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Resumen del libro

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Introducción

Todos somos conscientes de que el mundo ha cambiado muchísimo en estos últimos años. Y esto no tiene pinta de parar en un futuro próximo. Vivimos épocas de cambios, de una complejidad y una competitividad sin precedentes. A nivel individual nos enfrentamos a una saturación de información, a un desequilibrio entre la vida personal y laboral, y a mucha incertidumbre en lo que se refiere al trabajo y a la seguridad.

La tecnología nos ha dado herramientas para tener mucha más libertad en la vida. Nuestras elecciones como consumidores son ilimitadas: pedimos comida y nos la traen al cabo de unos minutos, tenemos acceso a miles de millones de personas de todo el planeta, y, sin embargo, no creo que estemos tan bien equipados cuando se trata de encaminar convenientemente nuestras vidas.

No desarrollamos las habilidades necesarias para luchar en el mundo actual, ni en la escuela, ni en la universidad, ni siquiera para tratar con el jefe. Disponemos de toda la información y el conocimiento necesarios a nuestro alcance y, a pesar de estar mucho mejor situados que las generaciones anteriores, no actuamos con eficacia cuando se trata de resolver nuestra vida y darle un propósito.

¿Cuáles son las habilidades que nos ayudarán a ser verdaderamente eficaces en la vida, y no solo en el trabajo, sino también en casa y con nuestros seres queridos? ¿Cuáles son esas habilidades no solo al empezar nuestra vida laboral, sino también a lo largo de toda la vida, a medida que vamos cambiando y pasando por distintas fases?

Las habilidades blandas son aquellas de las que se nutren las personas que tienen éxito, que son eficaces y felices. Para mí, estas habilidades son competencias personales muy significativas que nos ayudan a cada uno de nosotros a enfrentarnos mejor a los cambios, y que sacan el mejor partido de las oportunidades venideras y de las que ya están presentes en nuestra vida. Son las habilidades que, como resultado, nos permitirán ser más felices en la vida.

Los conocimientos y las habilidades técnicas pueden conseguirte una entrevista de trabajo, pero son las habilidades blandas las que harán que consigas empleo. Te aportarán la tenacidad y la perseverancia que necesitas para iniciar tu propio negocio, asumir riesgos y adaptarte al cambio en plena incertidumbre. Además, tus habilidades blandas te ayudarán a explotar mejor las diversas herramientas de las que dispones para conectar, ganar dinero, trabajar a distancia y hacer tu trabajo de la manera más conveniente posible.

Es fantástico que las habilidades que necesitamos hoy en día podamos desarrollarlas y reforzarlas. Es algo con lo que ya contamos, y este libro te muestra por qué son tan importantes tanto en el momento presente como en el futuro. Descubrirás la manera de desarrollar estas habilidades, de aplicarlas y, en consecuencia, de alcanzar el éxito.

La adaptabilidad

La adaptabilidad es una cualidad atractiva. A todos nos gusta creer que somos flexibles y adaptables, que sabemos trabajar en equipo. Eso significa que no somos rígidos y no nos atascamos, que estamos abiertos a los cambios y a los retos. Si de verdad eres adaptable, es más que probable que sepas gestionar el cambio con elegancia y sin problemas, que no te dejes llevar por lo inesperado y seas mucho más feliz. Sin embargo, la mayoría, en realidad, nos resistimos más al cambio de lo que pensamos.

La adaptabilidad puede definirse como la capacidad de cambiar, de encajar circunstancias inesperadas o nuevas. Todos tenemos la capacidad de ser adaptables; si no tuviéramos integrados esta cualidad, no seríamos capaces de funcionar en el mundo. Nuestra capacidad de adaptarnos probablemente sea mucho mayor de lo que creemos y esto se debe a que es una habilidad de supervivencia básica: la capacidad de adaptarnos con mayor rapidez a la circunstancia actual es lo que nos ha permitido a los seres humanos prosperar y realizar progresos sólidos desde los tiempos de las cavernas.

