El engaño de Ícaro
Resumen del libro

El engaño de Ícaro

por Seth Godin

El mundo está lleno de personas ordinarias que hacen cosas extraordinarias y tú puedes ser una de ellas

Introducción

 

¿Quién fue Ícaro? El hombre que, según nos cuentan, murió por culpa de su orgullo desmedido. Hizo unas alas de cera para él y otras para su padre con el fin de liberarlo de su cautiverio, pero voló demasiado alto. Se acercó al sol, se le derritieron las alas, cayó al mar y pereció. Ya se lo había advertido su padre: no vueles demasiado cerca del sol. La lección es que no debes creer que eres mejor de lo que eres y, sobre todo, que jamás pienses que puedes hacer lo que hace un dios. Sin embargo, lo que no te han contado es que Dédalo, el padre de Ícaro, también le dijo que no volase demasiado cerca del mar, porque el agua echaría a perder la fuerza impulsora de sus alas.
Es mucho más peligroso volar demasiado bajo que demasiado alto porque crees que lo primero es más seguro. Construimos una zona de confort en torno a la obediencia y la invisibilidad, y el resultado es que estamos demasiado cerca de las olas. Sin embargo, esta zona de confort ya no coincide con la zona de seguridad, que está en la creación interminable y en una conexión personal cada vez más profunda.
Los pilares de nuestra nueva sociedad son las ideas que se difunden y conectan lo desconectado. En otras palabras, en crear arte. La mala noticia es que los artistas no son invulnerables. La nueva zona de seguridad ya no es tan cómoda como la anterior. Por eso quiero que cada vez más personas pongan en práctica una forma diferente de trabajar y de pensar en su trabajo. Este libro explica por qué todos nosotros deberíamos crear “arte”, por qué vale la pena y por qué no podemos esperar. El mundo está lleno de personas ordinarias que hacen cosas extraordinarias y tú puedes ser una de ellas.

 


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Obligados a crear arte: el trabajo que vale la pena

