Nuevo

Resumen del libro

Don de gentes

Por: Euprepio Padula

La clave para triunfar en la vida. Si has nacido con él, descubre cómo potenciarlo y si no lo tienes, aprende a desarrollarlo.
A+

Introducción

¿Alguna vez te has preguntado por qué hay personas que nos atraen como imanes? Personas que tienen un “no sé qué” que las hace increíblemente atractivas. Que te conquistan, te agradan, te hacen sentir seguro y te inspiran confianza. Seguro que has oído la expresión “don de gentes”: “Fulano o mengano tienen don de gentes”, para referirse a una persona con carisma, magnetismo, personalidad y liderazgo. Y seguro también te has preguntado si tú eres una de ellas.

En los últimos años mucha gente me ha preguntado si de verdad siguen existiendo personas con este don o si esto es en realidad un mito. Y es una duda válida dada la época en la que vivimos. Siempre estamos sumidos en el ritmo frenético de una sociedad donde parece haber cada vez menos tiempo para las relaciones interpersonales. Y que si las hay, son a través de un móvil. Mi respuesta a esa pregunta siempre es positiva y muy rotunda: ¡Sí!

Todavía hay personas que parecen haber sido tocadas por ese “don divino” y que, aunque pueden ser muy pocas, son fácilmente reconocibles porque poseen la capacidad de iluminar nuestro día y de alumbrar al de cualquiera que se acerque a ellos. Las personas con don de gentes dejan huella sin saber por qué. Además, son personas que suelen triunfar en la vida porque poseen una herramienta poderosa para alcanzar el éxito. Y es que el don de gentes es, en sí mismo, un potentísimo acelerador del éxito. Créeme. A eso me dedico. Lo he visto a lo largo de mi carrera en políticos, gente de medios, empresarios y hasta deportistas.

Mi intención aquí es arrojar luz sobre las claves de ese don de gentes para que todos puedan alcanzarlo. Tanto para quienes lo llevan innato o quienes se encuentran desarrollándolo. Y si crees que tú no lo tienes. No te preocupes. Te enseñaré a conseguirlo y explotarlo.

Una vez que aprendas las claves del don de gentes, no solo es probable que mejoren tus relaciones personales, también se potencializarán el resto de tus habilidades. Serás percibido de una forma más positiva por los demás. Seguramente, por ti mismo también. Y verás realmente de que pasta estás hecho.

El don de gentes se entrena

¿Te imaginas tener una bola de cristal que nos indique cada mañana qué es lo bueno y lo malo que nos ocurrirá ese día? Nos permitiría prepararnos mentalmente para afrontar lo malo, o a empezar con el pie derecho el día sabiendo que algo bueno nos ocurrirá. Claro que semejante artilugio no existe. La realidad es que no podemos predecir qué es lo que nos va a suceder a lo largo del día, sin embargo, sí que podemos elegir la forma en la que cada uno de esos eventos va a influirnos. Por ejemplo: si al llegar al trabajo tu jefe te echa una bronca descomunal, tienes dos opciones: hundirte por el resto de la jornada, o calmarte un poco y tratar de comprender qué puedes hacer para mejorar tu desempeño.

Esa es la diferencia entre paralizarte, o darle la vuelta a la situación que en un principio era negativa pero que ahora puede convertirse en un aprendizaje. Llegados a este punto puede que te estés preguntando: ¿se puede entrenar esa capacidad?

¡Claro que sí! De hecho, casi todo puede entrenarse y desarrollarse. De igual forma que para desarrollar un músculo hay que someterlo a cierto estrés levantando cada vez más peso, para entrenar nuestro carácter debemos proceder del mismo modo. Cuando te preparas para asumir retos más difíciles, tu valor y tu moral se fortalecen en función de las adversidades que superas. Y con el tiempo, la dificultad para superar otro tipo de adversidades disminuirá porque ya has experimentado ese conjunto de emociones y ahora sabes qué hacer cuando se presentan.

No obstante, primero debes reconocer que ese cambio es posible. Y este es, precisamente, el primer paso para desarrollar el don de gentes. Como te lo dije con anterioridad, el don de gentes se entrena al igual que se entrena un músculo. Por lo tanto, te doy la bienvenida a tu rutina de entrenamiento. ¡Comencemos!