El cambio es difícil, porque queremos seguir viviendo en nuestra zona de confort, y nos resistimos de forma natural a hacer cualquier cosa que nos exija abandonarla. Por consiguiente, es preciso que los que no estemos tan abiertos al cambio hagamos un esfuerzo consciente y lo emprendamos, los que sí lo estemos, también. Nuestras zonas de confort van a tener el tamaño que queramos. Agrandaremos el tamaño de nuestra zona de confort comprometiéndonos a realizar determinadas actividades y tareas, a tener pensamientos y experiencias que nos desmarquen de sus límites.

La zona de confort es esa zona donde todo es fácil y no se corren riesgos. Pero donde tampoco ocurre nada fantástico ni excitante. Justo fuera de tu zona de confort, se encuentra la zona del “tramo final”, en la que uno aprende y crece. En ese lugar puedes sentirte un poco incómodo, porque estás penetrando en zonas nuevas y distintas, pero todavía sigues siendo capaz de manejarte. No es fácil, pero tampoco es imposible.

Sin embargo, si vas demasiado lejos en esta dirección entrarás en la zona del pánico, que es un mal lugar donde aterrizar, como ya sugiere el mismo nombre. Aquí no hay aprendizaje ni crecimiento que valgan, porque estamos tan alejados de nuestra zona de confort que terminamos viviendo en modo lucha o en modo huida. La zona del tramo final es donde deberíamos situarnos, y la mejor manera de lograr que aumente nuestra capacidad de adaptación es asegurarnos de que vamos a pasar mucho tiempo viviendo allí.

En la actualidad, es más importante que nunca ser flexible y ágil, tener muchos recursos y creatividad para responder con eficacia a los desafíos y aprovechar las nuevas oportunidades que puedan ir apareciendo. Si te preguntas la razón, te diré que ahora las cosas están cambiando a una velocidad mayor que antes, y que van a un ritmo que jamás se había visto. El cambio ya está aquí, parece que va a ser una constante y, como ya hemos visto durante estos últimos años, habrá muchas decepciones y viviremos tiempos difíciles.

La adaptabilidad es una habilidad de la que todos podemos beneficiarnos. No solo puede servirnos para adaptarnos mejor a los cambios importantes que nos trae la vida, sino que además puede lograr que esa vida sea más feliz e interesante cada día. Si te adaptas mejor a tu día a día, irás mejor equipado para enfrentarte a esos cambios fundamentales que te saldrán al paso. Porque… ¡seguro que salen! Y posiblemente sea para mejor.

El pensamiento crítico

A algunos puede que nos resulte familiar el pensamiento crítico desde nuestros tiempos de la universidad. Aunque podríamos decir que este concepto está en la base de los estudios académicos, es más bien un proceso, una manera de pensar y de expresarnos antes que una habilidad única que pueda definirse. El pensamiento crítico se relaciona con el hecho de ser más empático, lógico y justo.

En un nivel básico, el pensamiento crítico implica que podemos evaluar lo que vemos u oímos sobre un hecho que ha ocurrido. Se trata de que nos cuestionemos nuestros supuestos, que analicemos una situación desde ángulos distintos, de solucionar problemas de una manera creativa y desde una perspectiva reflexiva. Sus orígenes se remontan a Sócrates, que señaló que la tendencia natural de los seres humanos es justificar las respuestas que damos a las preguntas basándonos en las emociones en lugar de optar por una respuesta razonada.

¡Y no parece que hayan cambiado mucho las cosas! Nos hemos acostumbrado a adoptar un enfoque, digamos, ligero. Llevamos una vida muy atareada, la información nos llega de todas partes y nuestro cerebro tiene que encontrar la manera de hallarle un sentido. La atención es una necesidad fundamental, y un componente vital que nos permite ser capaces de pensar críticamente de un modo que nos beneficie a todos. Y, desgraciadamente, nuestro margen de atención es cada vez menor desde que usamos teléfonos inteligentes.

Según el doctor Jack Lewis, neurocientífico, las cosas que hacemos cada día, intensivamente y durante largos periodos de tiempo, nos cambian el cerebro. Y eso puede ser bueno, pero a veces, por desgracia, no lo es tanto. Especialmente si usamos de una manera recurrente el teléfono móvil para comprobar si hemos recibido mensajes. Esto no solo genera un estrés considerable, que nos pone en estado de alarma cada vez que entra un mensaje, sino que además influye muchísimo en nuestros niveles de productividad y limita la capacidad que nuestro cerebro tiene de ser creativo.

