Las reglas del dinero
Resumen del libro

Las reglas del dinero

por Richard Templar

El código “definitivo” para el éxito económico

Introducción

Todos quisiéramos tener dinero y vivir en la abundancia. Estamos fascinados por los que lo ya lo lograron. Nos gustaría saber cómo lo hicieron y cómo podríamos conseguirlo nosotros.
La única verdad es que la diferencia entre los ricos y los que no lo son es que los primeros comprenden y hacen las cosas que los demás no hacemos ni comprendemos. Los ricos siguen unas reglas de comportamiento que los han ayudado a alcanzar la fortuna y estas reglas son lo que los separan de todos los demás.
El famoso autor de Las reglas del trabajo, Richard Templar, se ha esforzado por codificar ese comportamiento para que lo podamos imitar y llegar a mejorar nuestra posición financiera. En concreto, nos cuenta lo siguiente: lo que hacen las personas para ganar dinero; cómo siguen ganándolo, en una suerte de círculo virtuoso; cómo lo mantienen una vez obtenido; cómo lo gastan; cómo lo invierten; cómo lo disfrutan; y cómo lo donan de forma altruista (afortunados ellos).
El peculiar estilo del autor puede hacernos reír en algunas de las descripciones que hace, pero sus consejos, lejos de quedarse en meras recomendaciones de sentido común, se basan en una sólida premisa: la prudencia.


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Pensar en el dinero

Decidir cuál es nuestra definición de la riqueza. Si no tenemos un objetivo, no podemos asumir pretensiones. Si no tenemos un destino, no podemos salir de casa. Si no tenemos una definición de lo que es la riqueza para nosotros, no podemos juzgar o comprobar nuestro éxito.
Una de las posibles definiciones de riqueza es tener lo suficiente para no tener que preocuparse por tener lo suficiente. En otras palabras, sentirse “cómodos” desde el momento en que empezamos a contar en miles en vez de en euros. Es decir, saber cuánto tenemos, cuánto necesitamos y cuánto podemos gastar hasta la siguiente unidad del millar.
Marcar nuestros objetivos. Al definir lo que significa la riqueza para nosotros ya sabemos dónde queremos llegar. Establecer objetivos es marcarnos un calendario para llegar al destino. Es como cuando conducimos a un determinado lugar: necesitamos saber a qué hora tenemos que salir de casa; a qué hora esperamos llegar; qué camino tenemos que tomar; qué vamos a hacer cuando lleguemos allí…
Hacer dinero es parecido. Tenemos que saber de antemano lo que significa para nosotros alcanzar la riqueza, cómo intentamos llegar allí, cuánto tiempo esperamos que nos lleve y qué vamos a ser capaces de hacer con nuestro dinero cuando lo consigamos. Nuestro objetivo ha de ser realista, honesto y alcanzable.
Descubrir cuáles son nuestras creencias sobre el dinero y de dónde proceden. Todos crecemos con mitos sobre el dinero. Muchos de ellos proceden de nuestros padres y de la forma en que nos educan. La mayor parte de nosotros creemos cosas como que el dinero sólo lo hacen los avaros y los deshonestos; que el dinero corrompe; que la felicidad y el dinero hacen mala pareja; que, de alguna forma, es mejor ser pobre; que no se es rico porque no se quiere; que hay que trabajar muy duro para hacerse rico, etc.
La gente adinerada no tiene ninguno de estos cargantes mitos sobre el dinero que tenemos los pobres, bien porque los han abandonado o porque nunca los han tenido. Nosotros deberíamos abandonarlos también, para partir con una mejor oportunidad de conseguirlo.
Entender que el dinero hace dinero. No hay mayor verdad que esta: el dinero hace dinero. Si gastamos todo lo que ganamos, esta regla nunca funcionará para nosotros. Tenemos que apartar dinero para fines de reproducción. Si tenemos una granja de conejos y matamos y comemos todos los conejos, no nos quedará ninguno para seguir adelante.  
No se trata de una ciencia complicada, pero es sorprendente la forma en que muchas personas no la captan. Cuando nuestro dinero comience a reproducirse, solo entonces podemos reinvertir parte y gastar parte, pero no lo podemos gastar todo porque no nos quedará más. Por eso conviene que: (a) apartemos algún dinero con el fin de que se reproduzca; (b) apartemos un poco para gastar; (c) tenemos que reinvertir la mayor parte para formar una buena y saludable reserva.
Conocer la diferencia entre precio y valor. A veces nos encontramos con que una botella de 100 euros en un restaurante de lujo la podemos encontrar por 5 euros en la tienda de la esquina. Esto es así porque en el restaurante no estamos pagando únicamente el vino; estamos pagando por el ambiente, el servicio, la situación, la buena compañía, la privacidad, la tradición, la comida, la elegancia y todo lo que nos rodea. Creemos conocer el precio de algo, pero el valor es mucho más que eso.  
Algo vale solo lo que la gente está dispuesta a pagar por ello. Un catálogo puede decir que el valor de un cuadro es de 500 euros, pero eso solo será verdad si alguien está dispuesto a pagarlos. El precio de algo puede ser mucho menor que su valor real, para nosotros o para cualquier otra persona. O mucho mayor. Si queremos mejorar nuestra economía merece la pena que estudiemos la diferencia entre precio y valor.
Conocer cómo piensa el rico. Si de verdad queremos tener fortuna, tenemos que aprender cómo piensan los que la han conseguido. Necesitamos conocer su jerga y su idioma, dónde comen y viven, cómo trabajan y se relajan, cómo invierten y ahorran. También conviene que hablemos con personas acaudaladas, que les hagamos preguntas, leer cosas sobre ellas (las entrevistas y autobiografías pueden estar llenas de ideas). En resumen, necesitamos estudiar el dinero si queremos aumentar la prosperidad.  

