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Resumen del libro

Aprendiendo de los mejores

Por: Francisco Alcaide

Tu desarrollo personal es tu destino
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Introducción

Tu desarrollo personal es tu destino: en quien te conviertes se acaba reflejando directamente en lo que obtienes. Por eso, no hay mejor inversión que la que se hace en uno mismo. Y ¿cuál es la mejor forma de conseguirlo? Aprendiendo de los mejores, de las personas que han logrado los mejores resultados en diversas parcelas. Decía Bertrand Russell que «la mejor prueba de que algo puede hacerse es que antes alguien ya lo hizo». Las personas verdaderamente inteligentes aprenden de la experiencia de los demás.

No hay nada que no esté a tu alcance si tienes una idea clara, precisa y concreta de lo que deseas, y una inquebrantable determinación para ir en su búsqueda. Se trata de ir descubriendo los pasos que dar sin desistir, de ponerse en movimiento e ir rectificando sobre la marcha sin venirse abajo. La cuestión no es si algo es o no posible, sino cómo conseguirlo. La vida siempre pone obstáculos a lo largo del camino, pero los límites los ponemos las personas. Los primeros se vencen con coraje y valentía; los segundos son el resultado de bloqueos mentales producto de nuestras creencias.

Probablemente, si estás leyendo estas páginas, es porque tu vida no lleva el curso que te gustaría y, por tanto, te estás planteando mejorar ciertos hábitos. El hecho de haber llegado aquí es un primer paso importante. La experiencia enseña que los seres humanos pecamos a menudo de orgullo. Nos cuesta mucho solicitar ayuda porque se identifica pedir ayuda con ser débil. En realidad, es todo lo contrario. Todas las personalidades fuertes que alcanzan cotas elevadas en su vida tienen una virtud común: humildad para reconocer que necesitan aprender.

Sí, tú también puedes. No tengas dudas. Los límites nunca están en las personas, están en los entornos. A lo mejor te ves muy «poquita cosa». Pero tú no eres eso; eso son tus creencias. Tus límites son los límites de tus creencias. Si tú crees algo, ese algo es, tanto para bien como para mal. Si tus creencias son limitantes, da igual lo duro que trabajes, porque tus resultados serán pobres. Por eso, si controlas tu mente, controlas tu vida. Nunca olvides las palabras de Don Ward: «Si vas a dudar de algo, duda de tus límites».

Desarrollo personal

Cualquier persona tiene metas y espera alcanzarlas, aunque la mayoría se quede a medio camino. Anthony Robbins, por ejemplo, ha alcanzado unas metas que la mayoría de las personas no podemos ni soñar. Robbins es escritor y conferenciante en temas de desarrollo personal. Sus enseñanzas beben de múltiples fuentes, y entre ellas está la programación neurolingüística. Uno de sus mentores fue Jim Rohn, del que hablaremos más adelante, y ha escrito libros como Poder sin límites y Despertando al gigante interior.

Robbins afirma que dentro de cada ser humano hay un gran potencial a la espera de ser liberado. Solo hay que desbloquearlo. El ser humano está hecho para evolucionar y mejorar. A cualquier persona, si se la pone en tierra fértil y se la riega, crece sin parar. No existen los límites, existen las limitaciones. Las personas de éxito son personas que han activado su poder interior. Por el contrario, la gente que no consigue resultados, ya sea en el trabajo, con el dinero o en sus relaciones personales, es gente mentalmente pobre. Gente que no cree en ella misma.

El mundo cree en quien cree en sí mismo. Por tanto, ¿cuál es la primera y más importante lección que hay que aprender en la vida? Aprender a creer en uno mismo. Pero no basta solo con eso. Robbins apunta que lo que configura nuestras vidas no es lo que hacemos de vez en cuando, sino lo que hacemos de forma consistente. La repetición es la madre de la destreza. A fuerza de repetir una y otra vez la misma tarea se acaba interiorizando, asimilando y dominando. Para tener éxito no hay que hacer cosas fuera de lo normal, pero sí ciertas cosas repetidas hasta la saciedad.

 En ese pensamiento, Robbins coincide con Brian Tracy, también conferenciante, coach y escritor sobre temas de desarrollo personal. Tracy ha trabajado con más de mil compañías de diferentes sectores en todo el mundo y ha impartido cientos de seminarios. Libros como Psicología de ventas o 21 secretos sobre cómo los millonarios crearon sus fortunas se han convertido en superventas.  El escritor estadounidense asegura que la genialidad no es otra cosa que la práctica diaria.

