Vivir sin jefe
Resumen del libro

Vivir sin jefe

por Sergio Fernández

Los errores más frecuentes de los emprendedores

Introducción

 

Hay millones de personas que realizan trabajos por los que no sienten ninguna pasión, a los que van solo para ganar un sueldo a final de mes. A menudo les oímos decir: “mi trabajo es un rollo”, “estoy cansado de mi jefe”, “con lo que gano apenas puedo vivir”, “no me siento cómodo en mi empresa”, etc. Todas ellas dejarían mañana mismo su trabajo si pudieran permitírselo económicamente.
Igualmente, están los emprendedores, personas que han puesto en marcha una aventura empresarial y que suelen atravesar todo tipo de problemas, exceso de trabajo y enormes dificultades hasta que llegan a levantar su sueño. A ellos es frecuente oírles decir: “cada vez trabajo más horas”, “necesito obtener beneficios ya”, “me cuesta mucho encontrar trabajadores responsables”, etc.
Algo falla si en España, por ejemplo, ocho de cada diez profesionales se sienten insatisfechos en su trabajo; si sacar un proyecto adelante cuesta tanto desde el primer día; o, aún peor, si muchas magníficas ideas ni siquiera se ponen en marcha.
Por otra parte, la mayoría de los libros de empresa trata sobre la manera de hacer bien las cosas. Pocos analizan y reflexionan sobre los errores, que es una excelente e infravalorada manera de aprender, puesto que la equivocación constituye una de las bases sobre las que construimos nuestro aprendizaje.
Ser emprendedor es un ejercicio de equilibrismo en la cuerda floja. Los emprendedores algunas veces se equivocan; están obligados a ser creativos y a tomar decisiones 24 horas al día; tienen que aplicar nuevos enfoques a viejos problemas; deben ser los capitanes de su vida profesional y, a la vez, disfrutar de tiempo libre de calidad… De todo ello nos habla el presente libro, que el autor dedica a todas aquellas personas que no se atreven a dar el paso de ser emprendedoras, a otras muchas que lo intentan y no lo consiguen, y a aquellas que se ponen manos a la obra y encuentran millones de dificultades pero están decididas a superarlas.

 


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Parte 1: Errores comunes en la planificación de nuestro trabajo

