Desata tu éxito
Resumen del libro

Desata tu éxito

por Víctor Martín

Descubre los hábitos y la mentalidad que te permitirán conseguir todo lo que te propongas

Introducción

¿Qué tienen en común un escritor que ha vendido millones de sus libros alrededor del mundo, una emprendedora que se ha vuelto millonaria con su negocio en internet y un joven visionario que dejó su empleo para convertirse en una superestrella de YouTube?


Te daré unas pistas. Para empezar, ninguno de ellos estudió en las mejores universidades del mundo. Tampoco son herederos de una gran fortuna. No son unos superdotados ni tienen un cociente intelectual por encima del promedio. ¿Y sabes qué más? Tampoco han tenido buena suerte.

 

Esas personas son como tú y como yo. No son nada diferentes a ti, aunque puedas pensar lo contrario. ¿Tienen algún secreto? No realmente.

 

Simplemente han desarrollado una mentalidad y unos hábitos que tú no has desarrollado… todavía. Pero no te preocupes, yo te voy a ayudar a conseguirlos.

 

¿Cómo? A través de un método clave, que ojo, no es ninguna fórmula mágica. Yo no te vengo a enseñar eso. No porque no quiera, sino porque no existe.

 

Sin embargo, si bien no existe una receta secreta, sí existen una serie de comportamientos que las personas de mayor éxito en el mundo realizan cotidianamente. Me refiero a esas pautas de comportamiento, hábitos, pensamientos y actitudes que son una constante en la élite.

 

De eso va esta aventura. De enseñarte el cómo y el porqué del éxito de todos ellos. Todo desde la experiencia, ya que yo mismo implemento los métodos que estoy por enseñarte.

 

Es momento de dejar a un lado esos libros llenos de teoría. Ha llegado la hora de la acción. De levantarte del sofá y empezar a mover el culo. De dejar de sobreanalizar todo y comenzar a hacer. De desatar aquello que, hasta ahora, solo vive en tu cabeza; tu éxito.

 

Antes de empezar, sé de primera mano lo que es pasar por este cambio de paradigma. Te adelanto, no será fácil, pero ¿sabes qué? Nada que merezca la pena lo es. ¡A por ello!


Tu plan de escape

¿Alguna vez te has preguntado qué es aquello que nos define como personas? Me refiero a los factores que determinan nuestra manera de ser, personalidad y carácter, o el grado de éxito que tendremos.


Muchos se han hecho esa pregunta antes, y anteriormente la respuesta era: las circunstancias. Se creía que nuestras vivencias nos conformaban. Que éramos fruto de nuestras experiencias. Y sí, pero no.

 

Permíteme explicarme mejor. Por supuesto que las circunstancias que vives tienen un impacto en ti. Te afectan, claro, pero no te definen. Si nos definieran, estoy seguro de que hoy sería una persona muy distinta. Te contaré un poco de mi historia.

 

Verás, mi vida ha sido una montaña rusa desde los tres años. Cuando tenía esa edad, mi padre fue estafado y nuestra familia quedó arruinada debido a ello, lo que provocó que nos tuviéramos que mudar de ciudad.

 

Tres años después, mi madre es diagnosticada con un brote de esclerosis múltiple que le impide moverse y comunicarse con fluidez. Mi padre nos explica a mi hermana y a mí en qué consiste dicha enfermedad y nos advierte de que las cosas pueden no terminar bien.

 

Con eso en mente, no era capaz de concentrarme en los estudios. Pasaba las tardes con mi madre, y un día decido inscribirme a clases de informática para distraerme un poco. Mi profesor era malísimo, por lo que decidí aprender programación por mi cuenta a través de los libros.

 

Todo parecía ir mejor, hasta que le da un infarto a mi padre por trabajar quince horas diarias, por lo que decide salirse de su trabajo y comprar a plazos un camión para transportar mercancías peligrosas. Fue la situación económica más dura que yo recuerde.

 

En el año 2001 me decido por estudiar una carrera universitaria en informática, sin embargo, mi padre no puede costear los estudios, por lo que decido empezar a trabajar.

 

Meto papeles y me contrata una multinacional alemana en la que, tras dos semanas de formación, me ponen como técnico de campo a reparar los problemas de software de los ordenadores de jueces, secretarias judiciales y funcionarios del departamento de justicia de toda Cataluña. Comienzo a sobresalir en el trabajo a la par que mi madre empeoraba de salud.