El arte es lo que hacemos cuando estamos vivos de verdad, y un artista es una persona que utiliza la valentía, la perspicacia, la creatividad y la audacia para cambiar el statu quo. En nuestro tiempo abundan las cosas que comprar y las personas a las que contratar. Ya no escasean el trabajo de alta calidad ni las aptitudes. Lo que escasea es la confianza, la conexión y la sorpresa. Estos son los tres elementos que integran la obra de un artista de éxito. El espíritu emprendedor, el servicio al cliente, los inventos, la tecnología, la conexión y el liderazgo son las nuevas artes interpretativas, visuales y personales.
Por tanto, sé bienvenido a la economía de la conexión en la que, si inviertes en productos y servicios excepcionales, no tendrás que gastarte el dinero en publicidad, ya que los consumidores se pondrán en contacto contigo y ganarás más clientes. La atención y la confianza son infinitas, aunque también entrañan vulnerabilidad, riesgo y dolor. Pero también valentía, que es la voluntad de decir la verdad sobre lo que ves y ser dueño de lo que dices. Sin embargo, la nueva economía ha echado por tierra la idea de que debes hacer lo que te digan, y que si no te arriesgas podrás ganarte la vida. Ganarse la vida es ahora más difícil que nunca. Las alternativas dependen de ti.
Lo cierto es que la economía de la conexión nos obliga a crear arte porque la era industrial está muriéndose aunque nos rodeen los restos de sus creencias y expectativas. En 1959, el psicólogo David McCelland publicó un artículo en el que explicaba por qué algunos momentos de la historia se distinguen por un rápido crecimiento y otros no. Lo que tienen en común los grandes éxitos suele ser que hay muchas personas a las que les importa tener éxito. La pregunta es la siguiente: ¿nos alienta la cultura a tener sueños importantes?
Ahora las empresas se dan cuenta de que el tiempo que sus empleados invierten en los clientes crea más valor que una máquina nueva. Nuestro éxito no consiste en ser líder de los precios bajos, sino de la confianza. En la era industrial, la estandarización era obligatoria porque sin ella no cabía la posibilidad de industrializar. Pero en la nueva zona de seguridad no nos encontramos rodeados de un mercado de masas, sino de personas singulares, de los pocos a los que de verdad les importa aquello de lo que somos capaces.
Internet y la economía de la conexión le han dado la vuelta a la economía de masas. Ahora es más barato y más eficiente fabricar productos sorprendentes y vanguardistas para las personas singulares. La consecuencia de esto es que, si nos limitamos a prevenir, no generaremos crecimiento ni aprovecharemos la infinidad de conexiones que podemos establecer. La nueva economía es como el arte, no hay respuestas correctas, sino interesantes, y funciona porque acoge al individuo, no a la masa; a los diferentes, no a los normales.
Afortunadamente, el arte no solo es posible, sino inevitable si le damos una oportunidad. En la era posindustrial, el arte es una costumbre, un proceso gradual que nos permite crear cada vez más arte. Lo que importa es la confianza, el permiso, la singularidad, las historias que se divulgan y la humanidad (conexiones, compasión y humildad). ¿A quién echamos en falta? A la persona que escucha y a la que nos ofrece originalidad y comprensión. Y no nos arriesgamos para difundir algo obvio o trillado. En definitiva, debemos fomentar la originalidad enfocando con frescura un problema antiguo y añadiendo un toque humano del que valga la pena hablar.
Por tanto, las conexiones exigen un esfuerzo emocional. Un poco más de esfuerzo emocional suele devolvernos mucho. Lo que importa es cuánta gente te echará de menos si mañana no vuelves. Esta reputación nos ofrece la oportunidad de forjarnos una aún mejor, ya que los contactos se multiplican y aumentan su valor. A su vez, la economía de la conexión permite que cualquiera dé un paso y haga una oferta. No necesitas más actividad, sino ahondar más. Elígete a ti mismo y pregúntate cuántas responsabilidades estás dispuesto a asumir antes de que te las asignen.
Hoy en día, todos somos artistas, o por lo menos todos tenemos la oportunidad de serlo. Lo único que nos lo impide somos nosotros mismos. De hecho, los inversores en capital riesgo nunca eligen a fundadores de empresas que simplemente quieren cambiar de trabajo, sino a consejeros delegados comprometidos con el aspecto humano que han decidido emprender este viaje porque es la mejor y única manera de expresarse, liderar y conectar. Una vez más, lo que se exige en la actualidad es esfuerzo emocional.
El escritor Michael Schrage quiere que te preguntes en qué quieres que se conviertan tus clientes. El industrialista se centra en satisfacer las necesidades del momento obteniendo un rendimiento máximo. El artista está obsesionado con las conexiones y con los cambios. Por lo tanto, tu misión consiste en establecer conexiones que importen. Pero ¿cómo conseguirlo? ¿Qué actitud tomar? ¿Con qué mentalidad debemos trabajar?
Recurriendo a los mitos como caminos que recorrer y cadenas que romper. Por ejemplo, en el caso de Ícaro, la parte olvidada de la historia es que no debemos menospreciarnos, sino aprovechar las oportunidades que se nos presentan. El supuesto orgullo desmedido de Ícaro es en realidad la voz para desafiar a la autoridad y las agallas para alzarte y expresarte. No te creas la propaganda ni te conviertas en la persona en la que quieren que te conviertas.
Nos enseñan a no crear problemas, a seguir al líder y a encajar. También a enseñar obediencia, a confiar en que el sistema nos cuidará y a no volar demasiado cerca del sol. El sistema antiguo te hizo popular porque encajabas. El nuevo te ofrece la oportunidad de destacar. El arte requiere orgullo y desobediencia. El orgullo de la creación y la desobediencia de alterar el statu quo.
Si deseas verte creando arte, adopta costumbres nuevas. Abandona el hábito de ignorar los comentarios negativos y sustitúyelo por el cálculo de las fronteras que has cruzado en el día. Siéntate solo y en silencio, aprende algo nuevo que aparentemente no tenga beneficio práctico y pídele a la gente que te dé su opinión sincera. Invierte tu tiempo en animar a otros artistas, enseña con la intención de producir un cambio y divulga algo que hayas creado tú mismo. Tu trabajo no consiste en trabajar, sino en decidir qué hacer a continuación.
No todos somos emprendedores, pero sí somos capaces de convertirnos en artistas, y todos los artistas son productores artísticos que descubren talentos, organizan espectáculos y venden entradas. Los artistas ven el mundo como una serie de proyectos que realizar y conexiones que establecer. Arnold Toynbee estudió las visiones del mundo dominantes en docenas de civilizaciones a lo largo de miles de años y las clasificó en culturas que veían ganadores y perdedores, y culturas que se centraban en las reacciones ante los desafíos.
La oportunidad consiste en abandonar temporalmente la incredulidad, ponerte el hábito de artista e imaginar qué sucede cuando ves el mundo de las conexiones como una ocasión, y no como un problema pendiente de resolver. En nuestro mundo la única alternativa es el orgullo desmedido en el que el futuro pertenece a aquellos que estén dispuestos a actuar como los dioses de nuestros mitos. Mientras no suframos una escasez de humildad seguiremos volando demasiado bajo. En otras palabras, debemos comprometernos con una vida llena de riesgos audaces y emocionales. El arte no es un suceso, sino un proceso. Cuando tu arte fracase, crea algo mejor.
El obstáculo es que hemos creado una cultura que nos lleva a mantener la cabeza gacha y a obedecer. Es la amenaza sobreentendida de que si das un paso en falso pueden despedirte, marginarte, expulsarte y exiliarte de la comunidad. Pero los artistas no pueden ser frágiles. El trabajo es una serie de proyectos y problemas que resolver, no un entorno impoluto y predecible donde insumos refinados generan resultados cada vez más refinados. Ser un dios no es ser perfecto, sino valiente.
El coraje es nuestro futuro, nuestro mejor y más brillante futuro. Quizá sea la única esperanza que nos queda. Este coraje es una sacudida inesperada, la decisión que no puede cambiarse, la insistencia en una visión o la ética de un creador. El coraje obstaculiza los compromisos a corto plazo del industrialista. La psicóloga Angela Duckworth y otros han definido los elementos que, combinados, confieren a una persona un coraje elevado: perseverancia (objetivos y pasión por ellos); fortaleza (las palizas son parte del trabajo); resistencia (los obstáculos son un proceso de aprendizaje, no una molestia); ambición; compromiso; y flujo (enfrascarse). Las organizaciones que buscan crecer y generar valor no tienen otro remedio que contratar a personas que representan algo, personas con coraje.
Tal vez la única pregunta que debemos hacernos ahora es esta: ¿es demasiado tarde para encontrar coraje, para invocar tus talentos? No, mientras no eches la culpa al sistema, ya que este no funciona. Entonces ¿por qué confiaste en él?