Error: dedicarse a algo por lo que no sentimos pasión. Todos los seres humanos somos buenos en lo que nos apasiona y tenemos un gran potencial que, correctamente dirigido, nos permite lograr casi todo lo que nos propongamos. La fórmula es sencilla: si conseguimos dedicarnos a lo que nos gusta y, por tanto, somos buenos en ello, trabajar será una experiencia gratificante.
Por ello, lo primero que tenemos que hacer es descubrir a qué queremos dedicarnos. No hay nada que incremente más la energía de una persona que saber adónde se dirige, ni nada más estimulante que levantarse por la mañana con una meta clara en la vida. En el caso contrario, si trabajamos en algo que no nos apasiona, estaremos cometiendo el mayor error de nuestras vidas.
Con un poco de creatividad es posible que podamos ganar dinero haciendo lo que nos gusta o, al menos, algo muy parecido. Vivimos en una sociedad compleja y variada, donde se demandan cada vez más productos y servicios de la más diversa índole. Hay muchas probabilidades de que podamos encontrar la manera de trabajar en lo que nos gusta. No debemos ver el hecho de que nadie se dedique a lo que hacemos o queremos hacer como una limitación o como una prueba de que no hay mercado, sino más bien como una oportunidad. Cada año nacen cientos de categorías nuevas de productos y, aunque no todas sobreviven, muchas acaban por consolidarse en el mercado.
Un ejercicio que nos puede resultar útil a la hora de encontrar una oportunidad para dedicarnos a lo que queremos es preguntarnos: “¿a qué me dedicaría si tuviera todo el dinero del mundo para mí y para mis seres queridos?”. Es una de las preguntas más eficaces, que, respondida con sinceridad, nos puede dar un resultado impactante.
Error: no dedicarse a su propio negocio. La mayoría de los emprendedores se encargan de su propio negocio y de mil cuestiones más. Esto es un error, porque así se distraen y descuidan las actividades estratégicas de su gestión.
En este sentido nos puede resultar muy instructivo el caso de las multinacionales. Estas organizaciones prestan una especial atención a lo que consideran la parte esencial de su actividad y todo lo demás lo externalizan. Según Naomi Klein, la afamada autora de No Logo: “… Hacia los ochenta […] se llegó a la conclusión de que algunas empresas eran demasiado grandes. Llegó a parecer que el proceso mismo de producción ya no era la ruta del éxito, sino un estorbo intolerable […]. Algunos pioneros plantearon la tesis de que la producción de bienes solo era un aspecto secundario de sus operaciones […]. Lo principal que producían estas empresas no eran cosas […]. Su verdadero trabajo no consistía en manufacturar, sino en comercializar”.
En el momento en que estas empresas comprendieron cuál era la parte esencial de su negocio, que en este caso consistía solamente en crear marcas para comercializarlas, empezaron a ganar más dinero.
Aquí está la clave. En nuestro negocio hay una parte esencial, lo que se conoce como el core business (el corazón del negocio); es lo que hacemos o deberíamos hacer mejor que nadie y tendríamos que concentrar en ello toda nuestra energía. Todo lo demás (declaración de impuestos, limpieza…) –igual que las grandes compañías– no deberíamos acometerlo nosotros mismos, sino externalizarlo, dejar que otras empresas o personas lo hagan por nosotros. Si procedemos así, nos profesionalizaremos, porque dispondremos de más tiempo para centrarnos en nuestra actividad.
Error: no ofrecer ningún valor añadido. La tarea de ofrecer un valor añadido a los clientes es una de las más estratégicas para un emprendedor, por lo que no se puede dejar de lado en ningún momento.
Si el emprendedor no tiene algo que le diferencie (el valor añadido) y no lo comunica de forma clara, en la práctica será percibido como uno más entre el resto de personas o empresas que hacen lo mismo que él. No será más que uno del montón.
Dar con el elemento diferenciador no necesariamente tiene que suponer mucho esfuerzo y, sin embargo, ayuda a encontrar y mantener clientes. Estos últimos necesitan saber, aunque sea de manera intuitiva, por qué nuestra empresa es única en lo que hace, o por qué nuestros productos o servicios son diferentes. Cuanto más especializado sea el trabajo que llevemos a cabo, más necesario resultará que seamos capaces de diferenciarnos.
Diferenciarse únicamente por precios asequibles no es recomendable. Aunque es una buena técnica de posicionamiento, apurar los precios a la baja, a largo plazo, no es sostenible ni suele ser rentable. Diferenciarse solamente por el precio, como mucho, puede ser sostenible mientras conseguimos nuestros primeros clientes. Por otra parte, los precios más competitivos se asocian rápidamente a productos de baja calidad, independientemente de que sea cierto o no.
Otro tipo de valor añadido diferente es el que ofrecemos en cada trabajo que realizamos. Debemos encontrar la manera de que, cada vez que ofrezcamos un producto o servicio, este llegue con algo más de lo esperado. Podemos intentar entregarlo antes de la fecha en que lo esperan; o regalar algo que no nos cueste mucho, pero que supone una sorpresa para el cliente. La clave es superar la expectativa que este tiene sobre nosotros o nuestro trabajo.
Error: no poner los contadores a cero de vez en cuando. Otro de los errores que cometen frecuentemente los emprendedores es quedarse atados al pasado. Hacer una limpieza de cosas, tareas pendientes y creencias, de vez en cuando, es una actividad energizante y necesaria: nos ayuda a sentirnos bien y a ser más eficaces en nuestro trabajo.
Hay ideas, objetos y opiniones que funcionan en un momento de la vida, pero que, pasado un tiempo, ya no resultan útiles. Debemos reciclar todo ese material que no nos sirve para que no nos lastre innecesariamente. Hay pocas actividades tan revitalizantes e inspiradoras como eliminar todos los “tengo que…” que incordian nuestras vidas.