En un nivel más profundo, nuestra capacidad para pensar de una manera crítica y solucionar problemas con creatividad se plantea el desafío constante del entorno que nos ofrece este mundo cambiante. La explosión que hemos visto que se ha dado en el mundo de la información no ha ido en paralelo con nuestra habilidad de pensar de una manera crítica. Si quieres triunfar en el presente y en el futuro, la capacidad de pensar con sentido crítico es vital, porque la abundancia de información va en aumento, debido al acceso sin precedentes que tenemos a la innovación y a la información tecnológica.

Gestionar esta cantidad de información se está convirtiendo en todo un reto. Tanta información nos ha causado un verdadero problema, y eso nos ha llevado a que tengamos una menor capacidad de atención y seamos incapaces de gestionar esta información con eficacia. Cada día estamos expuestos, literalmente, a miles de millones de informaciones diversas en Internet que proceden de múltiples fuentes. Y esta explosión de información no hará más que aumentar; por eso es tan crucial propiciar el pensamiento crítico.

La empatía

La empatía podría confundirse con la compasión. Pero no es lo mismo. La compasión implica que comprendemos la problemática de la otra persona, sin duda alguna, pero solo desde nuestra propia perspectiva, desde nuestro propio punto de vista. Aunque creas que eso es empatía, en realidad solo estás expresando lo que sientes en función de tu propia experiencia. En este sentido… ¡tener compasión de alguien es como juzgarlo!

Contrariamente a esa actitud, la empatía es lo que sientes solo cuando eres capaz de salir de ti mismo y de entrar en el mundo interno de la otra persona. Desde ese lugar sigues conservando tu propio punto de vista, pero puedes experimentar las emociones del otro desde el puesto privilegiado que te ofrece participar del mundo de esa persona. Escuchar de verdad, por lo tanto, es un factor importante de la empatía, como lo es también prestar atención. Centrarse en los demás es el fundamento de la empatía.

La empatía es una cualidad que se localiza en el hemisferio derecho del cerebro y que está fuertemente vinculada a nuestras habilidades interpersonales. En nuestra economía globalizada y competitiva, lo único que no puede externalizarse ni automatizarse es comprender lo que motiva al otro, generar confianza en la relación y, en general, interesarse por los demás. La empatía, por así decirlo, es lo que nos da ventaja para competir en los ámbitos personal y profesional.

Hemos de ser más conscientes, además, de todo lo que no se dice ni se expresa, o de lo que se oculta tras palabras dulces. La empatía tiene que ir más allá de las “buenas maneras” y ser capaz de sacar a la luz temas que a veces son incómodos. Y eso se logra escuchando con atención, y cuanto más dispuesto esté uno a comprender el punto de vista del otro, más precisa será la información que obtenga. Pero… ¿cómo puede hacerse algo así?

Pues con las preguntas adecuadas, con preguntas abiertas, y observando el lenguaje corporal. Si el objetivo es dirigir a otra persona o influir en ella, lo primero que tienes que analizar es tu propio comportamiento. La mayoría de las personas no escuchan con la intención de comprender; la mayoría se prepara para hablar cuando le toque el turno. Lo sé porque me he sorprendido a mí misma haciendo eso varias veces al día. La empatía conlleva esfuerzo y concienciación.

La empatía no consiste en ser “blando” o compasivo. Nos puede servir para trabajar mejor y de una manera más dinámica, y para mejorar nuestras relaciones interpersonales. Estas relaciones, en realidad, son el único recurso que nos da ventaja para competir y nos distingue de los demás, y que además es lo que nos hace sentir felices. La empatía, quizá más que ninguna otra habilidad, es la que cuesta más desarrollar, porque el instinto natural que tenemos de centrarnos en nosotros mismos es muy fuerte.