 

En el año 2006 salto al vacío. Me salgo de mi empleo y comienzo mi propia empresa. Todo resultó excelente. En poco tiempo empecé a facturar en un mes lo que antes ganaba durante todo el año. Ese mismo año muere mi madre.

 

Pasa el tiempo y la empresa iba como un tiro hasta el año 2008, cuando la gran crisis económica comenzó a afectar a mi negocio. En mis intentos por levantarla, me doy cuenta de que ya no siento la misma pasión que antes, por lo que decido probar cosas nuevas.

 

Abro mi primer blog, escribo un libro, comienzo a ser reconocido en los medios y comienzo a impartir conferencias acerca de marketing digital. Todo iba de lujo.

 

Hasta el año 2013, que fue cuando a mi hijo Neil le fue diagnosticado un trastorno de espectro autista. Eso me derrumbó. Entro en la mayor depresión de mi vida. Como resultado me arruino completamente y acabo viviendo en casa de mi padre.

 

Después de unos meses de luto me comprometo a diseñar mi nueva vida y trazar un plan de escape. Fue en el año 2013 cuando conseguí rehacer mi vida y dedicar tiempo a lo que amo. Doy el gran salto como conferenciante internacional y empiezo a dar la vuelta al mundo dando charlas, cursos y talleres. Lo sigo haciendo.

 

Y bueno. Esa es mi historia. La historia de una persona que no ha tenido nada y lo ha tenido todo, y claro, quizá tu historia es muy diferente a la mía. Pero si esta te puede servir de algo, que sea para demostrarte aquello que te dije al inicio. ¿Lo recuerdas?

 

Tus circunstancias no te definen. No las aceptes. Solo hay una cosa absolutamente cierta en todo lo que vivimos: o nos comemos el mundo, o el mundo nos comerá a nosotros. Yo un día decidí comérmelo y espero que tú me acompañes en este banquete.


Diseña tu nueva vida y tu definición de éxito

Todavía recuerdo con total claridad aquel día del año 2013 en el que me dijeron que mi hijo Niel padecía un trastorno de espectro autista. Recuerdo cómo mi mundo se destruyó por completo y no pude hacer nada para evitarlo.


Cada día me asaltaban un montón de dudas: ¿tendrá una vida normal como el resto de los niños?, ¿podrá estudiar?, ¿tendrá que ir a un colegio especial? ¿Será feliz? En ese momento podía estar con la cabeza llena de preguntas durante todo el día.

 

No podía dejar de preguntarme: «¿Por qué a mí?». Yo que ya había pasado por tanto. Yo que pude sobreponerme a las dificultades de mi infancia. Yo que intentaba siempre ser alguien positivo y optimista. ¿Por qué a mí?

 

Cuando de pronto, mientras leía una revista, me encontré con una frase que me impresionó profundamente; decía: «Si mi sonrisa mostrara el fondo de mi alma, mucha gente al verme sonreír lloraría conmigo». Fue como un balde de agua fría. Me quebré y me puse a llorar.

 

Entonces, algo pasó por mi mente. Mientras lloraba tuve la sensación de verme a mí mismo desde otra perspectiva, y algo hizo un clic en mí. «Pero ¿qué me pasa? ¿De esta pasta estoy hecho? ¡Y una mierda! No pienso hundirme más». En ese momento vi la respuesta más clara que nunca.

 

Cuando estás hundido en lo más profundo de un agujero, lo primero que tienes que hacer para salir de él es dejar de cavar. En lugar de preguntarme por qué me pasaba eso decidí preguntarme para qué me servía eso que me pasaba.

 

Así que me propuse hacer todos los cambios que siempre había querido hacer. Tuve la determinación de optimizar mi vida, ser más productivo y luchar. Si la vida te pide que seas un héroe, sé un héroe. Esa es la forma de trasformar un mal momento en un reto personal.

 

Tenía una visión clara de lo que quería lograr con mi vida, tenía un propósito definido. Había tocado fondo y me había impulsado para salir de él. Estaba decidido a alcanzar mi éxito.

 

Pero ahora surgía otra pregunta: «¿qué era el éxito?». Es curioso, con el tiempo descubrí que la primera respuesta a esa pregunta es, precisamente, otra pregunta.