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Parte 2: Errores frecuentes en el trabajo del día a día

Error: no darse cuenta de que lo que más valoran de nosotros cuando nos contratan es la confianza. Los negocios se mueven gracias a la confianza. Aquella persona capaz de generar mayor confianza será aquella que más negocios será capaz de cerrar. Si no confiamos en alguien, lo más probable es que no hagamos negocios con esa persona, con independencia de la marca u organización que esté detrás de ella.
Confianza es poder creer a una persona por completo y a la primera. Todos los humanos la buscamos porque nos facilita enormemente la vida. Por eso las personas a las que los demás creen tienen mayores probabilidades de éxito en la vida. Excepto si fallan esa confianza: no hay nada más difícil de recuperar que la confianza perdida.
La única manera que tenemos para generar confianza en las personas con las que nos relacionamos es comportándonos de manera íntegra. Hablar bien en público, conocer las mejores técnicas de venta o de negociación, caer bien a la gente… nos podrán ayudar, pero solo si tenemos ese cimiento personal sólido que es la integridad.
En una sociedad como en la que vivimos, donde hay tantos engaños, cuando una persona encuentra a otra en la que confiar, es tanta la alegría que experimenta que pronto correrá a decírselo a todo el mundo. A todos nos han recomendado alguna vez a un dentista, a un gestor o a un mecánico; y eso fue fundamentalmente porque confiaban en esa persona y no tanto por sus habilidades técnicas. Debemos convertir a nuestros clientes en una red de comerciales que trabajan para nosotros hablando de la confianza que les inspiramos.
Error: no saber vender. Una habilidad sin la que un emprendedor no puede sobrevivir es la venta. Si no nos gusta la actividad comercial, tenemos poco que hacer como emprendedores. Esto no quiere decir que tengamos que convertirnos en vendedores de coches de segunda mano. Significa que hay unas cuantas habilidades comerciales que debemos desarrollar para garantizar nuestra supervivencia.
  1. La capacidad de saber explicar qué hacemos o qué podemos hacer. Cuando la gente nos pregunta a qué nos dedicamos, tenemos que ser capaces de explicarlo de manera clara y resumida, junto con el beneficio que produce nuestra actividad. Por ejemplo, en el conocido programa televisivo de debate llamado 59 segundos, las personas pueden defender su punto de vista durante ese tiempo como máximo. La idea está clara: o la persona es capaz de explicarse brevemente o está muerta socialmente. En el caso de los emprendedores, si no dominan el arte de ser concisos, estarán también muertos económicamente.
  2. La capacidad de saber explicar de manera correcta el trabajo que vamos a desarrollar. Hay que ser claros en todos nuestros proyectos, presupuestos o folletos comerciales. Tenemos que disponer de una publicidad o presupuestos en función de la actividad que desarrollemos, que, además de ser agradables de leer, cumplan unas normas mínimas de redacción, orden, limpieza y capacidad de explicar lo que se quiere transmitir.
  3. La capacidad de dar un precio sin que nos tiemble la voz, sin dudar y sin dar explicaciones. Tenemos que ser capaces de dar el precio sin que nos tiemble la voz, sin cambiar la velocidad normal a la que hablamos y sin justificar nada. Si carecemos de esta habilidad, nuestros clientes detectarán que está pasando algo y desconfiarán. No justificar un precio no significa no explicarlo. En ese sentido, es bueno tangibilizar todo lo que se pueda: decir que incluye dietas, transporte, seguros, etc. Eso ayuda al cliente a entender la cifra que le pedimos. A una persona a la que se le daría muy bien dar un precio es a James Bond: nunca le tiembla la voz y siempre habla con el mismo tono y expresión; jamás pierde la compostura. Los emprendedores harían bien en imitar su aplomo.
  4. La capacidad de soportar el miedo al rechazo. Una parte esencial de la venta consiste en entrenarse para aceptar un no. Si no, nunca podremos ser buenos vendedores. Un posible entrenamiento para desarrollar esta capacidad sería buscar el no. Si el rechazo nos produce pánico, podríamos coger el teléfono y hacer llamadas sin descanso. El objetivo para un día no sería vender, sino iniciar 50 conversaciones comerciales. Si nos dicen que no, no pasa nada. Ya solo nos quedarían 49, y luego 48, 47… Si nos dicen que sí, cerramos la venta o acordamos una segunda cita y continuamos.
  5. La capacidad de entender lo que significa realmente vender. Vender no es otra cosa que pararse a pensar qué puede necesitar la persona con la que estamos hablando y cruzar esa información con aquello que le podemos ofrecer. Vender es generar oportunidades donde antes no las había. Es entender en qué punto nuestra necesidad y la de nuestro cliente se encuentran. Lo que hacemos es descubrir junto a nuestro cliente algo en lo que podemos ayudarlo. Por eso, si presentamos presupuestos o proyectos debemos hacerlos personalizados: hablar primero con nuestro cliente y luego preparar la propuesta comercial. Lo demás es demasiado arriesgado o una pérdida de tiempo.
