con la gesticulación.

De este modo llegamos a la relación entre alcance y profundidad. Cuanto mayor sea el alcance, menor será la profundidad. En contrapartida, cuanto menor sea el alcance, con mayor profundidad podrás tratar el tema y te será más fácil responder las inquietudes del público. Y es que, cuando te asignan poco tiempo, no se trata de correr mucho, sino de sintetizar bien.

Al inicio de la presentación dispones del ciento por ciento de la atención de los presentes. ¡No la desaproveches! Empieza con fuerza tu presentación. Los primeros minutos son cruciales, pues la audiencia notará al instante si tienes confianza en ti mismo, si dominas el asunto, si te interesa escuchar al público, etcétera.

Durante el inicio de la presentación aprovecha para saludar y agradecer a los oyentes su asistencia, así como a todo aquel que ha hecho posible el evento. Capta la atención y el interés de la audiencia. Propón el tema de la presentación, así como sus ideas principales. Explica la forma en que estará dividida.

Empieza con un hecho poco conocido, una estadística sorprendente, una anécdota, una analogía o metáfora, una promesa. Promete al auditorio un beneficio que obtendrá gracias a tu charla. Empieza con el porqué de la charla, así podrás comenzar con la gran foto, la perspectiva global. Así defines el contexto, la importancia y las fronteras intelectuales de la presentación. Es como si para enseñar tu casa desde Google Earth partieras del globo terráqueo y fueras haciendo zum: mi país, mi ciudad, mi barrio, mi calle, mi casa.

El tiempo de atención durante una conferencia oscila entre los cuatro y los 10 minutos, nunca más de 20, ni siquiera en adultos. Sin embargo, si tienes que presentar por 45 o 60 minutos, puedes estructurar tu presentación como varias minipresentaciones encadenadas, de cinco minutos como máximo, con el fin de reiniciar el contador de atención.

Busca un máximo contraste entre módulos. Aprovéchate del efecto Von Restorff: las cosas claramente diferentes se recuerdan mejor que las comunes. Recuerda que tu objetivo es comunicar un mensaje y que sea comprendido y recordado.

Según el psicólogo cognitivo Stephen Kosslyn, pensar es aprender. Una manera efectiva de ayudar a los asistentes a aprender tu material es llevarlos a pensar sobre él. De este modo, más información se almacenará en la memoria a largo plazo. Existen tres factores clave que determinan cuán a fondo se procesa la información: diferencia de esta (lo única y distinta que es con referencia a la experiencia previa), su relevancia (lo importante que le resulte a la audiencia) y el grado con el que es elaborada (cuánto hay que pensar para interpretarla y comprenderla).

Así llegaremos a la conclusión con un gran recordatorio del tema tratado. Con frecuencia, será lo único recordado de toda la charla. Las dos frases más importantes de la presentación son la del inicio y la del final. Puedes resumir los tres puntos principales, utilizar una cita inspirativa, reafirmar el beneficio o llamar a la acción. Si incluyes una sección de preguntas y respuestas al final, reserva tiempo para repetir la conclusión junto a tu llamada a la acción.

Aplica principios de diseño

Estudios e investigaciones recientes están confirmando que el atractivo visual de una presentación influye poderosamente en su capacidad persuasiva. Las transparencias que son fáciles de procesar generan más sentimientos positivos, los cuales se traducen en una mayor disposición a estar de acuerdo con las ideas expuestas.

A la hora de la verdad, el diseño tiene que ver más con la sustracción que con la adición. Reduce la cantidad de elementos en tus presentaciones. En este caso, menos es más. Una transparencia no está para hacer bonito, sino para ayudar a superar las limitaciones cognitivas de la audiencia y hacer llegar el mensaje.

Abandona el uso de PowerPoint como una muleta en la que apoyarte y transfórmalo en una herramienta de amplificación de tu mensaje. Para ello, aplica los cuatro principios de diseño: proximidad, alineación, repetición y contraste.

El principio de proximidad sugiere que agrupemos juntos los elementos relacionados. Esta regla proviene de la psicología Gestalt: cuando varios elementos se encuentran próximos físicamente, nuestro cerebro tiende a agruparlos en una unidad visual en lugar de percibirlos como unidades separadas. Organiza la información, así será más fácil que se comprenda y se recuerde.

También puedes organizar tu contenido aplicando los principios de conexión y encerramiento. El principio de conexión se basa en que los elementos conectados con líneas se perciben como formando el mismo grupo. De forma similar, según el principio de encerramiento, los elementos encerrados por un borde se ven como parte del mismo grupo.