 

Cuando entrevisto a mis invitados durante la transmisión de mi podcast, siempre cierro con la pregunta: «¿Qué es para ti el éxito?». Y hay algo muy interesante en las respuestas, ¿sabes cuál es la que más se ha repetido? Ninguna.

 

Eso es lo maravilloso del éxito, que para cada persona significa una cosa distinta. Por lo tanto, la respuesta a la pregunta «¿qué es el éxito?» es: ¿para quién?

 

Para mí es una cosa, para ti es otra. La cuestión es que seguramente tú tengas tu propia definición de éxito y deberías encontrarla. Tener muy claro qué es para ti el éxito y por qué estás luchando te ayudará a darle sentido a tu vida.

 

Tu éxito debe tener relación con tus sueños y deseos más fervientes, y debe estar alineado con tus valores. Además, ha de estar relacionado con lo que te hace feliz, porque la felicidad es una de las claves del éxito.

 

Tu objetivo debe ser, por lo tanto, encontrar tu propia definición de éxito. La que en caso de que lo consigas te hará feliz a ti y no a otra persona. Pero ahora puedes estarte preguntando: «Vale, vale, pero ¿cómo defino mi propio éxito?». La respuesta es definiendo primero cuál es la visión de tu vida.

 

Vamos a ello.


Define tu visión y crea un plan para alcanzarla

¿Quieres saber algo curioso? Una de las razones más comunes de por qué la mayoría de las personas viven una vida incompleta es porque, simplemente, nunca se han tomado el tiempo necesario para pensar exactamente qué es lo que les haría vivir una vida completa. Así de simple.


Y eso es terrible. Créeme. No saber lo que quieres ocasiona falta de motivación y de enfoque. Se hace difícil levantarse de la cama y, cuando se consigue, el resto del día transcurre en piloto automático.

 

Por otra parte, cuando sabes lo que quieres y sabes los pasos que tienes que dar para conseguirlo, todo empieza a cambiar. Te vuelves imparable. Te vuelves exitoso.

 

Las personas de mayor éxito tienen muy claro qué es lo que quieren, y eso les permite enfocarse al máximo en lo que es importante para ellas, dejando a un lado lo que no contribuye a la consecución de sus metas. Por lo tanto, ¿qué puedes hacer tú para saber qué es lo que quieres?

 

Empieza identificando qué es lo que no quieres. Haz un repaso de las situaciones duras que hayas vivido y pregúntate si esa situación la podrías haber evitado. Pongamos un ejemplo.

 

Imagina que vas a la playa y al quitarte la ropa te empiezas a sentir mal con tu cuerpo. Has estado dejándote todo el año, y ahora que ha llegado el momento de lucir figura, te avergüenzas porque no estás en tu mejor forma. Sabías que eso podría ocurrir, pero no hiciste nada. Por lo que recoges tus cosas y decides irte para casa.

 

Sí, es un caso un poco extremo. Pero sirve para ilustrar el punto. Saber qué es lo que no quieres, en este caso es tener un cuerpo feo, sirve para motivarte a conseguir aquello que sí quieres, ejercitarte durante todo el año para poder tener la figura de tus sueños.

 

Otra manera de definir tu visión es encontrando un propósito. En otras palabras, encontrar un porqué.

 

Ese porqué le dará sentido a todo lo que tienes que hacer para lograrlo. Un ejemplo es el del campeón de la UFC Conor McGregor.

 

Él sufrió bullying de pequeño durante años, lo que lo motivó a inscribirse a artes marciales para aprender a defenderse de los matones. Además, se crio en una familia en la que el dinero escaseaba mucho, lo que lo obligó a trabajar como fontanero para poder costearse las clases.

 

Eventualmente, dejó el trabajo para dedicarse de lleno a las artes marciales, lo que dificultó las cosas aún más. Incluso llegó a vivir de la beneficencia en Irlanda.

 

Sin embargo, cuatro años después, McGregor se coronaba como el campeón mundial de peso ligero y peso pluma de la UFC, y, como consecuencia, en uno de los deportistas mejor pagados de todo el planeta.

 

Centrarte en lo que te causa dolor es una gran manera de encontrar tu porqué, ya que te hace tomar la decisión de no volver a sufrir por ello nunca más. Te permite transformar algo negativo en algo positivo.

 

Por lo tanto, para encontrar tu porqué debes reflexionar sobre lo que te está causando frustración y dolor en aquellas áreas de tu vida. Esto te dará la determinación y convicción necesaria para jamás volver a experimentar esos sentimientos, lo que a su vez impactará en tu propósito, haciendo que cobre sentido.