Carisma

El don de gentes suele asociarse al carisma y, según la RAE, se define como “especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar”. O como lo he escrito en alguna otra ocasión: “habilidad para inspirar entusiasmo, interés o afecto en los demás a través del encanto personal o la influencia”.

El carisma tiene mucho que ver con la comunicación. Cuando hablamos de esta cualidad queremos denotar, sobre todo, la habilidad de relacionarse de forma positiva. Y quienes saben un poco de comunicación, sabrán que lo más importante de la comunicación no radica únicamente en lo que decimos, sino en cómo lo decimos. Dicho de otra forma: en cómo hacemos sentir a las personas que están a nuestro alrededor. Así, el carisma funciona como un imán que impregna emociones positivas a todas las personas y es capaz de hacer que nos ganemos la atención de las personas que nos miran y escuchan.

Asimismo, una persona carismática es una persona líder de sí misma, pero, ¿qué significa eso?

En primer lugar, tienen sentido de la responsabilidad. Son atractivas porque tienen la fuerza que desprenden aquellos que han tomado las riendas de su propia vida. Se saben responsables del camino que recorren y lo asumen, para bien o para mal. Otra señal es que tienen muy claras sus metas. Es como si tuvieran una capacidad especial para discernir y saber hacia dónde van, qué camino deben tomar y a qué velocidad han de recorrerlo. Y, por otro lado, una persona carismática sabe cuáles son sus puntos fuertes. Las cualidades personales que lo distinguen y que, por lo tanto, puede entrenar y potenciar.

En resumen: las personas con don de gentes son carismáticas, y las personas carismáticas son líderes de sí mismos. Ser líder de uno mismo requiere poseer un gran sentido de la responsabilidad, tener muy claras sus metas, y saber cuáles son sus puntos fuertes. No obstante, el concepto no acaba aquí. A continuación te presentaré una suerte de decálogo de los líderes de sí mismos. Una lista de cualidades que cumplen, sin excepción, las personas con carisma.

 

Decálogo de los líderes de sí mismos.

  • El primer. Es derrochan pasión y energía. Amor y pasión por la vida. Lo celebran todo. Son entusiastas, optimistas, y contagian a los demás con su buena vibra.
  • El segundo. Son personas alegres. Sin ninguna duda, si hay algo que nos resulte atractivo en una mujer o en un hombre con don de gentes es su felicidad. Por lo tanto, ¡sonríe!
  • El tercer lugar. Es el empoderamiento. Esto quiere decir que ayudan a los demás. Contribuyen al desarrollo de aquellos que tienen cerca. Son capaces de ver las cosas buenas de los demás y trabajar con ello.
  • El cuarto. Es la implicación. Trabajan con intensidad en cada proyecto en el que se embarcan y se esfuerzan al máximo.
  • El quinto. Es la generosidad, por supuesto. Compartir sabiduría, consejos, recursos, tiempo, conocimientos y habilidades con los demás.
  • El sexto. Es que saben trabajar en equipo. Por ser jugadores de un equipo y son conscientes de que solo no se llega a ningún sitio importante.
  • El séptimo. Es el altruismo. Piensan en los demás, los ayudan y celebran sus éxitos.
  • El octavo. Es la personalidad. ¡Cómo no! Quien tiene don de gentes atrae porque es único. Porque no se parece a nadie y tiene su propio estilo. En el penúltimo lugar está la autenticidad. Es hacer las cosas de forma original y siempre congruente con los propios principios y valores. Y
  • Y noveno. La conexión. O sea, la capacidad de concentrarse en lo que se está haciendo, en lo que se dice y en lo que se experimenta.

Es probable que pienses que es mucho por hacer y que te será imposible lograr adquirir el carisma. Pero te diré una cosa: el mayor prejuicio que te frena para alcanzar el éxito es pensar que no puedes conseguirlo. ¡Rompe ese prejuicio y ponte manos a la obra!

El camino no será fácil, pero oye, nada que valga la pena lo es. Y te aseguro que esto la vale muchísimo.