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El camino hacia la prosperidad

Antes de empezar tenemos que saber dónde estamos. Lo primero que debemos hacer es un inventario: comprobar lo que ya tenemos, lo que podemos utilizar, a lo que podemos renunciar, lo que debemos, lo que nos deben y lo que constituye realmente nuestra riqueza neta.  
Todo lo que tenemos que hacer es recopilar la información: lo que debemos al banco, lo que tenemos en nuestras cuentas de ahorro o corrientes o lo que debemos por las tarjetas de crédito. Incluso, aunque nuestra situación financiera no sea demasiado halagüeña, es bueno encarar la realidad para que podamos hacer algo para mejorarla.
Debemos tener un plan. Si el trabajo que tenemos no nos da dinero suficiente, necesitamos un plan para generar ingresos de otro modo. El plan debería suponer la toma del control financiero de nuestra vida. Si tenemos deudas o gastos excesivos, el plan tiene que incluir afrontar esta situación de forma prioritaria. El plan podría ser sobre un cambio de carrera, estudiar una idea de negocio, invertir dinero o generar cierto capital para poder comprar una vivienda para alquilar. Sea lo que sea que incluya el plan, lo importante es asegurarnos de tener uno y ajustarnos a él.
Ser y parecer. El pobre parece pobre. No porque tenga que ser así obligatoriamente, sino porque lleva un “uniforme” que lo marca. Si cambia ese uniforme cambiarán sus circunstancias, porque las personas reaccionarán ante ellos de forma distinta. No estamos alejados de los grandes simios y ellos se relacionan entre sí por la forma en que se mueven y aparentan. Aquellos que parecen débiles y menesterosos son tratados como tales. El poderoso parece fiable. Necesitamos aparentar ser poderosos y que se puede confiar en nosotros. Hemos de vestir como acaudalados y la gente pensará que lo somos y nos tratará de acuerdo con ello. Sin duda es un consejo superficial, pero las reglas del dinero, querámoslo o no, son así.
Si no conoces a una persona, no hagas negocios con ella. Si tenemos la sensación de que algo, cualquier cosa, va mal, es mejor que salgamos de ello. Existen claves inconscientes que nuestra mente consciente capta: si las ignoramos, lo sentiremos invariablemente. 
Conviene escuchar a nuestra intuición: si una situación parece mala, probablemente lo sea. Si no experimentamos las sensaciones adecuadas con la persona con la que tratamos, es mejor buscar una salida.
Aprender el arte de negociar. Si vamos a negociar, comerciar y canjear, tenemos que aprender el arte de la negociación. Este arte gira básicamente en torno a hacer que la otra persona sienta que consigue tanto como conseguimos nosotros. El arte de la negociación nos será de ayuda en muchas situaciones distintas, desde conseguir una simple subida de salario a relacionarnos con nuestros socios o hijos. Si aprendemos ese arte, todo se deslizará de forma fácil y suave, conseguiremos lo que queremos y los demás, también. Por ello conviene que tengamos en mente un cierto número de reglas sobre la negociación:
  • Conocer siempre nuestro límite, el punto que no vamos a sobrepasar.
  • Conocer siempre lo que queremos. No negociar si no sabemos lo que estamos negociando.
  • Buscar siempre la situación de ganar-ganar.
  • Conocer la importancia de cada tema: algunos los podemos echar a perder y otros, no.
  • Estar preparado siempre para ceder en unas cosas para conseguir otras, ser flexible.
  • Conocer siempre todo lo posible antes de empezar; en estas situaciones, el conocimiento es poder.
  • Mantenernos fríos y pacientes.
  • No hacer concesiones, sino negociarlas.
  • Crear más variables (descuentos, entrega, pagos, plazos, etc.).
  • Buscar el mejor trato que podemos justificar. Bajar después es fácil; subir después es casi imposible.
Los acuerdos comerciales son estupendos porque nos dan dinero. Las estrategias para cerrar acuerdos nos servirán una y otra vez. Tenemos que aprender a ser atrevidos, a pedir más, a dar lo que tenemos por lo que queremos.