 

Recuerda, estamos hablando acerca de cómo definir tu visión y estrategias, y saber qué no quieres o identificar tu propósito a través del dolor son las maneras más efectivas de hacerlo. Es por esto que, a partir de ahora, a los resultados que has obtenido los llamaremos tus «motivadores clave».

 

Cuando conozcas tus motivadores clave, habrás definido tu visión. Y cuando la tengas, el siguiente paso es verla como un objetivo y hacer un plan para ponerla en marcha.

 

Para hacerlo, existe un método muy popular llamado SMART, ¿lo conoces? Es probable que hayas oído de él. Como sabes, cada letra de la palabra «SMART» es una cualidad que tu objetivo debe tener. Sin embargo, considero que la fórmula está incompleta. Por lo tanto, yo te recomiendo recurrir a la técnica SMARTER, que significa lo siguiente:

 

La «S» significa específico, pongamos el ejemplo de ganar diez mil euros más antes del 31 de diciembre. La «M» significa medible, por lo que sería incrementar mis ingresos 833 euros cada mes. La «A» significa accionable, así que tengo que conseguir ingresos extra mediante un trabajo parcial o vender algo por mi cuenta.

 

Después está la «R» que significa realista, en este caso está bien, ya que diez mil euros no son imposibles de conseguir. La «T» es de tiempo, o lo que es lo mismo, fijar una fecha límite para conseguir el objetivo.

 

La «E» significa excitante, por lo que debes procurar que tu objetivo te motive lo suficiente como para esforzarte en lograrlo y no echarte para atrás. Y, por último, la «R» que significa relevante, este es fundamental, ya que implica que tu objetivo debe estar alineado con tus motivadores clave.

 

Y aquí lo tienes. Ya has definido tu visión a través de tus motivadores clave y ahora la ves como algo alcanzable y factible; como una meta. Además, ya conoces el método SMARTER, que será el que has de seguir para planificar tu meta de la manera más efectiva posible.

 

Ahora te toca a ti. Dicen que querer es poder, ¿no? ¡Pruébalo!


Hackea tu tiempo

Ahora que ya tienes tus objetivos bien fijados con el uso del método SMARTER, toca aprender cómo gestionar tu tiempo para poder hacerlos realidad. ¿Listo?


Encuesta rápida, ¿alguna vez has deseado que tu día tuviera más tiempo? ¿Has llegado a pensar que, aun teniendo más tiempo, no serías capaz de hacer todo lo que tienes por hacer? ¿Te has preguntado cómo lo hacen otras personas para dedicarle tiempo a cosas a las que a ti también te gustaría dedicarles tiempo?

 

Si respondiste que sí a más de una… o a todas, no te preocupes. A todos nos ha pasado. Lo cierto es que todos queremos gestionar mejor nuestro tiempo y hacer más de lo que hacemos actualmente.

 

Sin embargo, déjame darte el primer tip para que lo consigas, y es la esencia de toda la teoría de la optimización del tiempo: no se trata de hacer más, sino de dejar de hacer; y las cosas que haces, hacerlas de forma más eficaz.

 

Pero ¿cómo hacer para llevarlo a cabo? Con la ayuda de dos principios básicos: la ley de Parkinson y el Principio de Pareto.

 

La ley de Parkinson dice lo siguiente: «Cualquier tarea por realizar se expande hasta ocupar el ciento por ciento del tiempo que tenemos asignado para ella». O lo que es lo mismo, si tenemos doce horas para realizar un trabajo, lo haremos en doce horas. De la misma forma, si solo tenemos seis horas disponibles, milagrosamente haremos el trabajo en menos tiempo.

 

Interesante, ¿no? ¡Imagínate la de veces que has hecho una tarea que pudiste haber hecho en la mitad de tiempo solo por no haberle asignado un tiempo razonable para su realización! Pero, ¿cómo podemos aplicar esta ley en el día a día?

 

La respuesta es: haciendo uso de deadlines (o fechas límite) y comprometiéndonos a respetarlas. Con una fecha límite crearemos la urgencia para acabar el trabajo en el tiempo que nos hemos marcado.