El arte de la empatía

Melvin es un escritor maniático. Un tipo con una marcada homofobia y un evidente trastorno obsesivo-compulsivo que, aunada a su mala educación y enorme egoísmo, le impide sentir el más mínimo atisbo de empatía. Esta odiosa persona solo se preocupa de satisfacer sus deseos, sin tener en cuenta los sentimientos o las necesidades de los demás, a quienes llega incluso a ridiculizar.

Un buen día, Melvin debe hacerse cargo del perrito de su vecina, y en el proceso “sufre” una súbita conversión que le hace darse cuenta de que sus acciones tienen grandes consecuencias emocionales en los demás. Pues, cuidando al perrito y ayudando a su vecina, Melvin, de repente, se enamora. Logra darse cuenta que amar es maravilloso y que sus palabras y acciones influyen en los demás.

¿Te suena esta historia? Es la trama de la película Mejor Imposible. Y es el ejemplo perfecto de lo que es la empatía. La empatía es la capacidad de colocarnos en el lugar del otro, comprender lo que pasa por su mente e interiorizar su visión de la realidad. Es ser capaces de explicarnos cómo y por qué las personas a nuestro alrededor se sienten de un modo u otro. Pero no desde nuestra perspectiva, sino pensando como ellos. Incorporando sus creencias y escala de valores.

Esta capacidad es, por supuesto, una cualidad de las personas con don de gentes. Y es que la empatía no solo es la base de unas relaciones sociales satisfactorias, también es el núcleo del carisma; y tiene su razón física en las llamadas neuronas espejo. Las neuronas espejo hacen que nuestro comportamiento reaccione en función del comportamiento del otro, y podemos ver mil ejemplos en la vida diaria: sonríele a una persona por la calle y verás que te devuelve la sonrisa.

La empatía, además, tiene muchos aspectos positivos: facilita la comunicación, el consuelo, la resolución de problemas y la asertividad. Y como cualquier otra actitud, si no la ponemos en práctica, no sirve para nada. Por lo tanto, la próxima vez que te veas envuelto en una discusión con alguien, antes de enojarte, trata de comprender qué es lo que está sintiendo la otra persona y cuál o cuáles podrían ser las causas. Con el tiempo esta capacidad no solo te permitirá resolver mejor tus diferencias con los demás, también te hará un mejor negociador y, al no apresurarte a juzgar, una persona digna de confianza.

Simpatía, ese tesoro

Antes de contarte acerca de esta característica, me gustaría desmontar el mito que reza que la simpatía es una cualidad natural, que se nace con ella. Que uno simplemente es o no es simpático. En realidad, y es lo que sucede con casi todas las cualidades, hay algunas personas que están más predispuestas genéticamente a desarrollarla, aunque otras pueden adquirirla con la experiencia.

Un estudio realizado por la Universidad de California pidió a sus participantes que dijeran todas las características que, según su criterio, las personas simpáticas poseen. El resultado demostró que de los quinientos adjetivos que los participantes utilizaron para describir esta cualidad, muy pocos tenían que ver con características innatas. Algunos ejemplos son: ser sincero, transparente, y saber comprender. Y es que la simpatía es, en esencia, un rasgo que hace a las personas un modelo a seguir, un referente. Describe a alguien que es bueno. Pero para ser más claro y traducir estas características a la práctica y al mundo real, te contaré algunas claves que te permitirán volverte más simpático. Escuchar y hacer preguntas es fundamental para caer bien. No seremos simpáticos si antes de saber lo que alguien opina ya estamos contestando con nuestra opinión.

Otro punto fundamental es olvidarse del móvil. ¡Algo que en la actualidad parece imposible!

¿No te ha pasado que estás hablando con alguien de un tema que te apasiona, o simplemente contándole cómo has estado, y el individuo de pronto saca el teléfono de su bolsillo y se pone a verlo?

Creo que a todos nos ha pasado y, para serte franco, a mí me vuelve un poco loco. Es una falta de respeto para la persona con la que estás hablando. Por lo tanto, cuando estés hablando con alguien, ponle atención a él y no a tu móvil. Si sientes que te están llegando mensajes de forma insistente, discúlpate y limítate a sacarlo únicamente para silenciarlo; si es una llamada importante, coméntalo y apártate un momento.