Las pequeñas economías no nos harán ricos, sino desgraciados. Tratar de hacer pequeñas economías para hacerse próspero es algo condenado al fracaso. No nos harán ricos, sino desgraciados; y sentirnos desgraciados no es una buena forma de empezar el día. Necesitamos un desayuno decente y una actitud positiva. Suprimir nuestro café diario nos puede ayudar a ahorrar unos euros y puede reducir nuestra ingesta de cafeína, pero no nos hace ricos y puede hacer que nos sintamos miserables.  
Los ricos no se aprietan el cinturón. Aunque gastan su dinero cuidadosamente, no suprimen el café o compran mermelada barata con la esperanza de hacerse más ricos.
No perder tiempo en pensar, tomar rápidamente las decisiones económicas. Conseguir algún beneficio por nuestra actuación, aunque sea pequeño, es mejor que no hacer nada. Aunque no sea nada complicado, es sorprendente la cantidad de personas que lo pasan por alto y piensan: “Más tarde decidiré cómo invertir esa pequeña suma que he ahorrado, no puedo decidir ahora si comprar acciones o ponerla en una cuenta de ahorros”; de manera que no hacen nada y su dinero sigue dormido en una cuenta corriente.  
Hacer algo es infinitamente mejor que no hacer nada. A veces, incluso, actuar con rapidez puede ser mucho mejor que aguardar una posibilidad remota. Supongamos que nos dedicamos a la compraventa de antigüedades como pasatiempo para mover nuestro dinero. Si compramos algo por 1000 euros y pensamos que lo podemos vender por 3000, pero alguien nos ofrece 2000 en una hora, lo mejor es venderlo en ese momento e irnos a comprar dos antigüedades más por 1000 euros para venderlas de la misma forma.
Considerar la consolidación de deudas. Es obvio que, cuando se habla de las deudas, lo mejor es no contraerlas. Pero si ya lo hemos hecho, lo que necesitamos es pagar el menor interés que podamos mientras estamos pagando las deudas. Consolidar las deudas es, en ese sentido, una de las mejores opciones: dejar de utilizar tres o cuatro tarjetas de crédito, pagar el descubierto y consolidar todos los préstamos en uno. Si nos decidimos por esto último, conviene que tomemos nota de algunos consejos prácticos:
  • Ofrecerles a todos nuestros acreedores pagarles inmediatamente un porcentaje determinado si nos cancelan la deuda.
  • No asegurar nunca nada y bajo ninguna circunstancia contra nuestra casa. Si lo hacemos, podríamos perderla por no pagar y no hay nada que valga eso.
  • Si tenemos que pedir prestado, es mejor hacerlo contra un activo que podamos vender (una máquina herramienta, un automóvil) y tratar de no pedir prestado más que el valor de esa venta.
  • Comprar a crédito es algo distinto. Cuando Jack Cohen montó Tesco, negoció pagar la renta de su tienda con una demora de tres meses, pagó las existencias tres meses después y empezó a obtener dinero en el mostrador el primer día. Al cabo de tres meses, había conseguido mucho más de lo que debía.
Cultivar una cualidad que nos rendirá beneficios de manera repetida. Cuando hagamos algo que nadie más pueda hacer (o que hagan las menos personas posibles), entonces podremos marcar nuestro precio. No tiene que ser una cualidad particularmente difícil, tan solo una que alguien desee y por la que esté dispuesto a pagar.  
Todos tenemos algo que podemos hacer y que es especialmente nuestro, es con lo que pensamos que podemos ganar una fortuna solo con que alguien nos diera una oportunidad. Todos tenemos un sueño que podemos seguir, o un plan que nos atrevemos a poner en práctica. Por eso debemos pensar en lo que tenemos para ofrecer: nuestras capacidades, talentos y fortalezas. No se gana nada pensando todo el día en las propias debilidades.
Trabajar como un esclavo para ganar una miseria. Son muchas las personas que trabajan para vivir y sin ellas los ricos no podrían ser más ricos. Esto no significa que los trabajadores sean explotados o utilizados, solamente que si la gente elige trabajar como un esclavo e invertir todo su tiempo y energía en trabajar por un salario, siempre habrá otras personas que se les adelantarán al ver una oportunidad y hacerse prósperas, simplemente por levantar la cabeza y mirar al futuro.