  6. La capacidad de entender que la venta que realizan los emprendedores es normalmente un proceso en que cada parte conlleva la siguiente. El proceso de venta se parece mucho al de la seducción. Sin contacto ocular no suele haber conversación. Sin conversación, no hay sonrisas. Sin estas, no hay teléfono, y sin él, la segunda cita difícilmente ocurrirá. No conviene nunca vender en un primer contacto, especialmente en el caso de que ofrezcamos servicios profesionales. Cada contacto tiene que llevar al siguiente de forma natural, para que tanto el cliente como nosotros tengamos tiempo de valorar si queremos trabajar juntos.
  7. La capacidad de entender que suele ser más rentable fidelizar clientes que encontrar otros nuevos. A las empresas que cuentan con una clientela estable y fiel les resulta mucho más fácil perdurar, dado que no tienen que emplear tiempo en ganarse la confianza de sus clientes y pueden utilizar esas horas en satisfacer a los que ya tienen.
Error: analizar demasiado; no seguir el ejemplo del león y la gacela de Thompson. En algunos documentales sobre naturaleza se puede apreciar que el león que consigue cazar a la gacela de Thompson es aquel que, aunque haya escogido a una más rápida que otras del mismo grupo, no cesa en el intento y no cambia de presa a mitad de carrera. El león que se distrae y cambia de gacela, pierde.
Lo que hace mal este león es analizar demasiado. Demasiado análisis está reñido con la acción. Si analizamos demasiado, corremos el peligro de cambiar de objetivo, que es lo que hacen los leones que se quedan sin presa. Este es precisamente el problema que sufren muchos emprendedores: cambian de caballo a mitad de carrera. Como saben que los resultados de cualquier decisión adoptada les afectarán inmediatamente, analizan demasiado.
Error: presupuestar pillándose los dedos o dar un precio demasiado alto y quedarse sin el trabajo. Son dos errores que cometen con frecuencia quienes trabajan por su cuenta, bien sea por miedo a perder el trabajo o bien por miedo a que su trabajo no se valore al pedir un precio excesivamente bajo.
Aparentemente, una de las partes más difíciles a la hora de ofrecer servicios profesionales es la fijación de precios. Calcular el valor de un trabajo sería más fácil si supiéramos cuánto nos cuesta ese trabajo y cuál es el valor que le otorgan nuestros clientes en un momento determinado.
Un buen método para esto es el CCC o método de los tres cálculos: el de los costes, el del valor percibido y el de las otras variables.
El cálculo de los costes. Es imprescindible calcular cuánto nos cuesta, en términos económicos y temporales, la realización de un trabajo. Sin ese cálculo no podemos presupuestar. De esta manera, podremos multiplicar el número de horas que estimamos que nos llevaría ofrecer ese trabajo, producto o servicio, por nuestra tarifa por hora y sumarle a esto los demás costes económicos. Así sabríamos la cantidad mínima que tenemos que presupuestar, por debajo de la cual no nos resultaría rentable realizar el trabajo.
Calcular el valor percibido. Esta operación consiste en saber qué valor le otorga nuestro cliente al trabajo y, por tanto, cuanto está dispuesto a pagar por él. Gracias a esto, podremos aumentar o disminuir los precios. Hay que tener en cuenta que los clientes no pagan por lo que nos ha costado producir un bien, sino por el beneficio percibido de ese bien.
El valor percibido resulta difícil de cuantificar. Cuenta la anécdota que, estando Picasso en un restaurante, se le acercó una mujer y le pidió un dibujo para su hija, que era admiradora del pintor. Picasso garabateó un dibujo en apenas unos segundos y, al entregárselo a la mujer, le pidió una gran cantidad de dinero. La mujer entonces le respondió: “¿Cómo puede pedirme semejante suma si apenas ha tardado unos segundos en hacerlo?”. Picasso respondió: “Efectivamente, he tardado unos segundos en hacerlo, pero llevo toda la vida aprendiendo para poder hacerlo”. Podemos ser unos Picasso de nuestra profesión, pero si nuestros clientes no valoran nuestro trabajo, no nos pagarán lo que les pedimos.
Una buena idea es escuchar atentamente a nuestros clientes cuando hablen para saber a qué partes de nuestro trabajo le otorgan más valor. Es a estas partes a las que debemos prestar más atención.
Calcular otras variables. Conviene, antes de dar un precio definitivo, saber qué precio fija nuestra competencia para productos similares. También es bueno que aceptemos algún encargo que no nos resulte rentable económicamente pero que sí lo sea en algún otro aspecto: determinados trabajos pueden ser una inversión para generar futuras relaciones.
Igualmente, si tenemos que dar un precio aproximado de palabra, es recomendable ofrecer siempre uno ligeramente superior al que estimamos que va a ser. De esta manera, cuando hayamos calculado el precio real, ligeramente por debajo de la primera aproximación, a nuestro cliente le parecerá, en comparación, más económico.