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Piensa como un artista y sé humano

El arte conlleva vulnerabilidad y su precio puede ser la vergüenza, porque nos han enseñado sumisión, tranquilidad, hacer lo que nos ordenan y conseguir lo que nos habían prometido. Pero los artistas buscan las verdades molestas tras la fachada. Así, cuando llegue la realidad, esta no nos sorprenderá. En ocasiones, incluso la anima a llegar. Y eso significa que el arte es vulnerabilidad sin posibilidad de vergüenza. Para ello debemos eliminar el artificio, las defensas y la afectación de nuestro trabajo y reducirlo todo a su esencia pura para que desaparezcan las excusas y los escondrijos.
Está bien reconocer que hay personas que quieren hacernos pasar vergüenza, pero eso no quiere decir que debamos aceptarlo. La única forma de tener éxito consiste en separar los resultados de tu arte de tu instinto de sentir vergüenza, a pesar de que una de las reacciones de la comunidad ante un acto de valentía sea intentar que el valiente se sienta avergonzado. En lugar de recompensarte, se esfuerza en silenciarte haciéndote sentir vergüenza. Pero ¿por qué íbamos a sentir vergüenza al aplicar nuestras mejores intenciones de crear un arte para personas que nos importan?
La consigna del artista sensato es evitar a los no creyentes. Si centras tu angustia y tus sentimientos en personas que no entienden tu arte, habrás destruido una parte de tu alma y no habrás hecho nada para mejorarlo. Tu objetivo como artista consiste en crear un arte que emocione al público que has elegido. Decide a quién está dirigido tu arte, mejora tu conexión con ese público e ignora todo lo demás.
Haz una lista de las cosas de las que no puedes hablar en el trabajo, con tu pareja o con otras personas que te importen. Lo que incluyas en ella deja en evidencia los aspectos tuyos o de tu organización que os avergüenzan. Esas son las cosas en las que preferirías ser invulnerable. Es el terreno en el que te blindas, pero al hacerlo imposibilitas las conexiones. Cuando hablas sobre esas cosas, cuando te adueñas de ellas, la vergüenza empieza a perder su poder y la vulnerabilidad vuelve a estar a tu alcance.
Recuerda que no es a ellos a quienes corresponde decidir cómo es tu arte, y no permitas que estos errores te permitan esconderte: “ocupado” es sinónimo de “valiente”; un mentor te cambiará la vida; el siguiente paso es esperar a que te elijan; y hay un secreto y pronto lo descubrirás. En cambio, deja de fingir que no eres especial, y cuando aparezca la resistencia, sabrás que estás ganando no contra ella, sino en tu lucha por crear arte. La resistencia es un síntoma de que vas por buen camino. No es algo que deba evitarse, sino que debe buscarse. Esta es la frase más importante del libro, que el artista busca el sentimiento de resistencia y procura potenciarlo al máximo.
Mi colega Steve Dennis ha trabajado como responsable de innovación y estrategia en dos empresas incluidas en la lista Fortune 500 y dice lo siguiente:
“Ocupar un puesto de liderazgo sénior no quiere decir necesariamente que resulte más sencillo abrirse paso entre el miedo. (…) Como líderes, tenemos mucho más que ofrecer que limitarnos a adoptar la posición menos arriesgada. (…) Si vamos a responder ‘no’, debemos saber a qué se parece un ‘sí’. Y debemos ser capaces de comunicárselo a quienes lideramos”.
Tu deber con tu equipo te obliga a ser claro y consecuente en lo que respecta a las acciones que se merecen un “sí”. Tu trabajo consiste en utilizar tu coraje, no en ocultarlo. William Goldman dijo que en la industria cinematográfica nadie sabía nada. Esto también es aplicable a tu negocio, es decir, no obedezcas las normas, rómpelas.
Y, si se produce un rechazo, eso quiere decir que has elegido el público equivocado. Y, si has agotado todos los públicos posibles, debes crear un arte mejor. Tú defines el escenario, tú decides a quién está dirigida la interacción y tú eliges las consecuencias que buscas. Todas estas alternativas te dan ventaja, pero también suben el listón.
El público que elijas podría ser todo el mundo, el infinito, la masa de la humanidad. Pero no puedes gustarles a todos. Y un público lo bastante grande te destruirá. Una parte del duro trabajo consiste en evitar a los no creyentes y centrarse en el público que tú has elegido. Los responsables del marketing en masa y los industrialistas necesitan a todo el mundo. Pero tú no. Solo necesitas captar el interés de unos pocos.
“Crea una buena obra de arte” es la receta de Neil Gaiman para superar los males. Si el mercado laboral no te sonríe, si tu jefe no te respeta, si el mundo no te entiende, crea una buena obra de arte. El escritor James Elkins menciona los tres componentes necesarios para que una persona se convierta en un artista: ver, hacer y tabla rasa.