Si no estamos conformes con nuestra paga y odiamos nuestro trabajo, entonces tenemos que cuestionarnos por qué lo seguimos haciendo y qué otra cosa podemos hacer. El peor escenario posible es que no nos sintamos realizados en nuestro trabajo pero nos encontremos tan ocupados con él que no tengamos tiempo para crear un plan que nos aporte más prosperidad y felicidad.
En la medida de lo posible, no alquilar, sino comprar. Una hipoteca se puede ver más como inversión que como un préstamo. Si compramos una propiedad con una hipoteca, hacemos una inversión mensual. A largo plazo, podemos esperar razonablemente que el interés que pagamos por nuestra hipoteca sea menor que el incremento en el valor de nuestra propiedad. Por el contrario, el alquiler nunca es una inversión y el dinero gastado en él no lo volveremos a ver nunca con toda seguridad.
Con una hipoteca, tenemos una buena oportunidad a largo plazo de ver que los pagos que hacemos a su cuenta producen un incremento en el valor de nuestra casa. Cuando vendemos, obtenemos ese incremento del valor.
Hay que saber que, a largo plazo, la propiedad inmobiliaria no será más rentable que los valores mobiliarios. Las propiedades y los valores son las dos opciones de inversión más populares y a menudo es difícil elegir entre ellos. No obstante, y a pesar de los problemas momentáneos que puedan experimentar, a largo plazo los valores serán más rentables que la propiedad inmobiliaria.
Con las acciones esperamos tener un ingreso regular en forma de dividendos que se pagan a los accionistas, pero su rendimiento principal procede, por lo general, del incremento a largo plazo de su precio. Dado que las empresas tienen más potencial de crecimiento que las propiedades inmobiliarias, a largo plazo las acciones nos deberían proporcionar un retorno mayor. La otra razón para preferir los valores a la mera propiedad inmobiliaria es que las acciones nos permitirán diversificar decentemente el riesgo, especialmente cuando se trata de una cartera bien equilibrada. A mayor variedad, menos riesgo.
Dominar el arte de vender. La venta es la piedra angular sobre la que se construye toda fortuna. Cualquier cosa que hagamos para prosperar supondrá una venta: vender nuestras capacidades, cosas, ideas… No podemos hacer dinero sin vender. Todo está en la venta y esto es un hecho que conoce toda persona rica y desconoce toda persona con pocos recursos económicos.  
En un mundo ideal deberíamos pretender vender lo siguiente:
  • Nuestras capacidades, cualidades y atributos.
  • Algo mientras dormimos.
  • En países donde nunca hemos estado y de los que nunca hemos oído hablar.
  • Cosas que sean muy baratas de producir y que proporcionen un rendimiento realmente saludable.
  • Cosas que tengan un 99% de penetración en todos los hogares.
  • Cosas que se almacenen, transporten y apilen fácilmente.
La venta no es algo propio de comerciales bien vestidos que nos cuentan un cuento bonito. Cada vez que Richard Branson sale en televisión atareado con un globo aerostático, está vendiendo toda su marca. Es un hombre inteligente que hace una venta inteligente.
Un joven estudiante, Alex Tew, quería hacerse millonario y se dio cuenta de que lo conseguiría si tenía un millón de cosas que pudiera vender por 1 dólar. Reparó en que una página web tiene un millón de píxeles. Entonces pensó en vender cada uno de ellos a los anunciantes por 1 dólar. Para que se les vea, estos últimos necesitan un bloque de unos 400 píxeles, que valen 400 dólares. Para la navidad, Tew ya había vendido la mitad de sus píxeles y el resto lo había vendido antes de terminar el curso en la universidad. El resultado se puede ver en la página www.milliondollarhomepage.com.