 

Ahora pasemos al Principio de Pareto, ¿has escuchado hablar de él? Este principio nos dice lo siguiente: «El 80 % de nuestros resultados los obtendremos con el 20 % de nuestros esfuerzos». ¿Cómo puede ser eso? ¡Vamos! Que no tienes una idea de la de cosas sin importancia con las que completamos nuestro tiempo disponible. Y, como te he dicho, una de las claves en la gestión de tiempo es la eliminación.

 

Pero, ¿cómo podemos aplicar este principio en el día a día? Sencillo. Averiguando cuáles de las tareas que realizas conforman el 20 % que te está dando el 80 % de tus resultados, eliminando el 80 % de las tareas que no te sirven para nada y reorganizando tu tiempo para centrarte solo en el 20 % restante.

 

De acuerdo. Ahora conoces la ley de Parkinson y el Principio de Pareto. Recuerda que su implementación es fundamental para que optimices la realización de tus tareas, regulando el tiempo que te toma hacer cada una de ellas y seleccionando cuidadosamente cuáles son las que aportan más a tu vida y cuáles no.

 

Sin embargo, déjame hacerte una pregunta: ¿Realmente sabes en qué empleas tu tiempo? Parece una pregunta tonta, lo sé. Pero piénsalo un momento. Piensa en las actividades que realizas durante el día. Y cuando digo eso me refiero a TODAS las actividades, ¿eh? Todas y cada una.

 

Haz el siguiente ejercicio: auditar una semana de tu vida. ¡¿Cómo?! Lo que lees. El objetivo es descubrir dónde están tus fugas de tiempo, y eso lo sabrás monitoreando toda tu actividad durante siete días. Anota cada actividad que hagas y la hora a la que la empiezas. Te aconsejo empezar desde mañana para que no lo olvides después, pero es decisión tuya. No importa si es mañana o la semana que viene, ¡pero hazlo! Te prometo que descubrirás mucho de ti.

 

Además, reconocer cuáles son las actividades a las que más dedicas tiempo te permitirá identificar dos cosas: la primera es saber de una vez por todas en qué inviertes (o malgastas) tu tiempo y así eliminar lo que no le aporta nada a tu vida, a la vez que descubres cuáles son las actividades que sí aportan a tu vida y a las que deberías dedicarles más tiempo.

 

Y el segundo, porque aprenderás a escoger mejor qué hacer en tu día a día. Y esta parte de decidir qué es lo que te conviene hacer y qué no es muy complicada para muchas personas. Pero ¿sabes qué? Para ti no lo será.

 

¿Por qué? Porque estás por descubrir una herramienta maravillosa que te enseñará, nada más y nada menos, que el superpoder de saber tomar mejores decisiones.


La matriz Eisenhower y valoración de oportunidades

Dwight D. Eisenhower fue presidente de los Estados Unidos de América entre 1953 y 1961. Este hombre es considerado el presidente más productivo y eficiente que ha tenido el país en toda su historia.

Eisenhower inventó una matriz de toma de decisiones que utilizó durante la Segunda Guerra Mundial. Así es. La utilizaba para priorizar en la batalla qué tareas requerían de su actuación inmediata y cuáles podía delegar o posponer.

¿Cómo funciona esta matriz? Bien. Esta matriz tiene dos ejes, un eje «X» y un eje «Y». Hasta aquí todo bien. En el eje «X» tenemos la urgencia, y en el eje «Y» tenemos la importancia.

La urgencia se refiere a la necesidad de que una tarea sea realizada de inmediato o si podemos posponerla para más adelante, o sea, planificarla. Y la importancia indica si dicha tarea está relacionada con conseguir nuestros objetivos o no.

La combinación de urgencia e importancia de una tarea es la que determina el tipo de acción que debes realizar con ella. Por lo tanto, tenemos que:

Si algo es importante pero no urgente, podemos decidir cuándo lo haremos y planificarlo en nuestra agenda. Si algo es importante y urgente, significa que tenemos que ocuparnos de ello inmediatamente.

Por otra parte, si algo es urgente pero no importante, hay que delegarlo. Si no puedes delegarlo, debes buscar otras maneras de completarlo sin que te robe mucho tiempo. Y, por último, cuando algo no es ni urgente ni importante, sencillamente no lo hacemos y lo eliminamos de nuestra lista.

La matriz de Eisenhower es una herramienta fantástica porque es sencilla pero eficaz, y te será muy útil porque te obliga a determinar qué tareas son importantes y cuáles no.