El espacio vacío o negativo es tan importante como los elementos positivos. Proporciona armonía y equilibrio a la composición. Provee el aire para que respiren los elementos de la transparencia. Cuando se trabaja sobre el espacio negativo más que sobre el sujeto, suelen alcanzarse composiciones más equilibradas y estéticamente agradables. Solemos relacionar un diseño atractivo con mayor espacio vacío. Cuando contemples cada una de las transparencias, plantéate qué puedes eliminar en ellas sin que se pierda el mensaje.

No podemos olvidarnos de la alineación de los elementos. No ubiques nada en la transparencia arbitrariamente. Si los elementos de tu transparencia no están alineados correctamente, faltará cohesión. Todos los elementos deberían tener algún tipo de conexión visual entre sí para que parezcan unidos, conectados, interrelacionados.

Repite algún aspecto de diseño en cada transparencia para que puedan sentirse parte de un todo unificado. Permite transmitir una imagen corporativa consistente. Utiliza el contraste para crear jerarquías: diferentes tamaños de letra, colores, transparencias. Elige una tipografía legible y no abuses de las variantes de estilo, como las mayúsculas, la cursiva o la negrita.

Hoy en día, la mayoría de las presentaciones están llenas de listas, pero ¿con qué sentido? Las listas de la compra son para el supermercado. Si todo está en las transparencias y tu público está leyéndolas, ¿para qué estás tú? Segmenta el contenido en varias diapositivas. Usa la creatividad para enmascarar las listas de viñetas.

Según John Medina, la visión triunfa sobre todos los sentidos. Según las conclusiones de diversas investigaciones, las personas pueden recordar más de 2500 imágenes con una precisión de al menos el 90 por ciento muchos días después de haberlas visto, incluso aunque solo las hubieran visto cada una durante diez segundos. Si la información es presentada oralmente, setenta y dos horas después los sujetos recuerdan en torno al 10 por ciento, mientras que esa cifra se eleva al 65 por ciento si se le añade una imagen. Las imágenes también ayudan a capturar antes la atención.

Evita los gráficos de sectores, ya que dificultan la comparación de valores. Para este propósito son mucho más efectivos los gráficos de barras. Nuestro ojo evolucionó para ser preciso en la comparación de longitudes, no de ángulos ni de áreas.

Utiliza animaciones en el caso de que quieras atraer a la audiencia a un punto determinado. Si no es necesario, pueden llegar a ser molestas. Los sonidos en las presentaciones llaman la atención, pero sin un foco determinado. Alertan de un cambio. Por lo tanto, también pueden llegar a ser molestos.

En definitiva, diseña los visuales de modo que sean atractivos y cautivantes. Utiliza un estilo sencillo, pero que a la vez haga que cada diapositiva merezca ser expuesta en una valla publicitaria.

La exposición

Ahora solo nos queda la exposición. Desafortunadamente, este es un punto que solemos dejar de lado. Pero lo cierto es que, cuando realizas una presentación, no existe una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión.

Debes ensayar la presentación tantas veces como puedas. Esto no significa simplemente pensar en lo que vas a decir. Debes plantarte con un cronómetro y efectuar una presentación en toda regla. Es la única manera de saber con exactitud cuánto tardarás en completar la intervención. Utiliza recordatorios para tomar conciencia del paso del tiempo.

Procura terminar antes del tiempo asignado. Como dijo la artista estadounidense Dorothy Sarnoff, termina de hablar antes de que tu audiencia haya dejado de escuchar. Como regla general, intenta hablar un 80 por ciento del tiempo asignado.

Familiarízate con el lugar de la presentación con anterioridad. Depende del tamaño del escenario, la ubicación del proyector y la pantalla, deberás posicionarte en un lado u otro. El tamaño de la pantalla importa, así como la resolución y potencia del proyector. Si puedes, elige presentar en 16:9 y en pantallas, en vez de proyectores, ya que estas suelen gozar de mayor luminosidad. Prueba el sistema de sonido y asegura la conexión a internet si la necesitas.

La voz da color al discurso. Controla el volumen, la articulación, el ritmo o cadencia de tus frases, la entonación, el abuso de las muletillas, las pausas. Sube y baja el volumen, articula las frases con claridad. Combate la monotonía: cambia de ritmo, altera el volumen, utiliza preguntas retóricas, repite frases o palabras muy parecidas (implantar consignas) mediante pausas. Deja atrás las muletillas, es preferible el silencio al mero ruido.

No obstante, si las palabras y el cuerpo están en desacuerdo, uno tiende a creer al cuerpo. Por esta razón, no metas las manos en los bolsillos, denota tensión e inseguridad. No cruces los brazos, sensación de superioridad o de estar a la defensiva, no te cojas las manos entrelazándolas, pues se puede percibir como un repliegue, búsqueda de protección, y tampoco agarres el atril, ya que se puede atribuir a búsqueda de seguridad.