Entender cómo funciona realmente el mercado de valores. John Maynard Keynes dijo en una ocasión que el mercado de valores funciona como un concurso de belleza. Con eso no quería decir que los corredores de bolsa debían cambiar sus trajes por bañadores, declarar su aspiración a trabajar con niños desfavorecidos o a favor de la paz mundial; se refería a un tipo de concurso de belleza británico que solían organizar los periódicos de Londres y mediante el cual los lectores podían ganar un premio eligiendo a la belleza cuya fotografía fuera considerada la más bella por el mayor número de otros lectores. Esto significa que ganar no consistía en elegir a la más guapa, ni siquiera en predecir cuál sería la más guapa según el promedio de los lectores, sino que ganar se convertía en un juego de anticipar cuál sería la opinión del lector medio sobre la elección del lector promedio. 
Los inversores se comportan de una manera parecida: tratan de ganar dinero comprando valores que creen que desearán comprar otros inversores en el futuro. El precio que están dispuestos a pagar por un valor depende menos del valor fundamental de la empresa que de sus expectativas de que todos los demás vayan a estar dispuestos a pagar por él. Esta es la esencia de la especulación en el mercado de valores y, por ello, el valor fundamental de una acción y su precio en un día dado pueden ser tan diferentes.
Sin embargo, especular con los movimientos del mercado de valores no es el camino a la riqueza. Si de verdad queremos enriquecernos en él, hemos de hacerlo de manera lenta, pero segura, mediante el valor. Conviene, por tanto, que ignoremos casi todo lo que se dice, el clamor sobre lo que significa, referidos a un precio, esta noticia o ese rumor. Si vamos a invertir en acciones debemos buscar el valor, es decir, buscar las empresas que hagan algo que la gente vaya a considerar más valioso en el futuro y cuyo valor se vea apreciado por los fondos de inversión. Una vez que hayamos encontrado esos valores, conviene que los compremos pensando en el largo plazo.
Comprar solo acciones (o cualquier otra cosa) que podamos entender. Si vamos a comprar o vender acciones, o cualquier otra cosa, es bueno que tratemos de reducir las eventualidades tanto como sea posible e invertir solo en lo que conozcamos y entendamos lo suficientemente bien. Al hacerlo así, eliminamos mucha de la mística que nos puede llevar más de lo que pretendemos y a asumir riesgos que normalmente no asumiríamos.  
Si, por ejemplo, compramos en Marks & Spencer y vemos que las nuevas gamas de productos son buenas, que los almacenes están llenos y que la gente alucina por la forma en que la firma ha mejorado su colección de este año, entonces es bueno que compremos sus acciones.
Si no entendemos realmente un sector particular y no pretendemos trabajar lo suficiente en él como para conocerlo bien, es mejor que invirtamos en otra cosa o utilizar un fondo de inversión.
En cuanto a esto último, si no tenemos tiempo ni conocimientos para estudiar con atención el mejor fondo activo, es recomendable que sigamos la regla de que menos es más. Por lo general, los fondos que no nos cobran grandes emolumentos por asumir riesgos con una sucesión de estrategias inteligentes para superar a la banca son más de fiar. Conviene elegir aquellos dirigidos por personas que vayan a invertir nuestro dinero con aspavientos y emolumentos mínimos en una buena gama de valores que vayan con el mercado.
Estos fondos se conocen como index funds o tracker funds. Se caracterizan por tener una comisión al intermediario menor y gastar menos dinero en publicidad, por lo que su folleto puede ser el último en la cartera de nuestro asesor financiero.
Prestar atención al detalle. El detalle no es escribir una nota de cada pequeña compra que hacemos y mirar las economías al minuto. El detalle es lo siguiente:
  • Comprobar la letra pequeña.
  • Comprobar los tipos de interés.
  • Comprobar los cobros y los emolumentos.
  • Comprobar que pagamos las cosas a tiempo para no incurrir en penalizaciones.
  • Comprobar cuándo nos pagan para invertirlo inmediatamente y evitar que se nos vaya el dinero.
  • No olvidar fechas, momentos y citas.
  • Hacer listas y escribirlo todo.