Aquí debo decirte algo muy importante. Las personas que han logrado un alto rendimiento profesional y personal intentan pasar la mayor parte de su tiempo en la zona de importante pero no urgente, planificando y determinando cuándo cumplirán esas tareas. Por ejemplo.

Aprender un nuevo idioma puede ser importante para ti, pero no urgente. Por lo tanto, lo primero que tienes que hacer si de verdad quieres aprender un nuevo lenguaje es determinar cuándo te vas a poner a estudiar. Tendrás que planificarlo. Lo mismo ocurre con los negocios, el deporte, comer bien, etc.

Ahora que sabes la técnica de la Matriz de Eisenhower, te enseñaré otra igual de efectiva que va muy ligada a la toma de decisiones. Hablo de la detección de oportunidades.

En ocasiones tomamos decisiones apresuradas que en un primer momento parecen correctas y terminan siendo una pésima experiencia, y esto sucede cuando creemos que estamos a punto de dejar pasar algo que parece una gran oportunidad.

 

Por lo tanto, ¿cómo detectamos si una oportunidad es una pepita de oro o solo está envuelta con un aluminio malgastado de color dorado? La respuesta consiste en poner en una balanza dos aspectos clave: la aportación y el retorno.

 

La aportación es todo aquello que vamos a tener que aportar nosotros para conseguir esa oportunidad o propuesta que nos han hecho. O sea, nuestro tiempo, energía, recursos, dinero y salud.

 

Por otra parte, el retorno es todo lo que nos va a aportar a nosotros esa oportunidad. Aquí hablamos de dinero, valor futuro, desarrollo personal y estilo de vida.

 

Con estas premisas, para que una oportunidad merezca la pena, el retorno siempre tendrá que ser mayor que tu aportación. Te lo ilustraré mejor con un ejemplo.

 

Hace un tiempo me ofrecieron presentar un programa de televisión. En un principio me emocioné, por supuesto, pero utilicé la fórmula que te acabo de mencionar para determinar si era una buena oportunidad o no.

 

En la aportación, en el apartado de tiempo, tenía que invertir muchísimo, alrededor de quince horas semanales, lo que me obligaba a dejar a un lado cosas que eran importantes para mí. En la energía, tenía que invertir mucha debido a las horas y al estrés. En los recursos, tenía que aportar de mis contactos para que sean patrocinadores del programa, y seguir buscando otros más.

 

En el dinero, tenía que invertir 180 euros semanales en cuestiones de transporte, eso sin contar lo que perdería por dejar mi negocio. Y en la salud, me afectaría en el tiempo que dedico a hacer deporte.

 

Por otra parte, en mi retorno, en el dinero no me iría muy bien a menos que el programa sea un éxito. En el valor futuro probablemente había mucho, ya que potenciaría mi imagen. En el desarrollo personal, era alto, ya que hacer cosas nuevas es muy importante para mí. Y en mi estilo de vida, probablemente no cambiaría a menos que el programa sea comprado por una televisora nacional.

 

Valorando todo esto, bajo mi punto de vista y poniéndolo en una balanza, decidí que mi aportación sería mayor a mi retorno; por lo que no acepté la oferta. ¿Lo ves? Lo que parecía una buena idea al principio, resultó no serlo tanto después de haberlo analizado mejor.

 

¡Listo! Ya cuentas con otras dos herramientas en tu arsenal que te ayudarán muchísimo a conseguir tu tan anhelado éxito. Pero esto no acaba aquí.

 

Porque debes saber algo, de nada te servirá todo lo que te he dicho si no lo aplicas, ¡y no solo eso! No debes aplicarlo una vez y ya está, sino que debes hacer de estas actividades un hábito.

 

Lo sé. Crear hábitos es difícil, requiere de mucha disciplina. Hay que tener la mentalidad adecuada para forjarlos y hacer que prevalezcan a lo largo de tu vida. Pero ¿cómo hacerlo?

 

¡Vaya! Justamente de eso va la siguiente parte. ¿Coincidencia? ¡Vamos! Ya falta poco.


Tus hábitos

 

Te confesaré algo. Siempre me había sentido muy orgulloso de decir que soy una de esas personas hechas a sí mismas. Cada vez que alguien me preguntaba cómo, después de todo, he llegado a ser la persona que soy, hinchaba el pecho y soltaba mi frase: «Me he hecho a mí mismo». Por suerte ya me quité de encima esa costumbre hace mucho.