La integridad

“Integridad” es una palabra que se oye casi a diario, pero la gente no se detiene demasiado a pensar en ella. La integridad puede definirse como “integrada”; es decir, usar palabras, acciones y pensamientos que sean congruentes y, por lo tanto, ser coherente con lo que dices y lo que haces. Simple y llanamente sería vivir de acuerdo con lo que uno predica.

En primer lugar, necesitamos establecer una distinción entre los principios y los valores, porque a menudo se utilizan intercambiados. Los principios y los valores pueden considerarse “esas normas de la vida” que cada cual elige para vivirla. Los principios son lo que rige el comportamiento que esperamos de la sociedad, que a su vez tiene una influencia colectiva en los demás. Por eso los principios pueden incluir conceptos como la equidad, la justicia, la diligencia, la honestidad y la compasión. Los principios varían en función de la sociedad o de la cultura.

Los valores, por otro lado, son personales, ideales subjetivos, creencias y características personales con los que alguien puede sentirse afín; por eso no están necesariamente relacionados con principios o normas. Incluso pueden llegar a cambiar con el tiempo y a lo largo de la vida. Los valores pueden incluir conceptos como la libertad, la seguridad, el poder, la creatividad y la aventura. La manera en la que se interpreten esos valores, a su vez, variará de un individuo a otro.

Los valores y los principios son importantes, porque tener conciencia de ellos te ayuda a comprender quién eres. Si la integridad consiste en ser sincero contigo mismo, en disponer de tu propia brújula moral y lograr que exista una fuerte conexión entre lo que dices y lo que haces, los valores y los principios definirán, hasta cierto punto, tu manera de expresar la integridad. Los principios nos proporcionan anclaje y una sensación de equilibrio interior, y los valores nos ayudan a desarrollar nuestro potencial y nuestro carácter.

Tendemos a asociar la integridad con el liderazgo porque el líder ha de tomar las decisiones adecuadas, y eso tiene que ver con la ética y con las actuaciones adecuadas. A eso nos referimos también cuando decimos que los políticos carecen de ella. ¿Por qué hemos perdido de vista la integridad? Gary Fenstermacher, catedrático emérito de la Universidad de Michigan, dice que esa clase de integridad ejemplificada por personajes como Martin Luther King ha resultado maltrecha en nuestra historia reciente.

Os pondré un ejemplo muy simple: he quedado para salir con una amiga y surge algo que me parece más atractivo. Puedo decirle que no me encuentro bien y anular la cita. Ni siquiera es necesario que la llame para decírselo: puedo enviarle un mensaje para cancelar la salida. He actuado en función de mi propio interés, pero no he dicho la verdad. Aunque sea más fácil actuar de esta manera, me siento incómoda por dentro, e incluso puede que me haya enfadado un poco conmigo misma.

A pesar de que actuar mostrando una falta de integridad pueda parecernos que es la mejor manera de salir adelante, a la larga no funciona. Es más que probable que esa ganancia sea algo excepcional, y eso puede minar tu éxito a largo plazo cuando necesites pedir ayuda a otra persona o intentes ganarte su confianza. En otras palabras, los demás no van a confiar en ti porque sí, y cuando sufras algún revés te costará más recuperarte.

La integridad en realidad consiste en tres cosas: ser auténtico con uno mismo, ser auténtico con los demás y hacer aquello a lo que uno se ha comprometido. Ser auténtico es ser consciente de ti mismo, saber lo que quieres en la vida, la clase de persona que eres, cuáles son tus virtudes y tus defectos, y comportarte de una manera coherente, siguiendo tus valores. Tener conciencia de ti mismo significa que, en realidad, tienes que empezar a plantearte todas estas cosas. Y eso no es algo que hagamos todos de manera natural.

El optimismo

¿Eres optimista en realidad?, ¿cómo te planteas las dificultades que surgen en tu vida? Los estudios demuestran que los optimistas tienen más éxito y viven más años. Mucha gente tiene como una especie de “sesgo optimista” marcado en el cerebro y, aunque te parezca que tiendes al pesimismo, piensa que el optimismo puede aprenderse.