La gente quiere tener un cuerpo «diez», pero, a los pocos días de seguir la tabla de gimnasia que le ha dado su preparador, empieza a dejar de hacerlo. La gente quiere aprender inglés, pero a partir de la tercera semana empieza a faltar algún día. Así pasa con todo. La disciplina es el factor más importante del éxito; y la disciplina es hacer lo que se tiene que hacer, aunque no apetezca, sin ningún tipo de excusa. Lo difícil no es el trabajo, lo difícil es la disciplina del trabajo.

 

Aun así, Tracy está convencido de que la cualidad más asociada al éxito y a la felicidad es el optimismo. Las cosas positivas le suceden a la gente positiva. Desde el derrotismo, el pesimismo y la negatividad es difícil construir algo grande. El optimismo lleva a la acción; el pesimismo, a la inacción. El optimismo es rentable, y su explicación, sencilla: el optimista es más perseverante, lo intenta más veces, y eso hace que llegue más lejos.

Jack Canfield es un ejemplo de optimismo. Canfield es un conferenciante y escritor en temas de desarrollo personal, al igual que Robbins y Tracy. Es autor de Sopa de pollo para el alma, título que dio lugar a una serie de libros derivados que han vendido más de 112 millones de copias en cuarenta países. Canfield nos anima a dejar a un lado los fracasos y preocuparnos por las posibilidades perdidas cuando ni siquiera lo intentamos. Eso sí que es fracasar.

El hecho de intentar algo, con independencia del resultado final, nos proporciona experiencia y nos coloca en una posición más privilegiada para futuros retos. Puedes evitar fallar no arriesgando, pero a costa de lo más importante: evolucionar y crecer. No hay otra alternativa. Si quieres algo, tienes que actuar. Ve a por ello. No te demores porque nada tarda tanto como lo que no se empieza.

A lo mejor lo conseguido durante el primer mes te parece poco. Espera seis meses y verás en qué se ha convertido. Espera un año y comprueba hasta dónde has llegado. Lo único importante en la búsqueda de tus sueños es que sean tuyos, porque si no es así, es fácil que la debilidad a lo largo del camino haga mella. Decide lo que quieres en la vida, empieza a actuar y date tiempo, las cosas acabarán funcionando.

Espiritualidad

El éxito «exterior» sin el éxito «interior» nos deja vacíos; la espiritualidad es una necesidad humana, aquello que nos conecta con la vida. Tenzin Gyatso es el actual dalái lama del Tíbet, título del dirigente del gobierno tibetano en el exilio y del líder espiritual de lamaísmo. El dalái lama, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1989, ha dado lugar a varias películas como Siete años en el Tíbet y Kundun. El maestro espiritual nos recuerda que a través de la meditación se puede conseguir la paz interior y, a través de ella, la paz mundial.

La meditación consiste en calmar todos esos pensamientos saboteadores que revolotean en nuestra cabeza. Meditar no es otra cosa que tranquilizar la mente, aquietarla, y su práctica permite la conexión directa con el alma. Su práctica habitual frena la ansiedad y el estrés, y nos sirve para conectar mejor con nosotros mismos, con los demás y con el resto del universo. La mente puede ser la herramienta más potente con la que contamos las personas, pero al mismo tiempo la más destructiva, según la utilicemos de una u otra manera.

¿Y qué hace falta para meditar? Silencio. Nos da miedo el silencio. En el silencio se encuentran respuestas, muchas de las cuales son contrarias a nuestra forma de vida. Citarse con uno mismo significa ser totalmente honesto y no disfrazar la realidad, así como asumir que, muchas veces, no estamos llevando la vida que nos gustaría, sino la impuesta por terceros. Con frecuencia, solo nos atrevemos a conversar sinceramente con nosotros mismos cuando la adversidad llama a nuestra puerta y no tenemos escapatoria.

Gandhi, más conocido como «el Mahatma», estaba en sintonía con el dalái lama. Abogado, pensador y activista político, Gandhi se erigió en figura central del movimiento de independencia indio, caracterizado por la defensa de la no violencia activa. Encarcelado en diferentes ocasiones, fue considerado un héroe nacional. El líder indio estaba seguro de que el universo refleja lo que tú irradias, y es un espejo de tu yo más profundo, de lo que alimentas dentro de ti.