Porque, pensándolo bien, «una persona hecha a sí misma» en realidad no significa mucho. Es más bien algo obvio, ¿no? Digo, si lo piensas bien, todos nos hemos hecho a nosotros mismos; para bien o para mal. Y todo es culpa de nuestros hábitos.

 

¿Eres una persona organizada o desorganizada? Resultado de tus hábitos.

 

¿Haces ejercicio de forma regular o estás acostumbrado a quedarte en el sofá toda la tarde? Resultado de tus hábitos.

 

¿Te das cuenta? Se podría decir, sin temor a equivocarnos, que eres el resultado de tus hábitos. Lo que haces de forma repetida y continuada es lo que te hace ser la persona que eres.

 

Si tienes buenos hábitos, ¡enhorabuena! Sigue así. Pero si no los tienes y quisieras tenerlos, tendrás que trabajar por ello. Aunque, por supuesto, no es tarea sencilla, pero ¿por qué es tan difícil adquirir nuevos hábitos?

 

La respuesta es por la naturaleza de los mismos. Verás, el hábito se dispara con una señal que da lugar a una rutina (el hábito en sí), y, una vez completada, obtienes una recompensa. Y el hecho de conseguir una recompensa, a la larga, crea un deseo por ella. Esto es lo que hará que el hábito se consolide.

 

Mientras se está construyendo el hábito, el deseo por la recompensa aún no se ha formado, pero en el momento en el que el deseo aparece antes de conseguir la recompensa, es cuando el hábito está creado.

 

Cuando consolidas un hábito, el deseo de esa sensación de bienestar es lo que hace que se activen las señales del hábito, y un fuerte deseo por la recompensa hará que se inicie el bucle del hábito, y que este se repita una y otra vez.

 

Por lo tanto, ¿cómo creas un hábito?

 

Primero, selecciona el nuevo hábito que quieras instaurar en tu vida, por ejemplo, correr. Ahora, necesitas encontrar una señal que active tu hábito, por ejemplo, tus zapatillas para correr o un pósit en la pared de tu recámara. Y, finalmente, busca una buena recompensa para este nuevo hábito, por ejemplo, un pequeño chocolate (¡ojo! Uno pequeño, ¿eh?) O ver un capítulo de tu serie favorita.

 

Con el tiempo, verás que ya no necesitarás de las recompensas que seleccionaste al inicio, ya que cuando correr se haga un hábito, correr será la recompensa en sí. Maravilloso, ¿no?

 

Ahora ya sabes cómo funcionan los hábitos y qué es lo que tienes que hacer para crear unos nuevos.

 

Recuerda que el motivo por el que quieres crear nuevos hábitos es porque quieres hacer una rutina de aquellas acciones que se encuentran alineadas con tu visión y tus decisiones.

 

Asimismo, hay otra clase de hábitos que, si los implementas, potenciarán tu capacidad y energía para llevar a cabo las actividades de tu día que a la larga te llevarán al éxito.

 

Hablo de aquellos rituales que debes realizar por las mañanas. En otras palabras, en el momento más importante del día.


Tu día perfecto

¿Qué tienen en común Bill Gates, sir Richard Branson, Jeff Bezos y Warren Buffet?

Además de que todos son multimillonarios, todos han desarrollado rituales matinales para afrontar sus días bajo un marco positivo. Domina tus mañanas y dominarás tu día.

Porque lo cierto es que la forma en que comienzas tu día, normalmente, determina el resto de tu jornada. Por lo tanto, si quieres ser más productivo, sentirte con más energía y centrado en todos tus objetivos, deberías empezar tu día con un ritual matinal.

El tipo de ritual que te voy a explicar a continuación es uno de los más utilizados por personas que han conseguido el éxito a un gran nivel en sus vidas y que han destacado frente al resto.

El objetivo de este ritual es crear un marco positivo que sostendrá todo tu día.

Hablo del ritual cuyo acrónimo es «DAME»: desconexión, afirmaciones positivas, meditación y ejercicio. Veamos en qué consiste cada uno.

Cuando te hablo de desconexión, me refiero a un momento donde te desconectes del mundo y te conectes contigo mismo. ¿Desconectarte del mundo? Así es.