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Incrementar la riqueza

Hacer que alguien haga las cosas que nosotros no podemos hacer. Existen montones de cosas que tienen que hacerse y que no sabemos hacer. Podríamos aprender, pero probablemente no es allí donde reside nuestro talento y tampoco es necesario que lo hagamos cuando hay por ahí personas mucho más adecuadas que las pueden hacer. Por tanto, hay que hacer aquello en que somos buenos y dejar que otros hagan las cosas que nosotros no podemos, es decir, contratar a personas realmente buenas y dejarlas que se las arreglen con el trabajo de hacernos realmente prósperos.  
En este sentido, hay unas cuantas reglas que debemos seguir para asegurarnos de conseguir y conservar a las personas adecuadas:
  • Conocer con exactitud lo que queremos que se haga y quién queremos que lo haga.
  • Tener muy claro lo que queremos que se haga para nosotros, cuánto les vamos a pagar a las personas que lo van a hacer y las indicaciones que les vamos a dar.
  • Mantenerlas informadas y motivadas, inspirarles lealtad.
  • Contarles nuestra estrategia a largo plazo; ellas también participan en nuestro futuro, que también es suyo.
  • Si cometen errores —y lo harán de vez en cuando, todos lo hacemos— hay que corregirlos y continuar. Perdonar es bueno.
  • Alabarlas constantemente, nada inspira más que el halago y el dinero.
  • Marcar objetivos realistas, pero no esperar imposibles.
  • Darles buen ejemplo: convertirse en alguien que pueden respetar y en quien puedan reflejarse.
  • Recordar que somos jefes, no amigos. Tratar de mantener dignidad, distancia y autoridad.
Buscar el activo o la oportunidad ocultos. Siempre hay en nuestro entorno oportunidades de hacer fortuna. Lo único fundamental que se requiere de nosotros es estar abiertos a las posibilidades.
Si vamos a convertirnos en un “buscador de tesoros”, solo necesitamos “llevar a bordo” cinco cosas:
  1. El momento es crucial. Si reaccionamos con demasiada lentitud, la oportunidad se nos escapará. Si somos demasiado rápidos, podemos espantarla. Los mercados cambian, las modas varían y los productos pasan de moda.
  2. Tenemos que ser serios. Las oportunidades ocultas sólo se ponen de manifiesto cuando sienten que se las desea. Si queremos cazar una, tenemos que ser sigilosos, tranquilos y diestros.
  3. Tenemos que ser raros. Si hay solo unas cuantas oportunidades ocultas, tenemos que sobresalir. Ser raro, único, especial, creativo, inusual es imprescindible para sobresalir del rebaño.
  4. Tenemos que saber lo que hacemos. Para encontrar oportunidades y ser capaces de aprovecharnos de ellas, necesitamos tiempo, dedicación y compromiso. Si conocemos nuestra materia, veremos las oportunidades con mucha más claridad.
  5. Ser atractivo. Tenemos que tener buen aspecto, presentarnos bien e irradiar atractivo.