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Parte 3: Errores frecuentes en las relaciones con otras personas

Error: no tener una marca personal. La fórmula de construir una marca personal se puede resumir en una frase, aunque requiere de mucha sensibilidad y tacto para ponerla en práctica con éxito. La clave es determinar una serie de atributos por los que queremos que se nos reconozca, trabajar por ellos y comunicarlos de la mejor y más memorable manera posible.
Todas las marcas están asociadas a algo que las hace únicas y por lo que son reconocibles. Así, a Mercedes se le asocia a distinción y a Hyundai, a buen precio. El Corte Inglés se asocia a calidad en el servicio, mientras que LIDL, a productos baratos. Italia, a diseño, y Alemania, a eficiencia.
Cuando ya conocemos los atributos a los que queremos que se nos asocie, es necesario comunicarlos de la mejor manera posible. La clave está en ser una marca reconocible y sencilla, que sepa evolucionar si tiene que hacerlo y que esté muy presente.
Error: no emplear nuestra red de contactos (networking). Networking es el arte por el que diferentes personas se ponen en contacto y estimulan sus relaciones para generar oportunidades. Cuidar la red de contactos es esencial para los emprendedores, porque necesitan crear estructuras en las que poder apoyarse en determinados momentos.
Consejos para mantener una red de contactos:
  • Relacionarse de vez en cuando con personas solo por el mero hecho de hacerlo, sin pedir u ofrecer nada.
  • Mantenerse en contacto de forma continua: enviar artículos, informar de eventos o llamar en ocasiones especiales.
  • Tener preparada una presentación de menos de medio minuto sobre lo que ofrecemos y/o lo que buscamos.
  • Crear nuestra propia red de contactos. Hablar con personas que no conocemos pero con las que podemos tener intereses comunes.
  • Ser conscientes de que podemos emplear redes de contactos profesionales en Internet.
Error: pensar que el cliente siempre lleva la razón o no quitarse de encima a algunos clientes. La ley de Pareto dice que el 20% de los esfuerzos nos proporciona el 80% de los resultados. Extrapolado al caso de un emprendedor, se puede decir que el 20% de sus clientes le proporciona el 80% de sus beneficios y satisfacción. Nuestro objetivo como emprendedores debe ser, por tanto, potenciar la relación con ese 20% y ceder a la competencia a aquellos clientes que menos satisfacción nos proporcionan.
Una de las compañías de telefonía móvil más conocidas del mundo ha optado por una política en la que prima el trato a ese 20% de sus consumidores que le reporta el 80% de sus beneficios. Gracias a una herramienta de CRM (Customer Relationship Management), cuando el centro de atención al cliente recibe una llamada, detecta qué tipo de usuario se trata. A los clientes estratégicos, es decir, a los que forman parte ese 20%, se les dirige a un centro de operadores altamente capacitados y que tienen que contestar antes de que el teléfono suene tres veces. Los recursos en esta empresa son asignados en relación con el tipo de interés que tengan para ella.