Tu «mundo exterior» no es más que una proyección de tu «mundo interior». Para reconciliarse con el mundo, primero hay que reconciliarse con uno mismo. Todo se produce de «dentro» hacia «fuera», aunque creamos que es al revés y nos afanemos en echar la culpa de lo que nos pasa a las circunstancias o a los demás. «La vida es como un espejo, te sonríe si la miras sonriendo», afirmaba el activista.

Si tú mejoras, el mundo mejora. No somos lo que decimos, somos lo que hacemos. No hay nada más inspirador que el ejemplo. Las palabras sirven de estímulo para ponerse a caminar, pero, si esas palabras no van acompañadas de hechos, producen una tremenda decepción. Está bien escuchar a las personas, pero, sobre todo, hay que observarlas para ver cómo se comportan. Gandhi también señalaba: «La felicidad se da cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía».

Al igual que «el Mahatma», Jiddu Krishnamurti también reflexionaba sobre la felicidad. Indio como Gandhi, Krishnamurti fue un conocido escritor y orador en temas filosóficos y espirituales. Medalla de la Paz de la ONU en 1984, fue autor de diferentes libros y ensayos, entre los que destacan El arte de vivir y Libérese del pasado. Krishnamurti explicaba que la felicidad no es una búsqueda, sino un estado de serenidad interior que tiene que ver con estar cien por cien en el momento presente, aquí y ahora.

No existe nada más. La felicidad no es una estación de llegada, no es un lugar al que ir. La felicidad es el camino. Por eso lo ideal es facilitar que cada persona siga el suyo. Sugerir y estimular, pero nunca decirle a nadie lo que tiene que ser o hacer, entre otras cosas, porque la verdad no es algo que se enseña, sino algo que se descubre: «Vivir —dice Krishnamurti— es descubrir por uno mismo aquello que es verdadero». La sabiduría es inspirar, nunca imponer.

La sabiduría es la suprema vulnerabilidad a lo verdadero. Solo cuando nos sentimos vulnerables estamos abiertos al cambio. La sabiduría está muy relacionada con la humildad. La soberbia, por el contrario, nos hace aferrarnos fuertemente a nuestras ideas preconcebidas, evitando cualquier transformación. La sabiduría no es un estado, es un proceso; un aprendizaje continuo que jamás finaliza. Y, para ello, es necesaria una actitud de apertura que solo se produce cuando uno actúa con humildad.

Libertad financiera

El dinero, de una u otra manera, influye en cualquier aspecto de nuestra vida. A todo el mundo le gustaría ganar más y vivir mejor. De todo esto sabe algo Robert Kiyosaki, empresario, inversor, escritor y conferenciante sobre temas de finanzas y libertad financiera. Fundador de Cash Flow Technologies, empezó a ser conocido a nivel internacional a raíz de la publicación de su libro Padre rico, padre pobre. Es ahí donde explica la diferencia entre ser pobre y no tener dinero.

Uno puede no tener dinero temporalmente, pero uno es pobre eternamente. Lo mismo ocurre en sentido contrario: una cosa es tener dinero y otra ser rico. Tu riqueza o pobreza es el resultado de quién eres, no de lo que ganas o pierdes. Es un tema de mentalidad, de filosofía de vida, de cómo afrontas los problemas y la realidad. En definitiva, de actitud. El dinero sin inteligencia financiera se pierde rápido; de igual manera que la falta de dinero con inteligencia financiera te permite recuperarte antes o después.

De lo que se trata, por tanto, es de aprender cómo funciona el juego del dinero. La libertad financiera busca cómo ganar más, gastar menos y vivir mejor. Y para ello hay que enfocarse en cómo construir un conjunto de activos que produzcan unos rendimientos recurrentes que cubran todos nuestros gastos, con independencia de si se trabaja o no. Un activo es algo que pone dinero en tu bolsillo. Un pasivo es algo que toma dinero de tu bolsillo. Esto es, en realidad, todo lo que necesitas saber. Si deseas ser rico, simplemente pasa tu vida construyendo activos.

Lo relevante no es cuánto dinero ganas, sino cuánto dinero conservas. T. Harv Ecker, conferenciante y escritor como Kiyosaki, coincide con este en su visión sobre la independencia financiera. De hecho, su seminario «Los secretos de la mente millonaria» ha recorrido numerosos países por todo el mundo, explicando cuáles son las claves para alcanzar la libertad financiera. Si ingresas mucho, pero gastas igual, en realidad eres un esclavo, porque para mantener tu nivel de gasto tienes que mantener tu nivel de ingresos.