Conservar la riqueza

Comprar calidad. Comprar por calidad en vez de por precio es una difícil lección que todos tenemos que aprender. Tenemos que abandonar muchos de nuestros mitos monetarios de la infancia, como no gastar más de lo necesario; no aparentar que compramos caro; no gastar dinero en nosotros, pues es equivocado; en cierto modo, es mejor conseguir una ganga que comprar calidad, etc. 
Comprar calidad dice muchísimas cosas sobre la forma en que vivimos, de cómo nos comportamos y de nuestra forma de hacer negocios. También nos ahorra dinero a largo plazo, puesto que lo barato a menudo nos sale caro.
Cómo comprar. El rico sensato no tira el dinero por el hecho de que se lo pueda permitir. Más bien todo lo contrario:
  • Siempre pide al menos tres presupuestos para que le hagan un trabajo y no se limita a aceptar el primero que le dan.
  • Va a varias tiendas (o habla con varios proveedores) para asegurarse de que no está tirando el dinero.
  • Es precavido a la hora de gastar cuando tiene que trabajar duramente para ganarlo. No es miserable, únicamente precavido: selecciona y discrimina.
Hoy en día, Internet facilita enormemente la posibilidad de comparar precios por lo que deberíamos asegurarnos de no pagar más de lo que debemos por algo.
No ceder capital. Si tenemos que ceder participación en el capital de un negocio, conviene que nos aseguremos de que lo intercambiamos por lo siguiente:
  • Capacidades y agudeza empresarial.
  • Participación activa en la dirección.
  • Un acuerdo que nos capacite para dirigir la empresa de la forma en que nosotros queramos.
  • Un porcentaje realista, de manera que no regalemos demasiado.
  • Una cláusula de recompra, de manera que podamos volver a comprar el capital, con efectivo, en un momento posterior, cuando lo tengamos.
Por lo general, debemos aceptar dinero para nuestra empresa solamente de personas que tengan experiencia en nuestro negocio y entiendan los altibajos y los problemas relacionados con el sector. En cualquier caso, a nadie debemos darle acciones con derecho a voto.

Compartir la riqueza

Aprender a seleccionar las obras de caridad y buenas causas. Una vez que tengamos cierto dinero, nos veremos abrumados por peticiones para que contribuyamos a obras benéficas, apoyemos una causa particular o ayudemos a una persona en concreto. Existen, en este sentido, unos cuantos preceptos que deberíamos observar:
  • Decidir lo que es importante para nosotros: el planeta, las ballenas, los niños pequeños, los pobres, la investigación en la lucha contra el cáncer…
  • Averiguar lo que queremos hacer: limitarnos a dar dinero, implicarnos, asesorar, pedir fondos, etc.
  • Comprobar en Internet las obras de beneficencia que podemos considerar deseables y averiguar si nuestros ideales concuerdan con los suyos.
  • Comprobar las organizaciones benéficas: sus estados financieros, contabilidades, folletos, información de sus campañas, socios, afirmaciones de misión.
  • Confiar en nuestra intuición.
Cuando lo hayamos logrado, no debemos alardearlo. La riqueza es maravillosa. Tener dinero es algo grande. Hacerse rico es una actividad en la que se disfruta y que merece la pena. 
Manejar bien el dinero supone ser frugal, comedido con él y sin hacer alardes. Cuando hayamos alcanzado la prosperidad, pertenecemos a un club exclusivo, por lo que debemos observar unas cuantas reglas:
  • Nada de coches ostentosos.
  • Nada de esplendores o chulería.
  • Nada de gasto compulsivo.
  • Nada de comprar islas.
  • Nada de grandes diamantes o de alta joyería de ningún tipo, porque eso solo atrae a los ladrones.
Por el contrario, conviene que seamos discretos, con gusto, refinados, cultos, para quienes menos es más. Alguien a quien todos podemos mirar. Alguien que inspire y que no cultive el ridículo. Alguien que dé buen ejemplo a los jóvenes, a los impresionables y a los que no les van tan bien las cosas.
El alarde provoca envidia, celos, críticas, condenas y censura, todos bien merecidos. En cambio, la discreción provoca respeto, admiración y emulación. Es mejor que no mencionemos nunca lo que tenemos, lo que valemos o cuánto ganamos. Si lo decimos, la mitad de la gente nos despreciará por no tener más y la otra mitad se mostrará resentida por tener tanto. Esa información debemos proporcionársela únicamente al director de nuestro banco e, incluso así, debería ser él quien tendría que sacarnos esa información.


Fin del resumen ejecutivo
Biografía del autor
Richard Templar, autor inglés de varios bestsellers sobre autodesarrollo, cuenta con más de 30 años de experiencia en el mundo empresarial, tanto trabajando para diversas compañías como dirigiendo las suyas propias actualmente.
Ha expuesto sus ideas sobre el éxito en una serie de libros en que se presentan las reglas para lograrlo, bien sea en los negocios, el trabajo o la vida en general.
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