 

¿Sabías que, según las estadísticas, aproximadamente el 58 % de los adultos revisan su dispositivo móvil nada más despertarse? Pero ¿estamos locos? Es lo último que tomamos antes de dormir y también lo primero que tomamos al despertar.

 

Y cuando tomas tu dispositivo y ves tus redes, te encuentras al segundo con correos electrónicos urgentes, wasaps y noticias en Facebook. Lo que hace que te estreses desde temprano.

 

Por lo tanto, dedicar unos minutos sin ver tu teléfono antes de conectar de nuevo con el mundo es un hábito que solo te traerá cosas nuevas. Durante media hora será más que suficiente, en lo que tomas tu café, tu zumo, escuchas música o te vistes.

 

Las afirmaciones positivas, por otro lado, son todo aquello positivo que te dices a ti mismo y que impacta de forma directa en tus pensamientos, creencias y estados de ánimo. Lo que determinará tu actitud durante el resto del día.

 

Aquí, simplemente al despertar, expresa en voz alta declaraciones positivas acerca de ti y del día que estás por afrontar. Puede parecerte raro al principio, pero verás que tu actitud positiva se mantendrá durante el resto del día.

 

Después está la meditación, que estoy seguro de que ya la conoces. Consiste en cerrar los ojos, sentarte, guardar silencio y concentrarte en tu respiración.

 

Meditar hace milagros. Te ayuda a mantenerte bajo control en situaciones complicadas y mejora con creces tu capacidad de concentración. Esto está comprobado. ¡Inténtalo! Diez minutos diarios a primera hora de la mañana será más que suficiente.

 

Y, finalmente, el ejercicio. Todos conocemos sus beneficios. No solo te mantiene sano y en forma, sino que te hace más fuerte mentalmente y te ayuda a tener más fuerza de voluntad y enfoque. ¿Por qué? Porque reduce tus niveles de ansiedad y fortalece tu confianza.

 

Además, libera endorfinas, que causan una sensación de bienestar general. Aquí eres completamente libre en la elección del ejercicio. Puede ser cardio, yoga, crossfit, sesiones intensas de siete minutos, gimnasio, lo que prefieras. Hacerlo te dará beneficios a corto plazo, pero mantenerlo te dará mucho mayores en el largo plazo.

 

¡Y ya está! Aquí tienes a tu mañana perfecta. Lo único que tienes que hacer es hacer de esta rutina un ritual, implementándola todos los días. Compagínala con el resto de tus hábitos del día y, semana tras semana, estarás dando pasos exponenciales en el camino hacia el encuentro con tu éxito.

 

De acuerdo. Ahora posees todas las herramientas para alcanzar tu éxito. Fue un tremendo placer acompañarte en este viaje, sin embargo, ahora te toca a ti seguir por tu propia cuenta. Solo recuerda una última cosa: tu futuro depende de lo que hagas hoy.


Conclusión

 

Y bueno… ¿ahora qué sigue? ¡La mejor parte! Ahora toca pasar a la acción.

Como te dije antes, ahora te toca a ti seguir por tu propia cuenta. Todo depende de ti, ¡y eso es lo mejor de todo! Así dejas de depender de factores externos y tomas el control de tu vida.

 

Será difícil, por supuesto, no me cansaré de decírtelo porque es cierto, pero también es cierto otra cosa, y es algo que te comenté al inicio de este viaje: nada que valga la pena en esta vida es fácil de conseguir.

 

De hecho, no conozco a ninguna persona con verdadero éxito que no se haya dejado la piel en conseguirlo. Hazte un favor, y no concibas el éxito sin trabajo duro.

 

No dejes pasar la oportunidad de hacer algo grande, algo que pueda marcar un antes y un después en tu vida. Piensa en la vida que quieres vivir, en tu legado, en lo que te gustaría dejarle al mundo o cómo te gustaría ser recordado.

 

Prueba, corrige y triunfa. Solo fracasarás si no lo intentas, eso es seguro. Así que adelante. Te deseo muchísimo éxito en tu vida.



Fin del resumen ejecutivo
Biografía del autor
Víctor Martín es considerado una de las personas más influyentes en social media a nivel nacional e internacional. Da conferencias alrededor del mundo hablando de temas relacionados con el blogging, el emprendimiento o el marketing digital. Es autor del podcast The Success Academy, con más de un millón de reproducciones en iTunes, y es creador del evento Social Media Care. Ejerce como consultor en social media y marketing digital en su agencia Young Media.
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