Otra clave es ser genuino y honesto. A nadie le gusta la gente falsa. No generan confianza. De hecho, las personas se acercan a aquellos que sienten que son genuinos porque sienten que pueden confiar en ellos. Deja afuera todos tus prejuicios. Aprende a mirar el mundo con los ojos de los demás. No seas mente cerrada. No hace falta que creas en lo mismo que los demás o lo apruebes, solo respétalo. Por último, cuando hables, trata de hacerlo de una forma amable, confiada y concisa. Las personas te prestarán mayor atención y podrás ser mucho más persuasivo. Ahora has aprendido las tres cualidades claves, o como yo las conozco, “la trilogía imprescindible”, para desarrollar el don de gentes. Hablo del carisma, la empatía y la simpatía.

Recuerda, debes practicarlas para fortalecerlas. Ya verás que eventualmente te resultarán tan fácil que se volverán un rasgo más de tu personalidad. Una vez eso ocurra, las recompensas que obtendrás serán enormes.

¡Ve a por ello!

Inteligencia emocional

Aclarada la importancia que el carisma, la empatía y la simpatía tienen para conformar el don de gentes, la pregunta que a menudo me hacen es cuánto pesa la inteligencia. Pero ojo. No hablamos de esa inteligencia que, como tradicionalmente se suponía, se rige puramente por la lógica. Atrás han quedado esos tiempos. Hoy sabemos perfectamente que pueden existir varios tipos de inteligencia. Y la que nos atañe en este momento es la denominada inteligencia emocional. Como puedes deducirlo, el don de gentes exige un correcto entendimiento de las diferentes emociones de las personas con las que interactuamos día con día, pero también de las nuestras. Interpretar y gestionar esos sentimientos y ser capaces de trabajar con ellos depende en gran medida de nuestra inteligencia emocional.  

Imagina que te encuentras en el vagón de un tren y vas de camino a tu casa después de una jornada laboral. De pronto, un tipo ebrio y enojado se sube al mismo vagón y comienza a montar una escena. El sujeto comienza a hablar en voz alta y a agitarse. Grita que odia su vida y que nada puede salirle peor. Está haciendo un escándalo y las personas dentro del vagón comienzan a asustarse. Parece ser que el tipo está enojándose cada vez más y está llegando casi a la furia. Sigue gritando sin sentido cuando, de repente, un pequeño hombre sentado al lado tuyo se levanta y se acerca a él.

—¡Cuánto tiempo sin verte! —le dice el hombre al sujeto alcoholizado. Continúa preguntándole si se acuerda de él, le increpa acerca de lo que está haciendo y le pregunta qué es lo que le pasa.

El tipo ebrio está muy confundido con ese pequeño hombre que lo saluda y que al parecer lo conoce. Y después de ser interrogado varias veces acerca de su estado y del porqué de sus acciones por parte de un supuesto amigo suyo, el sujeto ebrio se rompe a llorar. Comienza a decir que su pareja lo había abandonado y que no sabía qué hacer al respecto. Se empieza a desahogar y a componer un poco. El pequeño hombre lo escucha. En unos pocos segundos, aquel hombre furioso se ha tranquilizado por completo. Todo gracias al pequeño hombre que intervino. Lo más increíble de esto es que, después de preguntarle a ese pequeño hombre qué relación tenía con aquel tipo, él te contesta:

—Ninguna.

¡Eso es inteligencia emocional!

Es saber comprender, mediante la empatía, las emociones del otro y saber actuar en consecuencia, intentando gestionarlas para resolver algún problema. Solo si somos capaces de entender lo que siente la otra persona podremos discernir el mejor curso de acción, tanto para evitar el conflicto como para que se consiga alcanzar una meta. Pero no solo debes aprender a gestionar las emociones del otro, ¡también las tuyas!

Una persona con inteligencia emocional y con don de gentes sabe dejar de lado los estados de ánimo improductivos para continuar avanzando en la búsqueda de su objetivo. Esto no quiere decir que no sienta ni padezca, sino que sabe cómo trabajar con sus miedos, inseguridades, ansiedad, tristeza o estrés para hacer que no supongan un freno a su crecimiento.