El optimismo y el pesimismo son dos estilos de pensamiento para explicar los acontecimientos que predicen si vamos a vivir en un estado de ánimo positivo en lugar de negativo, y si vamos a adoptar un comportamiento extrovertido en lugar de inhibirnos. Por supuesto, el mundo no se divide en pesimistas y optimistas. Todos tenemos la capacidad de ser optimistas y de apasionarnos con la vida, aunque esto sea más fácil de decir que de hacer.

Solemos confundir el optimismo con el “pensamiento positivo”, que consiste en verlo todo con unas gafas de cristal color de rosa. El optimismo se asocia al hecho de estar alegre, ser animoso y estar contento en todo momento, con una sonrisa dibujada en el rostro. Pero en realidad se trata más bien de vivir la vida en su plenitud, de aceptar lo bueno y lo malo, y de ir aprendiendo a reformular lo malo.

El pensamiento positivo va a tener que responder muchas cosas. Hay toda una industria que se ha enriquecido a costa del pensamiento positivo. Poner buena cara es la única manera de salir adelante, sin que importen las circunstancias que uno está viviendo. Los pensamientos negativos tienen que prohibirse, porque nos conducirán a resultados negativos. Libros como El secreto, de Rhonda Byrne, un gran éxito de ventas en todo el mundo, no ayudan a paliar esta tendencia.

Se dedican a alimentar una mentalidad ya de por sí vulnerable que acepta que todo lo que te sucede está dictado por la “ley de la atracción”. Y eso conduce a un falso optimismo que defiende que lo único que importa es la mentalidad que se tenga. Y eso es muy peligroso. El secreto se vende porque promete que “todo es posible: no hay nada imposible”. Fantástico, pero lo cierto es que no podemos cambiar las cosas solo con pensamientos y afirmaciones.

Una actitud positiva sana no significa que tengas que disimular lo que sientes: la felicidad no es la ausencia de sufrimiento, sino la capacidad de recuperarte de él. El movimiento del “pensamiento positivo” con sus soluciones lineales y demasiado simplistas, ignora el equilibrio que se necesita entre el pensamiento positivo y el negativo, y las diferentes reacciones que mostramos ante la adversidad: actuar enfrentándonos al problema o evitar ese mismo problema en función de nuestra personalidad.

Cada persona tiene, en realidad, un potencial y unos puntos fuertes sin explotar que en general no usamos al máximo. El mundo en el que vivimos y el mundo del futuro nos invitan a asumir responsabilidades y a examinar ese potencial, quizás ahora más que nunca. Es una época excitante de oportunidades y de cambio. El optimismo auténtico exige que abramos bien los ojos y no los cerremos. El optimismo auténtico nos invita a llevar la vida que hemos elegido vivir.

Hay cinco elementos esenciales en la satisfacción duradera. Son las emociones positivas y el modo en que las vivimos; el grado de compromiso que asumas con tu trabajo y con el mundo; las relaciones; el significado y el propósito, y la sensación de estar realizado. Y todos ellos son necesarios para sentirnos plenos y felices. Examina hasta qué punto están presentes en tu vida y piensa cómo podrías cultivarlos.

La proactividad

La mayoría de las personas, si se les preguntara, se considerarían proactivas. ¡Hay tanto donde elegir! Hay tanta información y libertad, y todo acompañado de una gran sensación de individualidad que hace que la mayoría de las veces funcionemos dentro de esa burbuja acogedora. Nos centramos en los resultados, en la toma de decisiones, en saber gestionar el cambio y dirigir nuestras complejas vidas. Puede que esto suene muy proactivo, pero en realidad es más bien reactivo.

¿Cuál es la razón? El rápido ritmo de nuestro estilo de vida, la sobrecarga pura y dura de información, y el uso cada vez más extendido de la tecnología en todos los ámbitos de la vida. Todo ello implica que vivimos de una manera más reactiva, y que quizás ni siquiera esta sea nuestra intención. Al vivir de una manera reactiva creemos que hacemos más cosas porque nos ocupamos de tareas distintas, obligados por las numerosas exigencias que recaen sobre el tiempo del que disponemos y nuestra concentración.