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Parte 4: Errores en la relación con uno mismo

Error: no eliminar los sumideros de energía. En la historia de Superman, el héroe es capaz de llevar a cabo las mayores proezas y hazañas sin que nada ni nadie pueda detenerlo, excepto una cosa: la criptonita. Cuando Superman se acerca a esta, su poder innato disminuye. Cualquiera de nosotros puede encontrarse en una situación similar: estar rodeados de criptonita. Para eliminarla y recuperar nuestra energía natural, tenemos primero que identificarla.
Algunas personas con las que nos relacionamos, los alimentos que tomamos o las actividades que desarrollamos son verdaderos sumideros de energía y nos pueden sentar tan mal como la criptonita a Superman.
Uno de los mayores sumideros energéticos en lo laboral es postergar la toma de decisiones. Un emprendedor debe especializarse en tomar decisiones con agilidad y criterio. Cuando nos llegue un correo electrónico, una llamada o un encargo, es bueno acostumbrarse a tomar una decisión en el momento.
La decisión puede ser como sigue:
  • Hacerlo en el momento. 
  • Decidir no hacerlo nunca. 
  • Postergarlo por una razón justificada y ponerle una nueva fecha a la decisión. 
  • Delegarlo en otra persona.
Tomar decisiones en el momento es una de las mejores maneras conocidas de estar siempre rebosante de vitalidad.
Otro de los sumideros es no decir lo que tenemos que decir en el momento. Las conversaciones con nosotros mismos son un excelente gasto de energía. No debemos guardar cosas que nos desgastan. Si alguien nos ha hecho o dicho algo que nos ha molestado, debemos manifestarlo. La mejor manera que se conoce de no tener cuentas pendientes es decir las cosas en el momento, cuando aún no han crecido; es más fácil y evita que engorden.
Uno más son las habladurías, los cotilleos y hablar de terceros sin que estén delante. Un proverbio árabe dice: “habla solamente cuando estés seguro de que lo que vas a decir es más bello que el silencio”. Criticar a otras personas sin que estén delante mina nuestra energía, así como la confianza que los otros depositan en nosotros.
Error: no dar la apariencia de estar siempre ocupado. Comportarnos como si ya hubiéramos conseguido lo que deseamos activa nuestra capacidad de atraer lo que queremos. En el caso de que estemos ansiosos por conseguir un determinado encargo, porque estamos casi sin actividad en un determinado momento, conviene que actuemos como si no fuera fácil conseguir una cita con nosotros. Debemos plantear a nuestro interlocutor solamente dos posibilidades: o el miércoles a última hora o el viernes a primera. Si no puede, mala suerte: él se lo pierde. Este pequeño juego puede resultar extremadamente útil, porque nos ayuda a visualizar cómo queremos vernos y nos permite aprender a comportarnos como se debe cuando nos vaya bien.