Y los ingresos rara vez son constantes a lo largo del tiempo; antes o después, merman. Si eres dependiente de tus ingresos, te vuelves vulnerable. Por eso, mucho mejor que ganar dinero es ser libre financieramente. Y, para ello, el primer reto es ahorrar de manera disciplinada, sin ningún tipo de excusas; y el segundo reto es poner a trabajar el dinero para que esté generando rendimientos. Cuanto más trabaje tu dinero, menos tendrás que trabajar tú. El dinero parado pierde valor.

No se trata de evitar riesgos, sino de aprender a gestionarlos diligentemente. Quien evita riesgos corre el riesgo más grande: que su vida sea anodina, sin alicientes, carente de estímulos. Evidentemente, cuando se asumen riesgos, uno también puede perder. No siempre se gana. Esto forma parte del proceso de aprendizaje de la creación de riqueza. Los errores bien digeridos nos hacen más fuertes y nos sitúan en una mejor posición para ganar.

Warren Buffet es un experto en la materia. Inversor, empresario y filántropo estadounidense, Buffet es una de las diez personas más ricas del mundo, según la revista Forbes. Una de sus frases más aclamadas es: «Sé temeroso cuando otros sean codiciosos; sé codicioso cuando otros sean temerosos». No siempre lo que piensa la mayoría es equivocado, pero, habitualmente, la gente que marca diferencias se desmarca de la multitud. Sigue su propio instinto y no se deja influir por las corrientes de opinión que representan el sentir popular.

No siempre las cosas son lo que parecen, y menos aún en épocas de bonanza económica, cuando da la sensación de que todo el monte es orégano. Las crisis tienen algo de positivo: limpian el mercado y dejan al descubierto quién vale y quién no vale tanto, separando la paja del grano. Los más preparados sobreviven y mejoran su marca; el resto simplemente desaparecen. Si te centras en lo tuyo, en aquello que te hace singular, probablemente marcarás una diferencia y tendrás una oportunidad de obtener suculentas ganancias.

Emprendimiento

Todos somos emprendedores, bien en nuestra vida profesional, o bien en nuestra vida personal. Richard Branson lo es en ambos aspectos. Branson es un empresario conocido por su marca Virgin, que agrupa a casi cuatrocientas empresas de diferentes sectores. Está en la lista de personas más ricas del mundo por la revista Forbes y ha recibido numerosos premios tanto por su labor empresarial como social, ya que es conocido también por su peculiar estilo de vida. Ser empresario es amar el riesgo, y Branson sin duda lo hace.

Emprender requiere una pluralidad de cualidades, pero hay una que está un peldaño más arriba que el resto: la capacidad de asumir riesgos. Ideas tenemos todos, pero unos se lanzan y otros no. Toda decisión implica un salto al vacío, y cuando uno asume riesgos, a veces las cosas salen bien y otras no tanto. La mayoría de los emprendedores que son referentes en un sector o industria montaron con anterioridad empresas que tuvieron que cerrar, pero se levantaron y empezaron otra vez de nuevo.

El valiente no puede vivir para siempre, pero el cobarde no vive en absoluto. El cobarde suele ser presa de las frustraciones al no ser capaz de vencer sus miedos, vive en un estado de nostalgia permanente por lo que pudo ser y no fue. Si quieres avanzar, desarrollarte, crecer y, sobre todo, ser feliz, tienes que aceptar el miedo y desarrollar estrategias para afrontarlo. Hasta la fecha no hay otra alternativa.

Uno de esos valientes fue Steve Jobs, fundador de Apple y uno de los empresarios más alabados en los últimos tiempos. Él fue el creador de numerosos productos de referencia en el mundo de la tecnología, como el Macintosh, iPhone, iPod, iPad o iTunes, entre otros. Jobs estaba convencido de que el único modo de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. Es muy complicado tener un desempeño «diez» cuando no te sientes identificado con tu oficio, cuando solo cubres el expediente para salir del paso.