La realidad es que no somos tan eficaces como antes, tenemos poco tiempo para reflexionar. Y a menudo no nos damos cuenta de que obstaculizamos nuestra capacidad innata de dar con la respuesta adecuada. Y dar con la respuesta adecuada significa no reaccionar por automatismo y de una manera inmediata a todas las situaciones que podemos encontrarnos en la vida. Ser proactivo significa responder en lugar de reaccionar a los estímulos.

Todas las personas tenemos la capacidad de ser proactivas o reactivas, y es posible que la genética nos incline a adoptar una de las dos actitudes. Ser proactivo requiere tener más energía cerebral, porque nos exige que elijamos y pensemos de una manera activa. Ser reactivo puede ser, y probablemente es, más fácil porque no hay que pensar mucho, e incluso puede llegar a convertirse en el comportamiento que adoptemos por automatismo sin darnos cuenta.

Cuando eres proactivo, estás creando situaciones basadas en una estrategia que, de una manera activa, te aplicas a ti mismo. Se trata de actuar con un propósito para lograr tener un objetivo claro y específico. También se trata de ser mucho más consciente del presente y ensanchar de una manera activa esa fina línea para poder responder a lo que te sale al paso en lugar de mostrarte reactivo.

Ser proactivo es una habilidad y una mentalidad que todos somos capaces de tener. Todos los que crean algo de valor son proactivos. De hecho, a menudo nuestra productividad en la vida es directamente proporcional a nuestro nivel de proactividad. Las personas que son proactivas no es que sean un poco más productivas que las personas reactivas. Stephen Covey, autor del libro superventas Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas, afirma que las personas que toman la iniciativa suelen lograr, de media, unos resultados cuantificables de un 5.000% como mínimo durante toda su vida. Y eso es enormemente importante si lo piensas.

Pocas personas se sientan a planificar la vida, los años, los meses y los días. Para ser proactivo a largo plazo, es importante tener perspectiva. Y eso significa aprender a adelantarse a los problemas, a comprender cómo funcionan las cosas y a buscar patrones, sin que eso nos haga creer que las cosas que sucedieron en el pasado pueden llegar a predecir lo que sucederá en un futuro. Las personas proactivas son capaces de intuir cuáles son los posibles obstáculos buscando la manera de poder gestionarlos de antemano.

Resiliencia

La resiliencia es la capacidad de responder bien a la presión, de gestionar los reveses con eficacia y, básicamente, de recuperarse. Y lo que es más importante, no estamos hablando de un rasgo inamovible de nuestro carácter, sino de una aptitud y una capacidad, y eso significa que podemos cultivarla.

La resiliencia, en realidad, se constituye en el cerebro humano y responde al nombre de “mecanismo de supervivencia adaptativa”. Es un comportamiento, una estrategia o una técnica que nos permite sobrevivir. Y eso significa que algunas personas somos muy resilientes por naturaleza, y que seremos capaces de aguantar bien, incluso esas cosas que nos pasan durante los primeros años de nuestra vida y nos causan malestar.

Ahora bien, eso también significa que algunas personas no somos tan resilientes, porque por naturaleza no lo somos o porque carecemos de un entorno que nos apoye de verdad. Básicamente, tu capacidad de resiliencia se explica desde tres áreas principales: tu personalidad y tus características individuales, tu entorno, y tú y el entorno.

La resiliencia, primero, se considera una capacidad innata que forma parte de tu personalidad. Por eso percibimos que algunas personas son mucho más capaces de manejarse con los reveses de la vida que otras. Los rasgos de la personalidad incluyen el control que una persona siente que puede ejercer en su vida, la perseverancia, el optimismo o el sentido del humor.

También depende mucho de tus experiencias y de cómo interactúes con tu entorno. Por eso, los factores externos, como el respaldo social o familiar con que cuentes en un momento dado, serán los que determinen si eres resiliente. Por último, la resiliencia sería el producto de la personalidad de un individuo combinada con las influencias externas, como pueden ser la familia, los compañeros y el entorno social.