En primer lugar, debemos aprender a ver por qué nuestras ideas preconcebidas y nuestros miedos conspiran para impedirnos ver el mundo tal cual es o practicar lo que los budistas llaman prajna, aceptar la realidad a medida que sucede en lugar de interpretarla como parte de una narración continua distorsionada según nuestras inclinaciones.
Fred Wilson es uno de nuestros inversores en capital riesgo con más éxito precisamente gracias a su habilidad para ver. Vio que Delicious, Twitter y docenas de empresas tenían potencial comercial. Clive Davis fue el genio que descubrió o promocionó a Whitney Houston, Patti Smith, Dionne Warwick, Aretha Franklin, Carly Simon, The Kinks y Lou Reed. No siempre grababa álbumes o vendía discos, pero veía (oía) el potencial de los que lo rodeaban. Alan Webber y Bill Taylor fueron los únicos redactores de talento de la Harvard Business School que vieron la revolución empresarial que describieron en Fast Company, una de las revistas más importantes y rentables jamás publicadas.
Esto se consigue con la práctica. Haz predicciones basándote en lo que ves. Anótalas. Todos nuestros juicios erróneos nos ofrecen la oportunidad de revisar y perfeccionar nuestras habilidades para fijarnos en las necesidades subyacentes del mercado, en las fuerzas que intervienen en el éxito y en el fracaso.
Paco Underhill ha convertido la acción de fijarse en un arte. Su empresa, Envirosell, analiza las imágenes mudas que las cámaras de seguridad graban en pequeños comercios y se fija en qué compra la gente. Así, Paco convenció a un cliente de que debía ampliar los pasillos para evitar cualquier rozamiento de traseros. ¿El resultado? Mayores ingresos a pesar del menor número de artículos en venta.
Lo más difícil del proceso de ver y de fijarse consiste en dejar de lado lo que conscientemente ya sabes. Yo mismo era un experto en Internet y había diseñado campañas de éxito en la red que lancé en Prodigy, AOL y CompuServe. Sin embargo, en vez de fundar un motor de búsqueda, una sala de chat o una página de subastas en línea, escribí un libro sobre las cosas inteligentes que se podían encontrar en Internet. Gané 80 000 dólares. Pero los fundadores de Yahoo! hicieron la misma inversión que yo y acabaron generando 80 000 millones de dólares con la misma información. Ellos vieron algo que yo me negué a ver.
A las personas de éxito se les da muy bien poner etiquetas, pero el problema es que las etiquetas hacen imposible que veamos lo que hay debajo. Entonces, cuando el mundo cambia, nuestras etiquetas dejan de funcionar y dejamos de ver las oportunidades que se nos presentan. Los artistas aprenden a ver desde cero. Aprenden a renunciar a las etiquetas, y en su lugar aportan cosas nuevas.
Nuestros ojos no mienten, pero nuestro cerebro sí. Nuestra visión del mundo cambia lo que vemos y cómo interpretamos lo que aprendemos, volviéndonos ciegos. Y estamos ciegos ante nuestra ceguera. Si no puedes ver, nunca lograrás crear arte con éxito. Si una obra de arte en el mercado consigue cambiar las cosas y no entiendes por qué, pídele a un colega que te lo explique. Si la gente escucha, ve o compra algo que tú no entiendes, investiga por qué. Si no tienes colega a quien preguntar, búscate otro. Y si tu colega no es tan listo como tú, enséñale hasta que lo sea.
En segundo lugar, aprende a hacer, porque cuando sabes cómo hacer algo, tu manera de ver las cosas cambia. El hecho de aprender a hacer cosas te transforma y pasas de ser espectador a participante, de persona a merced del sistema a persona que ayuda a dirigirlo. Esto te infundirá coraje para hacer más, para fracasar más a menudo y para mejorar lo que haces. Si te da miedo escribir o corregir, montar o desmontar, no eres más que un espectador atrapado por las instrucciones de aquellos a quienes has elegido seguir. Pero lo cierto es que no necesitas un gurú, sino experiencia, y la mejor experiencia es el fracaso repetido.
Los conocimientos especializados pueden impedirnos ver el mundo como es, pero también pueden llenar las lagunas, así como ayudarnos a entender cómo funciona algo y a saber cómo puede hacerse mejor. Bob Dylan sabe mucho más de historia de la música norteamericana que cualquier persona que conozcamos. Fred Wilson puede describir los detalles de un millar de inversiones en capital riesgo realizadas con éxito. Y Eileen Fisher puede decirte en quién se inspira una prenda de vestir con solo echarle un vistazo. Muchos intelectuales evitan el esfuerzo de crear arte. Los conocimientos no bastan. Hacen falta, pero no son suficientes.