Ante todo, sé honesto contigo mismo e identifica aquello con lo que más gozas. Pon tu empeño en ello: te lo pasarás bien, el resto se beneficiará de tu buen hacer, ganarás más y, sobre todo, serás más feliz. Pero debes tener claro que, cuando te dedicas intensamente a algo durante un tiempo, tienes que dejar otras vidas que podrías estar viviendo. No se pueden tocar todas las teclas de un piano al mismo tiempo. Las personas de alto rendimiento lo saben y no se dispersan. No se fijan en lo que pierden al descartar una alternativa, sino en lo que ganan con la opción elegida.

La excelencia exige foco. Es una cuestión de sentido común. Si trabajas diez horas al día y la energía de esas diez horas está al servicio de un proyecto grande, no es lo mismo que si la distribuyes en cinco horas, tres horas y dos horas tocando diferentes palos. Quien se dedica a tiempo completo a algo le gana al resto, porque ha dado más pedaladas. Es una cuestión de sumar horas. Henry Ford, fundador de la compañía Ford Motor Company, dedicó toda su vida a su empresa. Y no le fue mal.

Ford dio lugar al «fordismo», sistema que, gracias a la producción en cadena, permitió la fabricación de un gran número de automóviles a bajo coste. La introducción del Ford T en el mercado automovilístico revolucionó el transporte y la industria en Estados Unidos. Ford buscaba personas para su empresa que tuviesen la infinita capacidad de no saber lo que no se puede hacer. No es casual que Henry Ford afirmase: «Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, estás en lo cierto».

La misión del cerebro no es descubrir la verdad, sino crear coherencia con sus creencias. Cuando el cerebro cree que algo es posible, busca alternativas para lograrlo; cuando cree que algo es imposible, busca excusas para confirmarlo. El cerebro es un excelente órgano buscador de soluciones cuando se le da una orden precisa o una meta que alcanzar. Para el cerebro, la claridad es fuerza. Dicho de manera resumida, una vez que se programa una meta en el subconsciente, esta cobra vida propia.

Liderazgo

En esta vida, todas son relaciones personales. Con partners, empleados, proveedores… Y el liderazgo ocupa en ello un papel esencial. Como expertos en liderar, pocos igualan la trayectoria de John C. Maxwell. Maxwell es conferenciante, formador y autor en temas de liderazgo. Ha escrito más de cincuenta libros, de los que ha vendido millones de copias y entre los que destacan El poder de las relaciones o Las 21 leyes del liderazgo. Una de las grandes claves que da Maxwell para el éxito es la habilidad de relacionarse con la gente.

Se ha dicho en alguna ocasión, medio en broma medio en serio, que la suerte es el resultado de estar muy bien relacionado. La falta de capacidad para relacionarse resta muchas posibilidades de desarrollo profesional. Pero hacer networking no es intercambiar tarjetas, ni siquiera conocer a mucha gente; es algo más. Networking es, sobre todo, conectar con personas. Que haya sintonía, química, entendimiento. Y para ello es fundamental evitar caer en la tentación de juzgar a la otra parte.

Cuando eliminamos los juicios y desarrollamos la empatía, es más fácil conectar con los demás. No se trata únicamente de establecer relaciones, sino de mantenerlas. El networking, de hecho, empieza después de conocer a las personas. Conocerse es el primer paso, pero lo relevante es estar en contacto. A partir de ahí se pueden construir cosas. Y otro aspecto importante es aportar valor. Si vas saltando de evento en evento, pero no tienes nada valioso que ofrecer, simplemente estás sumando gente a tu agenda. Eso no construye nada.

Otro gurú del liderazgo fue Peter Ferdinand Drucker, considerado el padre del management. Nacido en Austria, se exilió a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, donde comenzó a trabajar como profesor, escritor y consultor del management. El management del futuro y La sociedad postcapitalista son dos de sus obras más aclamadas. Drucker afirmaba que todas las organizaciones desarrollan a las personas: o las forma o las deforma.

El liderazgo, o la falta de este, de los directivos es el factor más crítico del éxito o el fracaso de las organizaciones. A pesar de ello, no es algo de lo que puedan presumir muchas compañías. Según un estudio de la consultora McKinsey & Company, más del 50 % de los altos directivos considera que su incapacidad para liderar es un gran obstáculo para conseguir resultados. La mejor estructura no garantiza los resultados ni el rendimiento. Pero la estructura equivocada es una garantía de fracaso.

La mejor estructura organizativa fracasa si no cuenta con las personas y el liderazgo adecuado para ejecutar eficazmente el modelo de negocio. Dicho esto, las estructuras son facilitadoras o aniquiladoras del potencial de las personas, permitiendo o entorpeciendo que se consigan resultados. Estructuras organizativas burocráticas, con exceso de niveles jerárquicos, dan lugar a ineficiencias, conflictos y problemas de comunicación.