Las personas resilientes tienden a contemplar las dificultades de la vida, independientemente de que sean muchas, como desafíos, y deciden actuar como respuesta. A menudo nos resistimos y abandonamos, cediendo a la negación, la rabia y las discusiones interminables. No pasa nada si nos permitimos sentir esas emociones en tales momentos, pero lo que ya no está tan bien es alargarlo demasiado. Las personas resilientes se centran rápidamente en la actuación cuando se les plantea un revés. Y eso lo hacen, principalmente, a través de la aceptación.

Otra faceta clave de ser resiliente es la capacidad y la disposición que tenemos de ser fieles a algo durante un cierto periodo de tiempo. ¿Por qué les resulta tan difícil a algunas personas perseverar? Porque la perseverancia consiste en promover el esfuerzo y el interés. En la actualidad perdemos el interés con mucha mayor rapidez que antes, porque para empezar contamos con muchas más opciones a nuestra disposición.

La tecnología y la velocidad nos ofrecen como contrapartida la búsqueda de una respuesta inmediata a nuestros esfuerzos. Perdemos el interés muy deprisa, y por eso somos capaces de ilusionarnos con múltiples proyectos sin terminar ninguno de ellos. Definitivamente, necesitas la habilidad de la resiliencia para sobrellevar las cosas en los tiempos que vivimos.

Si no eres resiliente por naturaleza, e incluso si lo eres, hay cosas muy fáciles de hacer para volverte más resiliente a medida que pasan los días. Y todo eso te servirá no solo para manejarte con los reveses y los cambios repentinos, sino también para adelantarte a las dificultades y a los desafíos potenciales.

El principio

Ya has llegado al final del libro, pero en realidad nos encontramos tan solo al principio: el principio de un viaje por el que accederás a tus recursos internos y podrás desarrollarlos. Lo que he querido hacer en Las siete habilidades para el futuro es recalcar y establecer con claridad que centrarnos de una manera determinada en nuestras principales habilidades personales es vital en nuestro mundo actual.

Sin embargo, todo esto tiene que ver con la dedicación, el trabajo y el centrarse diariamente en la autoconciencia. Y eso no se soluciona por la vía rápida. Yo sigo trabajando en estas habilidades cada día, una tarea que ha ido en aumento tras haber escrito este libro. Gran parte de las cosas que escribo pueden parecer muy obvias, pero en ese caso, ¿por qué la mayoría de las personas ni siquiera somos conscientes de ello?

Nada de lo que he escrito podría darse sin autoconciencia. La autoconciencia es la piedra de toque de la inteligencia emocional, y consiste en empezar a comprender quiénes somos, por qué pensamos de la manera que lo hacemos y cómo tendemos a responder al cambio y las dificultades, así como ante las oportunidades y las sorpresas inesperadas.

Las siete habilidades se solapan entre ellas con naturalidad. Existe una conexión entre estas siete habilidades y, sobre todo, en lo que compete a las tres habilidades de ser optimista, proactivo y resiliente. Poco a poco nos estamos desplazando hacia un lugar donde se es mucho más consciente de lo necesarias que son estas habilidades.

Tenemos a nuestro alcance mucha mayor información para ayudar a las personas a desarrollarse, y las escuelas y las universidades están empezando a decantarse por un aprendizaje más experimental con el objetivo de conseguir equipar mejor a sus alumnos. Pero quién ha de estar dispuesto a iniciar este cambio eres tú.

Como decía el dramaturgo Irlandés George Bernard Shaw: “La vida no consiste en descubrirte a ti mismo. La vida consiste en crearte a ti mismo”. Ha llegado el momento de ser dueño de tu vida. Ha llegado el momento de ser la mejor versión de ti mismo.

Fin del resumen

Biografía del autor

Emma Sue Prince

Emma Sue Prince es una educadora británica especialista en aprendizaje experiencial y en el desarrollo de habilidades sociales. Está convencida de que es posible desarrollar las siete habilidades del libro, que son las que permiten cambiar conductas sociales. Además, dirige unimenta.com, desde donde promueve el desarrollo de estas habilidades.

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Ficha técnica

Editorial: Empresa Activa

ISBN: 841699725X

Temáticas: Innovación, desarrollo y cambio Desarrollo profesional Crecimiento personal y psicología positiva

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