La sonrisa y el humor

Antes te he hablado del poder de la sonrisa, pero esta vez profundizaremos más al respecto. La sonrisa tiene un poder magnético imprescindible para el don de gentes y está muy relacionada con la inteligencia emocional. Es innegable lo sano que es sonreír. Este sencillo gesto nos hace sentir mejor de manera inmediata. Sin embargo, desde niños se nos dice que la madurez va relacionada con la seriedad, y que por lo tanto, aquel que sonríe no es alguien maduro. Tonterías. Poco tiene que ver la sonrisa con el nivel de madurez de alguien.

Además se nos olvida que la sonrisa es como un virus bueno que se propaga y alivia tensiones, reduce el estrés, se convierte en la mayor señal de optimismo, positividad y transmite serenidad. Cuando nos relacionamos con alguien la sonrisa es una fortaleza. Sonreírle al otro comunica un mensaje importantísimo. Transmite cercanía, confianza, compañía. No escatimes nunca en tu sonrisa. Demuéstrala a tus cercanos y conocidos. Causarás una gran primera impresión. Lo peor que te puede pasar es no recibir una de regreso, ¿y sabes qué? Eso es poco probable. Unida a la sonrisa se encuentra el sentido del humor. Rasgo relevante en todos los aspectos de la vida, el liderazgo incluido. Soy un firme creyente de que el buen sentido del humor es algo que, como personas con don de gentes y como líderes, siempre nos va a diferenciar de la mayoría.

Piénsalo un segundo. El humor es parte vital de nuestra vida diaria. Lo encuentras en todos lados y hay para todos los gustos. Lo experimentas con tu familia, amigos y con cualquier persona que conozcas. Y si el humor es insuperable en nuestra cotidianidad, ¿por qué no utilizarlo también en la empresa, en la política, en el deporte o en el periodismo?

¡Sea donde sea el humor siempre suma, nunca resta! Asimismo, el sentido del humor es un fuerte motor de liderazgo en la vida. Hace algunos meses en mi compañía, Padula & Partners, hicimos una encuesta entre mil directivos. La conclusión fue que el noventa por ciento de los ejecutivos consultados creían que el sentido del humor era esencial en cualquier ámbito de la vida pero, sobre todo, en el profesional, y que quienes poseían esa cualidad tenían muchas más posibilidades de ser mejores jefes y líderes. Y es que los empleados admiran a sus líderes no solo por su capacidad, también por su sentido del humor. Hace que empatices con tus empleados y colaboradores. Así que… quién dijo que la sonrisa y el humor no son rasgos de gente madura, seguramente no era un líder ni alguien con muchos amigos.

Resiliencia

El humor no solo es clave para mejorar nuestras relaciones con los demás. También es una especie de parachoques emocional. Hace que las desgracias duelan un poquito menos y no nos lastimen tanto.

Sin embargo, no nos libra de los bofetones que la vida nos da de vez en cuando. Y esto me lleva a hablarte de un nuevo concepto en el don de gentes: la resiliencia. Resiliencia es la capacidad de asumir con flexibilidad las adversidades y sobreponerse a ellas. A continuación te contaré la experiencia personal que me ayudó a comprender mejor este término.

Era una mañana soleada de mayo cuando por fin, con lágrimas en los ojos, lo acepté: había llegado el momento. Me encontraba en la habitación de mi madre. Agonizaba desde hace días y no podía hablar, por lo que no había entablado ninguna conversación con ella desde entonces. No obstante, esta vez quería hablarle o, mejor dicho, cantarle. Así que comencé a tararearle una bella canción de cuna y, mientras apoyaba mi cabeza al lado de la suya y le acariciaba el pelo, falleció.

En ese momento sentí una extraña felicidad. Todo había acabado. Sabía que ya no sufría más. Habían terminado el dolor, el llanto y la angustia. Ahora podía descansar tranquilamente. Cuando aquello ocurrió una extraña paz se adueñó de mis ojos y mi corazón. Desde entonces esa sensación me acompaña y me guía. Sé que es ella.