Sobre esto último, comunicación, sabe mucho Tom Peters. Tom Peters, pensador del management y calificado por la revista Fortune como «gurú de los gurúes», lleva desde 1981 trabajando por cuenta propia. Su obra más conocida, En busca de la excelencia, tuvo un enorme impacto cuando apareció en el mercado. Peters afirma que los grandes líderes comunican sin descanso. Buscan el encuentro personal con los miembros de su equipo a todos los niveles. Ponen en práctica el denominado managing by wandering around.

Les apasiona hacerles partícipes de los temas que consideran importantes, conocer qué opinan, saber lo que les preocupa, contestar sus preguntas y escuchar. Es imposible que exista un liderazgo que no sea presencial. El liderazgo exige contacto y roce frecuente. De hecho, la principal causa por la que una persona cambia de trabajo no es el aumento de sueldo, sino las malas relaciones con su jefe. El liderazgo es un factor clave en la consecución de resultados y también en la retención del talento.

A menudo, la diferencia entre unas organizaciones y otras está en la puesta en práctica de un liderazgo efectivo. Cuando se ocupa un puesto de gestión, aprender a liderar no es una opción, sino una responsabilidad.  No hacerlo tiene consecuencias graves, máxime si tenemos en cuenta que el 85 % del producto interior bruto mundial es economía del conocimiento y los servicios. Y los servicios y el conocimiento los prestan y ostentan, respectivamente, las personas.

Conclusión

Los «mejores», aquellos que aportan pluses y son referentes en cualquier ámbito, siempre tienen mentalidad de excelencia. Y la excelencia no es algo estático, sino dinámico. Exige un gran desgaste físico y emocional para adaptarse al entorno, a las tendencias y a los nuevos hábitos de los consumidores que no todos están dispuestos a asumir. Quizá por ello, como bien apunta David J. Schwartz: «La competencia nunca está en los niveles de excelencia; la competencia está en los niveles de mediocridad».

Las empresas líderes son proactivas, no reactivas. En un entorno tan volátil como el actual, buscar la excelencia ya no es tanto una posibilidad como una necesidad, porque buscar la excelencia es la mejor garantía de tres cosas. Primero, de fidelizar a los clientes. Cuanto más excelente es una empresa, más reticencias tienen los clientes a cambiar. Segundo, de defensa contra la competencia. Cuanto más excelente es una empresa, más barreras de entrada a la llegada de nuevos competidores. Y tercero, de crecimiento de los beneficios. Cuanto más excelente es una empresa, más atractivos pueden ser sus precios y, por tanto, sus márgenes.

Vivimos en un mundo cada vez más competitivo, en el cual nada se puede dejar al azar. En España, el 80 % de las nuevas empresas no sobreviven al primer año. Al igual que conocer los errores del pasado nos ayuda a no repetirlos, conocer las conductas de aquellas personas que han obtenido éxito en su campo puede ser sin duda de gran inspiración a la hora de planificar nuestras vidas y nuestros proyectos empresariales. Son muchas las ideas estratégicas contenidas en Aprendiendo de los mejores, todas ellas de gran profundidad y utilidad práctica, aunque quizás el mensaje central del libro es: «Tu vida es el resultado de tu desarrollo personal».

El desarrollo personal es la vida misma. El éxito no es algo que consigues, sino algo que atraes a tu vida como consecuencia de la persona en la que te conviertes. Si no estás preparado, las oportunidades no van a aparecer en tu vida. El éxito ama la preparación. Cuanto mayor es el desarrollo personal de una persona, cuanto más crece personal y profesionalmente, mayores retos, desafíos y responsabilidades puede asumir. Por eso, tu desarrollo personal es tu destino. Desarrollo personal no es otra cosa que estar preparado para la vida. Tu nivel de éxito solo puede crecer hasta el nivel al que crezcas tú. En definitiva, en quién te conviertes se acaba reflejando en lo que obtienes.

Fin del resumen

Biografía del autor

Francisco Alcaide

Francisco Alcaide, profesor de la Universidad Antonio de Nebrija, es doctor en Organización de Empresas por la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador habitual en prensa económica (Expansión, Cinco Días, Gaceta de los Negocios...) y revistas especializadas.

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