El tercer componente de la mentalidad del artista es la pizarra en blanco, imprescindible para el arte original. Si te limitas a hacer un refrito de lo que ya existe, no sucede nada destacable; no se establece una conexión. El arte utiliza los límites como palancas para proyectarse a una posición de ventaja. Si cambias tu forma de ver y si cambias los supuestos que le transmites al público, vas por buen camino para crear un arte mejor. Si tu arte no genera las conexiones que buscas, debes crear un arte mejor, ver con exactitud, hacer con más precisión y mostrar más coraje para encontrar tu pizarra en blanco. Y si nada de esto funciona, cambia de ambiente; busca un nuevo escenario en el que actuar. En definitiva, puedes arriesgarte a equivocarte o puedes ser aburrido.
Sin embargo, el riesgo implica desvincularse de los resultados. ¿Cómo podemos ser profesionales y al mismo tiempo despreocuparnos de lo que sucederá a continuación? Recuerda que cuando renuncias a ser dueño de lo que creas a cambio de que te juzguen, te has alejado de tu humanidad. Aprende tu profesión, destaca en el conocimiento de tu área de especialidad, identifícate con tus clientes y preocúpate de cómo les afectará tu trabajo. Pero después haz lo que desees hacer porque te has comprometido a hacerlo. El peligro reside en utilizar la regla de otra persona para medir tu arte.
Si no obtienes los resultados que buscas, tú definición de “bueno” podría estar equivocada o tu arte no ser tan excepcional como crees. O quizá no hayas tenido suerte, así que aprende a ver mejor, crea un arte mejor y hazlo de nuevo. Y, en cualquier caso, preocúpate al máximo para crear nuevas interacciones que cambien al destinatario y establezcan una conexión. La persona que se preocupa y que actúa en consecuencia crea una obra de arte.
Algo que llama la atención es que las personas que crean arte son bastante normales el resto del tiempo, si es que normal significa corriente, acomodaticio, sumiso o incluso aburrido. Steve Jobs se ponía todos los días el mismo modelo de jersey y Andy Warhol escuchaba la misma canción cientos de veces para volverse insensible al sonido. El hecho de que la condición de artista de una persona sea únicamente una faceta de su vida confirma que el arte no es algo innato. El arte conlleva riesgo, dolor y esfuerzo, y es poco probable que invirtamos en él todo lo que hacemos.
La ingeniería tiene la respuesta correcta. Consiste en un sólido conjunto de buenas prácticas y pruebas demostrables que se repiten una y otra vez hasta que se encuentra la respuesta. En cambio, el arte no posee una buena respuesta, aunque numerosos avances de la ingeniería comienzan como retos artísticos. Algunas personas vieron lo que nadie había visto antes y tuvieron el coraje de partir de una pizarra en blanco.
Para desbloquearte, crea un blog. Si quieres, utiliza un apodo e inhabilita los comentarios. Escribe todos los días un análisis de lo que ves en el mundo con claridad, frescura y honestidad. O escribe sobre lo que quieres ver. O sobre lo que enseñas. Así vencerás la resistencia, que preferiría que no escribieras nada, que no hablaras en público y que lo mantuvieras todo en secreto. Todas las mañanas, tu cerebro empezará a trabajar en algo mejor que malo. Así redefinirás lo malo y al día siguiente escribirás mejor. Y así una y otra vez hasta que adquieras la serenidad de un trabajo bien hecho.
En definitiva, que el peor jefe del mundo podrías ser tú mismo. Una persona que trabaja en casa y que después, portátil en mano, explora el mundo mientras realiza su trabajo nos sorprende, igual que admiramos a quien dedica las tardes y los fines de semana a estudiar otra carrera o a lanzar una empresa. Quizá si trabajas para el peor jefe del mundo, la única persona a la que puedes echar la culpa seas tú mismo.
La respuesta es que te contrates a ti mismo. Así te darás cuenta de que las personas con más influencia no trabajan más, sino que han encontrado a alguien que se encargue de ello, aunque también es cierto que antes trabajan mucho para asegurarse de que nunca más tendrán que volver a hacerlo. Por otra parte, cualquier persona tiene el privilegio de convertir sus tareas en arte, del tipo que sea. Puedes fraguar pequeñas conexiones y realizar pequeños experimentos. Puedes reunir tiempo para el gran trabajo y buscar la forma de dedicar menos tiempo a nimiedades. No esperes obtener permiso, puedes hacerlo cuando te decidas aceptando unas reglas y eligiendo las que vas a romper.
Un ejemplo que no debes seguir es el de los estudiantes de la prestigiosa Juilliard School de Nueva York. Solo quince alumnos asistieron a la charla y recital de un violinista de talla mundial porque estaban practicando. Lo que les permitió acceder a la escuela fue su capacidad de interpretar la música escrita, pero el problema es que lo que les permitió entrar no les servirá para nada cuando salgan, porque lo que les permitirá progresar es tocar de una manera que nadie se espere.