Juguetear con un objeto transmite nerviosismo. Pasar la mano por la boca al hablar, inseguridad y culpa. Tampoco señales a la audiencia con el índice, pues puede verse como un gesto amenazante. Procura no tener las manos y brazos pegados al cuerpo, pues denota falta de convicción y energía. Todas estas conductas son muletillas gestuales.

Sin embargo, podemos añadir cinco tipos de gestos que aportan interés y dinamismo a tu presentación. Estos son los pictóricos (tales como dibujar en el aire un objeto o acción), espaciales (los que transmiten distancia o dimensiones de personas, cosas o ideas), rítmicos (en los que el gesto indica la velocidad con la que se lleva una idea), kinésicos (en los que el gesto realiza toda o parte de la acción que se describe, por ejemplo, imitar a alguien), y, por último, los deícticos (en los que alguna parte del cuerpo señala donde se quiere dirigir la atención). Evita todo gesto que no añada contenido a tu presentación.

Conecta con tu mirada, si estás nervioso, tenderás a fijarte en un único individuo, no lo hagas, pues le generarás mucha presión. Transmite confianza y seguridad con tu mirada. Utiliza una postura correcta. Muévete a lo largo de la presentación. Aprende a dominar las posturas, las expresiones, los gestos, el atuendo, la posición, los movimientos, la entonación, el entusiasmo, las pautas y la mirada, con el fin de conectar con la audiencia y superar el miedo a hablar en público.

Conclusión

Llegados a este punto, ¿por qué presentar es un arte? El verdadero arte produce un cambio en quien lo recibe. Si solo fuera cuestión de técnica o cualidades estéticas, un artista podría ser sustituido por una máquina. En el arte siempre existe un presente, un regalo por parte del artista.

El arte de presentar no tiene que ver tanto con crear diapositivas bonitas, sino de tu habilidad para comunicar ideas que cambien a los oyentes a través de tu historia, de tu pasión y de tu diseño. Te transformas en un artista de las presentaciones cuando estas constituyen un regalo personal con el potencial de cambiar a quienes lo reciben.

Existen tres firmes pilares los cuales sustentan una presentación sólida: contenido, diseño y exposición. Cuenta algo de valor para la audiencia, hazlo con un diseño agradable que muestre visuales que ayuden a comprender tu mensaje y comunica pasión y credibilidad al hablar.

Toda presentación, ya sea científica, comercial o financiera, tiene tres objetivos: conectar con la audiencia, dirigir y mantener la atención y fomentar la comprensión y el recuerdo. No suponen un fin en sí mismos, sino un medio para conseguir inspirar un cambio en la audiencia que la ayude a pasar de una situación de carencia o desequilibrio a una de plenitud o equilibrio.

Fin del resumen

Biografía del autor

Gonzalo Álvarez Marañón

Formador, escritor y conferenciante. Obtuvo el título de Ingeniero Superior de Telecomunicación por la UPV/EHU (Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea) en 1995, doctor en Informática por la UPM (Universidad Politécnica de Madrid) en 2000 y coach asociado de SUN (Success Unlimited Network ®) por la ICF (International Coach Federation España) en 2012.

Dedicó los primeros quince años de su actividad profesional a la seguridad informática: a investigar y luego divulgar sus resultados en revistas, periódicos, libros, radio y TV, a vender sus servicios a empresas, a impartir formación dentro de organizaciones y a dar charlas sobre seguridad informática por todo el mundo en todo tipo de foros.

Tras la experiencia y conocimientos adquiridos hablando ante las audiencias más variadas, dio un giro de 180º a su carrera y empezó a ayudar a empresas y a particulares a presentar sus ideas con seguridad y confianza para mover a sus audiencias a la acción. Desde entonces, ha formado a miles de profesionales y directivos de todos los sectores sobre cómo hacer presentaciones y cómo hablar en público, tanto en el ámbito público como privado: PwC, Sacyr, Movistar, Pfizer, SegurCaixa/Adeslas, RENFE, Volkswagen/Audi, BOSCH, Roca, Canal de Isabel II, ONO, Calvin Klein, OCU, fundaciones, universidades y centros de investigación. También ha ayudado personalmente a presidentes y consejeros delegados de empresas como Vitaldent, Ferrovial, Acens, Construcía o Eyeworks, e incluso ha ganado un Premio Príncipe de Asturias y hasta un Premio Nobel.

En 2008 creó el blog El Arte de Presentar, el más leído en lengua española sobre presentaciones. En 2012 publicó con Planeta el best-seller del mismo título, El Arte de Presentar, ya por su 11.ª edición. En 2014 lanzó con Planeta Hipermedia la versión online del libro, rebautizada como Revoluciona tus Presentaciones. En 2015 publicó de nuevo con Planeta el libro cómic El Superhéroe de las Presentaciones.

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