Error: no dedicar tiempo a reciclarse. El protagonista de la famosa película de Steven Spielberg Atrápame si puedes es un impostor que se hace pasar por piloto de aviones, médico, abogado y muchas cosas más. Uno de los motivos por los que puede interpretar impunemente la farsa es porque se recicla continuamente. Cuando ejerce de médico, por ejemplo, lo que hace es ver documentales que le permiten asimilar los conocimientos mínimos sobre medicina. El protagonista, además de ser un farsante, comprende el valor de la información. Saber reciclarse constantemente es la clave de su éxito.
Hoy en día no gana el que trabaja más tiempo ni el que más sabe, sino el que tiene la información adecuada y además la utiliza. Esto significa que tenemos que actualizarnos todo el tiempo. Supone que tenemos que jugar con información y saber usarla.
Hay dos maneras básicas de conseguir información: a través de otras personas (networking) y dedicando un tiempo a actualizarnos. En lo que respecta a esto último, no está de más incluir en nuestra planificación anual o semestral un tiempo para reciclarse, hacer algún curso, leer. Reciclarse es una de las mejores maneras conocidas hasta el momento para conseguir ideas nuevas y mejorar el desempeño de nuestro trabajo. Si no lo hacemos, nos moveremos siempre con las mismas ideas y eso puede ser el principio de nuestro fin.  
Error: no cultivar los valores clave para ser emprendedor. Si queremos que el sistema económico que es nuestra empresa perdure en el tiempo y tenga éxito, hemos de cultivar unos valores que nos permitan movernos con acierto en la vida. Como humanos, y aún más como emprendedores, nos vemos obligados a tomar decisiones cada día de nuestra vida. La mejor manera de hacerlo es orientándonos por nuestros objetivos y, sobre todo, por nuestros valores.
Hay cinco valores clave que nos pueden orientar como seres humanos y como emprendedores.
La honestidad, porque permite que nuestra palabra tenga fuerza y que las personas con las que nos relacionamos sepan que pueden confiar en nosotros. Sin confianza no hay negocios.
La integridad. Ser íntegro es una garantía ante uno mismo y ante los demás frente a las adversidades de la vida. La integridad supone satisfacer las expectativas. Ser íntegro es no fallarse a uno mismo, lo cual es muy tranquilizador.
El trabajo constante. La constancia rinde más frutos que el trabajo duro. Si hoy nos proponemos ser buenos en algo o lograr determinado objetivo, puede que no lo consigamos mañana, ni dentro de uno o varios años, pero, si de verdad nos lo proponemos, es casi seguro que acabaremos por conseguirlo.
La generosidad. Hay que hacer todo lo posible para que en cualquier trabajo que realicemos todo el mundo que participe acabe contento y deseando que se genere otra oportunidad de colaboración. Este principio es la garantía para que los trabajos acaben bien hechos y para que las personas estén felices a nuestro alrededor.
La atención al detalle. Prestar atención al detalle es mirar la cara de las personas con las que hablamos, observar lo que hacen y dejan de hacer, estar atento a las cosas que cambian en nuestra ciudad y los detalles que nadie ha observado antes. También es recordar las fechas importantes, los gustos de nuestros familiares y amigos, revisar los correos electrónicos y los documentos antes de mandarlos, etc. Es darse cuenta de que lo grande está en lo pequeño.