A modo de recapitulación recuerda que, si no tienes un talento innato, puedes tener un compromiso innato. En segundo lugar, organiza a los talentos y, por último, conecta a los desconectados. La mejor opción es convertirse en mecenas y rodearse de personas dispuestas a hacer lo que nunca se había hecho y a asumir la responsabilidad de lo que suceda a continuación. La diversidad de los nichos de mercado, con gustos opuestos y sensibilidades diferentes, significa que las masas son ahora más fáciles de ignorar.
Compartiré contigo dos sencillas tácticas que sacarán a relucir tu verdadero miedo y te permitirán enfrentarte a él cara a cara. La primera es realizar fichas de problemas y solución. En un acto reciente pedí a los asistentes que escribieran su problema real, el que les impedía crear su arte, y que lo intercambiaran con el de la persona que se encontraba a su lado. Todos tendrían cinco minutos para escribir una solución. ¿Cómo se sintieron al escribir el problema? ¿Cómo se sintieron al saber que la persona de al lado escribiría una solución? Y, si esa persona fracasó, ¿estuvieron dispuestos a reconocer que el problema era imposible de resolver y que su objetivo no era realista?
Otra táctica es el grupo focal. Debes encontrar a otros tres artistas que trabajen en actividades diferentes y que persigan otras metas y conectar con ellos en lo relacionado con el proceso de tu arte. El objetivo de la reunión es recordarte tu compromiso y empujarte a crear un arte más original, personal y exitoso, y a hacer lo que quieras. Evita pensar en el peor de los casos porque es algo debilitante y además poco realista. Volar demasiado cerca del sol no es prudente, inteligente ni conservador. Al contrario, al final volamos demasiado cerca de las olas y desperdiciamos la mejor oportunidad de nuestra vida.
En la economía de la conexión, el precio de los experimentos es menor que nunca; la capacidad de conectar, alta; y el impacto de tener razón enorme. No cuestiones tu estatus de artista porque arrecien las críticas, y tampoco sientas que la aceptación de un proyecto es como si te aceptasen a ti como persona. Por el contrario, disfruta del júbilo de la creación y acepta el dolor y el miedo que conlleva. La magia de Steve Jobs no consistía en tener razón, sino en estar seguro. Estos son los auténticos cimientos de la libertad verdadera, porque ya no limitas tu pasión y tu arte a no tener miedo, sino que este formará parte de tu trabajo, y solo así podrás ignorarlo y trabajar como si no temieras nada.
Otro concepto fundamental que debes entender es la transitoriedad. Las novedades no pueden permanecer, porque entonces no habría espacio para más. Lo importante es sentirse a gusto incluso con lo no terminado, con el ciclo de nunca acabar de ideas ridículas, porque sin eso ninguna idea es importante. Eres libre para elegir, para cambiar, para armar todo el jaleo que quieras. La resistencia jamás creará arte, así que acostúmbrate a vender lo que has creado, a dar las gracias, a hablar en público y a fracasar, a ver el mundo tal como es, a hacer predicciones y a enseñar a los demás, a escribir a diario, a conectarte y a liderar una tribu.
La escasez es el principal motor de la era industrial. En cambio, la economía de la conexión prospera con la abundancia. Las conexiones crean más conexiones. La confianza, más confianza. Las ideas generan más ideas. Escucha todas las críticas, pero refrena tu impulso a halagar al sector de público más amplio posible. La cuota de mercado no es tan importante como el arte, y lo excepcional es arriesgarse a sufrir un fracaso completamente nuevo, aquel que se produce cuando se corre un riesgo nuevo. Cuando te expones a un riesgo desconocido, le abres la puerta a una forma de éxito radicalmente nueva.
Debemos contemplar nuestro trabajo como parte de un juego en el que hay movimientos, no fracasos, con resultados en vez de tragedias. Es un juego infinito en el que participamos por el honor que supone jugar y cuyo objetivo es permitir a los demás participantes jugar mejor. Estos juegos traen consigo la abundancia y la satisfacción de crear un arte que importa.
El arte casi nunca funciona con la rapidez que te gustaría, y cuanto más necesites que funcione, más lentamente sucederá. El artista comprende que las asperezas son lo que importa. No creas arte después de convertirte en artista, sino que te conviertes en artista al crear arte sin cesar. Por lo tanto, al artista no se le tranquiliza, sino que se le empuja a ser más comprometido y a demostrar más concentración, agudeza y singularidad. Y el éxito no radica en ganar, sino en trabajar más; cuando un proyecto triunfe, enciende tu ordenador y ponte a trabajar. Es el mayor privilegio que puedas imaginar.