Ese fue uno de los momentos más duros de mi vida. Mi madre era mi vida entera y una figura importantísima. Su partida fue un duro golpe para mí. Toqué fondo durante un tiempo. Y a pesar de todo, sabía que la muerte es parte de la vida y que cuando sanara volvería darlo todo de mí para alcanzar mis metas. Fue George S. Patton quien dijo que el éxito se mide por cuán alto rebotas una vez has tocado fondo. Concuerdo totalmente. Nuestras experiencias más duras nos hacen más resilientes, y la resiliencia es, sin duda alguna, el catalizador más fuerte para adoptar las cualidades inherentes del don de gentes.

Resiliencia es sufrir, fracasar, pasarlo mal… Y luego convertir ese fracaso en motor. En fuerzas para salir adelante. Con más ansias de ganar, y con más ansias de ser únicos.

Apuesta por la asertividad

Ya hemos hablado de algunas de las cualidades más importantes del don de gentes. Has comprendido la “trilogía imprescindible”, conformada por el carisma, la empatía y la simpatía. También hemos abordado la inteligencia emocional y la sonrisa, al igual que el sentido del humor.

El último concepto hasta ahora ha sido la resiliencia. Y estoy por enseñarte el penúltimo rasgo esencial del don de gentes: la asertividad. Quizá ya has oído hablar de ella. La asertividad es una de las características primordiales del liderazgo, pues es absolutamente necesaria para conseguir nuestras metas. Es una estrategia de comunicación que nos permite expresar nuestra opinión y defender clara y libremente nuestros intereses incluso los derechos, pero sin meternos en problemas con el otro.

Las personas asertivas saben decir “no”, pueden expresar su opinión con firmeza y consideración a la vez, son honestos y francos, defienden lo que piensan y son congruentes con lo que dicen y hacen. Suena un poco complicado encontrar ese equilibrio entre firmeza y consideración, ¿cierto?

Aquí te doy cuatro claves que te ayudarán a ser más asertivo:

  • La primera clave. Es que debes hacer es marcar tu objetivo de manera positiva. Pregúntate qué quieres conseguir con la conversación, cuál es tu meta. Por ejemplo, si entras al despacho de tu jefe a pedir un aumento de sueldo, lo asertivo sería decir claramente que quieres un aumento y justificar el por qué te lo mereces.
  • La segunda clave. Es transmite hechos concretos y razónalos. Cuando tienes claro tu objetivo en una conversación, es importante que lo expongas de manera específica. Transmite lo que quieres y cómo lo quieres. Y a ser posible, apoya tu mensaje en hechos puros, sin valoraciones personales. Por ejemplo, si tu hijo te pidió permiso para ir a una fiesta y vas a negárselo, no le digas: “no, y no quiero escuchar nada más”; en cambio, sé asertivo y dile que no y luego explícale el porqué de tu decisión: “no irás porque pactamos que sacarías mejores notas y no lo hiciste”.
  • La tercera clave. Es poner en juego tus emociones. Habla desde tus propios sentimientos, desde lo que vives y sientes. Por ejemplo, si tu pareja te ha hecho enojar, lo asertivo sería decirle: “Yo me siento mal cuando haces tal cosa”. Así el otro empatiza contigo y evitas que se ponga a la defensiva.
  • Y cuarta clave. Es utiliza tu lenguaje corporal. Cuando hablas, hablas con todo el cuerpo, no solo con tu boca. Por ello, si quieres ganar asertividad, no olvides mirar a los ojos a tu interlocutor, usar tus manos, mantener una postura firme y erguida, evitar comunicar poca compenetración cruzando los brazos.

El poder de la imagen personal

Puedes estar de acuerdo conmigo en que la sonrisa, el carisma y la empatía son un magnífico dresscode para quienes aspiran a tener el don de gentes. Sin duda son tres elementos que nos ayudarán a conectar con personas nuevas. Pero aunque estas son tres cualidades muy poderosas, la sonrisa es la única que puede apreciarse a simple vista. El carisma, la empatía y el resto de los rasgos que componen al don de gentes solo pueden apreciarse luego de un tiempo de interacción con el otro. Como alguna vez escribió Oscar Wilde: “Nunca hay una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión”. Y esa primera impresión determina la calidad de nuestra imagen personal. Nos guste o no, nuestra imagen personal es una de nuestras principales herramientas de trabajo y puede elevarnos al éxito más espectacular, o enterrarnos en el fracaso más profundo.