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Parte 5: Errores frecuentes cuando dejamos de trabajar

Error: no crear mentalmente lo que deseamos. La física cuántica está demostrando a través de multitud de experimentos cómo lo que pensamos tiene mucho más peso de lo que de entrada nos pueda parecer. Además, las zonas del cerebro que se estimulan son exactamente las mismas cuando hacemos algo que cuando pensamos en ese mismo algo. En ese sentido, es importante que identifiquemos las frases que decimos, las cosas que pensamos y cómo nos vemos dentro de un tiempo, para visualizarnos en la situación en la que deseamos estar.
Si aprendemos a hacer esto, seremos capaces de mover una gran cantidad de energía a nuestro favor y a posibilitar que las cosas sucedan. Así, si deseamos un nuevo cliente o un coche nuevo o un nuevo estilo de vida, sería bueno que dedicásemos todos los días un rato a visualizarlo con el máximo grado de detalle posible y esperar los resultados.
Error: no devolver parte de lo que recibimos. En la película Cadena de favores, un profesor de primaria interpretado por Kevin Spacey pide a sus alumnos que ideen una manera para cambiar el mundo. Uno de ellos inventa la progresión geométrica aplicada a los favores. Si una persona hace tres favores diferentes a tres personas y cada una de ellas hace otros tres favores a otras tres personas, ya serían nueve las personas que reciben un favor. Cuando estas lo hagan a otras tres, serán 27, que, cuando decidan devolver el favor, lograrán que 81 personas reciban otro favor, que a su vez lo devolverán a 243 personas y así sucesivamente.
Ayudar a los demás o al mundo a que vayan un poco mejor es de sentido común. Ser egoísta no es inteligente. Si a los demás no les va bien, a nosotros tampoco nos irá bien. El mundo sería muy diferente si cada uno de nosotros hiciese tres favores. Podemos seleccionar una idea o un proyecto para colaborar en ellos con nuestra pequeña aportación, al margen de los impuestos, para construir una sociedad mejor.
Error: olvidar que es un juego y que hacemos esto por divertirnos. La mayoría de las veces nos ponemos demasiado serios. Es comprensible porque de nuestro trabajo depende directamente nuestro sustento y, en ocasiones, el de nuestra familia. Aun así, a menudo se nos olvida que la mayoría de las veces no hay para tanto, que esto no es más que un juego y que, como en todos los juegos, a veces se gana y a veces se pierde, y eso forma parte de la vida.
Un anuncio de BMW hizo popular la entrevista que en 1971 concedió Bruce Lee al periodista Pierre Berton. Bruce dijo: “Vacía tu mente. Libérate de las formas, como el agua. Pon agua en una botella y será la botella. Ponla en una tetera y será una tetera. El agua puede fluir o puede golpear. Sé agua, amigo mío”. La idea clave para él era fluir. Se trata de adaptarse pase lo que pase y de asumir que estamos jugando, que a veces se gana y a veces se pierde, sin dramas ni aspavientos.
Una de las ideas que más puede ayudarnos en lo personal es encontrar a qué queremos dedicarnos, hacer todo lo que esté en nuestras manos para conseguirlo y, después, olvidarse del resultado. Esta es una de las actitudes más inteligentes y eficaces que hay para acercarnos a los resultados que esperamos. El hecho de dedicarnos a una actividad que nos apasiona y a la que tenemos intención de seguir dedicándonos independientemente de lo que pase, nos ayudará a obtener los resultados deseados.
Pese a todo, a veces ocurre que no logramos estos resultados deseados. Pero debemos saber que, si actuamos de acuerdo con nuestros valores, siempre tendremos éxito. Primero, el éxito interior, que es el de sentirnos orgullosos de haber respetado nuestros propios valores; este éxito acaba por conducirnos a otro tipo de éxito antes o después. No hay nada más poderoso que una persona que sabe que ha hecho lo correcto y que sabe adónde se dirige.


Fin del resumen ejecutivo
Biografía del autor
Sergio Fernández
Sergio Fernández nació en Madrid y es coach, formador y consultor especializado en instituciones públicas en su propia marca, www.developia.es; realiza, además de asesoramiento en coaching, planes de comunicación, vídeos institucionales, sitios web, diseño gráfico y formación en comunicación. Emprendedor y solucionador de problemas, desde 2003 es responsable de comunicación de un conocido ayuntamiento de la Comunidad de Madrid. Colaborador de diferentes medios de comunicación, lidera el espacio radiofónico Pensamiento positivo sobre desarrollo personal y psicología práctica.
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