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Historias reales de artistas reales

Jill Greenberg es una de las fotógrafas de arte más importantes del mundo. Jill eligió su propio camino y comenzó a usar Photoshop, una herramienta que todos rehuían salvo unos pocos fotógrafos. Después buscó temas difíciles, como candidatos presidenciales con aspecto de zombis, osos enfadados y niños llorando. Y lo hizo sin reservas. Y lo más importante, sus fotos son suyas. Nadie la contrata. De hecho, los directores artísticos suelen contratar a fotógrafos a los que piden que se parezcan a ella.
Charlie Osmond ha lanzado varias empresas rentables que dan trabajo a cientos de personas porque sabe cómo fundar y gestionar asesorías orientadas a los servicios. Una de ellas es Triptease, de reservas de hoteles, que no es una asesoría, sino que podría redefinir lo que vemos cuando compartimos en Internet ideas sobre viajes.
Amanda Palmer es la estrella de rock de Internet. Desde que abandonó Dresden Dolls en 2008, lleva definiendo con tenacidad y determinación la manera en que un músico independiente puede ganarse la vida. Su reciente éxito arrollador después de varios años fue la campaña sin precedentes que lanzó en Kickstarter a mediados de 2012. Recaudó más de un millón de dólares en treinta días sin discográficas, inversores ni publicidad en medios de comunicación.
Willie Jackson dejó su trabajo bien pagado en una consultoría después de comprarse una casa. ¿Qué plan tenía en mente? Ninguno. ¿Qué empuja a un veinteañero a cometer una locura así? La vida. Willie ha hecho docenas de amistades, ha establecido una red de colegas de confianza y ha sacado adelante muchísimo trabajo con personas en las que creía. Todavía no se ha hecho famoso, pero lo que importa es que dejó el sistema para forjarse una nueva vida.
Hace poco, Cynthia Carroll se convirtió en la consejera delegada de Anglo American, una empresa minera que genera miles de millones de dólares. Lo primero que hizo fue conocer la infame mina de Rustenburg, en la que todos los años muere una media de 40 personas en accidentes laborales, y cerrarla durante nueve semanas porque no podía tolerar el peligro. A continuación entabló una relación productiva entre sindicatos, gobierno y compañías mineras. Las víctimas mortales de las minas se han reducido a la mitad y siguen bajando. La propia Cynthia aireó los trapos sucios de Anglo American, explicó las alternativas y se expuso a ser criticada, ninguneada y rechazada.
Hugh Weber es el fundador de OTA, un colectivo de creadores con base en Dakota del Sur que se ha convertido en el catalizador de una explosión de creatividad y posibilidades en toda la región. Cuando comenzó descubrió que “no soy el único que está metido en esto y no puedo hacerlo solo”. La economía de la conexión aumenta el número de artífices de cambios, incluso en lugares poco poblados. La tarea del organizador de un colectivo no es encontrar la respuesta correcta, sino el público correcto y conectar, potenciar los valores atípicos y repetir esta acción hasta que se produzca un cambio.
Jenny tenía un buen trabajo en un medio de comunicación en Nueva York, pero quería ser escritora. En realidad ya lo era, y buena, pero no le publicaban nada. Su obra necesitaba un público. Durante diez años, llevó un diario que no interrumpió ni siquiera con la llegada de sus dos hijas. Lo que más le importaba era ser precisa, comprender, descubrir el arte en el viaje que estaba realizando. En lugar de ir de editorial en editorial, creó un blog que semana a semana fue ganando público. Los lectores conectaban con Jenny y entre sí. Dos años después, un editor publicó encantado su libro de cocina, que se convirtió en superventas en EE. UU. a los tres días de su publicación.