Es posible que te preguntes: ¿de verdad es tan importante nuestra marca personal y esa famosa primera impresión? La respuesta es sí. Fíjate en la velocidad con la que juzgas a una persona recién la conoces. En ese momento dejamos de ser humanos para convertirnos en una especie de escáner que evalúa a la otra persona con base en parámetros personales. Solo basta una mirada o un cruce de palabras para que otros nos cataloguen, para determinar si alguien a quien acabamos de conocer podría o no ser nuestro socio, amigo, o pareja. Y lo más importante de la primera impresión es que es imborrable. Por lo tanto, tenemos que ser conscientes de lo que estamos proyectando. En este sentido, hay aspectos que conviene tener en cuenta.

Debes entender que nosotros transmitimos nuestra imagen personal a través de cuatro canales: el físico, la voz, los gestos y la indumentaria.

  1. El físico es, básicamente, nuestra apariencia exterior. Si estamos aseados o no; si nuestra barba está limpia o no, o si no la tenemos; si nuestra complexión es robusta, delgada o atlética; el color de nuestros dientes; o nuestro cabello.
  2. La voz es nuestro tono, modulación, ritmo, volumen. Esta suele pasar desapercibida porque solemos regular nuestra voz de forma inconsciente, pero saber gestionarla nos ayudará a enfatizar lo que decimos.
  3. Los gestos son nuestros movimientos corporales. Si hacemos muecas al hablar o no, si movemos las manos, cruzamos los brazos, cerramos las piernas, nos movemos por toda la sala. Todos son elementos que puntualizan nuestro mensaje.
  4. Y por último, la indumentaria, que no es más que nuestra manera de vestir. Aquí entran en juego muchas cosas como colores, estampados, texturas y formas. Este es muy personal y es fundamental sentirse cómodo.

Para finalizar, debo decirte que quien determina si tu imagen personal es buena o mala, eres tú. Lo ideal es transmitir un mensaje congruente entre tu personalidad y lo que llevas puesto. Es encontrar un balance, un equilibrio. Identifica y proyecta esas características que te hacen único, valioso y diferente. Recuerda que el ser es importante. Pero “el parecer”, también.

Conclusión

A lo largo del camino has comprendido que el don de gentes no es un mito, sino que es algo muy real. Y que no solo es real, también es un potente acelerador de éxito. Desde el periodista al empresario, del atleta al comunicador, del ingeniero al artista, todos los campos profesionales implican interactuar con otros. Las personas con don de gentes lo saben, lo asumen, y lo explotan.

Recuerda que el don de gentes se entrena. El carisma se entrena, también la empatía y la simpatía. Lo mismo con la inteligencia emocional, el humor, la resiliencia, la asertividad y la imagen personal. Si tú lo tenías antes, estoy seguro que lo fortaleciste. Si tú apenas lo estabas desarrollando, ahora sabes cómo acelerar el proceso. Y si tú no lo tenías, ahora tienes las herramientas para tenerlo. Pero tampoco olvides que las herramientas nunca hacen por sí solas el trabajo, deben ser manejadas por alguien. La pintura no depende del pincel, depende del pintor.

Hoy tienes a tu alcance las herramientas que son capaces de construir no solo relaciones formidables, también un futuro prometedor.

¡Aprovéchalas! El don de gentes está en tus manos.

Fin del resumen

Biografía del autor

Euprepio Padula

Euprepio Padula es experto en liderazgo político y empresarial, coach de dirigentes y conferenciante de éxito. Desde 2005 trabaja como consultor de organización y gestión empresarial especializado en la búsqueda, desarrollo y gestión de talento. Es además un reconocido experto en negociación que ayuda a políticos y partidos a llegar a acuerdos de coalición.

Hacer QUIZ

Comprar el libro

Si has leído el resumen y quieres profundizar más te recomendamos comprar el libro completo, en papel o ebook, haciendo click aquí