Conclusión

“Sabía que me había transformado, conmovida por la revelación de que los seres humanos crean arte, de que ser artista consiste en ver lo que otros no podían ver. No tenía ninguna prueba que demostrara que tenía madera de artista, aunque ansiaba serlo… Me pregunto si realmente estaba llamada a ser artista. No me importaba el sufrimiento de la vocación, pero me aterraba no sentir la llamada” (Patti Smith).
Es un momento pésimo para desear una demanda fiable y predecible y para obtener beneficios fabricando cosas corrientes para personas corrientes. Por otra parte, nunca ha habido un momento mejor para tener algo que decir, adoptar cambios y ver el mundo con otros ojos. Nunca ha habido un momento mejor para crear conexiones en vez de cosas. Y, sobre todo, nunca ha habido un momento mejor para crear arte.
También ahora es más fácil fracasar que antes. Pero tu mayor fracaso no es dar a conocer algo y ver que no funciona, sino aquello que soñabas hacer y no hiciste porque no reuniste el valor necesario. Y el peor punto negativo de tu currículum profesional es el camino que no tomaste, el proyecto que no iniciaste y el arte que no creaste.
Sin embargo, no tienes que aceptar una cultura del miedo o del fracaso. El arte es un proyecto, no un lugar. Es un salto al vacío, una oportunidad para sacar a la luz tu genialidad y hacer magia donde antes no la había. Si al final de tu viaje nadie se pone en pie para ovacionarte, no pasa nada. Por lo menos has vivido.
Vivimos la primera época de la historia en la que miles de millones de personas están conectadas. Más que nunca, tu trabajo se juzga en función de lo que haces y no de quién eres. Las referencias, el acceso al capital y el poder puro y duro están siendo eclipsados por una simple pregunta: ¿me importa lo que haces? Hemos forjado un nuevo mundo para ti para que hagas aquello de lo que eres capaz. Sin disculparte y sin excusarte. Adelante.


Fin del resumen ejecutivo
Biografía del autor
Seth Godin
Seth Godin es uno de los mayores gurús del marketing surgidos en los últimos tiempos. Autor de bestsellers, emprendedor y agente del cambio, sus polémicos e innovadores libros, como La vaca púrpura, The dip o Los profesionales del marketing mienten, han vendido millones de copias en todo el mundo y se han posicionado en los primeros puestos de las listas de los más vendidos de Amazon, Business Week o New York Times. Es asimismo autor del blog sobre empresa más famoso del mundo: www.sethgodin.com. Además de su prolífica carrera como escritor, es también un reconocido conferenciante.
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